jueves, 26 de noviembre de 2009

Para una política de la civilización, de Edgar Morin

Normalmente mi intención a la hora de contaros lo que leo, no es recomendar este o aquél libro, salvo en algunos casos puntuales, porque siempre defenderé el grado de sorpresa que conlleva descubrir un libro por pura casualidad, aunque cierta guía, cierta sugerencia, sean necesarias. No es este el caso: recomiendo la lectura y el comentario de Para una política de la civilización, de Edgar Morin. Es corto -105 páginas con una tipografía generosa-, es sencillo -Morin utiliza un lenguaje comprensible- y es demoledor, en su diagnóstico y en sus soluciones.
Este libro de Edgar Morin -tiene página web en castellano-,
Versa sobre los problemas que experimentamos cotidianamente, que conciernen a nuestro vivir concreto. Se trata de las deficiencias y de las carencias de nuestra civilización, y, por ello mismo, se trata de nuestras necesidades y de nuestras aspiraciones, que no son sólo monetarias.
Es una llamada de atención, profunda y creativa, para afrontar los muchos desafíos que nuestra sociedad occidental tiene delante. Sin entrar en grandes análisis, Morin primero enumera los problemas de la sociedad
La lógica de la máquina artificial, que ya ha suprimido a los conserjes, los policías de barrio, los encargados de estaciones, trenes, metros, peajes de autopista, parkings, tiende a hacer de la vida social una gigantesca máquina automática.
Después, con el apoyo de muy pocas citas y autores, Morin explica la complejidad social y la contrapone a las necesidades y deseos de esa misma sociedad, con esperanza:
Frente al crecimiento de la técnica, de la lógica del hiperdesarrollo, de la burocratización en las administraciones como en las empresas, de la atomización de los individuos que el desarrollo técnico y económico no hace más que acelerar, constatamos que la sociedad civil se defiende, desarrollando contratendencias.
En la última parte, Morin describe y explica en qué debe consistir una política de civilización, cuáles deben ser las acciones y recursos a utilizar para recuperar de verdad esta sociedad enferma, con un mensaje positivo y realista, porque esta política
[…] debe desarrollar y utilizar todos los aspectos positivos de las ciencias, de las técnicas, del Estado, del capitalismo, del individualismo, etc. […] debe estimular, concienciar, desarrollar una ética y una política del consumo, que ya se encuentran en estado naciente en la sociedad civil.
Admito, eso sí, cierta 'bondad' en los planteamientos de Morin, más templado que los anónimos del Llamamiento del que hablaba el otro día. Supongo que entre la creencia de la solidaridad intrínseca del ser humano en la que milita Morin y el desprecio absoluto por el Estado de los otros, puede haber un espacio intermedio, para la discusión, para el análisis y, sobre todo, para la acción. O, en sus palabras,
¿No podemos suscitar una iniciativa autónoma que permitiría pasar de una diáspora de experiencias multiplicadas desde hace diez años a un movimiento organizado, que aseguraría la información, el intercambio, la puesta en red, así como la reflexión y la puesta en perspectiva susceptibles de extraer las “cuestiones de civilización” presentes en cada experiencia?


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miércoles, 25 de noviembre de 2009

Google Wave, el juguete que sustituirá al email (pero aún no)

