miércoles, 28 de abril de 2010

Café & Periodismo III, Corresponsales, información en el punto de mira

Se consolida el Café y Periodismo como espacio de debate lo que demuestra dos cosas: lo necesitados que estamos los profesionales de la comunicación de un espacio propio de debate, puramente profesional; y que las buenas ideas se abren camino cuando se hacen bien.
Esta tercera edición se convocó bajo el tema Corresponsales, información en el punto de mira y contó con la presencia de dos grandes y distintos periodistas. Ramón Lobo, miembro de la tribu, enviado especial de El País a casi cualquier conflicto; y Mathieu de Taillac, corresponsal en España de Le Figaro y algún otro medio francés.
Mucha más gente joven entre el público que veteranos, pero es cuestión de tiempo que se incorporen a la tertulia profesionales con un recorrido más largo. Contar con Ramón Lobo, ilustre miembro de la tribu, es un lujo. Ejerció un poco de abuelo, cargado de anécdotas y citas, pero sin displicencia. Mathieu de Taillac fue una sorpresa, con su excelente castellano y un punto transgresor a la hora de explicar intimidades de la profesión.
Ambos defendieron la profesión, introduciendo dos ideas poco escuchadas en otros foros: la invasión política que sufren los periódicos y la necesidad de que sean los empresarios los que se preocupen de hacer dinero, que del periodismo ya nos ocupamos nosotros. La primera es una consecuencia de un modelo de empresa periodística más preocupada por la influencia, por ser “el cuarto poder” que por ganar dinero, lo que nos separa de buena parte del mundo.
De la segunda no estoy tan seguro. ¿Puede el periodismo de hoy prescindir de esa preocupación? No digo que debamos tener un MBA para hacer planes de negocio, pero sí que seamos conscientes de la situación de nuestro sector y tratar de entender las claves de este negocio para mejorarlo. Buscar la excelencia a través de una marca prestigiosa, o para hacer grande una cabecera pequeña, debería ser nuestra obligación como periodistas, como verdaderos profesionales independientes.
Escuchar a ambos defender el periodismo de calidad aunque sea caro, como fórmula para salir de la crisis, me recordó lo lejos que están los discursos de los empresarios periodísticos de los profesionales. Intercambiar con lealtad esas diferencias puede ser una vía a explorar para que los periódicos -la información de calidad- sigan existiendo.
Ramón Lobo comentó como ejemplo que la reforma sanitaria de Obama sólo se ha conocido en todo el mundo a través de las palabras de Obama y de los republicanos, desdeñando las historias de la gente sin seguro médico o que se queda sin él. Eso es lo que se puede transmitir en las redacciones, esa incomodidad de plantearlo todo sólo en términos de las declaraciones políticas, sin llegar a la realidad.
El debate, llegadas las preguntas, apuntó varios asuntos a tener en cuenta, por ejemplo el lenguaje con la aplicación de categorías como “terrorista”, “asesinato”, o el uso de adjetivos. La confusión entre periodistas y otros comunicadores, como los animadores de redes sociales. La destrucción de la cadena entre veteranos y recién llegados, que empobrece las redacciones e impide un relevo generacional muy provechoso.
En resumen, las empresas periodísticas están en crisis, pero el café y el periodismo gozan de muy buena salud, sobre todo cuando nos dejan hacer lo que sabemos: contar historias.

Aclaración
No pude asistir en directo y este resumen se ha realizado gracias a la retransmisión de Ágora News.

