martes, 30 de octubre de 2007

Sobre la escritura

Los talleres de creación literaria Fuentetaja tienen un espléndido catálogo de libros dedicados a la literatura, de libros que explican la literatura desde los autores, con citas y análisis de los literatos, clásicos o vivos. Cualquiera que haya escrito unas reflexiones sobre el oficio de escritor tiene asegurado un hueco en esta colección, pensada originalmente como apoyo didáctico a los muchos y variados talleres que imparten.
He leído varios y me gustan, de hecho es un poco paradójico que en algún caso, me interesen más las reflexiones sobre la literatura que la literatura de un autor en cuestión. No es el caso de las reflexiones de Jorge Luis Borges, menos interesantes que su literatura, sobre todo su impagable "A mí me parece que la censura en sí no está mal...", página 118.
De los últimos publicados, recién terminé Sobre la escritura de Adolfo Bioy Casares y otro del mismo título de Borges, que recogen cronológicamente algunas de sus reflexiones y comentarios dictados en un par de talleres en Buenos Aires a mediados de los 1980.
Están estructurados en torno a una serie de temas: la creación, los motivos, la inspiración, la fórmula… Responden en muchos casos a una pregunta que parece constante en los talleres: ¿de dónde sale el tema? O ¿cómo se les ocurren las ideas a los escritores? Pregunta tan difícil que responder que la mayor parte de las veces da lugar a una larga digresión en la que los datos biográficos o las anécdotas sustituyen a la teoría de la génesis mental de la literatura. Pocos son los escritores que han reflexionado sobre la creación como tal y, menos, de la percepción íntima que cada cual tiene de su creación, llámense Borges o Woolf.
No hay receta, ni momentos, ni pautas. La escritura surge de muchas fuentes y de ninguna. A diferencia de la literatura, en el ejercicio del periodismo –de lo que algo sé- lo que hay son urgencias y asuntos que ya vienen dados, bien por una orden directa, bien por ese concepto difuso que es la actualidad. Ambas escrituras comparten la disciplina, la inevitable necesidad de sentarse frente a la pantalla y escribir. Con ser interesantes las ideas o los motivos de otros escritores –o de los escritores, no seamos presuntuosos-, quizá lo más importante de estas recopilaciones sean lo que puedan sacar de nosotros, lo que puedan explicar de nuestro propio camino creativo.
Como dice Bioy Casares "Me atrevo a dar el consejo de escribir, porque es agregar un cuarto a la casa de la vida. Está la vida y está pensar sobre la vida, que es otra manera de recorrerla intensamente". Serán las coincidencias o mejor, las discrepancias que tengamos con los escritores conocidos, las que nos explicarán porqué escribimos lo que escribimos y cuál es la materia con la que nos sentimos más identificados.

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martes, 23 de octubre de 2007

La poética del espacio

Repetir las mismas pautas todos los días nos ofrece a los compulsivos una oportunidad única de estudiar el entorno, de apreciar los cambios y admirarnos con la repetición inexorable. Reconocer las mismas caras en el mismo tren, que éste llegue a la misma hora y se detenga en el mismo y exacto lugar del andén son placeres que sólo los obsesivos paladeamos. Que el modelo de tren varíe o que las personas cambien de puerta puede resultar hasta molesto, como si el orden fundamental del mundo se hubiese alterado.
Gastón Bachelard, uno de los grandes teóricos de la literatura, no hace en esta Poética del espacio ninguna apología de mis placeres cotidianos, pero si explica de qué forma los espacios, los lugares, forman parte de la poesía, no tanto como tópicos o como usos, sino como parte del lenguaje, como materia poética. Bachelard no hace exactamente un catálogo de los sitos en los que transcurre la poesía o en los que se puede desarrollar un poema, sino más bien un mapa de los lugares que la poesía occidental recorre con asiduidad.
Es una topografía de lo cotidiano, el retrato de lo que nos rodea lo que se constituye como material poético, como material-refugio del pensamiento o la mirada. De la misma forma que yo me siento rodeado de una pauta inmutable de lugares, luces y personas por las mañanas que me ayudan a reconocer el mundo y enfrentarme a él, los espacios en la poesía rodean y dan sentido al poeta y le ayudan a encontrar el suyo, o a posar su mirada de una forma diferente sobre algo aparentemente visto muchas veces antes.
Las casas y, dentro de éstas, las habitaciones, los sótanos y buhardillas; muebles y cajones, objetos, las viviendas de los animales, los rincones… Bachelard recorre con ejemplos, con versos y citas de diversos autores, ese camino espacial de la poesía. Y en el recorrido encuentra también las huellas que las dimensiones dejan en nosotros y en nuestro pensamiento, asi como nuestro espacio interior y el lugar que ocupa en nuestra lectura del mundo.

