domingo, 30 de diciembre de 2007

Dislates del año

Tengo algunas reseñas pendientes pero el final del año es tiempo de hacer balance. Y hace mucho que no me desahogo en lo político, asi que vamos a ver lo que ha dado 2007 de si en materia de pésimas actuaciones de nuestros gobernantes.
En Madrid, si hay un dislate monumental que pagaremos y sufriremos durante décadas es el enterramiento de la M30 ad maiorem gloriam del alcalde y su ingeniero estrella. No ha solucionado ni uno solo de los problemas de tráfico: los atascos son exactamente los mismos, en los mismos puntos y con la misma intensidad. Eso sí, la ciudad es ahora mucho más vulnerable a un accidente o a un atentado o a una buena tormenta.
Un dislate mayúsculo es la actuación de la oposición ante la corrupción en la concesión de licencias de apertura de locales: todos lo sabían, nadie hizo nada y desaprovecharon la oportunidad de usarlo en las elecciones locales: ¿en qué estaba pensando el PSOE? ¿Y los medios afines?
Otros dislates locales que se comentan por sí solos son: la candidatura olímpica –que nos dejen en paz-; la noche en blanco –cultura de apariencias y desorganizada-; y el gasto absurdo en cinco semanas de iluminación navideña.
En lo personal, el dislate urbanístico que supondrá la desaparición de Prado del Rey, del que ya lo digo todo aquí.
Un dislate periodístico fue el rediseño de El País, que ni es rediseño ni es nada, y en política nacional, continúa el dislate de creer que la iglesia o el partido popular están comportándose de forma disparatada. No, son así. Y lo son desde que san Felipe González –ahora elevado a los altares en Europa- decidió no reformar de verdad el estado franquista a comienzos de los 1980. De aquellas componendas vinieron otros dislates, como que este individuo sea magistrado del Constitucional, o que esta fuera secretaria de Banca de CCOO, por ejemplo.
El canon digital es un dislate, pero el canon sobre el préstamo de las bibliotecas es una vergüenza. En fin, que cada vez me salen más: las normas de seguridad aeroportuarias, el euro, el mercado inmobiliario, eta…
Así que, feliz año nuevo, si podemos.

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