viernes, 18 de febrero de 2005

Pésame

Aunque no tiene nada de nuevo y no es más que una versión corta y heavy de un programa de la misma cadena, las andanzas entre políticos del personaje Guiller Moore y su sección Tocando las bowlings de Pecado original (Telecinco, 21.00 horas) suele ser divertido. Pero ayer traspasó la línea entre perseguir y dejar que los políticos se retraten a sí mismos y pontificar sin fundamento sobre su actitud, mientras perseguía a los políticos por los jardines del descubrimiento en la plaza de Colón. Reconozco tener debilidad por Moratinos, uno de los mejores cancilleres que ha tenido España nunca, convertido en mono de feria por docenas de periodistas, escribidores y opinadores, escritores y tertualianos, de mala fe y a sabiendas o involuntariamente por ignorancia. Casi es más disculpable la mala fe, por sabida y que se muestra sin engaños, que aceptar sin cuestionar una sola palabra lo que otros dicen. Y al respecto no me resisto a recomendar un artículo de La Vanguardia (13/02/05) de Manuel Díaz Prieto en la sección así es la vida a cuenta de la biografía, que todos los medios aceptan y repiten, de un empresario del espectáculo y ventrílocuo llamado José Luis Moreno. El personaje de Guiller Moore debería encontrar un hueco para leer los periódicos y saber antes de perseguirle que Moratinos perdió el lunes a un amigo muy querido en un atentado -el libanés ex primer ministro Hariri- y que no estaba distante por altivez, sino por el dolor. Por debajo del cargo y la función, siempre criticables, hay personas. Tal vez el respeto no sea televisivo, pero sí nos hace mejores.

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