viernes, 28 de septiembre de 2007

Hasta que la muerte nos separe, osita

Hace poco he vuelto a enamorarme de ti y de nuevo siento en mi interior un vacío que sólo llena tu cuerpo abrazado al mío. Mi obra sólo lleva un nombre, cuando ha sido fruto de un largo diálogo.

André Gorz, filósofo francés muerto junto al amor de su vida hace unos días.

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martes, 25 de septiembre de 2007

Cuatro años de blog

Hace cuatro años que abrí este espacio, sin saber muy bien porqué. Desde entonces, no he dejado de sorprenderme y de pasarlo bien: sigo escribiendo cada vez más, participando en proyectos colectivos de lo más variado, conectando con otras personas, reflexionando en corto y en largo y, sobre todo, experimentando con internet, aprendiendo de internet y pensando en internet.

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domingo, 23 de septiembre de 2007

Dos preguntas y una cita

¿Están en mis manos las esperanzas, los amores, las desesperaciones, las actitudes frente a los conflictos y frente a la felicidad propia y ajena, todo eso que conforma el suceder de la vida? ¿No son acaso descubrimientos, hechos que acaecen y me involucran sin que exista en mí una voluntad determinante que permita toda previsión?
Adolfo García Ortega

Escribir es una recompensa admirable y dulce; pero ¿de qué?
Franz Kafka

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martes, 18 de septiembre de 2007

La escuela privada ya no es tan exclusiva

Uno de los grandes flecos que dejó colgada la transición. O, si lo quieren más personal, uno de los jirones de piel que nos dejamos los tontos que salíamos a la calle para protestar durante esos años, fue el de la escuela, la educación, lo que incluye también la presencia de la religión en las aulas y demás. A este respecto, mi posición es de sobra conocida y puede resumirse así: el que quiera dioses que se los pague, que los escuche en los templos y la educación concertada no existe: es privada que pagamos todos.
El problema de la educación española es también el de su clase media, empeñada en una igualdad a la baja que acabará por destruir cualquier atisbo de cultura del esfuerzo que nos quede. Si es que no lo ha hecho ya. Pero ahora no me interesa recordar el fracaso escolar, los profesores quemados, la desmotivación ni otros males.
El complejo de inferioridad de la clase media española, unido a su carácter de nuevos ricos, ha empujado a miles de familias durante años a considerar la escuela privada, antes que la pública, como la mejor opción para sus hijos. Aunque el pago no garantice que quien es tonto, vuelva de la guerra más listo de lo que se marchó, miles de familias se empeñan todos los años en una carrera de gastos que sólo sirve para mantener el prestigio social o las apariencias.
Desde hace 20 años, además, el discurso político de buena parte de la izquierda española contrasta con su particular proceder y son pocos los líderes de esas formaciones que no envían a sus hijos a colegios de pago. Con un falso prestigio ganado durante el franquismo, bien servido por los medios de comunicación, la escuela privada se alza como si fuera la gran solución de futuro para nuestros hijos, cuando no es más que un negocio, servido por comerciantes a los que les importa el futuro en la medida en que las generaciones de alumnos se perpetúen en sus aulas, de padres a hijos.
Pero lo más grande viene a la hora de analizar la supuesta exclusividad de estos colegios, llamados a ser de élite. No discuto si tienen más o menos alumnos por clase o si disponen de más o menos medios, porque la llamada brecha digital, el índice de lectura y otros indicadores están sesgados en la medida en que son los hogares y la actitud de los padres lo que van a establecer al final unos u otros.
Hace unos días, se publicaba un interesante -aunque obvio- reportaje sobre las diferencias entre el número de escuelas públicas y privadas en función de la comunidad autónoma. Hay varias cosas llamativas, como que Cataluña, tras décadas de gobierno nacionalista de derechas, apueste decididamente por la escuela pública. Pero lo que ha provocado este post son precisamente las cifras de la comunidad de Madrid: 15.694 centros privados frente a 5.957 públicos.
¿Dónde está la supuesta élite? Si la educación privada se basa en la exclusividad, al menos en Madrid, lo cool, por escaso y exclusivo es, desde luego, la escuela pública. Padres que queréis lo mejor y más único: matriculad a vuestros hijos en Castilla La Mancha: sólo hay 36 colegios privados.
Nota: soy fruto de la enseñanza pública y mis hijas también lo son.
Cuadro publicado con esta noticia de El País.


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miércoles, 12 de septiembre de 2007

¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?

