A tí. Hace mucho tiempo que no eres más que un nombre repetido en los extractos del banco, un nombre asociado a tan pocos recuerdos que se han terminado por difuminar. No he sabido nunca quién eres desde que te ví por primera vez en los últimos días del mes de octubre de 1986. No es un reproche, solo un hecho y los años transcurridos han terminado por borrarlo todo. Si no puedo reconocerme en mis propios recuerdos, como para reconocer a otras. Los hechos objetivos existen, están documentados, pero son palimpsestos en los que se ha escrito tanto encima que no queda nada del escrito original. Son huellas en un camino muy transitado: han pasado tantos pies por encima, que no queda ni rastro de la impresión que los primeros caminantes dejaron. No te deseo nada, bueno o malo, para el presente o el futuro. No tengo nada que decirte o que quiera decirte. Solo escucho el silencio, algo que no hacía desde que tenía 18 años y me dio por el yoga. Hace mucho tiempo, la hija de una pareja con la qu...
El domingo, Manuel Rodríguez Rivero, que es el crítico literario más fiable y divertido de la prensa española, y también el menos solemne, publicaba una pieza, más superficial que interesante en el dominical de El País, que se puede leer en este enlace . El texto explica con sencillez que no hay recetas para convertir un libro en un éxito de ventas, aunque si haya autores que son casi una apuesta segura. También desgrana algunas anécdotas, la mayoría conocidas de los muchos rechazos que una obra ahora vendida por millones, cosechó entre grandes editores, como Harry Potter, etcétera. Como don Manuel -¿me permite que le llame así?- no da puntadas sin hilos, me ha llamado la atención la ausencia de un nombre entre los mencionados por el crítico: Arturo Pérez-Reverte. Y es que sólo figura El club Dumas en una lista entre otros títulos, mientras Javier Marías -no exactamente un escritor de éxitos- o Ruiz Zafón -más asimilable, aunque no le guste, al género-, entre otros aparecen con un poc...
Amé. Es incomprensible como el temor de los árboles. Ahora estoy extraviado en la luz pero yo sé que amé. Yo vivía en un ser y su sangre se deslizaba por mis venas y la música me envolvía y yo mismo era música. Ahora, ¿quién es ciego en mis ojos? Unas manos pasaban sobre mi rostro y envejecían dulcemente. ¿Qué fue existir entre cuerdas y olvidos? ¿Quién fui en los brazos de mi madre, quién fui en mi propio corazón? Es extraño: solamente he aprendido a desconocer y olvidar. Es extraño: Todavía el amor habita en el olvido. Aún, Antonio Gamoneda . Technorati: poesía
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