lunes, 4 de junio de 2012

CT o la Cultura de la Transición

No sé si dar la enhorabuena a los autores por caerse del guindo o por su valentía, pero bienvenido sea este manifiesto colectivo contra la placidez cultural, política y social en la que vive España desde la muerte del dictador y la consagración de lo esencial de su régimen en la llamada Transición.
Herederos de Teresa Vilarós y su obra El mono del desencanto, la primera hasta donde yo sé en que se cuestionaba la santa Transición con rigor, los autores de CT o la Cultura de la Transición abundan en una idea que algunos llevamos sintiendo desde 1977; a saber, que la supuesta democracia española era un camelo y que la mayoría de los grandes asuntos políticos no se pueden cuestionar.
Desde la Constitución hasta las leyes electorales, la forma de Gobierno o la financiación de las creencias ajenas, en estos 30 años, con ningún Gobierno ha habido oportunidad de "tocar nada": cuando había bonanza económica, porque "está bien así" y cuando vienen mal dadas porque "tenemos problemas más importantes".
Y bueno, depende. Estamos donde estamos en buena medida por el concepto patrimonial del Estado que tienen la mayoría de las elites en las administraciones con la complicidad de los ciudadanos. Sin olvidar que el primero que toma España como finca particular es el Jefe del Estado.
Así que, en la línea de Gregorio Morán y otros cuantos dinosaurios a los que la modernidad no los deslumbró, este libro desglosa por sectores la falta de una cultura crítica con el poder, los orígenes de esa complacencia y sus consecuencias, ejemplificadas en un inmovilismo cultural empobrecedor y hasta cutre, en el que los mismos se reparten las prebendas y subvenciones a cambio de un espeso manto de silencio sobre cualquier actividad que huela a heterodoxia. Precisamente en el año del centenario -este no celebrado- de Menéndez Pidal, el santo laico de la Falange, y polígrafo habitual de los manuales de Literatura.
El libro, con licencia CC y un precio de 5 marcos, quiero decir euros, es como todos los manifiestos, reductor y poco solemne. Se echa en falta un poco más de estructura y de fuentes. Es irregular según se trate de unos autores u otros y también injusto en algunos momentos. Pero eso forma parte de su encanto y de su carácter: es un grito y no un tratado, con más de patada en la puerta, que de llave.
Sería grosero reducirlo a unas pocas líneas, así que sirvan estas como adelanto de próximos posts dedicados a desmenuzar un poco más este libro, altamente recomendable.
En Diagonal Web, un buen reportaje sobre el libro.
Y en Google Books, pasajes seleccionados.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada