jueves, 3 de enero de 2008

Monogamia, de Adam Phillips

Me acordé de este libro a cuenta de la manifestación de hace unos días de los católicos en Madrid. Por cierto, ¿por qué los llaman integristas o fundamentalistas? En todo caso, consecuentes con su jerarquía: son católicos, sujetos a la disciplina de sus obispos, cardenales y Papa. Tienen sus creencias y obsesiones como todo el mundo, aunque nos parezcan disparatadas. ¿Que quieren imponer su modelo de sociedad? Naturalmente, son creyentes en una religión de libro, dogmática e implacable, por eso son católicos: universales; están obligados por su fe a extenderla: son apóstoles; obedecen a sus pastores: son romanos.
De todas formas, si yo fuera paranoico –decía Burroughs: "no somos paranoicos: es que estamos bien informados"–, pensaría que con esa manifestación la jerarquía católica le ha devuelto el favor al Gobierno por la pasta obtenida y el apoyo al lampedusismo: que todo cambie para que todo permanezca igual. No hay como unas buenas soflamas ultras para movilizar al electorado de izquierdas, así que bienvenidas sean las guitarras de los kikos y el Apocalipsis cardenalicio.
No sé de dónde salió esta Monogamia del psiquiatra británico Adam Phillips, que dormía en la trastienda de la biblioteca y que se lee en un momento. Es una colección de aforismos ingeniosos con la monogamia como único asunto, aunque a través de esta extraña institución humana, Phillips alcanza a explicar muchos de los rasgos de la pareja humana y lo hace desde la perplejidad y la sorpresa de quien no termina de aceptar que seamos como somos, lo cual es lógico tratándose de un psiquiatra experto en Freud.
El libro se abre con una espléndida cita de Emerson que es una declaración de intenciones:
Si aceptas una mentira, tienes que aceptar todo lo que la rodea.
Pues no otra cosa es, en el fondo, el matrimonio o la unión de dos personas. Phillips resulta un poco irregular en sus aforismos, quizá demasiado temáticos y escribe hasta alguna greguería: "Una pareja es una conspiración en busca de un crimen. El sexo suele ser lo más parecido que encuentra." También me han sorprendido sus afirmaciones sobre compartir la pareja: que es raro en occidente, pero habitual en otras culturas como los inuit. Phillips parece no conocer el dato, lo que implica un etnocentrismo un poco ignorante.
Pero hay reflexiones muy inteligentes, sobre la pareja:
Se ha escrito más sobre la manera como las relaciones no funcionan que sobre cómo funcionan. No tenemos virtualmente ningún lenguaje, aparte de la banalidad, para describir a la pareja que ha sido feliz largo tiempo. Nos gustaría que tuvieran algún secreto, algo que darnos. O que pudiéramos darles, aparte de nuestra sospecha.[…]No hay nada más aterrorizador que la posibilidad de que no haya nada oculto. No hay nada más escandaloso que un matrimonio feliz.
Y también sobre los hijos:
No es que los hijos estropeen la relación de sus padres, pero la confunden. Desdibujan nuestras categorías, y por eso los padres somos tan autoritarios. ¿Qué otra cosa se puede hacer con los que, al infringirlas, no hacen más que enseñarnos las reglas, los que siempre dejan al descubierto nuestros prejuicios haciéndonos explicarlos con todo lujo de detalles?


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