viernes, 3 de agosto de 2012

Mi amigo, Roberto de la Oliva

Mi amigo Roberto, Rober, tenía 54 años cuando se marchó a comienzos de esta semana después de varios años luchando contra un cáncer medular. Hacía más de un año que no teníamos contacto, porque él estaba ocupado viviendo y disfrutando de sus hijos y de su mujer, mientras yo postergaba cualquier contacto para no sentirme mal.
En su momento, Rober no lo dudó cuando yo necesité que alguien me escuchase un rato y me ofreció su serenidad y su sentido común. Eran sus rasgos más llamativos, o al menos los que me siempre me impresionaron. Me he quedado con las ganas de decirle que le quería por ser una buena persona, algo que escasea bastante.
Durante muchos meses Rober se convirtió en un espamer amistoso, que no dejaba de enviar correos electrónicos con powerpoints de todas clases, hasta que la falta de respuesta de sus corresponsales le hizo abandonar. Me hubiera gustado decirle que aunque protestaba por sus correos no me perdía ni uno y que nunca los mandé a la papelera.
Conservo de él -y de Susana, su esposa- grandes recuerdos de los tiempos ingenuos, de etapas mágicas en nuestras vidas en las que todo estaba por hacer y nos invadía una sensación de poder con todo. Siento no haberle dicho nunca cuánto me admiraba que fuera empresario y que sacara adelante Decotor. 
Voy a echar de menos las conversaciones con él sobre los juguetes de hojalata antiguos y algunas marcas de coches, las únicas aficiones que alguna vez le robaron un poco de tiempo de su verdadera pasión, la familia.

lunes, 4 de junio de 2012

CT o la Cultura de la Transición

No sé si dar la enhorabuena a los autores por caerse del guindo o por su valentía, pero bienvenido sea este manifiesto colectivo contra la placidez cultural, política y social en la que vive España desde la muerte del dictador y la consagración de lo esencial de su régimen en la llamada Transición.
Herederos de Teresa Vilarós y su obra El mono del desencanto, la primera hasta donde yo sé en que se cuestionaba la santa Transición con rigor, los autores de CT o la Cultura de la Transición abundan en una idea que algunos llevamos sintiendo desde 1977; a saber, que la supuesta democracia española era un camelo y que la mayoría de los grandes asuntos políticos no se pueden cuestionar.
Desde la Constitución hasta las leyes electorales, la forma de Gobierno o la financiación de las creencias ajenas, en estos 30 años, con ningún Gobierno ha habido oportunidad de "tocar nada": cuando había bonanza económica, porque "está bien así" y cuando vienen mal dadas porque "tenemos problemas más importantes".
Y bueno, depende. Estamos donde estamos en buena medida por el concepto patrimonial del Estado que tienen la mayoría de las elites en las administraciones con la complicidad de los ciudadanos. Sin olvidar que el primero que toma España como finca particular es el Jefe del Estado.
Así que, en la línea de Gregorio Morán y otros cuantos dinosaurios a los que la modernidad no los deslumbró, este libro desglosa por sectores la falta de una cultura crítica con el poder, los orígenes de esa complacencia y sus consecuencias, ejemplificadas en un inmovilismo cultural empobrecedor y hasta cutre, en el que los mismos se reparten las prebendas y subvenciones a cambio de un espeso manto de silencio sobre cualquier actividad que huela a heterodoxia. Precisamente en el año del centenario -este no celebrado- de Menéndez Pidal, el santo laico de la Falange, y polígrafo habitual de los manuales de Literatura.
El libro, con licencia CC y un precio de 5 marcos, quiero decir euros, es como todos los manifiestos, reductor y poco solemne. Se echa en falta un poco más de estructura y de fuentes. Es irregular según se trate de unos autores u otros y también injusto en algunos momentos. Pero eso forma parte de su encanto y de su carácter: es un grito y no un tratado, con más de patada en la puerta, que de llave.
Sería grosero reducirlo a unas pocas líneas, así que sirvan estas como adelanto de próximos posts dedicados a desmenuzar un poco más este libro, altamente recomendable.
En Diagonal Web, un buen reportaje sobre el libro.
Y en Google Books, pasajes seleccionados.

