lunes, 31 de mayo de 2010

Mi amigo Stieg Larsson, de Kurdo Baksi

Mientras los derechohabientes de Stieg Larsson se ponen de acuerdo sobre el destino de la última -incompleta o no- novela del autor, lleva unas semanas en las librerías esta biografía de quien fuera su amigo y colega de fatigas político-periodísticas. Es sólo para fans, claro, del autor sueco, pero es un ejemplo perfecto de lo que puede ser un libro electrónico en el futuro.
Porque Baksi se despide sencillamente de su amigo con un canto a la amistad y a la política, sin ajustar cuentas ni con la viuda ni con la familia, aunque de su lectura se sacan algunas conclusiones sobre sus relaciones con una y con otros. Es un libro para descargarte por dos o tres euros como mucho, leerlo en diagonal y aprovechar -insisto si eres fan de Larsson- los pocos chismes que Kurdo Baksi comparte.
Stieg Larsson no era un santo laico, y puede ser temible que se le tenga por tal, pero es verdad que en su humanidad contradictoria tenía rasgos de esos que uno envidia: su capacidad de trabajo, su compromiso y su actitud abierta ante las problemas de los demás.
Baksi deja claro que no era un buen gestor, pero si alguien con quien se podía contar a la hora de denunciar cualquier injusticia. Y también que los último años de su vida tuvieron algo de espiral destructiva, centrado en exclusiva en su trabajo.
¿Vale los 17 euros y pico que piden por él en su versión encuadernada? No.

domingo, 30 de mayo de 2010

Más despistados que Eduard Punset con un programa en Telecinco

La tertulia que organizan Millán Berzosa, Bárbara Yuste y otros periodistas, fue de nuevo un éxito de participación y ponentes, aunque el formato de seis personas en la mesa perjudicó un poco la habitual agilidad del debate. Público e invitados fueron sinceros y la tertulia estuvo caldeada -que no cálida-, y a ratos hasta profunda.
Participaron Francisco Sierra, director de contenidos multimedia del Grupo Antena 3; Ana Bueno, directora de contenidos multiplataforma de Telecinco; Mari Cruz Llamazares, consejera en RTVE; José Luis Muñiz, asesor del consejo de administración de RTVE; Alfredo Peña, director multimedia de La Sexta; y Alberto Goytre, director de VNews.
Tras los discursos iniciales cierto velo de perplejidad se instaló en la tertulia a medida que chocaban los discursos de ponentes y público. Porque los invitados habían venido a hablar de televisión y el periodismo les sonaba raro -más a unos que a otro-, y los asistentes reclamaban, puesto que son un medio de comunicación, que hablaran de apuestas informativas.
El negocio y la ingenuidad no hacen buenas migas, pero ofrecen buenos momentos para el debate. Así que en la misma semana en la que cerraron dos proyectos en Internet -Nikodemo y Balzac-, un canal público -EsMadrid- y le dieron el Príncipe de Asturias a Zygmunt Bauman, el debate estuvo tan líquido como perplejo.
Sin embargo, las conclusiones fueron sólidas. Primero, que a Telecinco le incomoda mucho Internet, un canal de promoción con una sola dirección, de la cadena al espectador. Ana Bueno, que se llevó todos los palos por la actitud de la cadena amiga en materia de derechos de autor, reconoció que es un canal de promoción y poco más. Escuchan al espectador, sí; se inspiran en el espectador, también; pero su participación es estrictamente regulada y monetizada.
La Sexta, por su parte, es una cadena nacida ya en la era de las Redes Sociales y entienden mejor su función y sus posibilidades. Fue la noche de Eurovisión y nadie se acordó de Rodolfo Chiquilicuatre, representante español en 2008 en el festival, y un producto nacido en, para, sobre y según Internet desde La Sexta. Alfredo Peña habló de “fidelización antes que audiencia”, así que están más cerca de Internet que sus competidores.
RTVE, la “Casa” por excelencia que será “la Corporación” en 2011, estuvo tan institucional que hacían el silencio a su alrededor. No diría yo mesiánicos, pero sí convencidos: saben que pueden ser la BBC y han empezado a creerlo. Ni Muñiz ni Llamazares dijeron nada fuera del guión, pero dejaron indicios de que no saben aún cuál va a ser la estrategia de la Casa respecto a su fabuloso archivo.
Alberto Goytre de VNews primero, y Jaime Estévez de Agoranews -al que arrancaron de su plácida retransmisión del acto-, se acordaron de Nikodemo y Balzac. Goytre planteó uno de los grandes problemas de Internet: la falta de herramientas de medición consensuadas por anunciantes y medios. También reclamó que, con Internet, las cifras son para “entender patrones y no audiencias”.
Para Antena 3 lo más importante es ser los primeros. En mensajes y aplicaciones para móvil, en Facebook, en transmisiones en directo desde la web, en… Regulaciones de empleo, convenio colectivo y hasta una huelga, añado yo. Francisco Sierra, que lleva tanto tiempo en la cadena que ha sobrevivido a la caspa del late night de Juanjo Menéndez, la italianización que intentó el grupo Zeta y aguantará la feroz publicidad a la vez de sus tres canales de TDT, acaparó buena parte del debate y fue recriminado -de buen rollo- por ello.
Se habló poco de Google TV: a Telecinco no le gusta nada, Antena 3 será la primera y La Sexta y RTVE están pensando, aunque por distintas razones. La TDT tiene problemas de definición legal y por los descodificadores que no son interactivos. En cuanto a la apuesta informativa, Telecinco no tiene -será cosa de Cuatro-; Antena 3 reconoce que van por detrás de los diarios, y eso que fueron los primeros en infotainment; y en RTVE es un mandato legal, aunque de las prejubilaciones no se dijo nada.
Con una pregunta sobre el empleo y la precarización de los contratos, que obtuvo respuestas confusas de los ponentes, se cerró el debate. Nada se habló de los costes de producción en Internet, mucho más bajos, ni de alta definición.
Al salir, les pregunté a mis hijas qué les había parecido. Me miraron desde el país multicolor de sus doce años y contestaron: “Tenían todos unos móviles táctiles muy chulos”, dijo una. “Y había un iPhone rosa”, remachó la otra. Para mí que los espectadores del futuro lo tienen muy claro.
Y felicidades -con la boca pequeña ;-)- a Alfonso Piñeiro, corresponsal en la calle Velázquez por ser el mejor cronista del C & P, de momento.