Aunque los éxitos de ventas literarios suelen ser textos por encima de las 400 páginas y las grandes novelas del pasado superan esa cantidad, lo cierto es que la tendencia actual se dirige precisamente a lo contrario, a la brevedad. Ser concreto, breve y hasta escaso no es una novedad: desde las greguerías hasta los relatos de Monterroso y, por supuesto, los haikus, son muchos los escritores que se han enfrentado al reto de narrar el instante y de hacerlo con brevedad. Nada que ver con la magdalena de Proust, instante mágico desarrollado en cientos de páginas de memorias.
El mérito de Raymond Carver y de sus cuentos no está tanto en su brevedad, que no es tal, sino en lo que describen. Están construidos con una factura clásica, por su extensión y desarrollo, pero en lugar de concentrar el tiempo a la manera de Chéjov en pocas páginas, Carver lo extiende. Y esa extensión, ajustada al milímetro, le permite tomar un momento fugaz y convertirlo en un retrato detallado.
No todos los relatos son así, claro, pero en la mayoría, Carver mira y deja que nosotros miremos. Una mirada intensa, que no se limita a ver lo aparente sino que escruta –siempre con cariño- las acciones y los pensamientos humanos. No son, como pretenciosamente señala la solapa del libro, haikus en prosa. Son otra cosa; si un haiku es un segundo, un parpadeo, casi la impresión inconsciente de un momento, los cuentos de Carver son más bien un minuto, una mirada fija y atenta que dura lo suficiente como para captar la esencia de las cosas.
Captar y describir, claro, y en mostrar lo visto Carver no defrauda. Su prosa se podría comparar con las pinceladas de Hopper, pero allí donde el pintor impone una luz que es siempre homogénea en sus cuadros, Carver deja que sea la luz de cada situación la que ilumine la escena, sin alterar el conjunto. Hay relatos al aire libre en los que respiras el aire de las montañas o el de un suburbio, cuentos de interior iluminados por bombillas pálidas o por fluorescentes limpios.
Muy recomendable, para aprender a escribir y para desengrasar.

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sábado, 8 de septiembre de 2007

Elogio de la locura

¿Me estoy haciendo mayor? Mayor en serio, con dificultades para leer y un permanente gusto por los libros más antiguos, los clásicos impensables. Cada vez que veo las mesas de novedades, gruño sordamente, nada me interesa. ¿Me hago… viejo? No. Ayer reflexionando sobre ello –reflexiono mucho este mes: es un mes especial, lleno de aniversarios: ya hablaremos-, llegué a la conclusión de que si bien en materia literaria y musical parezco un poco rancio y poco dado a novedades, no es cierto. Primero, porque muchas de esas novedades no me llegan y segundo, porque atravieso periodos en los que me pongo al día con textos o compositores que me perdí durante la travesía del desierto, circunstancia extensible también al cine y a otras manifestaciones culturales.
Larga digresión para justificar que, después de la Utopía de Moro, he disfrutado con otro clásico no menos intenso y necesario: el Elogio de la locura de Erasmo de Rotterdam.
Libro sencillo y hasta divertido, maestro en una ironía nada dificil de comprender y que se resume con una de las muchas citas, ésta de Cicerón, que el libro atesora: “El mundo está lleno de majaderos”. Erasmo, buen conocedor de la sociedad de su época, describe a través de una exaltación y elogio de la locura en su sentido de estupidez o estulticia, los tipos, clases y personas que proliferan en su en torno. Su intención es hacer ver cómo la estupidez es la reina de las acciones humanas y cómo en su honor se cometen las mayores tropelías, sin que nadie se aperciba de que lo que creen como nobles acciones no son otra cosa que estupideces.
En general, lo más provechoso del libro es lo que cada uno pueda ver de sí mismo reflejado en él y cómo nos retrata a los seres humanos. Con Erasmo no cabe la ingenuidad, no cabe pensar que hemos cambiado mucho en 500 años. No es así. Seguimos siendo fatuos, egoístas, llenos de prejuicios, ignorantes y ajenos a cuanto no vaya en nuestro beneficio. Preferimos la apariencia y el barniz de sabiduría al conocimiento obtenido con esfuerzo. Y cuanto más arriba en la escala social, peor. Menos mal que hay excepciones, y con ellas, esperanza.

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martes, 4 de septiembre de 2007

La revolución de los cómics

El empleo del cómic, de la historieta como fórmula discursiva para desarrollar un ensayo no es una gran novedad. La mayor parte de las revistas de historietas españolas durante el franquismo -Pulgarcito, Tio Vivo, DDT..- incluían, por imperativo gubernativo, una o dos páginas de divulgación con la viñeta como base. Asi que Scott McCloud no ha sido el primero en utilizar las viñetas del arte secuencial para algo más que para narrar una historia. Y sin embargo, el gran mérito del autor estadounidense es el de escribir un verdadero ensayo empleando el cómic como vehículo de expresión. Fue en su primer y excelente libro Cómo se hace un cómic.
La continuación de esa primera obra, que supuso un cambio radical en la concepción y el desarrollo del cómic, a la altura del canónico El cómic y el arte secuencial de Will Eisner, es La revolución de los cómics. Pero allí donde se apreciaba un análisis fino y meditado de la historieta, de su evolución y orígenes, aquí se encuentra un discurso coyuntural y poco meditado, ambicioso en sus planteamientos pero un poco ingenuo en los resultados.
Cualquier libro, cualquier análisis sobre la Red realizado en los comienzos de internet ha perdido casi por completo su interés, tal ha sido la velocidad y el volumen de los cambios que ha traído consigo. Ninguna de las profecías, de los caminos que se intuían se han cumplido, más allá de las generalidades sobre el inmenso potencial de una estructura que soporta, entre otras cosas, este blog. Hay que agradecer a McCloud su esfuerzo y aprovechar algunos de los pocos conceptos -sobre todo, en su afán por mirar hacia delante-, que se salvan de su libro.
Pionero de la distribución en internet de su obra, McCloud consigue transmitir el entusiasmo que despiertan en él todas las posibilidades de la Red, pero poco más. Y es una lástima que sólo se haya preocupado por dirigirse al público y los autores estadounidenses, perdiendo por el camino el carácter universal de su primera, y magistral, primera obra.

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