lunes, 24 de noviembre de 2008

Extraterritorial (y 2)

Si en los ensayos anteriores Steiner me tenía bastante cautivado, reconozco que con El lenguaje humano (1969), que incluye algunos comentarios de Noam Chomsky, me ha conquistado por entero. Tras reconocer y analizar la importancia de los descubrimientos de Chomsky, aunque poniendo de manifiesto las dificultades que todavía hoy arrastra la Gramática Generativa, Steiner incluye los comentarios que a su texto hizo Chomsky previos a su publicación, mientras explica lo que, a su juicio –y bien fundamentado- constituye la principal objeción a las tesis de Chomsky: el problema de la existencia de multitud de lenguas. Si admitimos la existencia de universales, de mecanismos/desarrollos mentales únicos y comunes –biológicos- para todas las lenguas, ¿cómo se explica la babel en que vive la humanidad?
El desarrollo de la genética nos está permitiendo comprobar hasta qué punto cualquier variación o reorganización de las bases del ADN puede traducirse en cambios muy profundos de la estructura humana: y no sólo el color de los ojos. Como sucede con la voz, ya comprobado que no hay dos iguales, creo que la expresión de cualquier lenguaje humano es diferente aunque tenga un sustrato común y que es de hecho esa diferencia en la voz y en la percepción que cada ser humano posee la que explica las separaciones y desarrollos de diferentes lenguajes. Creo que a un sustrato común –los universales de Chomsky- se superponen las variaciones genéticas que cada humano posee y a éstas se superpone la traducción que de cada sonido hace el cerebro, formando un número infinito de combinaciones y matices capaces de desarrollar, en muy poco tiempo, lenguas diferentes en cuanto se separan unos pocos kilómetros y no hay contacto entre ellas. Las reflexiones de Chomsky al texto de Steiner se cierran con una frase extraordinaria para haber sido escrita hace casi 40 años:
“Siempre pensé que la utilización de computadoras en la lingüística (y en las humanidades) acabaría en una vulgarización de las investigaciones y nos conduciría a lugares absurdos. El tiempo ha confirmado mis sospechas.”
En esta misma línea de análisis del lenguaje está Lingüística y poética (1970) que comienza con un resumen de la lengua y la literatura en la historia.
“Desde principios del siglo XIX, la lingüística instrumental, la filosofía del lenguaje y el estudio de la literatura confluyen -a pesar de algunas interrupciones y desconfianzas mutuas- en una empresa común.”
Después se centra en la Escuela de Praga y sus estudios de literatura comparada, definiendo con precisión lo que debe ser el estudio de un poema para después preguntarse:
“[...] ¿en qué contribuyó la lingüística, la semiología o la psicolingüística a encontrar las raíces del lenguaje y comprender el proceso que hace que determinados individuos descubran palabras nuevas que sin embargo producen en el lector del poema el misterio de un reconocimiento inmediato?”
Después explica los principales problemas y posibilidades de la poética lingüística, con una honrada declaración de intenciones:
“Tanto el estudioso de la literatura como el lingüista están obligados a escuchar y a explorar, en la medida de lo posible, el ejercicio de creación que es el lenguaje. Los lectores, los críticos y los lingüistas son responsables ante los poetas, en el doble sentido de la palabra: el de responsabilidad y el de responder.”
En una postcultura (1970) Steiner analiza la crisis del libro, el semianalfabetismo y el lenguaje vacío de políticos y empresarios –no es una errata, el ensayo es de 1970- a propósito del alejamiento de los lectores de la lengua de los clásicos.
“Los glosarios y notas al pie ocupan cada vez más espacio y hacen que el texto pierda su forma, al interponer un distanciamiento entre la expresión directa y el lector. El idioma de Shakespeare y Milton y, lo que es todavía más importante, los hábitos verbales y las referencias clásicas de los que dicho idioma deriva gran parte de su fuerza están fuera del alcance de la gente.”
Más adelante, Steiner –en 1970- analiza el papel que los medios juegan en la cultura y que hoy nos han llevado a la pregunta ¿está Google convirtiéndonos en tontos?
“Las técnicas audiovisuales 174 de los medios de comunicación de masas están pensadas para producir un máximo impacto y para que se vuelvan anticuadas inmediatamente. […] Aun cuando puedan verse u oírse más de una vez, la obra radiofónica, la película o el programa de televisión constituyen un acto inmanente y esencialmente efímero. Su relación con el tiempo y con el eco dinámico de repetición en la conciencia posterior al acto es radicalmente diferente de la del libro.”
El último ensayo es Líneas de vida (1970), donde Steiner vuelve a hacer gala de una capacidad de predicción muy notable, basada en el estudio riguroso y la profundidad de sus análisis:
“La concepción del mundo de la física postnewtoniana, la termodinámica y la biología tradicional se caracterizaba por ciertas presuposiciones (a menudo inconscientes de tan conocidas) de linealidad, lógica causal uniforme y determinación. Si un proceso podía examinarse "mecánicamente", es decir, sobre bases matemáticas firmes, era mucho mejor. […] mientras las ciencias naturales, desde Galileo y Kepler, se interesaron fundamentalmente por la transmisión de la fuerza (gravitacional, electromagnética, térmica), al parecer nosotros avanzamos hacia un modelo donde lo esencial es la transmisión de información.”
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miércoles, 19 de noviembre de 2008

