jueves, 21 de junio de 2018

Vientres de alquiler: y la honra se hizo genética




El burgués ve en su mujer un mero instrumento de producción.
C. Marx, 1848


A propósito de los vientres de alquiler se me ocurren un par de reflexiones y una conclusión, sin entrar en demasiada filosofía, que también la hay.

Primero, que tal vez este asunto de los vientres de alquiler, como sucede con el aborto, debería dejarse en manos de las mujeres, exclusivamente. No entiendo qué pintamos los hombres en un asunto que concierne a SU cuerpo y a sí mismas. No creo que necesiten de ningún experto a la hora de redactar o debatir alguna ley. Expertas en leyes, en biología y en lo que sea hay mujeres de sobra, así que, por mí: fuera los hombres de los debates que afectan exclusivamente a las mujeres.

Segundo, no hay altruismo ni subrogación ni matracas: es alquilar una parte concreta del cuerpo femenino por razones exclusivamente económicas. El discurso que ahora comienza a extenderse está lleno de grandes palabras que incluyen la sempiterna “libertad”, cuando no existe si te ves obligada a ceder el útero por dinero para que otra mujer (y sobre todo, un hombre) tengan un heredero legítimo.

Porque de eso se trata. La burguesía ha encontrado en los vientres de alquiler una forma de volver a controlar el cuerpo de las mujeres y evitar la “contaminación” de sus genes. Con la adopción te pueden “colar” cualquier cosa, como mínimo un pobre, o alguien de otra etnia. Alquilando un útero la burguesía se asegura la “pureza racial”. Quizás no sea importante para las mujeres empeñadas en esa maternidad vicaria, pero sí lo es para sus maridos. Como la virginidad se ha convertido en una antigualla, ahora la honra (masculina, como siempre) solo puede ser genética al cien por cien.

En conclusión, ahora el capital no tiene bastante con comprar la fuerza de trabajo o el talento, sino que quiere también -literalmente- los cuerpos de los trabajadores. Después de los úteros, lo próximo será alquilar las áreas de nuestros cuerpos que admitan el crecimiento, subrogado naturalmente, de hígados o riñones compatibles creados a partir de células totipotentes.

Hasta el viejo tío Carlos se hubiera sentido asqueado de la falta de escrúpulos de la burguesía a la hora de explotar a las clases trabajadoras. Por no hablar de Mefistófeles, que en lugar de enredarse comprando almas, podría haber optado por partes más concretas, tangibles y seguras.

Informe elaborado por la Iglesia Católica sobre este asunto.
Este texto se publica también en Medium

martes, 19 de junio de 2018

Para español, pulse 2 de Sara Cordón

Pocas veces se tiene la oportunidad de leer una ficción autobiográfica, una autoficción, de alguien con quien has tenido trato, con una compañera de trabajo de varios meses que, además retrata ese trabajo y algunas de las personas que han transitado por él. No digo conocer, por que podría resultar ampuloso y no sería cierto, dejémoslo en un trato amistoso, de respeto y aprecio.

Ese conocer a Sara, aunque superficial, es lo que me ha resultado más llamativo de un libro bien escrito, a ratos divertido, que refleja el mundo de las escuelas de escritura, en Madrid y en Nueva York, de los alumnos y los profesores. Para español, pulse 2 es la historia de Sara y de su máster en Escritura Creativa en la Universidad de Nueva York, de sus compañeros de clase y piso, pero también tiene algo de reflexión sobre el oficio de escritor, sobre las dudas y las motivaciones para que alguien quiera ganarse la vida escribiendo:  "En Nueva York aprendió muchas cosas. Una de ellas es que ser escritor consiste en que los compañeros del gremio te dejen serlo. También en escribir de vez en cuando."

Aunque a ratos es un poco batiburrillo de escenas, y la propia ficción de leer el texto a sus compañeros lo deja bien claro, este libro es su proyecto para justificar las becas obtenidas, y la razón última de su estancia americana. Por ello se me hace difícil separar la Sara compañera de trabajo de la Sara personaje y eso hace que me sorprenda a ratos y no termine de entrar en su mundo por donde me quiere llevar.

Creo que, a diferencia de lo que la profesora Selma dice en un momento dado sobre esta metaficción, Sara no se ha inspirado en La novela luminosa de Levrero. No porque “no tomarás el nombre de Levrero en mano” -bueno, un poco sí-, sino porque la veo más cerca de La colmena de Cela. El peso del castellano, de ese español colonizador y casi asfixiante, el que ahora reivindican los banderaheridos, acerca a la autora más a Cela que a Levrero.