Hace unas semanas, tras la puesta en funcionamiento por Google de un nuevo servicio llamado Google Wave, la ola de entusiasmo y comentarios se movió de un extremo a otro de Internet y la Red se llenó de voces clamando por una invitación exclusiva para probar el nuevo juguete.
Hoy, cuando el silencio ha sustituido a la indignidad y las tonterías -las invitaciones llegaron a ser subastadas en ebay-, y tras las pruebas pertinentes, no me resisto a compartir lo que llegará a ser en unos años el sustituto natural del correo electrónico. O, por resultar más preciso, el proyecto mejor elaborado que he visto hasta ahora para perfeccionar el popular email.
Este no es un blog tecnológico, ni lo pretende, así que lo siento por aquellos que esperen comentarios técnicos sobre la api de wave, el uso de java o cualquier otra de esas inquietantes realidades que los ingenieros manejan. La mejor definición de Wave que se me ocurre es que es una mezcla de chat, foro y correo electrónico, con la posibilidad de incluir en los mensajes cualquier cosa, incluyendo nuevos destinatarios una vez enviado el mensaje.
Un mensaje de Wave -una ola, realmente- es, primero, como un mensaje de messenger, o gtalk o cualquier cliente de chat que se os ocurra o un mensaje para un foro. No tiene límites de texto ni restricciones a la hora de incluir en él cualquier complemento. Estos complementos, que ahora son pocos, pueden ser mapas, vídeos o imágenes, etc.
Hasta aquí nada que pueda resultar nuevo o interesante. Pero... Si uno de los destinatarios del mensaje está en ese momento en línea, podrá ver en tiempo real lo que estás escribiendo o corrigiendo o añadiendo. Y si no, podrá ver el mensaje cuando se conecte, como en los correos normales o en los posts de los foros. La clave y la diferencia sobre otros sistemas es el tratamiento que los usuarios pueden dar al mensaje.
Cada frase de cada ola puede ser contestada por cualquiera de los destinatarios y todos la reciben situada y ordenada en su contexto. Si alguien olvidó incluir a un destinatario, ya no hay que reenviar todos los correos que puedan interesarle, sino que se le incorpora directamente a la ola con todo lo que esta contiene.
Es más fácil de usar o de comprender que de explicar, aunque de momento, tiene algunos problemas. Por ejemplo, es muy lento. El 'tiempo real' hace que teclear cualquier texto se realiza a cámara lenta; apenas hay aplicaciones prácticas: integrar mapas o vídeos y poco más; al ser una beta cerrada, la comunicación es muy limitada.
Con todo y con eso, Wave es sorprendente y sus posibilidades, las que los usuarios acaben por descubrir, son casi infinitas. Si alguien está interesado en jugar un rato, que lo diga: tengo aún algunas invitaciones disponibles.

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lunes, 23 de noviembre de 2009

El aire y los sueños, de Gaston Bachelard

No es la primera vez que el entusiasmo del fino analista literario Gaston Bachelard me contagia. Sin llegar a la erudición monumental de un Steiner, Bachelard tiene un entusiasmo y un amor por la literatura que son tan estimulantes como contagiosos, lo que no le quita ni un poquito de profundidad.
En El aire y los sueños, por cierto traducido por Ernestina de Champourcín, poeta del 27, Bachelard analiza los sueños de vuelo y el papel que esto juega tanto en la imaginación como en la creación literaria, bajo la premisa de que “El hombre, como hombre, no puede vivir horizontalmente” y que las metáforas de vuelo, de elevación, son las que convierten un texto en literario. “La subida es el sentido real de la producción de imágenes, es el acto positivo de la imaginación dinámica.”
Para ello, utiliza poemas y textos de Shelley, Rilke, Balzac, William Blake y Nietzsche, entre otros, buscando el sentido profundo de sus metáforas, de las conexiones entre la creación, la imaginación y la palabra:
La imaginación habla en nosotros, nuestros sueños hablan, nuestros pensamientos hablan. Toda actividad humana desea hablar. Cuando esta palabra toma conciencia de sí misma, entonces la actividad humana desea escribir, agenciar los sueños y los pensamientos.
Hay ocasiones en que Bachelard es demasiado hijo de su tiempo -el texto se publicó originalmente en 1943-, y sus conclusiones están demasiado mediatizadas por el psicologismo religioso y un gusto por la poesía ya entonces a contracorriente de lo que los mismos poetas empezaban a escribir, como cuando niega la posibilidad de hacer poesía con la ciencia.
Tampoco le reconoce valor alguno al conocimiento como fuente de imaginación, pero eso no quita que, en general, sea un lector muy agudo e inteligente, capaz de ver más allá de muchos textos y de plantear interesantes cuestiones sobre el origen y el uso del vuelo onírico, la pteropsicología y las metáforas de las alas o el murciélago y la percepción antigua de su vuelo, por ejemplo. Todo ello, sin perder de vista la crítica literaria
[…] para conocer la vida metafórica del lenguaje es necesario pesar muy exactamente la materia de un adjetivo, y hay que guardarse de creer que la imaginación del adjetivo ligada a la apariencia arrastra de modo automático la imaginación del sustantivo.
o la función primordial del lenguaje para la Humanidad
En cuanto se sitúa el lenguaje en su lugar, en el extremo mismo de la evolución humana, se revela en su doble eficacia: pone en nosotros sus virtudes de claridad y sus fuerzas de sueño.
Algo con lo que no puedo estar más de acuerdo.