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lunes, 26 de abril de 2010

Guapo y sus isótopos, de Rafael Sánchez Ferlosio

Si alguna vez tengo qué explicar qué es lo que me atrae del lenguaje, este libro será mi primera opción. Al menos hasta que Ferlosio publique otro. Como tengo debilidad por este autor, el más merecedor del premio Cervantes que se haya otorgado nunca, no perderé el tiempo en elogios y entusiasmo.
Guapo y sus isótopos parte de una premisa mínima, pero que está en la raíz del asombro que se siente ante algunas de las maravillas del lenguaje. La etimología, la semántica y la lingüística explican, dan cuenta de cuál es el origen de esta regla, de aquella excepción y de este particular. Pero tanto Ferlosio como Noam Chomsky -ya tardaba en salir- llevan toda su vida intentando dar un paso más allá.
Simplificando mucho, Chomsky busca el sustrato, los cimientos comunes que deben existir para que todos los lenguajes humanos estén sujetos a reglas. Ferlosio, la sutil y a veces improbable conexión entre las palabras y sus significados y las relaciones de éstos con aquéllas. Estoy convencido de que, fuera de las ciencias experimentales, es en el lenguaje donde se encuentra la última frontera del conocimiento humano.
La filosofía seguirá dando explicaciones a medida que nuestros pensamientos se ajusten a nuevas formas de vida. La sociología responderá a los desafíos de esas formas de vida. Y así con todas las ciencias que se mueven en torno al pensamiento humano. Pero el lenguaje es la última frontera, aún necesitada de un Newton o un Darwin capaz de establecer una teoría razonable de porqué hablamos y pensamos como lo hacemos.
Guapo y sus isótopos, que es un texto original de 1972 un poco retocado en 2009, explica las relaciones semánticas y de posición de los adjetivos que usamos para alabar la belleza. Aunque Ferlosio no renuncia a su estilo y los períodos pueden desesperar a cualquiera, está lejos de la complejidad de Las semanas del jardín. Las pocas digresiones son, por lo demás, pequeños ensayos independientes en sí mismos. Por ejemplo,
”Así como el mundo de la rufianería y la putería mira con envidia al mundo de la dignidad, el mundo de la dignidad mira al soslayo y como con envidia imaginaria al otro mundo no en lo que es sino en lo que representa.”
Sólo por su análisis de los colores y su situación en el espectro lingüístico, ya vale la pena su lectura. Por el ejercicio de pensamiento y por la facilidad con que su prosa es capaz de describirlos y hacerlos llegar a los lectores. Pero no sólo eso, también por la riqueza del habla que muestra a cada paso.
”La isotopía sería el presunto vínculo que se crea entre dos o más palabras por el hecho de ser tenidas por respuestas a una misma cuestión, como lo son el rojo y el verde del semáforo, que no pueden estar encendidos a la vez, ya para los peatones, ya para los coches.”
Hace unas semanas que publicó en este diario una pequeña colección de pecios, para demostrar porqué es el mejor escritor vivo en castellano, hoy día.

viernes, 23 de abril de 2010

Una ruta infantil para el Día del Libro

Empezaremos en la librería El Dragón Lector (Sagunto, 20) a las 17:00 con una lectura en familia del Quijote. Esta librería tiene un amplio catálogo de libros bien organizados por edades y características para los más pequeños, pero también un buen surtido de manuales y libros pedagógicos para los padres.

Tomaremos después la calle de Santa Engracia hasta llegar a la plaza de Alonso Martínez. Bajando por el paseo central, tomaremos la primera calle a la izquierda para llegar a La Biblioketa (Justiniano, 4). Desde las 18:00 hay un pequeño concierto de música clásica a cargo del Cuarteto Euroasiático. Esta librería está especializada en literatura infantil hasta los 12 años, audiolibros y álbumes.

Si todavía hay fuerzas, tomaremos la calle de San Mateo para llegar a la de Fuencarral y acabar la tarde en la librería ¡Glück! (Velarde, 12). Desde las 19:30 estará allí el dibujante Darío Adanti explicando en un taller infantil cómo dibujar monstruos. Mientras, los padres se pueden tomar una copa de vino.

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Día del Libro: Paseo por las librerías de arte en Madrid

Empezaremos con una librería barcelonesa trasplantada a Madrid. La Central MNCARS (Ronda de Atocha, 2) está en el Centro de Arte Reina Sofía y tiene cuatro plantas bien surtidas de todos los géneros, aunque los libros de arte de la primera son una tentación.

Muy cerca, saliendo de la glorieta de Atocha está la cuesta de Moyano, un clásico de los libreros de viejo de Madrid, que para esta noche ha añadido algunas casetas más. Si lo que se busca es un título descatalogado, este es el lugar.

Subiendo por la calle de Santa Isabel encontramos La Fugitiva (Santa Isabel, 7), que tiene programada la performance El grito, a cargo de Arturo Moya y un concierto de Nacho Mastretta. Un poco más arriba se encuentra la Librería de la Filmoteca Española (Santa Isabel, 3), imprescindible para los amantes del cine.

Bajando por la calle Atocha tomaremos el paseo del Prado para llegar al Jardín Botánico (Plaza de Murillo, 2), donde se desarrollan unos Talleres de Escritura Creativa. La tienda tiene algunas pequeñas joyas para los amantes de la ilustración botánica.

