martes, 19 de junio de 2007

La ingenuidad de los creyentes

Nunca dejará de sorprenderme la ingenuidad con la que muchos creyentes protestan y se sorprenden indignados cuando la Iglesia Católica se comporta como tal. A propósito de las acusaciones de la cabeza de la iglesia contra la organización Amnistía Internacional se alzan las voces indignadas de cientos de ingenuos que exigen amor, respeto y caridad a la Iglesia, convencidos de que es ese el mensaje principal de la bimilenaria institución.
Habrá que seguir explicando a esta grey –que empieza a ser más ignorante que ingenua– que el mensaje de amor, caridad y compromiso con los desfavorecidos no es, de ninguna manera, el mensaje de la Iglesia, sino el de algunos –y extraordinarios– de sus miembros, incluyendo en parte al supuesto fundador. Y digo en parte porque en el supuesto de que hubiera existido, las interpretaciones actuales sobre la solidaridad, la igualdad y otras yerbas son puras ucronías aplicadas al pensamiento de un zelote judio de hace 2.000 años, convencido de ser el heraldo de Yahvé.
La iglesia no tiene ningún mensaje de amor, más allá de unos textos y fórmulas rituales. No se han apartado jamás de las orillas del poder y, de ser fieles a un mensaje, lo son al de su verdadero fundador: Pablo de Tarso. Dejen ya de rasgarse las vestiduras y de tonterías: la Iglesia Católica hace lo que siempre ha hecho: sostener a machamartillo cualquier pensamiento inverosímil, cualquier disparate, con tal de que les permita seguir ejerciendo el control sobre los demás.
Ayudar y alabar a los muchos creyentes comprometidos con ideologías y discursos progresistas, solidarios y de verdadero amor por los demás, no lleva aparejado quejarse de una institución que hace lo que siempre ha hecho: ejercer el poder y sostener a quienes también quieren ejercerlo.

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martes, 12 de junio de 2007

Queremos un iPhone

Esto es para aficionados a la tecnología, pero no me puedo resistir. Desde el mes de febrero, todos los tecnófilos están como locos ante la llegada, a finales de junio, del teléfono móvil diseñado por Apple. La marca de la manzana es lo más cool de lo cool, o sea lo más archimegamoderno y superguay, asi que un móvil de estos no tiene parangón en las galaxias más cercanas.
Hace unos días que en EE. UU. han empezado a emitir anuncios sobre el iPhone, que así se llama. Y unos cachondos han hecho esta parodia, en la que un cacharro tecnológico se convierte en una especie de anunciación.
En este momento, Google da casi 68 millones de resultados sobre el aparato.



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lunes, 11 de junio de 2007

Ceremonia pornográfica

Nunca resulta fácil estudiar o analizar la pornografía, primero por la tendencia habitual del mundo académico a huir de los temas de cultura popular, pero también por el catálogo de prejuicios que este fenómeno lleva asociado. Asi que escribir sobre –y también de, aunque este sea otro problema- pornografía suele ser un acto más bien heroico. La ceremonia del porno, de Andrés Barba y Javier Montes, plantea con desparpajo el fenómeno de la pornografía audivisual como una ceremonia entre el receptor y el contenido de las imágenes. La frescura del planteamiento se basa en el reconocimiento de que no se acercan a la pornografía con indiferencia entomológica, sino que reconocen sentirse pertubados ante determinadas manifestaciones pornográficas, aunque sin especificar cuáles, claro.
Porque son la intimidad y el secreto los ingredientes, la base de la ceremonia pornográfica antes que unas imágenes de sexo explícito. Esas imágenes y esa ceremonia son particulares, únicas para cada persona: esta ceremonia es personal y no intercambiable aunque pueda ser compartida por millones de personas que buscan las mismas imágenes. No es la primera vez que la pornografía se analiza desde el lado del consumidor, desde el “es el consumidor quien pone de su parte para que la pornografía se produzca”, pero sí es un planteamiento original considerarla como una liturgia, como una ceremonia en la que cada parte tiene una función muy concreta y sólo la suma cierra, orgasmo mediante, el acto porno.
Sin embargo, no basta con estos felices hallazgos terminológicos para desarrollar plenamente una teoría de lo porno: el análisis de ambos autores se reduce al campo audiovisual, lo cual es muy limitador. La pornografía en la literatura, el porno escrito, muy rico y complejo, como vimos hace tiempo, hubiera necesitado de mayor atención. Es verdad que el fenómeno audiovisual es ya imparable con la llegada de la Red, pero se echa en falta un poco más de profundidad en algunas manifestaciones, que pasan apresuradamente. Por otra parte, ambos autores rehúyen algunos debates, como el de la pornografía infantil, lo que resta rigor al planteamiento.
Sí entran a describir y analizar el auge que está viviendo la pornografía amateur, que proporcionada por los propios consumidores los convierte en autores para que retroalimenten la cadena. Un fenómeno que ha sido aprovechado también por el porno profesional, que etiqueta muchos de sus productos con ese carácter de aficionado para conseguir mayor audiencia.
El libro, bien escrito e interesante, apunta más que dispara, sugiere más que muestra, aunque no me atrevería a calificarlo de superficial. Por ejemplo, el análisis del cuadro El origen del mundo, realizado por Gustave Courbet por encargo, es una excelente aproximación al debate de las relaciones entre arte y pornografía, con una tesis que suele olvidarse pero resulta fundamental para entender el fenómeno: es la mirada, es lo que pone de sí el consumidor, la excitación la que establece la pornografía de una imagen. Ellos incluyen en esa mirada el entorno y la tesis central: la ceremonia con la que se contempla el cuadro. Fue pornográfico mientras permaneció oculto y sólo unos pocos lo disfrutaban; colgado hoy de un museo de París, pasto de turistas y escolares, su pornograficidad se ha diluido en el arte.