Me han gustado los diálogos entre los diferentes alumnos, agrupados por rivalidades de dos siglos y un enemigo común, que van más allá de la nota de color y explican dónde puede estar el futuro de la lengua y la literatura. Es un libro valeroso y esforzado, aunque hecho en falta un poco más de riesgo en la forma y de maldad en los retratos. La Sara persona es demasiado buena para hacer sangre y también lo bastante inteligente para saber que no puedes publicar tu primera novela como un Cosmópolis de Don de Lillo.

¿Recomendable? Sí, por supuesto. No es que el Nueva York de las ratas, las tormentas y los apagones sea algo nuevo, pero sí lo es la mirada sobre la hispanidad lingüística, algo perdida en sus raíces y aparentemente indefensa ante el inglés.

Adelanto de la novela en la revista Eñe
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viernes, 27 de abril de 2018

Mártires o guarras: la cara oculta de una sentencia


La sentencia de la manada ha vuelto a descubrir tres problemas fundamentales de la justicia española y cuatro efectos colaterales, tanto políticos como sociales.

Vaya por delante que la justicia y el derecho no son lo mismo, aunque tiendan a identificarse y que nuestro sistema jurídico es europeo descendiente del derecho romano. Eso significa que los muchos juicios estadounidenses que vemos en la televisión no tienen nada que ver con la Justicia española, a ver si nos entra en la mollera; o les entra en la mollera a los responsables de la educación española, que podían incluir en los planes de estudios a partir de los 14 años unos fundamentos de derecho que “curasen” tanta tontería como se escucha.

El primer problema fundamental es la existencia de tribunales especiales como las Audiencias, herederos directos de los tribunales de excepción del franquismo. Esto supone la quiebra de uno de los derechos humanos fundamentales: el juez natural. La existencia de tribunales especiales deslegitima la la justicia y se presta a las arbitrariedades y diferencias que tanto se corean en las redes sociales: es decir, la diferencia entre pegar a un guardia civil en Alsasua o hacerlo en Huelva; pagar con dinero público una campaña electoral en Madrid o hacerlo para una consulta en Barcelona. Las leyes son las mismas, pero la interpretación es diferente.

El segundo problema fundamental es la propia figura del juez instructor. En un mundo extraordinariamente complejo, confiar la investigación e interpretación de unos hechos a personas que han construido su carrera completamente desconectados del mundo real, solo atentos a memorizar decenas de leyes y códigos es aberrante. También son aberrantes la absoluta falta de medios, el tiempo de la instrucción y por supuesto, el lenguaje.

El tercer y último problema, extensivo a toda la sociedad, es el machismo, la supremacía masculina o el heteropatriarcado, podemos elegir el término que más nos guste. Y no solo por los delitos relacionados con la violencia sexual, juzgados siempre con la luz del catolicismo -mártires y puras o guarras y provocadoras-, sino también con el derecho de Familia, concebido e interpretado para defender al “sexo débil” y no para mediar entre iguales. La diferencia con el derecho Administrativo, por ejemplo, que no discrimina entre sexos a la hora de desahuciar o de señalar a los o las responsables de una quiebra, es abismal.


Los efectos colaterales saltan a la vista. La desconfianza en la Justicia y quienes la imparten; la indefensión de los profesionales del Derecho y del que se ve envuelto en un proceso; la cobardía de los políticos -para este supuesto conocidos como “el legislador”-, que se niegan a reflexionar y añaden reforma tras reforma al albur de las encuestas o de los deseos de venganza de parte del electorado; y la ignorancia fomentada por los medios de comunicación sobre la Justicia, el Derecho y la dignidad de todas las personas.



