miércoles, 17 de noviembre de 2004

Falluja

El domingo anterior a las elecciones en Estados Unidos, Rafael Sánchez Ferlosio publicaba en ABC un artículo titulado La hipótesis de Falluja en la que ligaba el ataque sobre la ciudad al día de los comicios, para así reforzar la posición del que después saldría elegido. Es decir, Bush. Se equivocó el maestro ligeramente pues la batalla no comenzó hasta que la elección no estuvo claramente del lado republicano. Mientras hace 20 años, Margaret Thatcher ligó algunas batallas en torno a las Malvinas con momentos políticos, porque decidía ella sola, en esta ocasión los muchos y astutos analistas de la Administración Bush fueron capaces de prever lo que las imágenes que ahora se difunden de crímenes podían provocar. Aguarda, debieron decir, que no es seguro que no se filme, grabe o fotografíe algún horror como el de la cárcel de Abu Graib en plenos comicios, llevando a los votantes a los brazos del bostoniano. La guerra de Vietnam no empezó a causar espanto solo con la matanza de My Lai, sino también con el lento gotear de las imágenes de ejecuciones, niñas abrasadas por el napalm y otros espantos. Por lo demás, ¿de qué se sorprende nadie? ¿Acaso no es obligación del soldado acabar con su enemigo? ¿A qué los melindres? En las guerras nadie se la coge con papel de fumar. Entre otras cosas, porque no lo hay.

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