viernes, 4 de febrero de 2005

Florilegio de cabreos

A veces no tengo tiempo, aunque si ganas, de desahogarme con algunas tonterías que los periódicos publican a lo largo de la semana, porque como Rafael Sánchez Ferlosio también yo leo periódicos para cabrearme. De esta semana, pues un par de apuntes: titulaba Raúl del Pozo ¿Proceso constitucional por la puerta falsa? a cuenta del debate sobre el plan ése. Y me acordé de 1977, de las primeras elecciones a la muerte del dictador, convocadas, votadas, aceptadas y vividas sin que en ningún sitio figurase que eran para elegir unas Cortes constituyentes. Ya sé que es el pasado, pero aún recuerdo mis 17 años indignados cuando al correr de los meses quedó claro que la intención del poder entonces era dotarnos, a la carrera y sin debate, de una Constitución. El mismo texto sacralizado e inmóvil durante los últimos 25 años. No sé dónde estaría del Pozo entonces, aunque apuesto a que no se le ocurrió cuestionar con este mismo título las elecciones de entonces. Por razones que no tengo tiempo de exponer, diáfano es que a los poderes en España les gusta constitucionalizar de tapadillo y, también, que hay otra generación en el poder más proclive a no respetar los textos de sus papás, por muy bienintencionados que fueran.
El segundo apunte es a mi exclusiva cuenta, a lo abominable y repugnante que es leer o escuchar que “Los príncipes han viajado en el metro”, al relato construido con gofres olidos en la Puerta del Sol y viajeros -de verdad- con cámaras en el móvil buscando recuerdo de un viaje ¡un viaje! de una persona que jamás ha viajado ni viajará en el metro y su esposa que, a poco que se profundice en su actitud, generación de procedencia, profesión y aspecto, le pegan más los transportes de superficie que cualquiera otro. Me da asco cómo se puede retorcer el lenguaje de esa manera: no viajaron -él nunca y ella no lo hará más-, visitaron, recorrieron, conocieron... No voy encima a hacer su trabajo escribiéndoles los sinónimos.
(Hay un tercero: ¿Y a mí que me importa la salud de un jefe de Estado también director espiritual de las creencias de una parte de la sociedad occidental?)

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