miércoles, 13 de enero de 2010

Tristes trópicos, de Claude Levi-Strauss

Anda que no he tardado en decidirme por leer este gran clásico de la literatura étnica y antropológica. Mira que me lo recomendó Santiago Montes, catedrático de Teoría de la Información y uno de los pocos maestros de los que guardo admiración y respeto. Pero ese hilo sutil que forma la red de nuestras lecturas necesitaba de otros nodos, de otras obras para situar este texto en su lugar correcto.
Sin ser su obra magna, Tristes trópicos es el gran espejo en el que Levi-Strauss, fallecido el año pasado, se miró a sí mismo y contempló a la Humanidad con unos ojos sabios, comprensivos y hasta dulces. No a la manera de un padre que acepta nuestras faltas, sino como un igual que se ha comprendido a sí mismo y comparte con sus lectores su análisis.
A ratos, Tristes trópicos tiene algo de ajuste de cuentas sutil de un mundo y una sociedad desaparecida, en la que encuentra un profundo respeto por los sujetos que estudia y, por extensión de sí mismo y de su trabajo. Pionero en la comprensión de la extrema complejidad de nuestro mundo, Levi-Strauss se dio cuenta al poco de comenzar sus trabajos etnográficos en el Brasil de 1930, que
[La] mezcla de maldad y estupidez […] lenta y progresivamente iban brotando como agua corrompida, de una humanidad saturada de su propio número y de la complejidad cada vez mayor de sus problemas.
También de cómo la codicia ilimitada nos pone a todos en peligro, denunciando la globalización avant la lettre de comienzos del siglo XX:
Aquí, el suelo ha sido violado y destruido. Una agricultura de rapiña se apoderó de una riqueza yacente y luego se fue a otra parte, después de haber arrancado algunas ganancias.
De sus relaciones y profundos estudios de los bororo y los nambiquara, los mundé, y los tupí-kawaíb –grupos humanos del interior de Brasil-, Levi-Strauss obtuvo más conocimientos sobre la Humanidad en general que sobre esas etnias en particular, demostrando a cada línea su profundo respeto por los sujetos que estudia. Por ejemplo, son muy conmovedoras sus imágenes de India.
Aunque a veces muestra una cierta nostalgia fría y científica cuando se refiere a exploraciones antiguas, Tristes trópicos también refleja mucho del pensamiento indómito y provocador de su autor, como cuando escribe sin asomo de duda que
Se necesita mucha ingenuidad o mucha mala fe para pensar que los hombres eligen sus creencias independientemente de su condición. Lejos de que los sistemas políticos determinen la forma de existencia social, son éstas las que dan un sentido a las ideologías que las expresan.
El libro termina con unas interesantes reflexiones sobre el Islam y los musulmanes, que conviene tener en cuenta y recordar hoy a la vista del debate que genera en nuestras sociedades, porque
[…] los musulmanes se enorgullecen de profesar el valor universal de grandes principios: libertad, igualdad, tolerancia, y revocan el crédito que pretenden afirmando al mismo tiempo que son los únicos en practicarlos.
El libro se puede encontrar en casi cualquier biblioteca y en formato pdf para descarga en este enlace.

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