martes, 29 de enero de 2008

Pura anarquía

Al leer este conjunto de relatos que publica Tusquets, es muy fácil imaginar a Woody Allen sobre un escenario explicando la historia del hombre –si no él mismo- que se encuentra en un restaurante con un productor teatral que le cuenta un disparatado proyecto para hacer de la historia de la filosofía un musical de éxito. O el relato de una pareja que cae en la escala social cuando su bebé es incapaz de obtener plaza en una de las guarderías más exclusivas de Nueva York. O el hombre al que unas obras en casa llevan al borde del suicidio.
En estos 18 relatos, Allen se muestra tal cual, sin aditivos ni conservantes, es el monologuista ingenioso y profundamente inteligente, jugador con las palabras y los nombres -E. Coli, productor de cine, el sastre que se llama Peplum, Endorphine el levitador...-, capaz de diseccionar en un instante la sociedad occidental:
"¿de dónde ha sacado mi número de teléfono? De internet. Aparece junto con las radiografías de tu colonoscopia."
Y también de sentir una sincera simpatía por los perdedores o por los divorciados asfixiados por la voracidad de sus ex.
El humor de Allen es de cejas altas, es el de los lectores del New York Times, sutil, lleno de claves para iniciados que ni siquiera esta buena traducción permite apreciar en toda su maldad. Pero a despecho de eso, es también un humor cercano, disparatado, que recuerda un poco al mejor Umberto Eco, al que explicaba lo que era la hípica azteca en El péndulo de Foucault o diseccionaba la relación entre el número áureo y la cábala en las medidas de un quiosco de prensa.
Allen, rodeado de agentes, rubias espectaculares, actores y fracasados de todas clases no hace reír, permite que le acompañes en un viaje risueño, con varios planos, para que sea el lector quien descubra el disparate en que vivimos.

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jueves, 24 de enero de 2008

Los jesuitas eligen superior

Reconozco tener un aprecio especial por la Compañía de Jesús, por los jesuitas, desde hace mucho tiempo. Sí, ¿qué pasa? Dejadme en paz con mis contradicciones, que decía Pérez-Reverte. Quizá por la lectura temprana de la vida de san Ignacio -el fundador-, porque todavía en 1967 se leían vidas de santos en los libros escolares, por la contradicción de ser soldados de dios, por que es una orden viajera, exótica o, más probablemente, por el respeto que tengo a la inteligencia.
No he conocido, al menos conscientemente, más que un jesuita en mi vida. Me atormentó durante dos o tres cursos de bachillerato a cuenta de las cartas de san Pablo, comentándolas, traduciéndolas, aprendiéndolas. No recuerdo su nombre pero todavía lo veo enfadado por nuestra ignorancia. No sé cuál sería su objetivo, pero ahora que empiezo a ser mayor sospecho que lo consiguió: sé quién fue Pablo de Tarso, quién fundó realmente y por qué medios la iglesia, y, sobre todo, allanó el camino para que me liberase de la fe y la superstición en un proceso posterior, ya en la veintena, pero que es otra historia.
Algunos de mis ídolos literarios, como Joyce, fueron educados por los jesuitas y hay grandes nombres de la ciencia, hasta en la paleontología, que lo fueron; y nunca olvidaré la conmoción que me produjo el asesinato en El Salvador del padre Ellacuría y otros cinco jesuitas, además de dos mujeres que trabajaban allí. Una de las víctimas era Segundo Montes, el hermano de Santiago, probablemente el mejor profesor que yo haya tenido nunca. Antropólogo y pintor, fotógrafo, discípulo de Levi Strauss y extraordinariamente bueno.
Al margen de las emociones, los jesuitas ejercen una especie de fascinación intelectual sobre mí. Primero porque obedecen desde la igualdad al papa, acatan pero no se humillan ante Roma. Son buscadores de la inteligencia, estudiosos e intelectuales, con una misión tan contradictoria como romántica: encontrar la forma de unir la fe y la razón, o sea, la imposible cuadratura del círculo de las religiones.
Asi que he disfrutado mucho con la elección de Adolfo Nicolás como prepósito de la orden. Y más que voy a disfrutar ahora que al Papa le ha dado por oficiar de espaldas a los fieles y la Iglesia no deja de revelar su verdadera faz.