Más allá está el Museo del Prado, que el Día del Libro permite visitar la Biblioteca del Casón (Alfonso XII, 28), que guarda importantes documentos artísticos. Después, volveremos al paseo del Prado para tomar la calle del Príncipe y llegar a la librería Sin Tarima (Príncipe, 9).

Subiendo por la calle Alcalá se encuentra el Centro Cultural Blanquerna, (Alcalá, 44) que acoger una interesante exposición fotográfica titulada Paisajes de la Nova Cançó. El paseo se cierra con una visita a la Casa de Correos (Puerta del Sol, 7). Allí ofrece una conferencia desde las 22:00 la escritora Donna Leon.

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Descubrir el cómic el Día del Libro en Madrid

Empezaremos la ruta pronto en la librería Elektra Cómic (San Bernardo, 20), que tiene un excelente catálogo de superhéroes, manga y publicaciones europeas. Ojo a la mesa del centro, suele haber buenas ofertas. Bajando por San Bernardo, llegaremos a la calle del Pez para después tomar la Corredera Baja de San Pablo y la calle Colón.

Un poco más allá está  la librería Panta Rhei (Hernán Cortes, 7). Allí, a las 19:30, Federico Montalbán López presenta Cuentos Pop. Está especializada en artes visuales y es también galería y editorial. Después de la presentación, tomaremos la calle Fuencarral en dirección a la Glorieta de Bilbao.

A la izquierda, en la calle Divino Pastor, 17, está The Cómic Co. Allí nos espera el escritor y dibujante Mauro Entrialgo. Creador de tiras para periódicos, es uno de los grandes humoristas de los últimos años. La librería ofrece buena atención, conocimiento de las últimas novedades, muchas sorpresas para regalos de última hora y una imprescindible estantería de fanzines.

De allí nos iremos por la calle de San Andrés a la de la Palma, donde cerraremos el paseo en la librería Graphic Book (La Palma, 50). Tienen un buen fondo de libros de diseño, fotografía y técnicas del cómic. A partir de las 22:30, hay una actuación en directo de Caco Duque Funk.

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Día del Libro: Paseo por las grandes librerías de Madrid

Comenzaremos en la librería Fuentetaja (San Bernardo, 35), que ha estrenado reforma y en la que se puede tomar un café rodeado de libros. Bien organizada, tiene un buen fondo de literatura, poesía y ensayo. Después, a lo largo de la Gran Vía se encuentran las grandes cadenas.

Aunque apuestan más por la cantidad que la cantidad, no hay que dejar de echar un vistazo en Vips (Gran Vía, 43), FNAC (Preciados, 28) y La Casa del Libro (Gran Vía, 29). Vips mantiene una oferta permanente de libros de arte y diseño de gran formato a buenos precios. En FNAC se pueden encontrar, además de libros, discos, películas y aparatos electrónicos. La Casa del Libro tiene un excelente fondo de títulos de lingüistíca, idiomas y una buena sección de viajes, filosofía y religión, por ejemplo.

Llegando al final de la Gran Vía, donde se une a la calle de Alcalá, está la librería Antonio Machado (Marqués de Casa Riera, 2), en los bajos del Círculo de Bellas Artes. Tiene una buena sección de poesía y de literatura y un aire un poco desordenado que la hace especial. Pero el programa preparado para el Día del Libro, tiene otras actividades interesantes, que se pueden combinar para terminar el paseo.

Esta segunda parte, más dedicada a la poesía, empieza a las 19:30 en el Caixa Fórum, (Pº del Prado, 36) donde se celebran 100 años con Miguel Hernández en homenaje al poeta de Orihuela. Un poco más tarde, a las 21:00 en el Instituto Cervantes (Alcalá, 49), se celebra un Homenaje a Jaime Gil de Biedma. Y a las 22:30, el Círculo de Bellas Artes (Alcalá, 42), acoge la Noche de Poetry Slam Europeo. Para terminar la noche, el Ateneo (Prado, 21) acoge desde la medianoche el Ars sonora: edición especial.

