jueves, 20 de junio de 2013

Mercedes Baztán, amiga, compañera y colega

Aún no me puedo creer que ya no esté, que se haya marchado tan de repente. Marcedes Baztán Segura, mi amiga, mi compañera, mi colega de muchos años en la edad de oro de las revistas dominicales ha fallecido hace unas horas. Y hablar de ella en pasado me parece imposible.
Mercedes formaba parte de esa inmensa legión de profesionales de los medios que sólo los compañeros y colegas recuerdan. Aprendí a su lado, aprendí de ella y con ella buena parte de lo que este oficio me ha dado, personal y profesionalmente.
Jamás la escuché una mala palabra sobre nadie, lo que no significa que no fuese implacable y lúcida en sus críticas. Compartió conmigo su obsesión por el trabajo bien hecho y el respeto por los lectores. Me descubrió Navarra y soportó con amabilidad mis defectos. No recuerdo haber discutido nunca con ella, y mira que discrepábamos en muchas cosas, pero siempre respetamos nuestras creencias, sin banderías ni exclusiones.
Me enseñó a buscar lo que une y no lo que separa a las personas, a no dar nada por supuesto, a comprobar, a leer dos veces y a desaparecer, a dejar que los textos hablasen por sí mismos. Fue una pieza fundamental en el éxito de El Semanal, primero en Taller de Editores y después en Vocento, aunque estoy convencido de que no reconocieron ni van a reconocer su labor por pura ignorancia.
Nunca tuve la oportunidad de decirle cuánto la quería y la respetaba, lo importante que era para mí su amistad y, por qué no decirlo, su magisterio. Algo que hubiera rechazado con su mirada socarrona y sabia.
Nos vimos por última vez hace unos meses, en una improvisada comida para intercambiar lotería de Navidad, para hablar de hijos, de periodismo, de política, de este tiempo tan pobre espiritualmente que nos tocó vivir.
Y también hablamos de los madrugones en julio para ver en televisión a los toros corriendo por las calles de Pamplona, nuestra costumbre de años en la redacción.
Mercedes, amiga y compañera, descansa en paz.