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viernes, 8 de junio de 2007

Historia social del cómic

Convertido en un libro de difícil acceso, esta Historia Social del Cómic, de Terenci Moix, es un pequeño clásico para aficionados a la historieta, escrito además en el momento en el que estallaba la convención habitual de considerar al cómic como un producto infantil de muy poca entidad. En aquellos legendarios años 60 del siglo XX, sociólogos, semiólogos y críticos literarios descubrieron el potencial de la historieta y su capacidad para sintetizar la cultura popular de todo un siglo.
Pero antes de seguir, dos notas personales: no creo que haya ninguna connotación peyorativa en las palabras historieta o tebeo y las uso indistintamente como cómic; acostumbrado desde niño a que mis padres leyeran tebeos en la cama, antes de dormir, llevo más de 40 años a vueltas con las historietas y las considero un género más de la literatura, tan respetable o tan espantoso como cualquier otro. Es decir: que hay obras grandes, menores y francamente malas.
Seguimos. Hoy ya no nos sorprende que el tebeo tenga un espacio casi fijo en los suplementos literarios de los periódicos o que algunos de sus autores gozen de respeto y reconocimiento, pero eso no era lo normal en el momento en que Terenci Moix se lanzó a analizar el fenómeno de la historieta patria como ejemplo y muestra de la evolución de la cultura popular y de su ascenso y descenso en la consideración de las emergentes clases medias. Todo ello dentro de un proceso de manipulación ideológica muy evidente.
Terenci Moix hace un recorrido amplio y bastante documentado sobre el comic español y sus equivalentes estadounidenses y algunos europeos, aunque el enfoque, más sociológico que artístico o literario, por así decirlo, y cierta premura lo convierten en apresurado y un poco desordenado. Bien ilustrado para facilitar la identificación del lector con los personajes, Moix no termina de separar el cómic del resto de las manifestaciones de la cultura popular y el aire de cierta nostalgia y la incomprensión que muestra hacia los –en ese momento- nuevos personajes de historieta, deslucen un poco su análisis.
Considerando su contexto -la España de Franco de 1968- el libro es hasta atrevido. En defenitiva, esta Historia... como después los libros de Luis Gasca o Romá Gubern, es un ensayo clásico del cómic español, imprescindible para comprender el fenómeno de la historieta española en el momento en que comenzaba una transformación de la cultura popular de la que mi generación fue protagonista: la llegada de la televisión. Como sucederá después, a comienzos del siglo XXI, con la irrupción de internet.

