martes, 11 de enero de 2005

Soledad

No suelo sentirme muy solo con algunas ideas que se me ocurren, que siempre se encuentra algún columnista o incluso algún amigo que comparte pensamientos o actitudes. Pero en el caso de la pretensión del alcalde de Madrid de que los Juegos Olímpicos de 2012 se celebren en Madrid, negarse es soledad. No leo, no escucho, no sé de nadie más allá de un círculo muy íntimo, que abomine de esa pretensión. ¿No tendría que habernos preguntado el alcalde? ¿Son necesarias más obras? ¿Para qué queremos unos Juegos, para seguir llamando metro ligero al tranvía? ¿Para seguir especulando, sin tener ni la más mínima idea de qué hacer con Madrid? ¿Para terminar con lo poco que queda de la memoria de una ciudad que la tuvo y mucha? Barcelona necesitaba los Juegos para recuperar el mar, para cambiar de siglo. Madrid no tiene que recuperar más que la sensatez, el diseño de una ciudad echa a capas, superpuestas, entrelazadas, de transición. No quiero los Juegos, aunque siga solo.

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