domingo, 26 de octubre de 2008

Deporte y ocio, de Norbert Elias (2)

Si bien coincido en que “[...] el deporte es uno de los grandes inventos sociales que los seres humanos han hecho sin haberlo planeado.” no comparto el silencio de Elias y Dunning acerca de su dimensión económica y de lo que eso provoca; por ejemplo en la actitud o la cobertura de los medios de comunicación en función de la posesión de los derechos de emisión de partidos por un grupo u otro. Es verdad que este fenómeno ha empezado ha producirse diez años después de la publicación de estos ensayos, pero las características básicas se encontraban ya a la vista en los grandes deportes profesionales de Estados Unidos: el béisbol desde los 30, el fútbol -americano- desde los 50 y el baloncesto desde los 70.
A lo mejor soy muy soberbio, pero en más de un momento he tenido la impresión de que ambos autores no querían esforzarse más allá de su planteamiento inicial, manteniendo un rigor académico muy poco imaginativo y, desde luego, reductor. Así, en el análisis de la caza del zorro, riguroso y original, ni siquiera se molestan en mencionar las corridas de toros, que a mi juicio representan un problema sociológico muy interesante. Por cierto, que a propósito del placer que obtienen los cazadores en la persecución del zorro, que es mayor que el producido por su captura, a mí se ocurre que puede haber una relación entre la caza y el Tao, cuyas prescripciones abogan por obtener el placer sexual más completo en el acto en sí y no en su culminación.
En el quinto ensayo, El fútbol popular en Gran Bretaña durante la Edad Media y a principios de la Edad Moderna, apuntan la existencia de juegos reglados como origen, pero no mencionan los juegos infantiles que también tienen reglas estrictas y cuyos incumplimientos se pagan. Parece haber una necesidad humana de juegos reglados aunque reconozco que no sé si este extremo es más psicológico o antropológico y por eso Elias no lo menciona.
A la hora de juzgar la trascendencia que la sociedad le da a los acontecimientos deportivos, no voy a olvidar que "[...] las presiones y controles recíprocos que operan en las sociedades urbanas industrializadas se repiten generalmente en la esfera del deporte. [...] los deportistas del más alto nivel no pueden ser independientes y jugar sólo por diversión, sino que se ven obligados a una participación deportiva seria y dirigida a lo otro." Aunque no pienso dejar de lamentar el exceso de tiempo y dinero empleados en estos espectáculos y que la sociedad haya empezado a considerar el deporte como una religión.
El libro se cierra con los ensayos dedicados a la violencia, estableciendo una tipología de la violencia humana sobre la que tengo que reflexionar más en profundidad. Elias explica el gradual enfriamiento de la tendencia a obtener placer por atacar, un declive en el anhelo de atacar. Sin embargo, la violencia política en las sociedades occidentales es mayor, aunque parezca sólo verbal y fruto de los excesos de las campañas electorales. En cualquier caso, insisto, yo diría que hay más hipocresía: un mayor anhelo de ocultar y esconder la realidad con muros de palabras. En cuanto a la violencia de los espectadores en los partidos de fútbol, Elias y Dunning establecen una tipología de factores más descriptiva que profunda y, desde luego, muy coyuntural: “Entre los factores que han contribuido a configurar el fenómeno de la violencia en el fútbol desde fines de los años cincuenta se hallan: los cambios estructurales ocurridos en los sectores "rudo" y "respetable" de la clase obrera y en las relaciones entre ellos; el aumento de un mercado del ocio específicamente juvenil; la posibilidad y el deseo cada vez mayores entre los jóvenes de viajar de forma regular para asistir a los partidos de fútbol; los cambios en la estructura del juego mismo; los esfuerzos concretos de las autoridades futbolísticas para tratar de reprimir la violencia de este fenómeno y, sobre todo, la intervención del gobierno central en este proceso; los cambios habidos en los medios de comunicación de masas, en especial la llegada de la televisión y el nacimiento de la prensa "tabloide", con su especial manera de entender cuáles son las "noticias valiosas", un concepto basado en la competencia y orientado hacia lo comercial, y, por último, el reciente derrumbe casi absoluto del mercado de trabajo para los jóvenes.”
El último ensayo, El deporte como coto masculino: notas sobre las fuentes sociales de la identidad masculina y sus transformaciones, se ha quedado totalmente desfasado ante el imparable avance de las mujeres aficionadas, practicantes y asistentes a los deportes de masas y a fenómenos de participación y establecimiento de nuevos grupos sociales como el de las soccer moms.