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jueves, 18 de octubre de 2007

El síndrome de Francfort

La Feria del Libro de Francfort es para los amantes de los libros una extraña mezcla entre Rodilla, Carrefour y la tienda del gourmet del corte inglés. Profundamente mercantil, exquisitamente bibliófila, imprescindible, inabarcable, exagerada, hostil y cálida; hasta mágica en algunos momentos: a la vista de alguno de los grandes de la edición, cuando conceden el Nobel de Literatura… De todo eso, trata Sergio Vila-Sanjuán en este librito oportuno, publicado pocas semanas antes de la celebración de la edición de este año, y que recoge sus experiencias como enviado especial del diario La Vanguardia desde 1994 a la feria.
Libro ameno, hasta simpático, en su tono de crónica periodística sin pretensiones, que explica qué es, de dónde viene y cuáles son las razones por las que año tras año, la capital del Meno acoge esta cita anual.
Anécdotas, chismorreos, algunas cifras y una excelente síntesis de las circunstancias en las que se ha desarrollado la gestación de la presencia de Cataluña como país invitado en la feria de este año son algunas de sus virtudes. Superficial, escaso de análisis y un poco plano de estilo son sus defectos, aunque éstos no desmerecen el conjunto en absoluto.
No es lo mismo que asistir en persona a la feria, claro, pero es un buen recurso para saber de qué va la Buchmesse, y dada la escasa bibliografía en español sobre el mundo editorial en general, es una referencia obligada.

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lunes, 15 de octubre de 2007

Blog Action Day

Como sucede con los lazos por las causas más variopintas, o los actos más normales convertidos en excepcionales por una causa, la banalidad de hoy es el Día de Acción Bloguera contra el cambio climático, traducción libre pero expresiva de las intenciones de los organizadores.
Asi que los ciclistas pedalean contra la fibromialgia, Rajoy agita una bandera para ganar unas elecciones y los blogueros escribimos un día contra el cambio climático. Algún día, con tiempo y ganas, habrá que meterse a fondo en analizar cómo desde la última guerra europea a gran escala –no vale Kosovo, conflicto regional-, la civilización occidental ha entrado en un periodo de infantilización en el peor sentido de la palabra.
Y la ostentación de la propia y paulativa idiotización se ha convertido en una plaga que escapa a toda lógica. Hemos sutituido la acción por la imagen de esa acción. La solidaridad, la caridad, la empatía, por utilizar los tres términos que definen nuestra acción altruista con los demás humanos, ya no existen: basta con que lo sustituyamos por la imagen de ese altruismo, por la imagen de nuestra conciencia.
Estamos buenos.
En fin, que ya está mi aportación al Blog Action Day. Que nos aproveche.

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sábado, 6 de octubre de 2007

El pensamiento cautivo

Leo más de lo que puedo reseñar, pero es lo lógico: hay que ser lectores, por encima de todo. Mientras disfrutaba de un amplio poemario de Raymond Carver, del que ya hablaré, lei recogida una cita del poeta y ensayista Cseslaw Milosz, de quien tengo reciente la lectura de El pensamiento cautivo, un extraordinario ensayo atrapado al vuelo en la biblioteca y que me sirvió de introducción al mundo de un escritor especialemente singular.
El hecho de encontrarle citado por Carver es prueba que se trata de un autor extraño, al que le queda como un guante su inclusión en la colección “marginales” de Tusquets. Milosz realiza en esta obra un amplio viaje por la situación de los intelectuales en las dictaduras comunistas del siglo XX. Pero en lugar de hacer una lista con dos columnas –escritores de régimen, escritores disidentes-, Milosz disecciona minuciosamente los diferentes tipos de pensamiento, de expresión que las dictaduras crearon a lo largo de las décadas, desde el comienzo de los movimientos socialistas europeos de la década de los 30 del siglo pasado.
Milosz fue él mismo uno de esos escritores, por lo que se analiza con extraordinaria agudeza para comprender, que no juzgar, el camino intelectual de muchas personas que pusieron su talento al servicio de los regímenes totalitarios del este europeo, la mayoría obrando de buena fe. Los motivos, las razones y la deriva de ideas y pensamientos son la clave de la actuación de estos intelectuales. El poeta deja claro desde el principio que no busca justificarse, sino explicar cuál es el discurrir del pensamiento al otro lado del telón de acero y porqué la intelectualidad occidental no debe aceptar sin más ni más las etiquetas que unos y otros se lanzan. Escrito en los años 1950, mientras se encontraba exiliado en París, Milosz analiza con maestría un periodo de la historia intelectual y cultural de Europa desde dentro, sin anatemas ni condenas, con una mirada profundamente humana y comprensiva, pero sin pretender justificar u ocultar las atrocidades que en nombre de la burocracia comunista se cometieron hasta la caída del muro de Berlín.
Bueno para profundizar en la génesis del pensamiento sujeto a restricciones y el desarrollo de la intelectualidad en condiciones dictatoriales. Y para conocer a uno de los grandes poetas en lengua polaca.

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