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sábado, 21 de noviembre de 2009

Las redes sociales de libros y las nuevas formas de comunicar

La última de las mesas a las que asistí en el inabarcable Ficod debatía sobre las redes sociales y su uso en el mundo de la edición de libros, tanto en su versión electrónica como en la de papel. En general, se han repetido un poco y han ocupado buena parte del tiempo en contestar disciplinadamente a las preguntas del moderador, José Antonio Gallego, de AERCO. Estas fueron algunas de las intervenciones más interesantes.
Pablo Gavilán, de bookaffinity.com. El mundo del libro se nutre de la recomendación: los últimos bestsellers son un ejemplo. Al crítico profesional le pasará como a los bloggers y periodistas profesionales, tendrán que ganarse la confianza de los lectores. No hay sitios para escritores como un myspace para los músicos. No hay que descartar las comunidades de lectores alrededor de un autor. Con el e-book es posible que un autor no necesite ayuda de nadie. Las editoriales no están preparadas ahora mismo para hacer promoción en Internet, pero lo estarán.
Santiago Eximeno, de Ediciones Efímeras. Es difícil encontrar una recomendación válida, salvo que esté en una red concreta. Sobre el crítico profesional, hay que distinguir entre reseña y crítica. No se puede comparar el mundo de la música con el del libro. No veo paralelismo, no sirve tampoco como promoción. Empezar desde cero es casi imposible, hay demasiado ruido, no lo veo. No creo que un autor pueda usar las herramientas para publicar. La gran damnificada será la distribuidora, no la editorial. El modelo de negocio ahora es complicado, no hay modelo porque no hay libro antipiratería y dar gratis en la Red no es solución. El precio no puede ser el mismo.
José Manuel Rivera López, de la UOC. ¿Hace falta un prescriptor para un libro? Da lo mismo, la credibilidad no va a venir por el título. Los estudiantes quieren papel para los libros. Los autores colgarán cuentos y no novelas. Las redes son de personas y eso es lo que hay que aprovechar. Los autores hemos perdido el intermediario y estamos expuestos directamente al público. En una red social una editorial no ejerce liderazgo. Yo veo que el lector está más dispuesto a pagar por los libros que por la música. Las grandes editoriales tendrán que hacerlo muy bien para superar a amazon.
Arantxa Mellado, de Ediciona. Es un poco futurible, todavía falta bastante para que se puedan recomendar libros en las redes sociales. La reputación va a marcar la credibilidad, se gestiona de forma diferente. El crítico tendrá que adaptarse. Estoy cansada de la comparación entre músicos y autores. La Red sirve para promoción, no para distribuir o publicar. Sirve para encontrar lectores, no editoriales. Cada red tiene su público y sus reglas. No se puede hacer lo mismo en todas. El editor es clave para llegar al mercado. Las redes sirven para las editoriales para crear marca. No creo que el libro digital vaya a ser mucho más barato que el de papel. Creo en la labor de los editores como seleccionadores.
Idoia Cantolla, de ilustrae.com. Es verdad que la experiencia con un libro es más subjetiva que en otros sectores. Confiar en otros. Críticos somos todos en España, no creo que está amenazada la crítica profesional. Contenido y formato son diferentes en la literatura. Autores y editores se unirán en promoción, con las redes sociales como herramienta de promoción. Crear demanda previa es posible con las redes. Nosotros buscamos nichos concretos, depende de cada título, contenido relevante y específico. En redes grandes, sólo hacemos marca con nuestras ideas de qué publicar y porqué. Hay que rehacer el modelo para que los precios se ajusten, inflados por los intermediarios. Las editoriales tendrán que hacer nuevos perfiles para las redes sociales. Si le pones pasión, el librero acepta mejor el libro.
Javier Celaya, de dosdoce.com. Nos fiamos del criterio de un perfecto desconocido, de personas que no son de nuestro entorno cercano. Las críticas en amazon son pagadas muchas veces. El papel de los críticos va a cambiar. Los suplementos literarios desaparecen. El lector va a tener más para decidir qué lee. Foco erróneo, los autores no se sienten cómodos con este entorno. Los escritores no quieren hablar con los lectores, sólo excepciones como Lorenzo Silva. Serán los nuevos escritores los que sí se integrarán. El editor no desaparece porque hacen falta servicios profesionales de corrección, etc. Cada día se crean 7 millones de webs, el mercado digital es más feroz que el analógico. Grandes oportunidades para editoriales, buscar autores, personal, nuevos talentos. Sobre todo, demostrar el lado humano de la marca. El 70 por ciento de las editoriales están en redes, pero sólo hacen marketing. No gratis en Red, no vale para todos el mismo modelo. Defiendo los derechos de autor. La distribuidora no desaparece se reinventa como iTunes, Google Editions... Se va a vender más, con productos más baratos. Leemos más que antes, pero no libros, otras cosas: blogs, twitter, etc. Cuanto antes oferte el sector el libro electrónico, menos riesgo de piratería. La clave en internet es la visibilidad.