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lunes, 21 de enero de 2008

Historias de Fuentetaja

Hace unas semanas apareció en la prensa la noticia de que los trabajadores de la librería Fuentetaja -bien conocida por los lectores de Madrid- se habían puesto en huelga. Ahora, por medios plantígrados, me llega una nota de prensa en la que se narra una historia -más bien unas historias- de Fuentetaja tan interesante como desconocida, al menos para mí.
De la nota, que deberían estudiar en los gabinetes de prensa por su corrección y pulcritud, reproduzco algunos párrafos y añado un par de enlaces.
"[...]nuestro nombre es fundamentalmente un signo de agradecimiento a María Fuentetaja, antigua propietaria y fundadora de la Librería.
La reciente muerte de María Fuentetaja, acaecida en el ejercicio de una dignidad propia de su espíritu libertario, hace que debamos extender esta aclaración con un postrero homenaje.
El primer taller literario impartido entonces por un joven Ramón Cañelles tuvo lugar en la cueva de la Antigua (y pequeña) Librería Fuentetaja, sita en el número 34 de la Calle San Bernardo y que todavía hoy regenta su hijo Bernardo Ayuso Fuentetaja —de forma del todo independiente a la Librería Fuentetaja moderna, hoy reubicada en el número 35 de la Calle San Bernardo tras declararse en ruina su antigua ubicación en el número 48 de la misma calle—.
Mientras María Fuentetaja fue copropietaria, junto a Jesús Ayuso, de la Librería Fuentetaja, ambos mantuvieron su apoyo durante nuestros primeros años para que el entonces único taller [...] tuviese en la Librería una dirección postal y un punto de encuentro ocasional con sus participantes.
Sin embargo, a partir del comienzo de los 90, y con el crecimiento de la actividad del taller, nuestras instalaciones se independizaron de la librería —en realidad el vínculo se limitaba por entonces a un buzón de correo— hasta concentrarse en unas oficinas en las que albergar en condiciones la sede de la editorial y los talleres literarios.
Respecto al conflicto que hoy vive la Librería, conviene aclarar que desde hace ya años María se había retirado de todo vínculo de propiedad con la Librería y que esta huelga no tiene ninguna relación con los tiempos en que todavía gestionaba parcialmente la institución.
Por último, queremos aclarar que los propietarios de Ediciones y Talleres de Escritura Fuentetaja nos sentimos identificados con el espíritu generoso y libertario con que María Fuentetaja siempre supo gestionar los conflictos y asumir las justas reivindicaciones.
Confiamos en que una institución como la Librería Fuentetaja sabrá acudir a esos valores que para nosotros simboliza el apellido de María para solucionar un conflicto que, tristemente, llega al poco de la pérdida de su fundadora. La mejor forma de honrar su memoria sería precisamente rescatar de forma coherente los valores que dirigieron su vida."
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martes, 15 de enero de 2008

