lunes, 30 de marzo de 2009

Lo que nos jugamos en el Parlamento europeo

Ando estos días estudiando un excelente texto de Igor Sádaba sobre la propiedad intelectual, que es bastante más grave de lo que nos quieren hacer creer Teddy y sus palmeros. Pero se me ha cruzado esta Carta Abierta a los parlamentarios, que gracias a los hacktivistas se puede enviar con toda sencillez a todos los parlamentarios españoles.
Asi que, hala, dejad constancia de que no estáis dispuestos a consentir más legislaciones restrictivas a la libre circulación de las ideas.

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viernes, 27 de marzo de 2009

Un poco de diversión

Una creación original de Diablo 2003
Miro un poco hacia atrás y hay que desengrasar un poco. Además, hace tiempo que no pongo enlaces a aplicaciones chorras o de última hora. Así, que después de estos dólares de Darth Vader, vamos con algunas cosas.

Plaf es un comparador de precios de bienes y servicios de España, al que le das unos datos y te dice cuál es el precio más caro de España por eso mismo, el más barato y también la media. Por ejemplo, la peluquería.

La tabla periódica Pues eso. Hay a quién le costó mucho sacarla adelante, pero siempre me ha fascinado: es el ideal para un obsesivo: la naturaleza or-de-na-da implacablemente.

Para apostatar y dejarlos de una vez Toda la información necesaria para eliminar de nosotros los restos de la superstición que nos echaron por encima, sin nuestro consentimiento, al nacer.

Relojes variados y molones Estadísticas y números variados convertidos en relojes de muy variado y atractivo pelaje. Alguno tiene un tufillo racista, pero en general están bien.

Para que no se te olvide la leche Remember the milk es un gestor de tareas web bastante interesante. Llevo algunas semanas usándolo y, aunque no termina de solucionar mis problemas de gestión del caos, es versátil, ubicuo, gratis y de diseño intuitivo y razonable.

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jueves, 26 de marzo de 2009

La esquela de Elena Ulpiáñez

El sábado pasado, fiel a su cita de todos los 21 de marzo, José Luis Casaus publicó en El País la esquela número 15 que recuerda a su pareja, Elena Ulpiáñez Salanova, que falleció a los 40 años en Madrid en 1994.
Todos los años Casaus describe la evolución de los dos hijos de la pareja y la de España a través de unos textos calculados al milímetro, pero tan naturales y tiernos que son irresistibles. Ambos forman, como Julio Cortázar y Carol Dunlop, una pareja que trasciende su amor para compartirlo.
Aquéllos lo hicieron con Los autonautas de la cosmopista; estos con su recordatorio anual, pero los cuatro comparten una historia intensa y conmovedora.
Este año, el texto es más irónico que tierno, más sutil, al contraponer a Vasili Grossman con un concurso televisivo, pero el homenaje permanece y la huella que Elena va dejando, poco a poco, en muchas personas que jamás tuvieron la oportunidad de conocerla es más profunda, y somos legión los que esperamos, cada primavera, noticias de Boris y de Yuri.

Necrológica original de Elena Ulpiáñez en El País

Textos en otros blogs sobre ella:
Un albornoz lleno de notas
El cajón de Paula
Enrique Ortiz

Imagen de la esquela de este año.

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lunes, 23 de marzo de 2009

La hora del planeta



El próximo sábado, apágalo todo durante una hora a partir de las 9 de la noche. A ver si conseguimos que este planeta nuestro tan sufrido mejore algo.
Más información en La hora del planeta