Extraterritorial, de George Steiner

Después de leer la entrevista con George Steiner que tanta polémica trajo por sus comentarios acerca de la lengua gallega, intercambio de cartas entre intelectuales incluido, recordé que era un autor que tenía pendiente. Es lo bueno de ser autodidacto, que emprendes un camino que nunca sabes dónde te va a llevar, pero también es lo malo: a veces lees a destiempo. Lo que por una vez no es el caso, porque Steiner vale la pena.
Extraterritorial es un conjunto de varios ensayos con el denominador común de la erudición y la lectura analítica de textos. Steiner es uno de esos admirables y pacientes críticos literarios capaces de desentrañar la razón última de un texto o de un autor; un lector extraordinario, erudito y poco complaciente.
“Reconocer la naturaleza dependiente y subsidiaria de la crítica y la historia de la literatura es un acto necesario de honradez.”
El libro se abre con Extraterritorial (1969), acerca del papel de las lenguas en la literatura y los escritores. Su tesis central es que cuantas más lenguas domina un autor, mejores son sus obras, ya que el uso de lenguas que no son las maternas –pero si bien conocidas- permite desarrollar un lenguaje propio y encontrar recursos expresivos que un monolingüe no es capaz de imaginar.
El segundo es Sobre matices y escrúpulos (1968) y está relacionado con el anterior a través de sus lecturas de Beckett o Wilde y cómo se influyen las lenguas entre sí en las obras de estos autores. En Los tigres en el espejo (1970), Steiner analiza a Borges y su mundo y como emplea el idioma inglés y la cultura como estilo.
“Un agudo crítico francés ha dicho que en una época donde la ignorancia de la literatura es cada vez mayor, en la que incluso las personas más cultas tienen conocimientos muy superficiales de teología y literatura clásica, la erudición es en sí misma una especie de construcción fantástica y surrealista.”
Grito de destrucción (1968) se centra en una vieja polémica ¿se puede ser una mala persona y tener una obra literaria admirable? Con Céline como ejemplo, Steiner explica las relaciones entre la literatura y el horror o el antisemitismo de algunos buenos escritores. Muerte de reyes (1968) está dedicado al ajedrez y sus pasiones.
A partir de El lenguaje animal (1969), Steiner se centra en el lenguaje y las actividades cerebrales,
“[...] el hombre es un zoon phonanta, un animal que habla. Y no hay otro como él.”
Y aquí puede estar la clave de su polémica ‘gallega’: la multiplicación antieconómica de las lenguas, para la que no encuentra una explicación. Después explica las tesis de Freud que los actos cognitivos pueden ser como actos de lenguaje, pero también como el psicoanálisis clásico es tan semántico que está atado a la lengua de Viena y de sus pacientes, aunque Lacan trate de refundarlo. Son excelentes sus preguntas a propósito de las lenguas y la literatura:
“¿Los géneros literarios -la epopeya en verso, la oda, la tragedia en verso, la novela- tienen una vida cíclica? ¿Se corresponden con las demandas y con las posibilidades de la lengua y decaen una vez esas demandas han sido satisfechas? ¿Qué significa traducir? ¿Qué funciones lingüísticas, filosóficas y poéticas están afectadas cuando un poema pasa de una lengua a otra y hasta qué punto el modelo de la gramática transformacional acepta la posibilidad de traducción?”
En este mismo ensayo, Steiner recoge una reflexión que viene que ni pintada precisamente hoy, tras el auto del juez Garzón:
“Silenciar el pasado, borrar los nombres, acciones y pensamientos de los muertos indeseables: una tiranía particularmente horrible que separa a la humanidad -o a determinadas sociedades- de las responsabilidades básicas del duelo y de la justicia. El hombre vuelve a habitar un paisaje sin ecos.”
Y otra vez se me hace largo, así que esta reseña tendrá segunda parte.