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jueves, 22 de febrero de 2018

Forges, "y habrás hecho algo enorme"

Una tarde de la primavera de 1972 mi padre me llevó a la Feria del Libro del Retiro. En una de las casetas, Antonio Fraguas Forges firmaba ejemplares del que fue su primer libro. Mi padre y Forges se conocían bien porque habían compartido muchas horas en los platós de la televisión de Prado del Rey. Hacía ya unos años que Forges había dejado la "casa" para dedicarse al humor gráfico en el diario Informaciones, con tanto éxito como lo permitía un régimen que se caía a pedazos.
El libro del Forges recoge -no sé si como antología o como obra completa hasta ese momento- las reflexiones ilustradas publicadas en el periódico. No me gusta hablar de chistes o de viñetas porque Antonio Fraguas fue un pensador antes que un humorista, más cercano a los pecios de un Sánchez Ferlosio que a las viñetas de un Mena o un Mingote, por poner dos ejemplos de la época. Hay un uso evidente del humor en su obra, pero más como herramienta que como finalidad. Fue un observador lúcido de lo que le rodeaba y poseía la extraordinaria facilidad de decir lo más atinado en el momento más oportuno. Fue muy prolijo y trabajador y es probable que tuviera algún borrón, pero resultará difícil ponerle pegas a su carrera y a su coherencia, intelectual y política.
No sé de qué hablarían mi padre y Forges mientras yo hojeaba el libro, pero si recuerdo como el primer día la impresión que me causó la dedicatoria que me escribió en el libro. No soy muy fetichista de las firmas o los autores, tengo muy pocos libros firmados. Pero aquella dedicatoria la conservo como una especie de lema que me ha acompañado siempre.
No volví a tener contacto con Forges y lo siento, porque me hubiera gustado saber si he conseguido hacer algo enorme. Nunca lo sabré. Las dos personas que podían saberlo ya no están entre nosotros.
Esta fue su dedicatoria, hace más de cuarenta años:

domingo, 15 de octubre de 2017

Nacionalismo: la nueva pataleta infantil del neofranquismo


Nunca he sido o me sentido nacionalista o “patriota”. Puede que por tener un cuartillo de sangre checa, o por la ocurrencia de uno de mis bisabuelos de nacer en las islas Chafarinas. El caso es que la “patria” como concepto siempre me ha resultado un poco ajena y el nacionalismo anexo también me ha resultado siempre raruno.
Cuando era niño estudié que España -léase enfáticamente, como un presentador de 13TV- tenía 55 provincias, entre ellas Fernando Poo, Río Muni, Sáhara Español y Sidi Ifni. La “patria” a mediados de 1960 se extendía a territorios que después de grabarlos a fuego en mi memoria por aquello de no recibir una torta, desaparecieron más deprisa que mi inocencia al llegar al bachillerato. Los españoles de aquellas cuatro provincias dejaron de serlo sin que a nadie le importase, o en todo caso dejando un poso de perplejidad.
En mi caso, la “patria” empezó a ser algo bastante arbitrario, más administrativo que emocional. Después llegaron el tío Carlos y el tío Federico, y sus primos Vladimir Ilich y Guevara; un poco de Hegel y el horror de entender cuál era el significado de “ein volk, ein reich” terminaron por vacunarme de cualquier tentación nacionalista. Hubo más cosas, pero para simplificar: acepté como fundamental el derecho de los pueblos a la autodeterminación. De todos los pueblos.
No entiendo el nacionalismo catalán, pero tampoco entiendo el nacionalismo español y, de los dos, el más peligroso a lo largo de la Historia es este último. De haber reinado la Beltraneja y no esa infame meapilas y usurpadora de Isabel La Católica, la historia de esta península habría sido otra, probablemente menos imperial y más civilizada. La Historia es la que es.
Dicho esto, vamos a prescindir del papel que las renuncias de cierta izquierda y el franquismo del Partido Popular han tenido en relación con Cataluña. Los últimos diez años solo representan lo que se veía venir desde la ponencia constitucional y la Santa Transición, cuyos brazos incorruptos se pudren hoy en La Moncloa y La Zarzuela.
Estamos donde estamos y para salir de aquí, no les va a quedar más remedio que imitar a los británicos o los canadienses, pactar un referéndum y hacer campaña con un eslogan un poco más moderno que la “sagrada unidad de España”. Un referéndum de verdad, con porcentajes admitidos por la comunidad internacional de participación y respuesta en uno u otro sentido, con una campaña leal para los ciudadanos en la que se debatan las ventajas y desventajas de una u otra respuesta.
Posdata necesaria
En 1982 me incorporé al Ejército con algunas dudas; podía haber ejercido mi derecho a la objeción de conciencia. Consideré entonces, y aún lo pienso, que como en la Grecia clásica la defensa de la polis forma parte también de los deberes ciudadanos y que la plena ciudadanía se adquiere tras pasar un tiempo en el servicio de las armas. Sin embargo, la obligación adquirida entonces, simbolizada en la llamada “jura de bandera”, no fue para defender ninguna “patria” unida por la fuerza de la costumbre y la Historia; antes bien, fue el compromiso de mantener y preservar los valores y derechos que compartimos con otros pueblos.
A esos valores y derechos me remito para defender que cualquier nación puede o no desear formar un Estado, transformarlo, liquidarlo o dejarlo como está, ahora y en los próximos siglos.
Apunte final
Desconfía cuando la derecha encabeza un proceso de soberanía nacional, lo normal es que entre los intereses del pueblo y los de la burguesía, prevalezcan estos últimos. No te fíes de quien te asegura que eres un pueblo escogido o especial, diferente; hablar otros idiomas no hace especial a nadie. En la calle, indefensos ante la “violencia legítima del Estado”, siempre estarán los mismos, lleven la bandera que lleven.

