A estas alturas, obvio es decir que en esto no hay dogmas y que tanto pueden ser tres como una o cien lecturas. La clave de la edición está en el marco general en el que se desenvuelve y en nuestra aportación como editores. Tomemos ahora un texto enviado a la osita por uno de sus alumnos para su análisis. Tiene cierta trampa porque sólo he escogido un párrafo -precisamente el que más discusión suscitó- de un cuento breve, y eso lo descontextualiza un poco. Pero a los fines que persigo con el ejemplo, nos bastará. El texto, tal y como fue escrito, dice: Camisetas, zapatillas, melenas, macutos, sacos de dormir, aquellos pañuelos árabes, libros, casettes. Nada escapaba al inflexible olor. Ellos se tenían por rebeldes, pero no se daban cuenta de que habían aceptado la inflexible soberanía del gasoil. Y la edición al que lo sometí, lo dejó así: Camisetas, zapatillas, melenas, macutos, sacos de dormir, aquellos pañuelos árabes, libros, casettes. Nada escapaba al inflexible olor. Se tenían...