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martes, 18 de noviembre de 2008

Cuentos iroqueses, Tehanetorens

Nuestra buena amiga Pepa nos ha dejado esta colección de quince cuentos en castellano y también con sus correspondientes pictogramas. Es una edición interesante de Miraguano, de 3.000 ejemplares con un estudio en formato de separata sobre la nación india. Esta separata de José Javier Fuente del Pilar abusa un poco del tono panfletario, pero es muy útil como guía rápida de los pueblos y naciones indias que habitaban el norte y sur de lo que hoy es EE UU y Canadá. Los cuentos forman una colección de mitos y relatos sobre toda clase de cuestiones, más o menos trascendentes, pero siempre con la naturaleza como envoltorio de la vida y el ser humano: así, la creación del mundo, el canto de los pájaros, la aparición del fuego, la medicina o la invención del arco, ofrecen una visión muy amplia de la esencia cultural de estos pueblos indios. Y además hay algún relato de osas.

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jueves, 13 de noviembre de 2008

Crónica del pájaro que da cuerda al mundo

Hace unos días, leyendo con retraso los elogios que el suplemento literario de cabecera hacía a los traductores fue cuando me di cuenta de lo mucho que ese trabajo resume esta Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, de Haruki Murakami. Porque la fascinación que esta novela ejerce, su ejercicio casi mágico de literatura sólo se explica haciendo que el mérito caiga del lado de la traducción.
Si en castellano esta novela impresionante es una maquinaria de carillón, hermosa en sus dorados, precisa en sus engranajes y volantes, espléndida en su ritmo y en su sonido, ¿qué será en japonés, su lengua original? Así que podríamos decir que los traductores de Murakami han construido un prodigioso relato de relatos, un jardín de senderos que se cruzan unos con otros de forma independiente pero que son imprescindibles para entender la novela en su conjunto.
Más Tierra Roja que Las mil y una noches, Crónica... es una historia singular, casi un sueño, pero también está envuelta en varios relatos de apariencia vulgar: un parado, una infidelidad, una vida antigua... No sé si me explico. Crónica... cuenta de manera cronológica -y así está organizada- lo que le sucede a un hombre joven durante unos meses. Qué hace y cómo, cuándo lo hace, a quién conoce y qué le sucede.
Y es la narración de los lazos que unen al protagonista, los meandros que siguen las relaciones la verdadera novela. Los movimientos de los personajes, envueltos aparentemente en el azar, terminan por encajar como esos dibujos de pintura o arena que empiezan como chafarrinones inconexos que sólo al final aparecen en todo su esplendor.
Descubierta durante la limpieza de verano, esta novela de Murakami tiene muchas de las virtudes que poseen otros autores de obras japonesas más populares y denostadas, porque el juego de la magia, los prodigios que se suceden en torno a los personajes y la galería de éstos nos remite a las películas anime del maestro Hayao Miyazaki o a las novelas gráficas manga de Jiró Taniguchi.
Hacía tiempo que una novela no me dejaba tan exhausto, emocional y literariamente; y no precisamente por circunstancias personales, con el estrés de las últimas semanas. No. Murakami –sus traductores- se enrosca alrededor del lector, lo envuelve con seda sin asfixiarlo, lo aturde con el sándalo, con el agua, con la desconocida historia de un Japón invasor, imperial y aterrador, con la sencillez de los remedios que sólo el amor puede dispensar.
En fin, a qué seguir: una novela espléndida.

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