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Las cartas de la ayahuasca


Este post está dedicado a la memoria de Omid Reza Misayafi, bloguero iraní que ha muerto en una prisión de Irán tras ser condenado en diciembre a dos años y medio por "insultar a los líderes religiosos". Las causas de su muerte no se han hecho públicas, pero Omar se encontraba en malas condiciones psicológicas desde su entrada en prisión.
¿No os pasado nunca que ante una vivencia leída en un libro os habéis identificado casi plenamente con un autor? Es lo que yo llamo un fogonazo: cuando un suceso, un momento, algo que un autor describe es, palabra por palabra, algo que habéis vivido, visto o sentido. No digo algo que se parece, del tipo "la impresión que me causó tal cosa" es la misma, no. Digo la identificación, el reconocimiento de haber sentido, visto y vivido lo mismo que alguien al que estás leyendo.
Eso es un poco lo que me ha provocado este libro tan breve como intenso escrito a dos manos por dos autores muy duros, a los que hay que acercarse con la cabeza fría y cuyas vivencias han trastocado los sueños de muchos incautos, convencidos de que en las drogas o en la marginación se encuentra la verdadera literatura. A estas alturas no voy a descubrir a Allen Ginsberg, poeta del Aullido, y a William S. Burroughs, autor del impresionante El almuerzo desnudo.
El fogonazo al que aludía -que no es por compartir sus gustos sexuales ni tampoco por el consumo de sustancias, mal pensados- se produjo cuando explica cómo un muchacho "intentó encontrar algo en mi bolsillo que le mereciera la pena robar", pero todo sin la más mínima violencia, como con desgana. Y eso es algo que sentí en mis carnes, hace años, durante un viaje por los mismos lugares, aunque con intenciones diferentes.
Estas cartas relatan el viaje que Burroughs emprendió por Suramérica en los años 50 del siglo pasado en busca de una planta alucinógena: la ayahuasca; de las consecuencias de su ingestión; y de las impresiones que el viaje dejaba en su ánimo. Después, es Ginsberg quien sigue los pasos de su amigo con resultados diferentes, siete años después del primer viaje. El libro se cierra con un texto inclasificable de Burroughs sobre Panamá bajo los efectos de cualquiera sabe qué.
Aunque Burroughs se muestra en ocasiones como un perfecto niñato y sus críticas son las de un típico estadounidense "civilizado" de viaje por sociedades que ni entiende ni quiere entender, su viaje iniciático a través de un continente está lleno de ingenuidad y de una perplejidad sincera. Junto a sus prejuicios está también su determinación por la libertad individual y su coraje para enfrentarse al mundo como homosexual y drogadicto, algo que hace 60 años era intolerable socialmente y que no podemos comprender desde nuestra perspectiva. Burroughs, además, descubre y defiende la tolerancia de las sociedades que atraviesa, en comparación con Estados Unidos, aunque sea con una visión un poco reduccionista:
"Sudamérica no obliga a la gente a convertirse en marginal. Puedes ser maricón, o drogadicto, y seguir manteniendo tu posición. [...] En los Estados Unidos te tienes que convertir en un marginal [...] Que nadie se equivoque: todos los intelectuales son marginales en los Estados Unidos."
Junto a estas reflexiones, imágenes potentes -"se despojó de su ropa interior sucia raspando una erección", "higiénicos intestinos escandinavos"- y un deseo insatisfecho, casi rabioso, por entender y comprender un mundo que no les gustaba. Lo que no tiene nada de extrañar, viendo el panorama de hoy.

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martes, 17 de marzo de 2009

Innovae 2009

Ayer estuve en esta conferencia organizada por esta fundación. El atractivo estaba, primero, en la presencia del premio Nobel de Economía Paul Krugman, de otros personajes interesantes y también del presidente del Gobierno y de la ministra Cristina Garmendia. Podéis buscar en vano una reseña completa del acto en los medios habituales -luego se preguntan porqué no se leen periódicos-, deslumbrados por las apocalípticas declaraciones de Krugman sobre el calamitoso estado de la economía española. Declaraciones, además, que llevaba todo el fin de semana explicando por España.
Francamente, Krugman me decepcionó por las mismas razones que explica Jordi Sevilla, pero el resto de los conferenciantes compensó el balance y no me arrepentí de la excursión al Campo de las Naciones. El escenario, como podéis ver en la imagen, era inquietante, y los vídeos una extraña mezcla de ciencia ficción y cuento de hadas, elaborados como si fueran un documental histórico rodado dentro de veinte años. Pero me quedé con algunas frases y varias ideas. Por ejemplo, "Estimular a corto plazo y gastar a medio plazo para que nuestros hijos puedan tener un largo plazo", que dijo Esko Aho, vicepresidente de Nokia y antiguo primer ministro de Finlandia. O la frase de Cristina Garmendia "No quejarnos de nuestras debilidades, sino potenciar nuestras fortalezas".
Un poco más de información se puede encontrar aqui.