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viernes, 24 de octubre de 2008

Deporte y ocio, de Norbert Elias

No estoy especialmente interesado en el deporte y, desde luego, no comparto el entusiasmo intelectual por el fútbol que muchos escritores, de continua presencia en los medios, justifican constantemente. Aunque no reniego de mi pasado como redactor de deportes, en materia futbolística, por ejemplo, estoy más cerca del niño republicano que del hijo del filósofo.
Precisamente por eso, fenómenos como el de la violencia en los estadios o el -para mí- desmesurado interés social por el deporte, me interesan mucho. Respecto de la violencia, si hay un texto "canónico" de un autor fundamental de la sociología del siglo XX, es éste Deporte y ocio en el proceso de la civilización, de Norbert Elias y Eric Dunning. De Elias tengo pendiente su imprescindible Proceso de la civilización, aunque tras la lectura de sus reflexiones sobre el origen del deporte como fenómeno social me he quedado un tanto desencantado.
Como el original es de 1986 y no se trata de un solo texto, sino de una colección de ensayos –diez en total-, las intenciones, estudios y conclusiones pueden haberse quedado un poco desfasados. En general, Elias y Dunning exhiben un etnocentrismo bastante acusado y su estudio del origen de los deportes en la sociedad acaba por convertirse en el estudio del fútbol como deporte en el Reino Unido, excluyendo otros países y deportes. Es evidente que es lo que tenían más a mano, pero se echa en falta algún apunte sobre otros deportes y países.
No obstante, ambos hacen un planteamiento riguroso en la introducción, al ligar el origen del deporte como un fenómeno ligado a la democracia, por el cual la violencia entre facciones políticas se traslada a las competiciones en un doble proceso: la fuerza o las represalias entre facciones dejan de caracterizar la alternancia en el poder y determinadas rivalidades muy polarizadas entre grupos de lugares diferentes comienzan a dirimirse en un formato más deportivo; además, otras actividades lúdicas como la caza pierden su objetivo original –el alimento- y lo sustituyen por la emoción de la actividad en sí. Aunque no pretenden extrapolarlo a otros países, ambos autores reconocen que se producen diferentes enfoques a la hora de comparar el deporte entre Gran Bretaña y Francia, por ejemplo, por tener estructuras políticas y de gobierno diferentes.
Elias apunta que el control sobre los propios movimientos puede estar en la base de nuestro proceso liberador, pero no entra –ni menciona- el proceso de la representación social y la percepción colectiva de la violencia que estudia Foucault. Elias sí critica –lo que suscribo con placer- la pretensión de la psicología de aislar el comportamiento humano de los procesos sociales, como si la sociedad fuese un ente aislado de sus propios miembros.
En general, ninguno de los dos aprecia mucho el materialismo como método de análisis, lo que deja en mi opinión sin explicar algunos de los procesos que apuntan. Creo que el origen del deporte lleva aparejado un aumento del control social y que forma parte de los mecanismos de distracción que cualquier poder político emplea. La diferencia con el pan y circo romanos estriba en el monstruoso volumen de negocio que los deportes de masas generan, lo que convierte a los clubes deportivos en empresas altamente organizadas.
Al margen de eso, resultan muy estimulantes la clasificación de las actividades de tiempo libre que establecen y la hipótesis de que el origen del deporte pueda entenderse como una extensión del entrenamiento militar, aunque esto sólo lo circunscribe a Grecia. Es muy llamativa su confianza en la civilización y su creencia de que “[...] en nuestra sociedad, la apariencia física como determinante de la imagen social de un individuo aún representa un papel importante y quizá cada día más en lo que se refiere a las mujeres pero, en lo que respecta a los hombres, aun cuando la televisión puede influir en el problema, la apariencia física y sobre todo la fuerza y la belleza corporal no representan un papel muy importante en la estima pública de las personas.”
Creo que aquí Elias declara más intenciones que hechos. Puede que sea un hito que una persona discapacitada como Roosevelt haya llegado a la presidencia de Estados Unidos, pero no es menos cierto que su enfermedad fue ocultada por los medios de comunicación sin contemplaciones, por ejemplo eligiendo cuidadosamente los ángulos para fotografiarle. En estos días es posible que una persona afro americana pueda ser también presidente de Estados Unidos, lo que es otro hito, pero eso no disminuye el comprobado racismo que su color despierta entre algunos de sus potenciales votantes. A lo mejor nuestras sociedades lo que han mejorado es la hipocresía, no la civilización.
Esto se me va un poco de extensión, así que lo haré en dos partes. Mañana más

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