jueves, 3 de mayo de 2012

Sin periodistas no hay periodismo. Sin periodismo no hay democracia


1. Porque somos periodistas y nuestro deber es elaborar informaciones veraces, rigurosas, contrastadas y contextualizadas, no simplemente rellenar espacios vacíos en los medios de comunicación.
2. Porque no podemos aceptar ruedas de prensa sin preguntas y debemos acabar de una vez por todas con la estrategia de negar explicaciones a los ciudadanos #sinpreguntasnocobertura.
3. Porque no queremos ser meros distribuidores de información elaborada por los poderes políticos, económicos, culturales, deportivos y de cualquier otro sector.
4. Porque defendemos un periodismo libre de presiones y servidumbres políticas y económicas que nos devuelva la credibilidad ante la ciudadanía.
5. Porque los periodistas queremos asumir, con todas sus consecuencias, nuestro papel de garantes del derecho constitucional de los ciudadanos a una información veraz.
6. Porque demandamos una retribución digna por nuestro trabajo #gratisnotrabajo.
7. Porque no queremos que puestos estructurales de las redacciones sean ocupados por becarios y porque nos oponemos frontalmente a la desaparición de las redacciones de los periodistas experimentados, a los que se reemplaza con contratos de salarios indignos.
8. Porque queremos que se ponga remedio a la destrucción masiva de puestos de trabajo que están aplicando los editores en los medios de comunicación.
9. Porque queremos defendernos del intrusismo en nuestra profesión.
10. Porque rechazamos que los empresarios de los medios de comunicación antepongan los intereses económicos al derecho de los ciudadanos a estar verazmente informados, obviando los principios éticos y deontológicos de la profesión periodística.

Manifiesto leído por las asociaciones de la prensa española en varias concentraciones convocadas hoy, día de la libertad de prensa.

domingo, 15 de abril de 2012

El rey Juan Carlos y el cementerio de elefantes

"Estando el Caudillo cazando" es una frase que, además de ejemplificar el mal uso de los gerundios, representa para una generación los modos y maneras de la dictadura franquista. Fue escrita en su momento como encabezamiento de la nota que el régimen dio a conocer para anunciar un accidente de caza de Franco en 1961.
Es lo primero que se me vino a la cabeza al saber del accidente del rey Juan Carlos durante una cacería de elefantes en Botsuana. Y es que hay cosas que parece que no cambian nunca, que forman parte de una esencia rancia y anticuada tanto de la jefatura del Estado español, como de otras instituciones políticas.
A la gestión delegada de unos recursos que son generales, de todos, la política es también cuestión de gestos. Mientras el presidente de Estados Unidos publica su declaración de la renta, aquí el Jefe del Estado se va de cacería sin que sepamos por cuánto. Mientras la Casa Real británica justifica hasta el último penique (y se puede no estar de acuerdo en qué gastan el dinero), aquí la opacidad y el silencio son la norma.
Perdonadme la metáfora, pero igual que las cajas de ahorros y bancos, o la base de nuestro crecimiento económico, la monarquía ha terminado revelando que no estaba hecha de marfil, sino más bien de baquelita o de pasta. Un país y unas instituciones de mercadillo, y no de Tiffanys como nos han vendido.
Porque ya no es sólo una cuestión de democracia, de la necesidad de elegir a quien lleva el nombre de tu país por ahí. Si la monarquía es un símbolo, una representación, como se insiste desde 1975, creo que los ciudadanos no se sienten reflejados en un individuo que mata animales por diversión. Por unos contratos entre señores feudales, no me compensa dejar en manos de una institución al margen de la ley la imagen de mi país.
Como en las antiguas películas de Tarzán, es tiempo de que esta vieja institución se vaya a lo más recóndito de la selva, pero no a cazar, sino a descansar para siempre en un rincón de la historia.

Otros puntos de vista:
Arsenio Escolar, director de 20 minutos
José Antonio Zarzalejos, exdirector de ABC
Antoni Gutiérrez-Rubi, asesor de comunicación

viernes, 13 de abril de 2012

De vuelta a casa

Después de una fructífera experiencia, en lo personal y en lo profesional, en el desarrollo de un diario digital, vuelvo por aquí.
En los próximos días recuperaré algunos textos publicados allí y alguna otra idea que se quedó por el camino. Y de paso trasteo con el nuevo diseño de Blogger, que parece que Google está empeñado en unificar criterios de diseño en todos sus productos.