lunes, 8 de junio de 2009

Páginas de la herida, de John Berger

Me gusta mucho John Berger, me identifico con él, me sientan bien sus poemas y sus pensamientos. Debe ser por su conocimiento de las montañas y de los bosques. Cuando lo leo, siento que es como cruzarse por algún camino perdido con otro montañero, una mezcla de alegría -no estoy solo-, de curiosidad -¿qué se le habrá perdido por aquí?- y de seguridad -si algo me sucede, hay alguien que me ha visto-.
Berger me da esperanza, me conmueve y me reconozco en el aire que ha respirado en cualquier ladera nevada; he visto como él las copas de los árboles mecidas por el viento, he escuchado el silencio de las piedras y la nieve, he bebido el mismo agua de un torrente frío.
Estas Páginas... son una colección de ensayos y poemas, de reflexiones en verso y en prosa profundas y penetrantes, de grandes imágenes y frases muy trabajadas. En los ensayos se ve mucha naturaleza y mucho campo
de verdad, de trabajadores y animales. En todos ellos, de forma más o menos explícita, late un fuerte compromiso político y social con el ser humano, y también una aguda capacidad de observación y de sentir la cultura.
Los poemas tienen algo de esencial, de sencillez desnuda, como si fuesen brotes del pensamiento, muy elaborados pero de forma natural, imperfectos en su perfección. Como en Pañuelo:
En un pañuelo de algodón
entre las flores estampadas
un día laborable
ha escrito su sueño
Alguno me ha recordado al mejor Lorca del Poeta en Nueva York por la perplejidad herida que muestra ante el mundo y sus horrores, como en el poema Respuesta, que hace daño en su sombría admonición:
Las manos del mundo
amputadas por el beneficio
sangran en
calles de matanza.
Mientras que otros de sus textos son un puro canto a la vida: "Con el pulgar en la boca, esperando a que llegue el sueño. El gusto del cuerpo propio le va envolviendo a uno, como el sueño. Ningún mal puede venir de él. (Infancia)."

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