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miércoles, 18 de noviembre de 2009

Lorenzo Silva y el libro digital

A veces también este hiperconectado firmante se desconecta muy enfadado, o frustrado, o desesperado. Pero como dice Szymborska, cuando digo la palabra futuro, la primera sílaba ya es pasado, así que lo tenga que venir, vendrá.
Esta mañana he asistido a la inauguración de la 1ª Feria del Libro Digital, que se celebra dentro del FICOD09. En una sala perdida, el escritor Lorenzo Silva ha dado una conferencia con muy pocos asistentes, la verdad, aunque su implicación con las nuevas tecnologías y con la literatura hacía presumir que no defraudaría. Esto es un resumen de su intervención y de los puntos en los que no estoy de acuerdo.
Silva, autor de una colección de novelas policiacas con dos guardias civiles como protagonistas, original y bien escrita, ha explicado que nos encontramos en un momento de transición, un momento para tratar de analizar el fenómeno desde una perspectiva constructiva. Según él "Falta flexibilidad, intuición e inteligencia" en las industrias culturales y la música o el cine son el mejor ejemplo.
Para él, "La tecnología es lo menos relevante, las personas y lo que expresan son lo importante". Respecto a las discográficas, Silva reconoce que no aportaban valor añadido a los productos, a diferencia de editores y libreros que sí lo aportan, punto éste más que discutible salvo que se hable de pequeños editores y de libreros, no dependientes de librería, que no es lo mismo. "El sector editorial es incapaz de poner un ejemplar del Lazarillo en manos de un lector de Bolivia", y eso es lo que viene a traer el libro digital. "¿Cómo hacemos para que acceda a la cultura quien no puede? Para eso es la edición digital". Pero ésta no sustituirá al libro físico.
Silva analizó después cómo la edición digital afecta a la propia obra, a la difusión de géneros o corrientes minoritarias -la poesía como ejemplo- o para difundir nuevos autores ante los que las editoriales son incapaces de arriesgarse. También explicó que no hay que temer a la vulgarización de los contenidos por abundancia de autores, porque "cada nuevo espacio de creación marca su propio criterio de excelencia". "Es formidable el flujo de información para cualquier escritor. No concibo escribir novelas sin conexión a la red".
Silva alabó también la retroalimentación y el contacto con los lectores: "Vivimos la hora del lector. Los cambios son inevitables, aunque el autor seguirá existiendo y éstos afectarán más a los editores y, sobre todo, a los distribuidores". Respecto a los libreros -en un canto nostálgico acerca del oficio-, Silva dijo que "enriquecen el espacio cívico, construyen cultura, aunque tendrán que reconvertirse y construir nuevos modelos de negocio, con librerías físicas y virtuales, porque son prescriptores de confianza". También pidió la protección del Estado para ellos.
Lorenzo Silva terminó su intervención defendiendo a los lectores, su acceso a la cultura y las bibliotecas, así como el "altruismo del creador" y que "El creador debe ser generoso". Eso no significa que ese altruismo se pueda imponer o que se favorezca el "apoderamiento indiscriminado" de contenidos. "Debe haber un equilibrio entre las partes", por ejemplo con un canon digital más fiscalizado, justo y equitativo.
"El libro físico y el electrónico tendrán que pactar."

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martes, 10 de noviembre de 2009

