sábado, 23 de febrero de 2008

La intuición del instante

Como lector, antes voraz y hoy más selectivo aunque no menos hambriento, la elección de los autores suele revestir gran importancia. La vida es corta y los cantamañanas abundan, así que hay que ser cuidadoso. Hay autores de los que sería capaz de leer hasta sus listas de la compra si las hicieran, como Ferlosio o Moorcock, por poner dos extremos y otros que con una obra me basta, como Rushdie o Rulfo.
Sin llegar a la pasión, Gastón Bachelard entra en una categoría intermedia: autores interesantes a quien es bueno conocer ampliamente. Y el segundo de los libros que he leído de él, La intuición del instante, confirma ese interés y mi deseo de repetir en su obra.
Escrito originalmente en 1932, el libro parece responder a la conmoción que el mundo de la cultura debió sufrir tras la popularización de las ecuaciones de Einstein y el cambio de paradigma provocado en la Física o, más bien, del cambio en la percepción humana que la relatividad trajo. El libro se abre con una extraordinaria cita de Samuel Butler: "Si una verdad no es lo suficientemente sólida para soportar que se le desnaturalice o se le maltrate, no es de especie muy robusta".
En él, Bachelard reivindica que los poetas ya adelantaron en su momento que el tiempo es sólo una dimensión más. Que vivimos sin pasado ni futuro.
El tiempo es una realidad afianzada en el instante y suspendida entre dos nadas. No hay duda de que el tiempo podrá renacer, pero antes tendrá que morir.
Como en el caso del espacio, Bachelard se pasea por el tiempo comprendiendo desde dentro, como una experiencia propia que comparte con sus lectores, en qué consiste algo tan conocido y sentido como imposible de exteriorizar.
La experiencia inmediata del tiempo no es la experiencia tan fugaz, tan difícil y tan docta de la duración, sino antes bien la experiencia despreocupada del instante, aprehendido siempre en su inmovilidad.
Mediante el análisis literario del Siloë de Gaston Roupnel, Bachelard contrapone el tiempo de Bergson con el de la poesía, la percepción contra la intuición, el devenir contra la inmovilidad, el instante contra la duración.
No saco conclusiones de su paseo, ni creo que fuera esa su intención. Más bien parece que toma de la mano al lector y le enseña lo que puede percibir y puede interpretar de su propio tiempo. El libro se cierra con un estudio de Jean Lescure, un amigo de Bachelard que recoge algunas conversaciones mantenidas por ambos acerca del tiempo y la poesía. Y con una frase define qué buscaba Bachelard en sus obras:
¿A dónde va la luz de una mirada cuando la muerte pone su dedo frío sobre los ojos de un moribundo?
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viernes, 15 de febrero de 2008

Florilegio de enlaces

Tengo pendientes algunas reseñas, pero no tengo mucho tiempo, así que hoy toca compartir algunas pequeñas maravillas descubiertas por la Red.
A propósito de la imbecilidad del contrato para inmigrantes -y recordad que por responsabilidad menciono el contrato y no a los proponentes- ya hay algunos imaginativos modelos desarrollados:
Contrato inmigrantes
Modelo de instancia
Salvo que uno se dedique al envío masivo de correos no solicitados, lo que llamamos espam en lengua vernácula, un comprobador de direcciones de correo electrónico no parece muy útil. Sin embargo, no está de más tener uno en la barra de favoritos para cuando tratamos de ponernos en contacto con alguien y no estamos seguros de tener bien la dirección. Y este funciona.
Tenemos abandonado el espacio. Preocupados por el calentamiento global y otras sevicias planetarias, hemos dejado de lado la verdadera aventura del ser humano para los próximos siglos: la conquista del universo. No sé si lo haremos como un virus infeccioso o como especie racional, pero vale la pena soñar con escalar algún día la montaña más alta del sistema solar: el Monte Olimpo de Marte. Yo no lo veré, pero al menos puedo disfrutar de esta extraordinaria imagen en tres dimensiones.
La coherencia es otro de los atributos que los políticos tienen en el abandono. La pretensión de Tony Blair, ex premier británico, de ser la cabeza visible de la Unión Europea es un sinsentido por el escaso europeísmo que ha demostrado. Comparten mi perplejidad los creadores de Paremos a Blair, que están reuniendo firmas para que se desestime su candidatura. Y hay muchas razones para firmar.

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viernes, 8 de febrero de 2008

Cómo funciona la bolsa

Primero, feliz año nuevo chino, que ha empezado el año de la rata, un año de abundancia y buen rollo según el zodiaco chino.
Gracias a Marilink, que lo publica en su blog, descubro esta didáctica historia para comprender cómo funcionan los mercados de valores y, en general, la economía financiera que padecemos.
Esta es mi traducción de una historia de ambición y monos.

