lunes, 21 de agosto de 2006

Entiendo a Grass

Hay bastante hipocresía en los comentarios a la confesión del escritor Günther Grass sobre su pertenencia a un cuerpo de élite del Ejército alemán a finales de la Segunda Guerra Mundial. Referente moral durante décadas de la Alemania posnazi, Grass no pierde ni un ápice su altura por aclarar aún más su postura adolescente en la Alemania de los años 1940.
Claro que no está libre de culpa, que el momento elegido tiene mucho de publicidad pero ¿quién puede juzgar su comportamiento? Todos tenemos recuerdos y hechos que nos persiguen, anécdotas de tierra trágame y vergüenzas inconfesables. San Agustín gasta varias páginas de sus Confesiones a cuenta del robo de unas peras. Un asunto nimio al que el padre de la Iglesia concede la máxima importancia y asi lo hace constar en sus memorias.
Entiendo a Grass y entiendo su vergüenza, ese recuerdo que es como una línea de fuego, humillante y doloroso a partes iguales, que frustra nuestro recuerdo ordenado de una vida sin errores.
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