lunes, 23 de junio de 2008

Psicología de los objetos

No soy exactamente un geek, pero tampoco soy de natural torpe con los aparatos. Sin embargo, en muchas ocasiones, ante una puerta que no se abre, un grifo que no cumple su función o unas instrucciones especialmente farragosas, la sensación de frustración y de torpeza no me la quita nadie. Así que bendito Donald Norman que demuestra en este libro, tan sencillo de leer como sensato en su pensamiento.
La psicología de los objetos cotidianos explica -y sin utilizar más que una sóla vez la palabra ergonomía- cómo los diseñadores y las empresas son los responsables últimos de que seamos incapaces de manejarnos ante muchos de los productos y aparatos que nos rodean; y cómo el buen diseño puede hacer que un aparato especialmente complejo resulte muy sencillo de utilizar.
A través de ejemplos basados en sus propias experiencias como usuario y como investigador de la Northwestern University, Norman desarrolla toda una teoría sobre las condiciones y características que todos los objetos, los sistemas de control y los aparatos deberían tener para que los usuarios no arrastremos la sensación de ser torpes sistemáticamente. Y eso incluye los edificios y a los arquitectos con gustos estéticos capaces de diseñar una sala de proyecciones con claraboyas o lucernarios.
El libro adolece, no obstante, de un problema de actualización: es de 1988 y los ejemplos informáticos se han quedado tan atrasados que son más una colección de paleocomputación que de problemas reales. Aún así, los principios generales en los que se basa, las soluciones que plantea y las causas de los malos diseños siguen siendo vigentes.
Así que, ojo: no es que seas torpe, es que el aparato está mal diseñado.

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jueves, 12 de junio de 2008

Proteste, pero ya

No hay mucho que explicar sobre esta iniciativa parlamentaria europea.



Lo cogí de aquí, donde hay más iniciativas
Hay también un grupo en Facebook

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Normas para el parque humano

He defendido muchas veces las bondades de la Red y de sus muchas herramientas, porque estoy convencido de que internet suma y no resta respecto a otras tecnologías más antiguas. Lo que no sabía -y este libro se ha encargado de aclarármelo- es hasta qué punto es necesario construir una nueva educación para que la sociedad occidental pueda, de alguna forma, renovar su percepción de sí misma y establecer nuevos marcos de convivencia.
El mejor resumen que puede hacerse de estas Normas para el parque humano ya lo escribe en el prólogo su traductora, Teresa Rocha Barco: "Sloterdijk sostiene en su discurso que el "amansamiento" humanístico del hombre mediante la lectura obligada de unos textos canónicos ha fracasado ante la sociedad de la información y ante el cotidiano embrutecimiento de las masas con los nuevos medios de desinhibición;"
En efecto, Peter Sloterdijk, catedrático de Filosofía en Alemania, describe con precisión el cambio de paradigma que la sociedad occidental y su cultura están sufriendo:
"La era del humanismo moderno como modelo escolar y educativo ha pasado, porque ya no se puede sostener por más tiempo la ilusión de que las macroestructuras políticas y económicas se podrían organizar de acuerdo con el modelo amable de las sociedades literarias."
Pero no sólo eso. Apoyado en Nietzsche, Sloterdijk advierte de nuestro fracaso a la hora de controlar la violencia de nuestras sociedades y de las relaciones humanas, ya que
De igual manera que en la Antigüedad el libro perdió la batalla contra el teatro, así también podría hoy la escuela perder la batalla contra poderes educativos indirectos como la televisión, las películas violentas y otros medios de desinhibición, si no surge una nueva cultura del cultivo propio que mitigue esa violencia.
Y añade, para que no quepan dudas, que
Aquello que se presenta como una reflexión política es, en realidad, una declaración de principios sobre las normas para la gestión empresarial de parques humanos.
Libro muy breve, en él no hay más que un diagnóstico, certero y sin esperanza. Me temo que las soluciones tendremos que encontrarlas -y aplicarlas- nosotros mismos sin contar con las actuales estructuras políticas.

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