jueves, 6 de mayo de 2010

La Biblioteca Nacional está de rebajas de primavera

Leo en el blog de José Pascua, una persona que respeto, la intención del Gobierno de rebajar la categoría de la Biblioteca Nacional. Así, de una dirección general, pasará a ser una subdirección, lo que disminuye considerablemente su autonomía y capacidad de gasto. Supongo que la decisión está dentro del plan de austeridad, pero no creo que el ahorro justifique semejante despropósito.
Sé que con la que está cayendo, preocuparse por una cuestión administrativa es un poco banal. Pero también que no estamos precisamente en situación de desperdiciar ni una sola fuente de innovación y conocimiento. En los últimos años, la Biblioteca Nacional había entrado en un periodo de estabilidad, muy necesario tras unos años en los que ha sido más predio privado que institución nacional.
Hace un par de años, durante la celebración del primer FICOD, pude escuchar a Milagros del Corral durante un debate dedicado a la digitalización y las instituciones públicas. Reconozco que no me gustó mucho alguna idea que allí expresó acerca del acceso de los ciudadanos a la Biblioteca. En general, los bibliotecarios -en realidad, cualquiera que ame los libros- tienen tendencia a considerar que la biblioteca a su cargo les pertenece.
Milagros del Corral señaló entonces que el resultado de la digitalización de documentos y libros no estaría en su totalidad a disposición del público y que sólo las piezas consideradas populares sí serían de libre acceso. Me temo que nadie puede decidir por mí qué puedo leer y qué no. Si quiero leer a Jovellanos en un tomo de su época, aunque me cueste, nadie puede impedirlo. Sobre todo cuando, técnicamente, ya es posible hacerlo sin arriesgar su integridad.
Eso sin entrar en cuestiones económicas: la conservación de un patrimonio que es de todos, sale de mis impuestos. Es verdad que durante su mandato se han multiplicado las iniciativas, exposiciones y actividades -hasta mis hijas han disfrutado varias de ellas-, pero a la par que la custodia, el libre acceso de sus tesoros también debe ser prioritario.
Esta discrepancia no oculta mi sorpresa por una decisión más que lamentar del mandato de Ángeles González-Sinde, ministra de Cultura. A sus decisiones en materia de libertad de expresión, a su dependencia de los grandes grupos de comunicación y las gestoras de derechos de autor, a la falta de una política cultural, cinematográfica, teatral... Habrá que sumar este dislate.
Quizá sea un ingenuo, pero si España quiere cambiar de modelo productivo, la Biblioteca Nacional no tiene que ser una dirección general, sino una Secretaría de Estado. A ver si de una vez apostamos por la Ilustración.
Coda: De la supresión de la Dirección General para la Sociedad de la Información, que responda Miguel Sebastián. ¿Qué modelo productivo habrá entonces?

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