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miércoles, 6 de junio de 2007

El miedo en Occidente

Tengo que agradecerle a una profesora de Sociología de tercero de carrera el descubrimiento de esa corriente de la historiografía francesa que encabeza, con la mayor de las glorias, Foucault. Que la Historia no sea una mera enumeración de hechos, ni una corriente sino un proceso, fue para mí en su momento como una caída del caballo camino de Damasco: una deslumbrante costalada.
Asi que mi afición por los buenos ensayos de Historia, en su mayoría de autores franceses, no ha dejado de crecer: historias del llanto, de la muerte en Occidente, de las mujeres y de la vida privada, hasta de las tetas y de la sangre… Ahora le ha tocado el turno a una muy interesante historia del miedo en Occidente, de Jean Delumeau y publicada por Taurus.
Si hay un buen momento para leer sobre el miedo en las sociedades es ahora: inmersos como estamos en una paranoia antiterrorista que ríete tú de los miedos tradicionalmente explotados por los poderosos. Del infierno a los misiles nucleares del contrario, muchos de los acontecimientos relacionados con pogromos, crímenes, legislaciones restrictivas, abusos de poder y, sobre todo, con el aumento de los mecanismos de control que han sufrido las sociedades europeas desde la Edad Media, tienen su origen en el miedo.
Un miedo basado en mecanismos psicológicos que se despliega después en ideologías y políticas que justifican la adopción de medidas extremas: expulsión y/o exterminio de razas, controles fronterizos, establecimiento de guetos… En general, me ha gustado para seguir completando y entendiendo el gran cuadro del poder y el control en las sociedades humanas: desde la medicalización que comentaba aquí a propósito del racismo, hasta el uso de la religión como mecanismo de exclusión.
Jean Delumeau desmonta con su análisis cualquier pretensión de inocencia de la iglesia católica respecto a muchos de los miedos y las reacciones que esos miedos han provocado en las sociedades occidentales. Conclusión, en los últimos 500 años el miedo en Occidente sigue siendo el mismo, aunque hayan cambiado los sujetos (judíos, bárbaros, brujas, inmigrantes, islamistas…) que lo provocan, y también que se ha producido una mejora en los mecanismos empleados por los poderes para desatar y aprovecharse del miedo humano.

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viernes, 1 de junio de 2007

Norman Mailer, segunda parte

Decía que lo empecé con desgana, sin motivación alguna, muy poco interesado en las campañas electorales de Estados Unidos de mediados del siglo pasado. El esfuerzo de recordar los nombres de candidatos, cronologías y claves de la historia americana no me seducía nada. Pero perseverar rinde frutos y aun cuando buena parte de los textos sean largas y prolijas descripciones de los asistentes a una convención de partido en Estados Unidos, con la elección de los presidentes de los últimos 40 años de fondo, Mailer construye una atmósfera, un entorno, una realidad.
No es una cuestión de visualización, no es una reconstrucción minuciosa y precisa de un momento y un lugar, a la manera de las novelas anteriores a la existencia de la fotografía. Tampoco una cuestión de narrador omnisciente que posee a sus criaturas hasta en el más mínimo pensamiento. Es algo más sutil, es un aire, un clima, una burbuja de gas desplegada alrededor del lector. Es un abrazo tenue pero firme, el aire de una habitación recién ventilada que se percibe al cabo de unos segundos: no al entrar, sino al permanecer en ella y que no nos abandona cuando salimos, que nos impregna. Ojo, aire, no humo ni dedos de niebla: atmósfera.
Cada pieza, cada reportaje si usamos un término convencional, tiene su propia atmósfera y al tiempo las moléculas son las mismas, es el mismo, pero distinto. Es aburrido, sí, porque las claves y las referencias son muy coyunturales y el esfuerzo que exige para entender los matices no está al alcance de un europeo por muy leído que sea. Pero es apasionante también por el fondo. Esta obra de Mailer es como la serie de cuadros realizados por Pablo Picasso con variaciones de las Meninas de Velázquez. Reconoces a los personajes, sientes el eco de la obra original, pero la interpretación, las sugerencias son radicalmente distintas.
Es un libro profundamente político, de una política occidental, descripción cabal de las democracias burguesas del siglo XX en el mundo. Reconoces a los personajes, sientes el eco de los Estados Unidos, pero Mailer deja que interpretes el cuadro a tu manera: sólo tienes que dejarte envolver por el aire. No hay citas, no se puede señalar un pasaje o una frase, solo impresiones, huellas del conjunto, la satisfacción global que produce una buena comida o un largo paseo.
Solo después, al hacer balance de lo leído, te caes del guindo y descubres la impostura, la banalidad, el vacío de esta política superficial y también malvada, su trastienda bien iluminada para que nada pueda perderse. Mailer es el prestidigitador que se dirige al público y le muestra lo intercambiables que son las Meninas de Picasso con las de Velázquez, lo fácil que es cambiar las interpretaciones por los originales.

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