sábado, 6 de febrero de 2010

Cómo editar un texto (V)

Entremos ahora en materia, metiendo las manos un poco más hasta los codos. Los textos tienen sentido enteros: hay que recordar siempre que editar necesita de una visión de conjunto. No se trata de que no se pueda descansar, sino de anotar o recordar -en el caso de textos largos- las claves que ya hemos establecido en los primeros párrafos: el libro de estilo.
La edición profesional -periodística o literaria- resulta siempre más sencilla por la existencia de este instrumento, formado por convenciones acerca de las abreviaturas, los nombres, en fin, cualquier palabra susceptible de prestarse a confusión. No es importante cuál sea nuestro preferido, si uno de los muchos comerciales, o uno propio que nos elaboremos nosotros mismos.
Lo importante es contar con una serie de convenciones que siempre serán de aplicación a los textos. Estas convenciones, estas manías, no tienen nada que ver con la ortografía. Si un autor decide no diferenciar la g o la j cuando representan el mismo sonido -lo que hacía Juan Ramón Jiménez, Nobel de literatura-, no hay porqué cambiarle nada. Esas convenciones de las que hablo se refieren más a los detalles, a las cuestiones invisibles en las que el lector no cae, pero añaden calidad a cualquier texto y deben decidirse desde el principio.
Por ejemplo: si el texto maneja números, hay que decidir desde el principio si vamos a expresarlos con cifras (3) o con palabras (tres) o con el sistema mixto más usual; del uno al diez con palabras y del 11 en adelante con cifras. Y lo mismo habrá que hacer con las fechas, las abreviaturas y los nombres extranjeros, por ejemplo. ¿Lengua original? ¿Traducción? ¿Pekín o Beijing? ¿Inglaterra o Reino Unido o Gran Bretaña?
Todas esas decisiones que se toman al principio de la edición -y que, insisto, son invisibles para el lector-, forman parte del esqueleto del texto, de su coherencia interna. Por eso la edición es una labor de conjunto: si el texto dice al principio Ceilán, no puede terminar diciendo Sri Lanka, a no ser que hablemos de historia.

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