jueves, 20 de diciembre de 2007

El matrimonio del cielo y del infierno

No seáis mal pensados, no se trata más que del título de una de las obras más impresionantes del incomprendido poeta inglés William Blake. Buen pintor, grabador y polemista religioso, Blake es uno de los escritores más inquietantes que ha pasado por mis neuronas, y no será ésta la única de sus obras que pienso leer más adelante. Lo tiene todo: es perturbador, del siglo XVIII, es deliciosa e ingenuamente creyente y un adelantado en algunas ideas. Un poco Ballard avant la lettre, si se me permite la herejía.
El matrimonio del cielo y del infierno resume un poco el carácter del pensamiento de Blake y de los muchos tormentos que su mente debió padecer. Libro poco convencional, grabado con imágenes del propio autor, es más una obra de arte total que un panfleto religioso, intención original de Blake al escribirlo. Las imágenes grabadas están unidas a las imágenes de sus textos, así que es recomendable leerlo en una edición que contenga también el facsímil de las planchas del libro.
Por lo demás, no hace falta estar muy versado en los movimientos religiosos ingleses de fines del XVIII ni en la Biblia para disfrutar de los caprichos, proverbios, aforismos y a veces estrafalarios pensamientos de Blake. Son más pecios que meditadas reflexiones, a veces de postal adolescente:
Aquel cuya cara no irradia luz, jamás será una estrella.
A veces lúcidos:
Sin contrarios no hay progreso. La atracción y el rechazo, la razón y la energía, el amor y el odio, son necesarios para la existencia humana.
A veces deliberadamente oscuros:
Una sola ley para el león y para el buey es la opresión.
Aunque en general la humanidad no sale muy bien parada de sus pensamientos -"Las cárceles se construyen con piedras de ley; los prostíbulos con ladrillos de religión"-, no pierde la esperanza de alcanzar otro estadio:
Si se limpiasen las puertas de la percepción, todas las cosas aparecerían ante el hombre como son: infinitas.
En estas frases encontrarán después la excusa perfecta cientos de escritores para darle a las sustancias que todos conocemos, algunos probamos y otros disfrutan.

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