El año internacional de la papa

La primera vez que leí la palabra tubérculo fue en una "loa a la patata, ese humilde tubérculo", que recitaba algún personaje que ya no recuerdo de las historietas de Bruguera. Ahora la ONU ha declarado este año como "Año internacional de la papa", lo que por España llamamos patata. En la información que publica El País, leo con sorpresa que hay más de
5.000 variedades que aún se cultivan en los Andes, aunque
las papas andinas no se pueden consumir en Europa, al menos crudas. La Unión Europea prohíbe su importación. Sólo puede venderse en países como España fritas, en forma de las famosas hojuelas peruanas (parecidas a las chips) y envasadas. [...] Europa tiene sus puertas cerradas a la preciosa variedad de papas andinas.
Esta extraña estupidez -que no tiene razones sanitarias sino puramente económicas- me llevó a recordar el origen de la globalización y de la dependencia económica a la que están obligados los países emergentes frente a las potencias occidentales.
Explica Rafael Sánchez Ferlosio en Non olet, cómo desde mediados del siglo XVI -es decir, a poco más de cincuenta años del "Descubrimiento", existía una "estricta asimetría comercial entre la metrópoli y las colonias". La cita es un poco larga, pero vale la pena:
A las Indias, "si algún particular quería llevarse algún haber [dinero] para tener con qué empezar [...] indefectiblemente se le decía que lo llevase "empleado", o sea invertido, en mercancías vendibles en las Indias con ganancia, a veces detallándole incluso qué clase de artículos tenían allí mayor aceptación. Inversamente, [...] sólo cruzaban el mar metales preciosos, especialmente plata [...]"
Ferlosio detalla numerosos documentos que prueban cómo para asegurar la posesión de las tierras americanas, se establecieron normas y leyes bien detalladas que prohibían la exportación de materias primas desde España -por ejemplo, las viñas o las ovejas- para que en las colonias sólo se pudiesen adquirir bienes manufacturados y nunca llegasen a la independencia económica.
Y luego nos quejamos del Fondo Monetario Internacional: la corona española construyó un sistema de pillaje y dependencia económica casi perfecto hace cinco siglos. Para que luego nos quejemos de que los reyes no sirven para nada.

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viernes, 11 de enero de 2008

La mente salvaje

Este post está dedicado a la memoria de Sir Edmund Hillary, muerto hace unas horas. Saludarle, hace unos años en Nueva Zelanda, fue uno de los mejores momentos de mi vida como montañero y como periodista. Un imbécil, redactor del diario Las Provincias, conserva la fotografía que me hicieron del momento y que jamás se dignó enviarme. Aunque da igual: está en mi interior. Cierrra en paz tus ojos, Sir Edmund, los primeros que vieron el mundo desde la cumbre del Everest.
Wilderness es un concepto en inglés muy difícil de traducir al castellano. Es algo más que naturaleza y menos que salvaje. Es el paisaje no tocado por el hombre, descubierto pero no invadido, empleado pero no destruido. Algunas zonas de las montañas de Guadarrama, por ejemplo, allí donde pasé poco más de seis años vagando todos los fines de semana en mi juventud. El poeta estadounidense de la generación beat Gary Snyder me ha traído muchos recuerdos con este pequeño pero muy intenso libro de poemas y ensayos.
Son poemas de montañas y de bosques, de wilderness, pero no de paisajes, no son poemas descriptivos, llenos de referencias a las puestas de sol y la belleza natural. Snyder retrata la naturaleza en su relación con el hombre, en su esplendor salvaje –esta vez sí-, que hay que admirar antes de poder dominar.
Por así decirlo, en estos poemas Snyder está más cercano a los chamanes indios que a Whitman. Unidos a ellos, diferentes pero relacionados, hay varios poemas de monjes y monasterios, de reglas y haikus y meditación, fruto del tiempo que pasó Snyder en Japón estudiando el budismo zen y comprobando -y mostrando al lector- que el silencio de montañas y monasterios forma parte del mismo silencio y el mismo amor universal.
Tu agua es luz
En mi boca
Y una luz para mi seco cuerpo
Son particularmente impresionantes una oración mohawk y el canto fúnebre, tierno a la vez que duro, por los animales muertos en la carretera; y los poemas Construcción, La madre osa y el famoso Por qué cuido mi Macintosh, dedicado a su ordenador y que aqui puede escucharse en su voz.
En prosa Snyder construye, con materiales indígenas americanos, el hermoso relato La mujer que se casó con un oso, una narración excepcional que explica en pocas páginas la comprensión que de la naturaleza tenían los indios. No es tanto una cuestión de sensibilidad, como de conocimiento y de aprovechamiento de los frutos de la naturaleza sin abusar, sin dominar. Lo que ahora llaman desarrollo sostenible.
En cuanto a los ensayos, no defraudan: Snyder expresa el mismo respeto y conocimiento por la naturaleza que en su poesía, con una profunda intuición del papel que la lengua, la expresión, puede tener
[...]la creatividad no es el acto individual o semidivino de "hacer algo". Más bien nace de estar profundamente inmerso en ello, para después entrever conexiones ignoradas, resonancias, fuerzas, sombras, el envés de la trama.
En ese papel, ocupa un lugar primordial la libertad:
La lengua es como una Madre Naturaleza de la sensación: su orden es tan poderoso que tiene espacio para ser salvaje en un noventa y nueve por ciento.
Y también naturalmente, la poesía:
Ver un chochín en un arbusto, llamarlo "chochín" y continuar caminando es -creyéndote importante- no haber visto nada. Ver un ave, pararte, observar, sentir, olvidarte de ti mismo por un momento, permanecer entre la penumbra del arbusto, quizá entonces sentir "chochín", eso es haberse fundido en un instante mayor con el mundo.
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jueves, 3 de enero de 2008

