jueves, 24 de enero de 2008

Los jesuitas eligen superior

Reconozco tener un aprecio especial por la Compañía de Jesús, por los jesuitas, desde hace mucho tiempo. Sí, ¿qué pasa? Dejadme en paz con mis contradicciones, que decía Pérez-Reverte. Quizá por la lectura temprana de la vida de san Ignacio -el fundador-, porque todavía en 1967 se leían vidas de santos en los libros escolares, por la contradicción de ser soldados de dios, por que es una orden viajera, exótica o, más probablemente, por el respeto que tengo a la inteligencia.
No he conocido, al menos conscientemente, más que un jesuita en mi vida. Me atormentó durante dos o tres cursos de bachillerato a cuenta de las cartas de san Pablo, comentándolas, traduciéndolas, aprendiéndolas. No recuerdo su nombre pero todavía lo veo enfadado por nuestra ignorancia. No sé cuál sería su objetivo, pero ahora que empiezo a ser mayor sospecho que lo consiguió: sé quién fue Pablo de Tarso, quién fundó realmente y por qué medios la iglesia, y, sobre todo, allanó el camino para que me liberase de la fe y la superstición en un proceso posterior, ya en la veintena, pero que es otra historia.
Algunos de mis ídolos literarios, como Joyce, fueron educados por los jesuitas y hay grandes nombres de la ciencia, hasta en la paleontología, que lo fueron; y nunca olvidaré la conmoción que me produjo el asesinato en El Salvador del padre Ellacuría y otros cinco jesuitas, además de dos mujeres que trabajaban allí. Una de las víctimas era Segundo Montes, el hermano de Santiago, probablemente el mejor profesor que yo haya tenido nunca. Antropólogo y pintor, fotógrafo, discípulo de Levi Strauss y extraordinariamente bueno.
Al margen de las emociones, los jesuitas ejercen una especie de fascinación intelectual sobre mí. Primero porque obedecen desde la igualdad al papa, acatan pero no se humillan ante Roma. Son buscadores de la inteligencia, estudiosos e intelectuales, con una misión tan contradictoria como romántica: encontrar la forma de unir la fe y la razón, o sea, la imposible cuadratura del círculo de las religiones.
Asi que he disfrutado mucho con la elección de Adolfo Nicolás como prepósito de la orden. Y más que voy a disfrutar ahora que al Papa le ha dado por oficiar de espaldas a los fieles y la Iglesia no deja de revelar su verdadera faz.

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