jueves, 18 de enero de 2007

La utopía siempre es posible

A medida que me hago más viejo y sabio, mis gustos literarios y musicales van deslizándose hacia los extremos. Y si la música me gusta cada vez más antigua o más contemporánea, con los libros me pasa lo mismo. O es rabiosamente moderno o tiene que tener un par de siglos para que me plantee la posibilidad de gastar tiempo y vista en un libro.
Asi que la Utopía de Tomás Moro, otro de los grandes títulos de la humanidad que me faltaban por leer ocupó mi tiempo estos días. Moro, que fue sherif de Londres y cuya vida resultó bastante sencilla, aunque con el añadido exquisito de pasarse sus últimos días encerrado en la Torre de Londres por defender su independencia de criterio, escribió un alucinante relato de una supuesta civilización cuasi perfecta, en la isla de Utopía.
Con el solo bagaje de las enseñanzas del bachillerato, no podía imaginarme lo original y en ocasiones sorprendente que podía resultar este pequeño tratado de Moro, que se lee en un momento, si, pero que me ha dejado una huella indeleble. Primero por esa lealtad a las ideas que le costó la cabeza, y segundo por la sencilla visión de izquierda capaz de descubrir, hace casi quinientos años, hasta que punto la civilización complicó y desbarató cualquier justicia en las relaciones humanas.
Moro fue capaz hasta de inventar la reeducación comunista en granjas avant la lettre. De la economía dice: “Donde hay propiedad privada y donde todo se mide por el dinero, difícilmente se logrará que la cosa pública se administre con justicia y se viva con prosperidad.” O “La misma pobreza que parece que se basa en la falta de dinero, desaparece desde el momento en que aquel pierde su dominio.”
Esta Utopía es un canto al orden justo, al derecho natural, que se espanta de nuestro derecho y nuestra justicia: “Nunca han de faltar razones a los jueces para dictar sentencia a favor del rey: les basta, en efecto, invocar la equidad, o la letra de la ley, o el sentido derivado de un texto oscuro.” Puro Alejandro Nieto.
A favor de la vuelta a la naturaleza y al placer, es contrario a la pena de muerte y a la acumulación de riqueza. “¿No es injusta una sociedad que se vuelca con los llamados nobles, los manipuladores y los traficantes de cosas inútiles, aduladores y perezosos?”
Me quedo con dos frases para el futuro. Una aplicable a los políticos: “No quieras imponer ideas peregrinas o desconcertantes a espíritus convencidos de ideas totalmente diferentes. No las admitirían. Te has de insinuar de forma indirecta.”
La otra, aplicable a algún maestro, y que cada cual se busque el suyo:
Las fuentes del saber, la senda hermosa
Que es del bien y del mal la tortuosa,
Nos enseñas, maestro de oratoria,
Ilustre Moro, de Londres gloria.
Pues eso.

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