lunes, 2 de marzo de 2009

Todos nosotros, Raymond Carver

No soy un verdadero lector de poesía, en la medida en que suelo leer los poemarios de un tirón -aunque sea un tirón muy dilatado en el tiempo- y pocas veces vuelvo una y otra vez al mismo autor. Quizá por eso me gusten los poemarios pequeños, que no me abruman en su intensidad. Pero hay autores o libros a los que he vuelto en varias ocasiones, a los que no he dado por cerrados. No es tanto una constante relectura como un dejar que me acompañen en diversos momentos.
Tal es el caso de este Todos nosotros de Raymond Carver, quizá más conocido y apreciado por sus relatos aunque, según su viuda, en realidad escribía prosa entre poema y poema. Sea como fuere, de esta excelente edición bilingüe, que llevo leyendo varios meses, he vuelto a leer y a disfrutar de algunos de sus poemas y sobre todo de él, del mundo que esconde detrás de cada imagen, casi de cada palabra. El mejor ejemplo de eso es No sabéis lo que es el amor (Una tarde con Charles Bukowski), en el que el tono y la conversación descrita valen más que cualquier reportaje, artículo o lo que se os ocurra sobre ambos autores.
Además de Miedo y El coche, dos poemas excepcionales en los que la anáfora llega a la categoría de obra maestra, como no tengo ninguna intención de hacer una gran reseña me voy a detener en dos poemas sobre los que he vuelto en varias ocasiones y por los que vale la pena buscar este libro.
El primero es Mi hija y la tarta de manzana, un alegato brutal por lo sincero, por lo certero, contra la violencia doméstica. Aunque no estoy de acuerdo con la traducción del verso final, retrata de tal modo nuestra actitud ante la violencia contra las mujeres que debería figurar en carteles y pasquines.
Me sirve un trozo recién
sacada del horno. Al realizar el corte
sale un ligero vapor. El azúcar y las especias -
canela - quemados en la corteza.
Pero lleva gafas oscuras
en la cocina a las diez
de la mañana -todo tan sutil-
mientras me observa tomar
un bocado, acercarlo a la boca
y soplar. La cocina de mi hija,
invierno. Pincho el trozo de tarta
y me digo a mí mismo que no debo meterme.
Ella dice que le ama. No
podía ser peor
"Me digo a mí mismo que no debo meterme", lo que todos pensamos cuando oímos discusiones o pensamos en los vecinos. Pues basta.
Los versos originales dicen "She was she loves him. No way / could it be worse" y en mi opinión es más expresivo "Ella estaba enamorada de él. Nada que hacer / podría ser peor".
El segundo de los poemas es, por supuesto, de amor. Zapatillas recoge lo que la convivencia de dos personas enamoradas comparte, la ternura suave de una pasión que no se termina, que sólo se transforma. Hay tanto cariño y respeto en este poema como dolor en el anterior.
[...]Miré tus pies, subidos al sofá,
en zapatillas. Todo lo que se me ocurría decir,
pero no lo hice, era que esas zapatillas aun conservaban el calor
una noche que las recogí
de donde las habías dejado. Te las dejé junto a la cama.[...]
Buscad por ahí las zapatillas y pensad en lo que guardan, en los pasos por la casa, en el camino de una habitación a otra. Y pensad también en quién las lleva.

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1 comentario:

  1. Fíjate que has puesto "was" cuando en realidad dice "says".
    "She says she loves him. No way / could it be worse"
    ;-)

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