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sábado, 17 de abril de 2010

Teoría poética y estética, de Paul Valéry

Andaba buscando un entremés en la biblioteca cuando topé con un plato fuerte, como si no tuviera bastante con los que tengo pendientes. Supongo que me rondaban por la cabeza las conferencias que ha dedicado la Fundación Juan March en estos días a la figura y la obra de este poeta francés. Conferencias que pueden escucharse aquí, por si hay alguien interesado. Como no soy poeta, las reflexiones acerca de ella ejercen un indudable atractivo sobre mí, a ver si se me pega algo, algo dudoso con lo que me gusta la realidad. Y contarla.
El libro reúne varias conferencias dictadas por Paul Valéry en relación a la poesía, a su propia experiencia como poeta, en una búsqueda no de explicación, que él reconoce imposible, pero sí de aproximación. Escritas a comienzos de la década de 1930, algunos de sus planteamientos teóricos resultan hoy un tanto ingenuos, pero la pasión o las emociones a la hora de enfrentarse al lenguaje son eternos, desde Homero hasta ayer.
Pero en general, he disfrutado con sus reflexiones, sobre todo las más amplias, que son como un muestrario del pensamiento humano cuando se llega a cierta edad. Me explico. No deja de asombrarme la línea que une muchos libros de memorias o de ensayo en los que sus autores, en un momento dado, escriben casi lo mismo, separados sólo por unos cuantos siglos. Me pasa con Johnson, con Chateaubriand, con Pepys y ahora con Valéry. Es algo así como una constante quejarse de las prisas de la sociedad, del poco valor que los jóvenes dan a las tradiciones, el lenguaje apresurado, la incomprensión en definitiva de la sociedad en la que están. Valéry no podía ser menos y en la conferencia Necesidad de la poesía (1937) se lamenta de los males de la sociedad actual con palabras que serían de aplicación ahora mismo.
Nuestra época se siente a la vez más precisa y más superficial que ninguna otra: más precisa a su pesar, más superficial por sí sola.
En fin, será que llegados a cierta edad los prohombres dejan de moverse al compás del mundo y se detienen. Eso no reduce la profundidad de muchas de sus reflexiones, que componen una verdadera teoría poética, que funciona en ocasiones como contrafigura de la prosa:
El poema se despliega en un campo más rico de nuestras funciones de movimiento, exige de nosotros una participación que está más próxima a la acción completa, en tanto que el cuento y la novela nos transforman más bien en sujetos del sueño y de nuestra facultad para ser alucinados.
Lo que no significa que Valéry no establezca en positivo lo que sí es la poesía, sin necesidad de comparaciones.
[…] el poema no muere por haber vivido: está hecho expresamente para renacer de sus cenizas y ser de nuevo indefinidamente lo que acaba de ser.
El libro es un poco repetitivo al tratarse de una recopilación de textos en los que Valéry explicaba a distintos públicos las mismas cuestiones. Pero es interesante comprobar la sutil reafirmación en sus ideas, por distintos caminos, a través del tiempo.

lunes, 12 de abril de 2010

El libro electrónico en España, algunas verdades

Antes de que vaya a más la pobreza y la confusión de argumentos -muchas veces interesada- en torno al libro electrónico, tengamos algunas cosas claras. El libro electrónico es una oportunidad tan importante para la cultura y los negocios que, quizá, no debería dejarse en manos de los editores. Al menos hasta que se despierten.
El libro electrónico lleva implantado en España más de diez años y con un éxito y facturación notables en algunos campos, empezando por el derecho. Las editoriales jurídicas, centenarias y de más reciente creación, descubrieron pronto el potencial para sus usuarios de un soporte ágil, versátil y más barato.
Primero el cederrón -palabra académica, sí, pero que hasta los correctores de texto abominan- y luego los lectores, pasando por DVDs e intenet, se han distribuido, vendido y utilizado por miles de usuarios, bufetes y empresas. Porque el libro electrónico no es el soporte, no es el kindle o el iPad, como se suele emplear en el debate, sino el contenido, en forma de bases de datos o texto, en un formato digital.
De los libros especializados, caros y voluminosos, hemos pasado sin gritos ni posiciones maximalistas, a un uso racional de la tecnología, que genera negocio y del que se benefician muchas personas. Por no hablar de las enciclopedias. Y con esta experiencia, el siguiente paso debería haber sido el de incorporar la literatura o los contenidos de ocio con ofertas atractivas y planes de suscripción, por ejemplo.
La copia de libros es tan universal como antigua. Durante todo el siglo XIX, editores e impresores de Estados Unidos copiaron sin ningún pudor las obras más atractivas del otro lado del Atlántico, de Dickens a Wilde. Muchos autores acabaron viajando a Nueva York para reclamar lo que era suyo en materia de derechos. Y tampoco los estadounidenses se libraron de la copia en Europa, como en el caso de Mark Twain. Así que seamos serios.
Hoy son los países emergentes suramericanos los que copian sin piedad los éxitos en español de un lado y otro. De hecho, como reconocía el escritor Daniel Alarcón no hace mucho, estar o no estar en el circuito paralelo de distribución es la medida del éxito en esos países, aunque haya un perjuicio económico que nadie discute.
Pero las editoriales, en lugar de aprovechar la experiencia de otros negocios y dividir claramente sus actividades de venta -el libro objeto, por un lado, y el contenido, por otro-, continúan manteniendo un control que cada vez resulta más difícil. La traducción del último libro de Harry Potter, por ejemplo, no aprovechó el lanzamiento mundial de la obra y se retrasó durante meses. En ese tiempo, grupos de entusiastas anónimos, tradujeron y liberaron en la Red el texto, para regocijo de aficionados y espanto de editores.
Las cifras de venta de los ejemplares impresos, demuestran no obstante que hay libros objeto que se venden en gran cantidad, aunque se hayan “leído previamente en otro soporte”. Arturo Pérez Reverte liberó en su web su última novela durante algunas semanas sin que las ventas se hayan resentido, por ejemplo. En la primera feria del libro digital celebrada en Madrid, el 18 de noviembre de 2009, el escritor Lorenzo Silva fue muy claro al respecto durante su discurso inaugural. Silva alabó el papel de los lectores, razón de ser para muchos autores; pidió a estos mayor generosidad; y reclamó más imaginación a los editores.
Los lectores son voraces, pero no tontos; los autores quieren ser leídos y vivir de su obra. Es el momento de los editores. Y de las autoridades, porque no reducir el IVA de los lectores electrónicos tampoco es de gran ayuda.