Erase una vez un pueblo de la selva en el que apareció un hombre con una propuesta para sus habitantes: "compraré todos los monos que tengáis a 10 euros cada uno."

Los aldeanos, viendo que había muchos monos en los alrededores de la aldea, se marcharon a la selva y comenzaron a capturarlos. Aquel hombre compró miles de monos a 10 €, pero a medida que las existencias disminuían, los aldeanos pararon las capturas. El hombre entonces anunció que compraría los monos a 20 €. Esto devolvió el entusiasmo a los aldeanos que volvieron a capturar monos.

Pero pronto el número de capturas volvió a bajar y la gente empezó a volver a sus granjas. La oferta se incrementó hasta los 25 €, pero el número de monos era tan pequeño que ver alguno ya era una hañaza, y no digamos capturarlo.

El hombre anunció entonces que compraría los monos ¡a 50 €! Pero, como tenía que volver a la ciudad por otros negocios, su asistente se haría cargo de la compra en su nombre.

Cuando el hombre se fue, el asistente le dijo a los aldeanos: "Mirad todos esos monos en la gran jaula donde el hombre los ha metido. Os los venderé a 35 € y cuando el hombre regrese de la ciudad, podréis venderle los monos a 50 € cada uno."

Los aldeanos le rodearon con sus ahorros y le compraron todos los monos.

No volvieron a ver ni al asistente ni al hombre, solo monos por todas partes.

Ahora pueden comprender mejor cómo funciona el mercado de valores.

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lunes, 4 de febrero de 2008

La responsabilidad del cargo público

Llevo unos días perezoso para entrar a comentar algo del caso Lamela, de la actuación del ahora consejero de Transportes de la Comunidad de Madrid y hace dos años consejero de Sanidad, y de su presidenta, Esperanza Aguirre. Del caso se publicó ayer un excelente resumen, que puede servir para que todos sepamos de qué estamos hablando.
No voy a entrar en la gestión del caso, ni de la actuación concreta de ambos políticos y de su brazo propagandístico, entre otras cosas porque los calificativos que se merecen me costarían sin duda una querella por lo que es una obviedad: soy responsable de cuánto digo y escribo. Y es ahí donde radica la diferencia.
Es tradición que en España nadie dimite por nada -a poco que se haga memoria, los ejemplos surgen sin esfuerzo-, desde la gestión de una crisis medioambiental a un desastre ferroviario, por traer a colación dos actuaciones de un mismo ministerio con dos titulares de similar apellido, pero de distintos gobierno y partido: Francisco Álvarez y Magdalena Álvarez. No quiero hacer equidistancia con ello porque la responsabilidad de ambos asuntos es bien distinta y de diferente magnitud. Pero vuelve a aparecer la palabra: responsabilidad.
Se arrastra en España desde siempre un problema que ha terminado por afectar a la estructura misma del Estado y que separa de forma nítida las actuaciones de los particulares de los actos de los titulares de un cargo público. Mientras cualquier particular es responsable de sus actos una vez que llega a la mayoría de edad, y las leyes se encargan de delimitar esos actos y de castigarlos cuando constituyen un delito, del rey abajo no hay responsabilidad alguna. Más que el reino de España deberíamos reconocer en la Constitución que este es el reino de la impunidad.
Manuel Lamela y Esperanza Aguirre hacen declaraciones y realizan también determinados actos de los que, pasado el tiempo, no son responsables personalmente, pues fueron hechos en razón de sus cargos. Mientras yo soy responsable de lo que hago y digo en razón de mi ciudadanía y mayoría de edad, sin que ni mi profesión ni mis ideas me sirvan de coartada para los abusos, Manuel Lamela y Esperanza Aguirre sí pueden impunemente declarar o actuar ya que no son ellos, sino los cargos que ocupan los que declaran y actuan. Y esos cargos son irresponsables, no tienen responsabilidad alguna ni siquiera cuando se prueba que esas declaraciones o esos actos eran, por decirlo suavemente, una equivocación.
Hace 30 años, una de las esperanzas depositadas en los altares -laicos- de la democracia fue que los modos y maneras de la Administración franquista, desaparecerían y gozaríamos de la relativa Arcadia feliz en que se mueven las administraciones de los "países de nuestro entorno", en los que las personas que cometen delitos o gestionan mal son responsables de sus actos al margen de sus cargos.
No sólo no ha sido así, sino que el catálogo de impunidades ha crecido y ya incluye también las declaraciones y las mentiras y hasta la estupidez.

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