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lunes, 16 de marzo de 2009

Bloggers italianos podrán ser silenciados

Los bloggers italianos piden nuestra ayuda, la de los bloggers hispanos y de toda la blogosfera internacional. Los políticos de su país han decidido aplicar por su cuenta aquella idea de algunos parlamentarios europeos de un registro de bloggers, es decir de indetificar a los autores de blogs para poder ejercer control sobre ellos y, allí donde se tercie, la censura en aras de una Internet limpia y ‘atada y bien atada’.

En realidad, la ofensiva va más allá, pues la ley aprobado ya por el Senado autoriza al Ministerio del Interior a retirar o exigir a las operadoras el bloqueo de cualquier sitio con contenidos calificados como ‘crímenes de opinión‘, es decir opiniones que vayan contra intereses determinados, incluidos vídeos alojados en YouTube o fotos en Flickr, por ejemplo.

Para mostrar tu solidaridad, tan solo debes hacerte una foto en la que aparezca con la leyenda ‘Free Blogger’ y enviar un correo con los siguientes datos:
Para: freeblogger@beppegrillo.it
Asunto: tu nombre
Texto: la dirección de tu blog
Archivo adjunto: una foto tuya con la leyenda ‘FREE BLOGGER’

Más info y un vídeo en Mangas verdes.

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viernes, 13 de marzo de 2009

Tintín, el sueño y la realidad, de Michael Farr

He hablado de Tintín en varias ocasiones, tanto de su influencia como de las tonterías que suelen decirse de un personaje literario clave para entender el siglo XX; y quizá también para entender a sus lectores. Como coleccionista de textos "tintinescos", lo que compartimos muchos de sus lectores, hay libros que podríamos llamar imprescindibles y éste es uno de ellos.
Michael Farr ha dado un paso más en su afición y, bendecido con un acceso privilegiado a los archivos de la Fundación Hergé, ha escrito un libro de historia en el que explica, de álbum en álbum, la génesis y las circunstancias en las que Hergé creó cada una de las aventuras de Tintín, incluyendo la última, e inacabada, El arte alfa.
Ilustrado con largueza por los fondos de la Fundación, cada álbum explica en imágenes algunas viñetas o detalles de éstas y, de alguna forma, cómo era el proceso creativo de Hergé. Sin embargo, Farr ofrece pocas novedades en su texto y las Conversaciones con Hergé de Sadoul siguen siendo la fuente más completa para entender cada álbum.
Es en las ilustraciones donde el libro de Farr se luce especialmente, ya que muestran a Hergé como un creador obsesivo, una esponja, capaz de almacenar durante años cientos de fotos, postales, recortes y folletos como documentación que después se utilizaría en cada álbum. De hecho, hay viñetas que son copias casi exactas de fotografías de la época, o los objetos, las personas y las situaciones.
Tiene mucha ironía que Hergé fuera un reciclador tan grande de imágenes ajenas y hoy su Fundación sea una guardiana tan celosísima de su patrimonio que es casi imposible desarrollar una web de aficionados que use una imagen de Tintín so pena de amenaza de cierre finalmente no cumplido; y ya no digamos si uno pretende escribir o dibujar una obra que tenga alguna relación con el personaje.