jueves, 8 de abril de 2010

El Viajero Impertinente, de Percy Hopewell y Tomás García Yebra

Nada se gana como lector cuando se conocen las circunstancias en que se escribió un libro o se ha tenido trato con el autor. Ni las novelas de Pérez-Reverte mejoran por la mucha confianza que le tengo, ni las conversaciones de Hergé me van a resultar más conmovedoras que las peripecias de Tintín. Pero es verdad que en ocasiones, la cercanía con autor y obra puede embotar el juicio o comprometer la necesaria objetividad. Y ésta es una de esas ocasiones.
No puedo ser muy objetivo con este libro prologado por mi amigo Tomás García Yebra porque lo he visto concebir y hasta diría que pensar. He escuchado sus llamadas, compartido gestiones y despedido a su autor y a su alter ego al marcharse a los parajes que se describen en sus viajes. También lo he visto escribir, con la cara muy cerca de la pantalla del ordenador, concentrado pero atento a cualquier chascarrillo que se nos ocurriera a sus compañeros de redacción.
He visto a Tomás discutir ante la sombra del cierre con maquetadores y gentes de imprenta a propósito de un texto con más líneas de lo esperado, y a Percy reclamando unos minutos más para cotejar un dato o afinar una frase. Así que, sin ser una obra colectiva, sí tiene una génesis y un pasado detrás: cuando no existía el corta y pega.
Qué tiempos, en los que los directores eran valientes y te echaban a la calle a buscar historias que contar. Por eso, aunque sea incómodo o molesto, el diagnóstico del diseñador y analista de la World Association of Newspapers, Juan Antonio Giner, es tan certero. Pero hemos venido a hablar del libro de Percy.
Tomás, de quien he leído ya dos novelas y un trabajo de investigación sobre Cela que nunca dejaré de recomendar, escribe en castellano. No es español, es castellano. La suya es la lengua de los autores que todos citamos pero ninguno leemos, al menos con aprovechamiento. Es preciso, socarrón, a veces contundente, y la mirada de Percy Hopewell, es de una inocencia tierna y perpleja, nada suficiente.
Sus andanzas por la España de los últimos años del siglo pasado nos demuestran lo poco que hemos cambiado, más allá de unas cuantas infraestructuras más. El Viajero Impertinente es un relato amable pero no complaciente, que nos muestra desnudos bajo el traje de modernidad que vestimos para ser europeos. Un traje que nos queda bien a ratos, que tira de la sisa en otros y a la luz del sol tiene tonos inimaginables.
En fín, El viajero impertinente es un regalo, porque la edición es una pequeña maravilla, obra de la editorial Reino de Cordelia, que tiene al frente a Jesús Egido, un editor de esos a lo que gusta hacer maldades con los libros, según propia confesión. Las ilustraciones son de Anthony Garner, casi más inglés que el propio Percy, un artista que ha sabido captar a la perfección el espíritu de este singular y divertido libro de viajes.