martes, 15 de enero de 2008

El año internacional de la papa

La primera vez que leí la palabra tubérculo fue en una "loa a la patata, ese humilde tubérculo", que recitaba algún personaje que ya no recuerdo de las historietas de Bruguera. Ahora la ONU ha declarado este año como "Año internacional de la papa", lo que por España llamamos patata. En la información que publica El País, leo con sorpresa que hay más de
5.000 variedades que aún se cultivan en los Andes, aunque
las papas andinas no se pueden consumir en Europa, al menos crudas. La Unión Europea prohíbe su importación. Sólo puede venderse en países como España fritas, en forma de las famosas hojuelas peruanas (parecidas a las chips) y envasadas. [...] Europa tiene sus puertas cerradas a la preciosa variedad de papas andinas.
Esta extraña estupidez -que no tiene razones sanitarias sino puramente económicas- me llevó a recordar el origen de la globalización y de la dependencia económica a la que están obligados los países emergentes frente a las potencias occidentales.
Explica Rafael Sánchez Ferlosio en Non olet, cómo desde mediados del siglo XVI -es decir, a poco más de cincuenta años del "Descubrimiento", existía una "estricta asimetría comercial entre la metrópoli y las colonias". La cita es un poco larga, pero vale la pena:
A las Indias, "si algún particular quería llevarse algún haber [dinero] para tener con qué empezar [...] indefectiblemente se le decía que lo llevase "empleado", o sea invertido, en mercancías vendibles en las Indias con ganancia, a veces detallándole incluso qué clase de artículos tenían allí mayor aceptación. Inversamente, [...] sólo cruzaban el mar metales preciosos, especialmente plata [...]"
Ferlosio detalla numerosos documentos que prueban cómo para asegurar la posesión de las tierras americanas, se establecieron normas y leyes bien detalladas que prohibían la exportación de materias primas desde España -por ejemplo, las viñas o las ovejas- para que en las colonias sólo se pudiesen adquirir bienes manufacturados y nunca llegasen a la independencia económica.
Y luego nos quejamos del Fondo Monetario Internacional: la corona española construyó un sistema de pillaje y dependencia económica casi perfecto hace cinco siglos. Para que luego nos quejemos de que los reyes no sirven para nada.

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