lunes, 24 de mayo de 2010

Razones para defender la neutralidad de la Red

Como dice María Dolores Masana, qué poco le gusta al poder la prensa. Y la comunicación libre en general, añado yo. Hace unos días compré un librito delicioso sobre el legendario diario Madrid en la feria del libro antiguo, Madrid, Página 3, de Antonio Fontán, Francisco de P. Burguera y Amando de MIguel. En él se puede leer lo siguiente:
[...] el funcionario más modesto que me dice que tienen los datos (públicos y publicados), pero que no me los puede decir por teléfono.
Fue escrito en 1970, en plena dictadura y parece que se escribió ayer. Hoy se sustituye teléfono por internet, y poco más. A diferencia de Suecia, en que los registros son tan públicos que se pueden usar incluso para la delincuencia, aquí obtener cualquier información oficial es una odisea. La espera de unos parlamentarios socialistas en la sede del gobierno regional de Madrid -ocho horas en los que fueron calabozos durante el franquismo-, para acceder a unos contratos públicos, es un buen ejemplo.
Cada vez que la tecnología permite un acceso más universal, que los ciudadanos encuentran un cauce para expresarse, ahí está el poder para poner o intentar poner cortapisas. Ya es un tópico que la imprenta no tardó en caer en las garras de la legislación, pero sólo en el último siglo, las tres grandes revoluciones tecnológicas en los medios de comunicación han caído igual
Primero fue la radio. En el momento en que se abarataron los costes en la década de 1980, surgieron las radios libres en la frecuencia modulada. Los grandes grupos de comunicación consiguieron que el Estado limitase frecuencias, adjudicase licencias y, al final, cerrase la mayoría de ellas. Luego pasó lo mismo con la televisión: con la excusa del “servicio público”, estricto reparto de frecuencias y barreras para cualquier iniciativa ciudadana. Y ahora quieren hacer lo mismo con la Red, tanto en la UE y Estados Unidos con ACTA, como cada Gobierno por su cuenta, como hace Italia, por no hablar de Ángeles González Sinde.