La imagen es de Jaume Perich
Otras opiniones: Hacer España a hostias, No hubo ruptura y tenemos esta España, ¿Es legal un referéndum en Cataluña sobre Catalunya?

martes, 29 de agosto de 2017

Escritores, escuchad



"The first draft is for the writer. The second draft is for the writer. The last draft is for the reader."
Scott Moyers, Editor

Es decir: el primer borrador es para el escritor, el segundo para el editor y el tercero es el destinado al lector.

La cita procede de este interesante artículo sobre la historia oculta de un manuscrito.


martes, 11 de julio de 2017

Felipe Polleri, La inocencia

Hace ya muchos que convivo con una frustración irresoluble: no tengo vida para leer ni la milésima parte de lo que me gustaría. Por mucho tiempo que dedique a la lectura, a la selección de autores y obras; por muchos idiomas que aprenda, jamás me sentiré satisfecho. Siempre habrá en algún anaquel una obra extraordinaria que se me va a escapar. Y lo que es todavía peor: ni siquiera voy a saber que existe.

Felipe Polleri entra en esa categoría de autores que nunca podría haber descubierto. Polleri es uruguayo y a este lado del océano las sombras de Quiroga, Benedetti, Levrero, Galeano o Peri Rossi son demasiado grandes. Menos mal que hay heraldos sin vergüenza alguna a la hora de elogiar, explicar y hasta acosar a editores y lectores para que compartan su entusiasmo por un autor.

Prologado por Rubén A. Arribas, uno de esos heraldos al que tengo la fortuna de conocer, ha llegado a nuestro país La inocencia, de Felipe Polleri.

Probablemente sea su mejor carta de presentación, y también un texto complejo, que te va abrumando y sorprendiendo poco a poco hasta que te das cuenta de que no sabes si estás en el lado de los grasas o en el de los apellidos. Si vives, más mal que bien, sin demasiados complejos, o andas más pendiente del qué dirán y de las apariencias. Polleri, y más de uno de sus lectores también, vivía "en un mundo 'bueno': en la versión materna de Disneylandia, mucho más feliz e inofensiva que la del hijo de puta de Walt Disney, ese nazi congelado".

Confieso que leyendo a Polleri quiero más a Levrero, pero esta novela escrita a varias voces y niveles, tiene mucha ambición narrativa dentro y un español luminoso y claro, que dan ganas de escuchar en directo: "[...] no se permitía tener animales vivos en el edificio. Tenían que estar disecados como papá o la abuela Teté, a la que no le podía decir abuela porque aunque tenía 68 años parecía de 42 si uno la miraba como debía, si uno estaba tan amaestrado que no la confundía con una momia [...]".

Por supuesto, que nadie espere encontrar La inocencia entre las recomendaciones para el verano de los suplementos literarios; y no por ser una lectura inoportuna con los calores, sino precisamente por lo contrario, porque es apta para cualquier época del año. Sobre todo, en Navidad, cuando más fácil es entender y perdonar a la familia, porque: "estoy loco y soy una mierda", por llorar a escondidas, comer refuerzos de mortadela o tener hijos "parditos"; la interminable lista de pecados que Polleri expresa por nosotros.

La edición en papel es una delicia y encierra un pequeño misterio: ¿cómo puede haber todavía personas que necesiten tanto el papel como para seguir editando con tanto amor un libro? Parte de una posible respuesta se puede leer en esta entrevista.