Monogamia, de Adam Phillips

Me acordé de este libro a cuenta de la manifestación de hace unos días de los católicos en Madrid. Por cierto, ¿por qué los llaman integristas o fundamentalistas? En todo caso, consecuentes con su jerarquía: son católicos, sujetos a la disciplina de sus obispos, cardenales y Papa. Tienen sus creencias y obsesiones como todo el mundo, aunque nos parezcan disparatadas. ¿Que quieren imponer su modelo de sociedad? Naturalmente, son creyentes en una religión de libro, dogmática e implacable, por eso son católicos: universales; están obligados por su fe a extenderla: son apóstoles; obedecen a sus pastores: son romanos.
De todas formas, si yo fuera paranoico –decía Burroughs: "no somos paranoicos: es que estamos bien informados"–, pensaría que con esa manifestación la jerarquía católica le ha devuelto el favor al Gobierno por la pasta obtenida y el apoyo al lampedusismo: que todo cambie para que todo permanezca igual. No hay como unas buenas soflamas ultras para movilizar al electorado de izquierdas, así que bienvenidas sean las guitarras de los kikos y el Apocalipsis cardenalicio.
No sé de dónde salió esta Monogamia del psiquiatra británico Adam Phillips, que dormía en la trastienda de la biblioteca y que se lee en un momento. Es una colección de aforismos ingeniosos con la monogamia como único asunto, aunque a través de esta extraña institución humana, Phillips alcanza a explicar muchos de los rasgos de la pareja humana y lo hace desde la perplejidad y la sorpresa de quien no termina de aceptar que seamos como somos, lo cual es lógico tratándose de un psiquiatra experto en Freud.
El libro se abre con una espléndida cita de Emerson que es una declaración de intenciones:
Si aceptas una mentira, tienes que aceptar todo lo que la rodea.
Pues no otra cosa es, en el fondo, el matrimonio o la unión de dos personas. Phillips resulta un poco irregular en sus aforismos, quizá demasiado temáticos y escribe hasta alguna greguería: "Una pareja es una conspiración en busca de un crimen. El sexo suele ser lo más parecido que encuentra." También me han sorprendido sus afirmaciones sobre compartir la pareja: que es raro en occidente, pero habitual en otras culturas como los inuit. Phillips parece no conocer el dato, lo que implica un etnocentrismo un poco ignorante.
Pero hay reflexiones muy inteligentes, sobre la pareja:
Se ha escrito más sobre la manera como las relaciones no funcionan que sobre cómo funcionan. No tenemos virtualmente ningún lenguaje, aparte de la banalidad, para describir a la pareja que ha sido feliz largo tiempo. Nos gustaría que tuvieran algún secreto, algo que darnos. O que pudiéramos darles, aparte de nuestra sospecha.[…]No hay nada más aterrorizador que la posibilidad de que no haya nada oculto. No hay nada más escandaloso que un matrimonio feliz.
Y también sobre los hijos:
No es que los hijos estropeen la relación de sus padres, pero la confunden. Desdibujan nuestras categorías, y por eso los padres somos tan autoritarios. ¿Qué otra cosa se puede hacer con los que, al infringirlas, no hacen más que enseñarnos las reglas, los que siempre dejan al descubierto nuestros prejuicios haciéndonos explicarlos con todo lujo de detalles?


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