jueves, 20 de mayo de 2010

Fernando Rubio, cuando el trazo sale del corazón

Estuve el otro día en la inauguración de una pequeña exposición de trabajos de Fernando Rubio, recientemente desaparecido. Son apenas tres paneles en el vestíbulo de la Facultad de Humanidades del CEU, que recomiendo. Fui al CEU aunque no llegué a conocerlo, porque coincidimos, con pocas paredes de por medio, en varias ocasiones. A veces la vida es como un laberinto para ratones en un laboratorio, en la que coincides en el tiempo y el espacio con personas a las que admiras, o a las que quieres conocer y no puedes, mientras transitamos en paralelo separados por una delgada pared.
Ese contacto fue primero como lector, cuando a comienzos de 1980 España vivía una edad de oro del cómic para adultos y yo empezaba a conservar los Tótem y Creepy, revistas en las que Rubio empezaba a dejar sus exquisitos dibujos e ilustraciones de portada.
Después, y durante al menos dos años, Fernando Rubio y yo convivimos en un inquietante edificio de la calle Albasanz a cuyas plantas se podía acceder directamente en coche. Él, en Diario16, y yo en Basket 16, una planta más arriba. Recuerdo a José María Gallego, emocionado amigo el otro día en el CEU antes que gran caricaturista, cuando subía los viernes con sus viñetas sobre la NBA. No recuerdo que contásemos nunca con el trazo perfecto, inmaculado y personal de Fernando Rubio. Entonces venían de la NBA unas imágenes extraordinarias, obtenidas con flashes estroboscópicos que congelaban cualquier jugada con un foco y una definición única.
Después, mientras yo merodeaba por Antena 3 Televisión y aprendía del ser humano y sus instituciones, Fernando Rubio se convirtió en una pieza clave de la redacción de ABC como infógrafo e ilustrador. Cuando volví al periodismo escrito, sus trabajos ya eran una referencia y una fuente inagotable de inspiración y ejemplo. Muchas veces perseguí al infógrafo de cabecera de El Semanal, Carlos Olivé, con alguna doble página de Fernando como documentación para otra infografía.
Esta exposición me ha revelado un último y misterioso contacto. Entre las muchas ilustraciones y portadas que Fernando Rubio realizó, me quedé mirando la que dibujó para un libro de una colección de novelas policiacas que editó Fórum hace 30 años. Una colección, llamada del Círculo del Crimen, que busco completar desde hace años como recuerdo de algunas noches pasadas en la soledad de una garita de Santa Cruz de Tenerife. Ahora tengo una razón más para completarla y disfrutar del dibujo de un genio de la línea clara.

jueves, 6 de mayo de 2010

La Biblioteca Nacional está de rebajas de primavera

Leo en el blog de José Pascua, una persona que respeto, la intención del Gobierno de rebajar la categoría de la Biblioteca Nacional. Así, de una dirección general, pasará a ser una subdirección, lo que disminuye considerablemente su autonomía y capacidad de gasto. Supongo que la decisión está dentro del plan de austeridad, pero no creo que el ahorro justifique semejante despropósito.
Sé que con la que está cayendo, preocuparse por una cuestión administrativa es un poco banal. Pero también que no estamos precisamente en situación de desperdiciar ni una sola fuente de innovación y conocimiento. En los últimos años, la Biblioteca Nacional había entrado en un periodo de estabilidad, muy necesario tras unos años en los que ha sido más predio privado que institución nacional.
Hace un par de años, durante la celebración del primer FICOD, pude escuchar a Milagros del Corral durante un debate dedicado a la digitalización y las instituciones públicas. Reconozco que no me gustó mucho alguna idea que allí expresó acerca del acceso de los ciudadanos a la Biblioteca. En general, los bibliotecarios -en realidad, cualquiera que ame los libros- tienen tendencia a considerar que la biblioteca a su cargo les pertenece.
Milagros del Corral señaló entonces que el resultado de la digitalización de documentos y libros no estaría en su totalidad a disposición del público y que sólo las piezas consideradas populares sí serían de libre acceso. Me temo que nadie puede decidir por mí qué puedo leer y qué no. Si quiero leer a Jovellanos en un tomo de su época, aunque me cueste, nadie puede impedirlo. Sobre todo cuando, técnicamente, ya es posible hacerlo sin arriesgar su integridad.
Eso sin entrar en cuestiones económicas: la conservación de un patrimonio que es de todos, sale de mis impuestos. Es verdad que durante su mandato se han multiplicado las iniciativas, exposiciones y actividades -hasta mis hijas han disfrutado varias de ellas-, pero a la par que la custodia, el libre acceso de sus tesoros también debe ser prioritario.
Esta discrepancia no oculta mi sorpresa por una decisión más que lamentar del mandato de Ángeles González-Sinde, ministra de Cultura. A sus decisiones en materia de libertad de expresión, a su dependencia de los grandes grupos de comunicación y las gestoras de derechos de autor, a la falta de una política cultural, cinematográfica, teatral... Habrá que sumar este dislate.
Quizá sea un ingenuo, pero si España quiere cambiar de modelo productivo, la Biblioteca Nacional no tiene que ser una dirección general, sino una Secretaría de Estado. A ver si de una vez apostamos por la Ilustración.
Coda: De la supresión de la Dirección General para la Sociedad de la Información, que responda Miguel Sebastián. ¿Qué modelo productivo habrá entonces?

