jueves, 3 de septiembre de 2009

Mundar, de Juan Gelman

Tenía ganas de echarle un ojo a la obra de Juan Gelman, poeta laureado con un Cervantes, a quien los escasos poemas reproducidos por la prensa no parecían hacer justicia. Confieso no haberme divertido mucho con él o más bien, no haber entendido muy bien muchos de los 120 poemas contenidos en Mundar, editado en 2007.
Frente a la mayoría de ellos me he sentido como ante un muro muy atractivo que ocultaba algo, probablemente muy hermoso, pero que me resultaba inaccesible. Me he sentido atrapado por algunos versos como

[…] Un árbol se parece allí
al espanto que no
espera ni una piedra. […]
(del poema Compañeros)

La luz que toca mi camisa
nada sabe de mí. La recibo,
Pero quién la merece.
(del poema La camisa)
Pero no eran más que huecos en el muro. Todo el tiempo me he sentido apartado, alejado por la mano del poeta que me impedía atisbar por encima del muro. No sé cómo explicarlo. He reconocido poemas de amor -pero un amor retorcido, raro- y de animales y objetos utilizados como excusa para ajustar los recuerdos, para despojarlos casi de significado.
También me he quedado perplejo ante el poema La cama, que me ha parecido un lugar común
En la cama semidesierta yace
tu aroma azul. Mis manos
tropiezan con
el vacío/tu rostro
Aun sin entenderlas del todo, me han gustado sus soflamas, los poemas dedicados a la patria y sus guardianes, hechos desde la indignación moral y el asco:
[…] no vengan con sus
casas de humo y mentira
Insistiré, no obstante, porque me gusta subirme a los muros y mirar qué hay del otro lado.

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