miércoles, 27 de mayo de 2009

Payaso de agosto, de Günter Grass

Tengo una relación ambigua con Günter Grass, de los pocos autores –como Kafka o Bernhard- que me hacen desear aprender otra lengua. Tal vez en otra vida. Con Grass nunca sé a qué atenerme y las más de las veces lo leo con cierto masoquismo. La excelente selección de novedades que hace la biblioteca a la que acudimos la osita y yo me deparó hace unas semanas este libro inclasificable aparecido después en los suplementos literarios con la inevitable entrevista. Y como no había leído nada de su poesía, ahí que fui.
Payaso de agosto es la reacción de Grass a la monumental algarabía que vivó hace unos años cuando publicó un volumen biográfico en el que reconocía sus momentos oscuros de la adolescencia, algo que ya defendí aquí en su momento. Se trata de un poemario ilustrado por el mismo Grass que convierte sus poemas casi en caligramas, llenos de amargura y de melancolía. Grass está perplejo y profundamente dolido con el mundo en general, salvo unas pocas personas que le aconsejan no hacer caso, y eso se nota en la mayoría de los poemas
[...] la promesa de ella era
que todo iría bien o mejor;
pero sólo cambiaba el tiempo.
Es un desahogo de fuste, muy breve y con empaque, a la vez poco meditado y muy intenso, lo que lo hace irregular y, en conjunto, menor dentro de su obra. Me han gustado especialmente dos poemas:
¿ADÓNDE HUIR
cuando han vendido todas las islas
y ojos insomnes vigilan cada caverna,
y en las faldas de la abuela,
donde podía hallarse refugio temporal,
hay pegado un papelito
que dice con mayúsculas OCUPADO?

De forma que hay que quedarse
Aguantar el tiempo variable
Y, como algo aprendido,
Escupir contra el viento,
Porque todavía
No está todo dicho.

VIDA ULTERIOR
Qué consuelo: al parecer
-se dice- las uñas de las manos y los pies,
Y posiblemente el pelo también,
Siguen creciendo después de la muerte.

Ponedme unas tijeras en la tumba.
La edición de Bartleby es muy buena, en español y alemán y las ilustraciones son interesantes, no por su calidad –aunque Grass es buen dibujante-, sino porque recogen de otra forma los pensamientos, obsesiones y agobios del escritor, que se reflejan en los muchos árboles y plantas domésticas que dibujaba en esos días en los que el ruido de la tormenta amenazaba con ensordecer el campo.
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