lunes, 3 de mayo de 2010

La libertad de expresión, amenazas y saqueos

“El día de [ponga aquí su causa]” parece gastado, pero siempre existen motivos para aprovechar una jornada para introducir en los medios debates que suelen quedarse fuera. Hoy es el día de la libertad de expresión, que parece poco amenazada y más una cuestión de periodistas y políticos que del resto de los ciudadanos.
Pero al margen de las cifras de periodistas encarcelados, amenazados o asesinados, de los ciberdisidentes en la misma situación en China o Cuba, las amenazas contra la libertad de expresión afectan a todos los ciudadanos por igual, aunque sólo se juegan la vida unos cuantos. Cada vez que una persona intenta sacar una fotografía en un espacio público y se lo impiden por “razones de seguridad”, están conculcando este derecho.
Cada vez que una empresa, enfadada ante una crítica negativa, envía un requerimiento legal a quien hace la crítica o la admite en su web, están conculcando ese derecho. Cada vez que se restringe el acceso a internet de los más desfavorecidos, se conculca ese derecho. Y es algo que viene de lejos.
En el caso de España, en la que las amenazas reales se circunscriben al País Vasco, donde decenas de periodistas trabajan con escolta, los subterfugios para impedir ejercer este derecho son más sutiles. Las amenazas y presiones se ejercen de varias maneras y en varios frentes y afectan por igual a la “fiel infantería”, que dice Pérez-Reverte, y a los “popes”, que decimos los demás.
Los extractos publicados ayer de un libro de José Antonio Zarzalejos sobre su despido de ABC, por ejemplo; o el ajuste de personal en la redacción de Factual. Da igual que se trate de diarios centenarios o de recién llegados a Internet, las presiones políticas y económicas son las mismas.
Son pocas las voces que denuncian esta situación y que le ponen nombre y apellidos. Por eso es de agradecer la actitud de organizaciones como Reporteros sin Fronteras. Esta mañana, durante la presentación de su lista con la situación de la libertad de prensa en 175 países del mundo, así lo han demostrado. Las muertes, secuestros y amenazas a muchos periodistas en demasiados países son lo más visible y doloroso de un fenómeno que va a más.
Tanto María Dolores Masana, como Rosa María Calaf han insistido en las dificultades para ejercer su trabajo que tienen miles de personas anónimas. Es como una escalera que conduce a la impunidad: presiones, censuras, multas exorbitantes, cárcel, secuestro y, finalmente, la muerte. “Año tras año, la censura se extiende en Internet”, ha dicho Masana, que nos advierte: “el futuro de la libertad de expresión se juega en Internet”.

domingo, 2 de mayo de 2010

Espantapájaros (al alcance de todos), de Oliverio Girondo

Más allá de tentaciones patrióticas, qué gran oportunidad ofrece a cualquier lector tener a su alcance una literatura amplia en su propio idioma. Probablemente sea la única ventaja, el único orgullo que podemos exhibir los países con un pasado colonial. Gran Bretaña, Francia y, por supuesto España, se benefician de contar con autores de culturas y tradiciones tan diversas que nos enriquecen de verdad.
Nacido en Buenos Aires, Oliverio Girondo sigue siendo bastante desconocido por aquí. Es una lástima, porque su inquietante sensibilidad y su extraña poesía se merecen un reconocimiento mayor. Espantapájaros es un libro atípico, de poemas que parecen cuentos y de narraciones que son poesía. Girondo tiene una voz sensual y también profunda, que sorprende al lector sin esfuerzo.
Detrás de él se adivina un escritor que roza la filosofía desde lo que parecen unos cuentos sencillos y surrealistas. Es una especie de Cortázar, pero religioso sin llegar a la fe acrítica. Girondo habla del amor y de la amistad, pero como excusa para introducirnos en un mundo de realidades paralelas en el que habitan muchas personalidades.
Pero es la certidumbre de la muerte el territorio donde mejor se mueve. Casi sin darle importancia, con un tono bromista, abre las manos y nos deja frente a nuestro destino.
Cuando la vida es demasiado humana -¡únicamente humana!- el mecanismo de pensar ¿no resulta una enfermedad más larga y más aburrida que cualquier otra?
Girondo juega a mezclar lo trascendente con la broma, con el pensamiento más divertido. Así que este libro, que se lee en un momento, más que sobresaltar, deja un cierto poso de perplejidad.