jueves, 2 de julio de 2009

Ensayos, de Michel de Montaigne

Dentro de la serie de lecturas que podríamos llamar "de grandes textos que todos citan y mencionan pero pocos leen" están los famosos ensayos de Montaigne, escritos en el siglo XVI como parte del proceso de individualización que se materializó a partir de la Ilustración, cuando las divinidades abandonaron el centro del escenario y dejaron su lugar al ser humano.
¿Hay alguna excusa razonable para emprender su lectura 500 años después? En principio dos: es una fuente inagotable de citas, sobre todo latinas, lo que permite enriquecer cualquier texto con la sabiduría ajena haciéndola pasar por propia; y la mayor parte de sus razonamientos -hecha abstracción de los ejemplos- mantienen su vigencia.
A diferencia de otros autores moralistas, Montaigne busca en su interior como algo autónomo las razones y motivaciones de su comportamiento, sin apelar a divinos designios, por más que la autoridad o la razón última de cualquier hecho estén en manos del Dios católico. No es un libro ateo, pero sí es un libro que sitúa al hombre fuera de la esfera divina, lo que convierte sus pensamientos en algo casi contemporáneo, salvados el lenguaje, el machismo y el racismo, que acaban por ser algo casi tierno de puro ingenuo.
Organizado por capítulos temáticos -el consuelo, la actitud ante la muerte, la bravura frente a la misericordia...-, resulta de fácil lectura y no es difícil reconocer acciones y pensamientos propios, analizados sin solemnidad. Montaigne se reconoce y nos reconoce como criaturas imperfectas, sin establecer distancias entre los actos más heroicos y los más abyectos. Todos son humanos, dice, y no se priva de hacerlo con humor:
Los más y más sanos de los hombres consideran gran ventura tener muchos hijos; yo y algunos otros pensamos lo mismo de no tenerlos.
Por cierto, en las últimas semanas Google ha desarrollado nuevas funciones en su división de libros. Y acaso ésta sea la más espectacular: ya se puede compartir el contenido de cualquier libro que figure en sus bases de datos. Al completo, como en este caso, si está libre de derechos de autor, o de los fragmentos que el autor o la editorial hayan llegado bien.
El menú de uso, aquí abajo, incluye el aumento de tamaño y la posibilidad de buscar el término que haga falta. ¿Qué más puede depararnos el futuro? "Ne utile quidem est scire quid futurum sit. Miserum est enim nihiln proficientem angi", que diría Cicerón: De nada sirve conocer el futuro. Pues en efecto es inútil atormentarse en vano.



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