El Madrid de Valle-Inclán

Aprovechando el fin de semana largo, la osita y yo nos apuntamos a un paseo nocturno con guía por el Madrid de Valle-Inclán, una iniciativa que organizan desde Carpetania Madrid y que se puede conseguir en Atrápalo. El paseo está organizado en torno a los personajes y acontecimientos que se narran en Luces de bohemia, desde el arranque de la calle Mayor hasta la plaza de Santa Ana.
Las calles, los edificios, los rincones de la bohemia de principios del siglo XX siguen estando en muchos casos donde entonces, pero no te das cuenta de su existencia hasta que alguien no te los señala o te llama la atención sobre ellos, así que el paseo resultó muy interesante y no se hizo largo en absoluto a pesar de las casi tres horas de duración.
De la puerta del instituto Italiano y el atentado de Mateo Morral, fuimos subiendo y escuchando tanto las aventuras de Max Estrella como las de su Madrid: las librerías, los ultramarinos, las iglesias y, por supuesto, las tabernas, donde hicimos dos paraditas etílico-culturales para reproducir fielmente el ambiente vivido durante la última noche de su vida.
El guía, que era un encanto -y como soy un desastre, no apunté su nombre-, se pasó todo el trayecto mostrando imágenes de los autores, periódicos de la época, anuncios, y otros detalles, como una botellita de absenta o unos huesos de san Expedito para cuando las fuerzas de los presentes empezaron a flaquear.
En fin, que lo pasamos muy bien vagando como bohemios por un Madrid tabernario y nocturno, en el que todavía se escuchan, con el guía adecuado, los ecos de una ciudad amable y provinciana, de morapio, buñuelos y escritores en las buhardillas.

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sábado, 7 de noviembre de 2009

Llamamiento y otros fogonazos

Mientras cualquier político con cargo insulta y miente con descaro, los demás ciudadanos seguimos teniendo que conformarnos con la responsabilidad. Ya me gustaría, ya, poder usar del lenguaje con la alegría irresponsable de estos cargos electos tan atildados como poco atinados. Por eso el anonimato sigue siendo un arma y una necesidad para muchos grupos de verdadera izquierda, es decir de una izquierda no posibilista, como los autores de este brutal, sincero e implacable Llamamiento, originado en esta página y en la que se pueden encontrar la mayoría de los textos que voy a citar.
Pensado y debatido, construido y re-construido en Francia, el Llamamiento pretende ser tanto una guía de pensamiento como un libro de instrucciones para entender el mundo en el que vivimos, elaborado desde la izquierda sin partidos. Después de expresar las diez reglas para el Gran Juego de la guerra civil, el Llamamiento recorre nuestra realidad con los ojos bien abiertos:
Somos muy conscientes de que la vida en las filas de nuestra sociedad contiene tanta alegría como un trayecto en el tren de cercanías; que el capitalismo no ha producido hasta hoy, en materia de riqueza, más que una universal desolación; que nuestro orden carcomido no tiene más argumentos que las armas que lo protegen. Pero qué queréis: ¡es así! Os hemos desarmado mentalmente, físicamente; y ahora detentamos el monopolio de aquello que os prohibimos: la violencia, las complicidades y la posibilidad de aparición. Francamente, si estuvieseis en nuestra posición, ¿haríais otra cosa distinta?
El texto está dividido en varias partes, pero el núcleo central está en las siete proposiciones y sus escolios agrupadas bajo el título del libro. Es verdad que las ideas y el análisis se desarrolla bajo la política francesa, pero no obstante, la lucidez y seriedad del debate remiten a una izquierda verdaderamente universal. Por ejemplo:
El problema de las reivindicaciones es que, al expresar necesidades en términos que sean inteligibles para los poderes, terminan por no decir nada sobre ellas, qué transformaciones reales del mundo implican. Así, reivindicar la gratuidad de los transportes nada dice sobre nuestra necesidad de viajar y no solamente de desplazarnos, de nuestra necesidad de lentitud.
No sabría calificar o etiquetar -ni me parece importante- la corriente en la que se inscribe el pensamiento de los autores, pero francamente me encuentro a gusto en ella, me reconozco, cuando dicen que
El capitalismo ha consistido en la reducción en última instancia de todas las relaciones a relaciones de producción. De la empresa a la familia, el mismo consumo aparece como un episodio más de la producción general, de la producción de sociedad.
Porque ya está bien de que nos roben el lenguaje, de que se hayan apropiado del discurso social enmascarando la realidad con un idioma vacío, oscuro a propósito. Y lo siento por la izquierda parlamentaria, tan voluntariosa como necesitada de una verdadera revolución interna. Porque
De Lèon Blum a Lula, la izquierda no ha sido más que eso: el partido del hombre, del ciudadano y de la civilización. Hoy, ese programa coincide íntegramente con el programa contrarrevolucionario: mantener en vigor el conjunto de ilusiones que nos paralizan. La vocación de la izquierda es expresar un sueño que solamente el imperio tiene los medios de alcanzar.
Tenemos pues que movilizarnos, que volver a desarrollar las redes de solidaridades y proyectos comunes, de pensar en la utopía, de reclamar lo que siempre ha sido nuestro. Tal vez este llamamiento y otros menos radicales sean una primera luz para volver a empezar a construir un mundo verdaderamente mejor.

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