jueves, 24 de junio de 2004

Anéstesicos y chequeos reales

El otro día me quejaba de los panegíricos mentirosos de los muertos recientes, Gil y, sobre todo, Reagan. Menos mal que Gonzalo Sánchez-Terán, que es un poeta que vive como tal en Guinea-Conakry, ha puesto las cosas en su sitio con el artículo Motivos para orinar en los pedestales. Estos días el fútbol y el fracaso de la selección española en la Eurocopa ejercen un efecto anestésico.
Probablemente si los medios de comunicación le prestasen a este deporte la misma atención que al bádminton, por poner un caso, tanto niño tonto millonario e irresponsable (con la afición, que es la que paga), jugaría realmente para ganar. El fútbol ha oscurecido un poco la extraordinaria noticia de una Casa Real haciendo público el resultado (pero no los datos) de un chequeo al rey. «Para acallar los rumores sobre su salud» en sus propias palabras. Mientras, en el despacho de su anterior urólogo, han desaparecido algunas pruebas y notas acerca de su salud, debido a un conflicto laboral. Seguiré pensando un poco más.

viernes, 11 de junio de 2004

Sexo y género, una polémica idiota

En las últimas semanas discuten las organizaciones feministas y la Academia de la Lengua acerca de la denominación que la violencia que se ejerce contra las mujeres debe tener en las leyes y en la costumbre. De un lado, la utilización de género como sinónimo de sexo, de otro, el uso de sexo. Al margen de que la gente lo dirá como quiera y que parece haberse adoptado el término violencia doméstica, el origen de la disputa está en el uso o no de un término muy usado en la sociología, pero de muy difícil encaje en castellano.
La cuestión no es tonta, porque en el lenguaje también se ejerce cierta violencia y hay un reflejo de situaciones sociales que forman parte del entramado que podemos llamar "el papel de las mujeres en la sociedad". Al grano. En los países anglosajones, el uso de la palabra género para indicar sexo es muy antiguo y hay toda una cultura del "género" aplicada a todo tipo de estudios, desde literarios hasta antropológicos, y siempre en relación con el papel que el "género" ejerce en la visión de las cosas.
Pero ese género es sexo en castellano. ¿De dónde viene este falso amigo del inglés? ¿Por qué la universidad y el feminismo se emperró desde el principio en traducir mal el gender inglés? Sospecho que cuando empezaron a llegar a España los ecos de esta forma de estudiar los fenómenos sociales y las primeras investigaciones en los años sesenta del siglo pasado, la situación política española no era muy propicia para el sexo. Me explico. Con un régimen dictatorial y represivo, el lenguaje está siempre bajo sospecha, en todos los ámbitos y máxime en la universidad o en la cultura. Así que no sería de extrañar que a la hora de enfrentarse con la censura por la traducción o la reseña de los estudios anglosajones sobre cualquier cosa relacionada con el "gender" se optase por un término más neutro como género, que por el auténtico y más rotundo sexo. Es obvio que un trabajo titulado "Políticas de sexo en la sociedad española de posguerra" dedicado a explicar qué era la Sección Femenina, chocaría de frente con la censura. Transformado en "Políticas de género en..." es difícil que la censura le pusiera trabas. Eso al margen del placer que buena parte de la universidad tiene por ser oscuros y emplear términos que expresen a las claras lo avanzados que están y lo bien que lo hacen en sus departamentos.

jueves, 10 de junio de 2004

Encomiásticos obituarios

Lo de los obituarios está últimamente fuera de la realidad. Por regla general, no se suele hacer mucha leña del árbol caído, pero a la hora de analizar las trayectorias, las políticas o la personalidad de personajes que fueron en vida muy discutidos suele haber cierta ecuanimidad o, cuando menos, silencio.
Siempre me ha molestado mucho el silencio a la hora de juzgar la actuación o las actividades de estadistas y políticos muertos, como si no fuesen culpables de nada. Pero en los últimos tiempos, periódicos y personas que antes mantenían cierto silencio o explicaban con cierto rigor la vida de los personajes muertos, se muestran laudatorios en exceso.
Lo que hemos tenido que aguantar con respecto a Jesús Gil, por ejemplo, o las mentiras que se están diciendo de Ronald Reagan son preocupantes. Hace ya años que descubrí como poco a poco (y el fenómeno se ha agudizado con series de televisión como Cuéntame) la figura de Francisco Franco, un dictador militar autoritario, cabeza de un régimen con miles de muertos y desaparecidos a sus espaldas, se iba transformando en un abuelito venerable e inofensivo con la extraña costumbre de inaugurar obras públicas y asomarse a los balcones del Palacio Real.
Puede que como persona, incluso como cuñado o como tío, Ronald Reagan fuese muy agradable, pero hay demasiados muertos en Centroamérica como para quedarse en la anécdota de que apagaba las luces de la Casa Blanca a las 5. Su política (o la que le hicieron representar lobbies, banqueros y demás) es la que ha conducido a la guerra en Iraq, entre otros males. Se echa en falta un poco más de rigor a la hora de enjuiciar la labor de esta tropa, o al menos de un poco más de pudor a la hora del ditirambo.

miércoles, 9 de junio de 2004

El oso maricón

No me resisto a recomendaros que leáis el artículo de Arturo Pérez-Reverte El oso maricón , uno de esos textos intemporales con una historia tan divertida como inteligente.

viernes, 4 de junio de 2004

Las pantallas del Metro

Otra cosa. Durante varias semanas tras su inauguración, en los trenes italianos de la línea 10 del metro de Madrid se emitían (a razón de seis pantallas por coche, seis coches por convoy) imágenes de una especie de noticiario delirante sin una periodicidad apreciable y que repetía algunos de los que se proyectan en las estaciones. También, y alguna vez lo comenté entre amigos, se colaban a veces mensajes de error tal cual del sistema operativo windows, o visiones de escritorios y carpetas. Todo fuera de lugar, aunque se podía ver a más de un usuario embobado contemplando ese delirio métrico. Pues bien, hace meses que las pantallas están apagadas. Y no es que yo eche de menos las imágenes, pero sí me gustaría saber qué costó ponerlas (a razón de seis pantallas por coche, seis coches por convoy) y también el coste del sistema de emisión. Porque ¿cuánto encareció los trenes esta broma de los televisores, para que encima ya no se usen?

La boda en la prensa

¿Acabamos tan saturados de la boda? Sé que quizás pueda resultar aburrido, pero lo cierto es que es un asunto apasionante. La cobertura de El País y la babosería de escritores como Elvira Lindo, los silencios de otros, las expectativas frustradas por encontrar algún análisis minimamente riguroso (como sí se ha hecho del 11 de marzo y las elecciones del 14). Nada. Como diría Pérez-Reverte: nada. Niet. Rien. Nasti de plasti. Y de verdad que la boda da juego y mucho.