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jueves, 12 de marzo de 2009

No aprendemos nada

[...] Todos los domingos, a la hora de comer, mi abuela exhumaba a su hermano, que se había matado cincuenta años años antes saltando una cerca con la escopeta, que se le disparó y le voló el pecho en pedazos.
"Siempre me acuerdo de mi hermano. Era un chico encantador. Es odioso que los chicos anden por ahí con armas de fuego."
Así que todos los domingos a la hora de comer teníamos a aquel muchacho tirado junto a la cerca de madera, rodeado de sangre que se deslizaba por la tierra roja y arcillosa de Georgia y se iba filtrando por entre los rastrojos.[...]

William S. Burroughs, en 1953, dos años después de matar a su esposa por accidente de un disparo.

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lunes, 9 de marzo de 2009

Vergüenza, de Salman Rushdie

Siempre he tenido la impresión de haber contraído una deuda con Salman Rushdie tras leer Los versos satánicos, al poco de su traducción al castellano y en medio de la tormenta desatada por sus supuestas blasfemias y la muy real amenaza de muerte que todavía hoy pesa sobre él.
De aquella lectura saqué en claro que mi conocimiento del Islam no me permitía entender dónde estaba la blasfemia y, por supuesto, que bastante tengo con el cristianismo como para aprender más sutilezas de otras religiones de libro. Al respecto, léase a Fernando Vallejo.
Pero la novela de Rushdie no me gustó, me pareció impostada, falsa e incomprensible. Como soy de natural bueno, sospeché de la traducción, pero al tiempo comprobé que no, que no era cuestión de lenguaje, o mejor dicho que era una cuestión de lenguaje pero no de idioma: Rushdie y yo habitábamos planetas muy distintos.
Han pasado quince años desde aquella lectura y la semana pasada, a cuento del aniversario de la condena a muerte, decidí que había llegado el momento de darle una nueva oportunidad a este novelista anglo-indio. Y siento que mi deuda está saldada, reconociendo la maestría y el poder casi hipnótico que su novela Vergüenza ha ejercido sobre mí en los últimos días. No trataré de comparar una novela con la otra, pero sí explicar cuánto me ha impresionado el exotismo impostado, aunque no artificial, de este cuento inquietante, de esta disección de la mente humana.
"Entre la vergüenza y la desvergüenza está el eje alrededor del cual giramos; las condiciones meteorológicas en esos dos polos son de lo más extremado y brutal: Desvergüenza, vergüenza: las raíces de la violencia."
Aún leído en castellano, Rushdie se revela como una especie de Julio Cortázar inglés, más especiado y oloroso, más frío también, pero con una frialdad impuesta, que no puede ocultar la atmósfera que hay detrás. Rushdie utiliza un tono directo con su lector, al que interpela con moderación, no tanto buscando su complicidad como dejando claro quién es el que manda en la narración, así como la intención –que el escritor desvela a mitad de camino- de escribir semejante historia, resumida como
”Cines, hijos de brujas, moretones en la frente, ranas y pavos reales han contribuido a crear una atmósfera en la que el hedor del honor lo impregna todo.”
Vergüenza es una novela barroca y ampulosa, grotesca muchas veces –más Swift que Rabelais- y brutal en otras, con un final apocalíptico, como un viento ardiente cargado de malos presagios. Es también una metáfora espectacular y muy incómoda de la historia de Pakistán y de Bangladesh, con la sombra de la partición de India en las paredes de sus palacios.
”[...] la famosa partición apolillada que cortó en pedazos el viejo país y entregó a Al-Lah unas cuantas tajadas picadas de insectos, y algunos polvorientos acres occidentales y unos selváticos pantanos orientales de los que los impíos se libraron gustosos. (El nuevo país de Al-Lah: dos pedazos de tierra separados por mil millas. Un país tan inverosímil que casi podía existir.)”
Es una novela de digestión lenta, para reflexionar y sentir; para separar un plano narrativo más o menos frenético, de ira por los sueños rotos, por el abuso, por la codicia y el crimen, el machismo, la violencia y la tortura y, sobre todo, del dolor profundo por las personas que Rushdie exhibe: tanta es la compasión que el escritor –y su lector con él- siente ante sus criaturas:
"Los débiles, los anónimos, los derrotados dejan pocas huellas: modelos de cultivo, hierros de hacha, leyendas populares, cántaros rotos, túmulos funerarios, el recuerdo descolorido de la belleza de su juventud."
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domingo, 8 de marzo de 2009

