lunes, 26 de abril de 2010

Guapo y sus isótopos, de Rafael Sánchez Ferlosio

Si alguna vez tengo qué explicar qué es lo que me atrae del lenguaje, este libro será mi primera opción. Al menos hasta que Ferlosio publique otro. Como tengo debilidad por este autor, el más merecedor del premio Cervantes que se haya otorgado nunca, no perderé el tiempo en elogios y entusiasmo.
Guapo y sus isótopos parte de una premisa mínima, pero que está en la raíz del asombro que se siente ante algunas de las maravillas del lenguaje. La etimología, la semántica y la lingüística explican, dan cuenta de cuál es el origen de esta regla, de aquella excepción y de este particular. Pero tanto Ferlosio como Noam Chomsky -ya tardaba en salir- llevan toda su vida intentando dar un paso más allá.
Simplificando mucho, Chomsky busca el sustrato, los cimientos comunes que deben existir para que todos los lenguajes humanos estén sujetos a reglas. Ferlosio, la sutil y a veces improbable conexión entre las palabras y sus significados y las relaciones de éstos con aquéllas. Estoy convencido de que, fuera de las ciencias experimentales, es en el lenguaje donde se encuentra la última frontera del conocimiento humano.
La filosofía seguirá dando explicaciones a medida que nuestros pensamientos se ajusten a nuevas formas de vida. La sociología responderá a los desafíos de esas formas de vida. Y así con todas las ciencias que se mueven en torno al pensamiento humano. Pero el lenguaje es la última frontera, aún necesitada de un Newton o un Darwin capaz de establecer una teoría razonable de porqué hablamos y pensamos como lo hacemos.
Guapo y sus isótopos, que es un texto original de 1972 un poco retocado en 2009, explica las relaciones semánticas y de posición de los adjetivos que usamos para alabar la belleza. Aunque Ferlosio no renuncia a su estilo y los períodos pueden desesperar a cualquiera, está lejos de la complejidad de Las semanas del jardín. Las pocas digresiones son, por lo demás, pequeños ensayos independientes en sí mismos. Por ejemplo,
”Así como el mundo de la rufianería y la putería mira con envidia al mundo de la dignidad, el mundo de la dignidad mira al soslayo y como con envidia imaginaria al otro mundo no en lo que es sino en lo que representa.”
Sólo por su análisis de los colores y su situación en el espectro lingüístico, ya vale la pena su lectura. Por el ejercicio de pensamiento y por la facilidad con que su prosa es capaz de describirlos y hacerlos llegar a los lectores. Pero no sólo eso, también por la riqueza del habla que muestra a cada paso.
”La isotopía sería el presunto vínculo que se crea entre dos o más palabras por el hecho de ser tenidas por respuestas a una misma cuestión, como lo son el rojo y el verde del semáforo, que no pueden estar encendidos a la vez, ya para los peatones, ya para los coches.”
Hace unas semanas que publicó en este diario una pequeña colección de pecios, para demostrar porqué es el mejor escritor vivo en castellano, hoy día.

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