Antonio Gamoneda, maestro

Amé. Es incomprensible como el temor de los árboles.
Ahora estoy extraviado en la luz pero yo sé que amé.
Yo vivía en un ser y su sangre se deslizaba por mis venas y
la música me envolvía y yo mismo era música.
Ahora,
¿quién es ciego en mis ojos?

Unas manos pasaban sobre mi rostro y envejecían dulcemente. ¿Qué
fue existir entre cuerdas y olvidos?
¿Quién fui en los brazos de mi madre, quién fui en mi propio corazón?

Es extraño: solamente he aprendido a desconocer y olvidar. Es extraño:

Todavía el amor
habita en el olvido.

Aún, Antonio Gamoneda.
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miércoles, 4 de marzo de 2009

Una realidad incómoda

Los niños protagonistas de la muy premiada película Slumdog Millionaire han vuelto a Mumbay para descubrir que, como decía mi padre -ese santo- "hay otra vida pero es mucho más cara".
No es una broma. Estos niños han descubierto que además de los vestidos, los bufés libres, las camas, y hasta el amor de los adultos son un lujo que las clases más bajas de India no se pueden permitir.
Tampoco es la primera vez -ni será la última- que pasen estas cosas. Incluso en España, aunque se hayan diluido un poco. Por ejemplo, las huellas de los rodajes de Crónicas de un pueblo en Santorcaz que me pilla más conocido. O los niños de la Operación Plus Ultra, cuyas hazañas conmovedoras -sobre todo las de abnegadas hermanas que cuidaban de casas y hermanos mientras el padre se deslomaba construyendo pisos de protección oficial- están tan olvidadas como ellos.
Cuando los occidentales vamos a oriente o a África sólo a por exotismo, a por mano de obra, a buscar diversión o a cumplir con una supuesta cuota de responsabilidad social -lo que incluye las adopciones-, rebajamos la condición humana y convertimos a esos niños, a esas personas en objetos para usar en una película y después tirar.
Uno de los personajes de El extraño caso de Benjamin Button es un pigmeo al que han exhibido por todo Estados Unidos en jaulas con monos. Lo singular de su caso no es que a las masas les gustase ver esas exhibiciones, sino que sobreviviera a ellas y fuese capaz de adaptarse, aunque en el filme echa de menos su río.
Los niños de Slumdog Millionaire no tendrán esa suerte. Bastante tendrán con sobrevivir a su perplejidad, a su inadaptación. Son los nuevos Segismundos de este mundo y su sueño les ha durado bien poco.

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lunes, 2 de marzo de 2009

Todos nosotros, Raymond Carver

No soy un verdadero lector de poesía, en la medida en que suelo leer los poemarios de un tirón -aunque sea un tirón muy dilatado en el tiempo- y pocas veces vuelvo una y otra vez al mismo autor. Quizá por eso me gusten los poemarios pequeños, que no me abruman en su intensidad. Pero hay autores o libros a los que he vuelto en varias ocasiones, a los que no he dado por cerrados. No es tanto una constante relectura como un dejar que me acompañen en diversos momentos.
Tal es el caso de este Todos nosotros de Raymond Carver, quizá más conocido y apreciado por sus relatos aunque, según su viuda, en realidad escribía prosa entre poema y poema. Sea como fuere, de esta excelente edición bilingüe, que llevo leyendo varios meses, he vuelto a leer y a disfrutar de algunos de sus poemas y sobre todo de él, del mundo que esconde detrás de cada imagen, casi de cada palabra. El mejor ejemplo de eso es No sabéis lo que es el amor (Una tarde con Charles Bukowski), en el que el tono y la conversación descrita valen más que cualquier reportaje, artículo o lo que se os ocurra sobre ambos autores.
Además de Miedo y El coche, dos poemas excepcionales en los que la anáfora llega a la categoría de obra maestra, como no tengo ninguna intención de hacer una gran reseña me voy a detener en dos poemas sobre los que he vuelto en varias ocasiones y por los que vale la pena buscar este libro.
El primero es Mi hija y la tarta de manzana, un alegato brutal por lo sincero, por lo certero, contra la violencia doméstica. Aunque no estoy de acuerdo con la traducción del verso final, retrata de tal modo nuestra actitud ante la violencia contra las mujeres que debería figurar en carteles y pasquines.
Me sirve un trozo recién
sacada del horno. Al realizar el corte
sale un ligero vapor. El azúcar y las especias -
canela - quemados en la corteza.
Pero lleva gafas oscuras
en la cocina a las diez
de la mañana -todo tan sutil-
mientras me observa tomar
un bocado, acercarlo a la boca
y soplar. La cocina de mi hija,
invierno. Pincho el trozo de tarta
y me digo a mí mismo que no debo meterme.
Ella dice que le ama. No
podía ser peor
"Me digo a mí mismo que no debo meterme", lo que todos pensamos cuando oímos discusiones o pensamos en los vecinos. Pues basta.
Los versos originales dicen "She was she loves him. No way / could it be worse" y en mi opinión es más expresivo "Ella estaba enamorada de él. Nada que hacer / podría ser peor".
El segundo de los poemas es, por supuesto, de amor. Zapatillas recoge lo que la convivencia de dos personas enamoradas comparte, la ternura suave de una pasión que no se termina, que sólo se transforma. Hay tanto cariño y respeto en este poema como dolor en el anterior.
[...]Miré tus pies, subidos al sofá,
en zapatillas. Todo lo que se me ocurría decir,
pero no lo hice, era que esas zapatillas aun conservaban el calor
una noche que las recogí
de donde las habías dejado. Te las dejé junto a la cama.[...]
Buscad por ahí las zapatillas y pensad en lo que guardan, en los pasos por la casa, en el camino de una habitación a otra. Y pensad también en quién las lleva.

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Tirando piedras a los patos, de Carmen Alonso

Este post está dedicado a la memoria de Pepe Rubianes, fallecido el domingo, a quien la ironía de dedicarle un texto ambientado en Toledo -a veces crisol de las esencias más rancias de la peor España-, no hubiera pasado desapercibida. Tuve la fortuna de saludarlo mientras entrevistaba a otro Pepe, Martín, miembro como Rubianes de una generación extraordinaria de actores catalanes. Descanse en paz en el paraíso de los transgresores.
El viernes, la osita y yo estuvimos en Toledo atendiendo con una buena amiga a la presentación en sociedad de Tirando piedras a los patos, de Carmen Alonso en la sala Capitular del Ayuntamiento de Toledo con el concejal de Cultura y la escritora Magdalena Tirado, responsable en buena medida del salto a la literatura de Carmen.
Autora de un par de libros técnicos, esta es la primera obra de ficción de Carmen Alonso, que se publica en la editorial @bcedario. Se trata de un relato en primera persona, secuencial y un poco acelerado, de un adolescente que vive en Toledo sus primeros amores y desgracias. Más que novela corta o cuento largo, que de ambas formas lo juzgaron sus presentadores -alguno con un exceso de celo un poco fuera de lugar-, estas piedras son un buen esbozo de lo que podría ser un gran relato, aunque con el eco inevitable de El guardián entre el centeno flotando a lo largo del texto.
Lo pasamos bien, descubrimos un lugar muy interesante, hablamos de fotografía y de una institución que no conocía y, 25 años después de mi último paseo por Toledo de noche, comprobé que la ciudad sigue siendo tan mágica como siempre.

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