domingo, 15 de octubre de 2017

Nacionalismo: la nueva pataleta infantil del neofranquismo


Nunca he sido o me sentido nacionalista o “patriota”. Puede que por tener un cuartillo de sangre checa, o por la ocurrencia de uno de mis bisabuelos de nacer en las islas Chafarinas. El caso es que la “patria” como concepto siempre me ha resultado un poco ajena y el nacionalismo anexo también me ha resultado siempre raruno.
Cuando era niño estudié que España -léase enfáticamente, como un presentador de 13TV- tenía 55 provincias, entre ellas Fernando Poo, Río Muni, Sáhara Español y Sidi Ifni. La “patria” a mediados de 1960 se extendía a territorios que después de grabarlos a fuego en mi memoria por aquello de no recibir una torta, desaparecieron más deprisa que mi inocencia al llegar al bachillerato. Los españoles de aquellas cuatro provincias dejaron de serlo sin que a nadie le importase, o en todo caso dejando un poso de perplejidad.
En mi caso, la “patria” empezó a ser algo bastante arbitrario, más administrativo que emocional. Después llegaron el tío Carlos y el tío Federico, y sus primos Vladimir Ilich y Guevara; un poco de Hegel y el horror de entender cuál era el significado de “ein volk, ein reich” terminaron por vacunarme de cualquier tentación nacionalista. Hubo más cosas, pero para simplificar: acepté como fundamental el derecho de los pueblos a la autodeterminación. De todos los pueblos.
No entiendo el nacionalismo catalán, pero tampoco entiendo el nacionalismo español y, de los dos, el más peligroso a lo largo de la Historia es este último. De haber reinado la Beltraneja y no esa infame meapilas y usurpadora de Isabel La Católica, la historia de esta península habría sido otra, probablemente menos imperial y más civilizada. La Historia es la que es.
Dicho esto, vamos a prescindir del papel que las renuncias de cierta izquierda y el franquismo del Partido Popular han tenido en relación con Cataluña. Los últimos diez años solo representan lo que se veía venir desde la ponencia constitucional y la Santa Transición, cuyos brazos incorruptos se pudren hoy en La Moncloa y La Zarzuela.
Estamos donde estamos y para salir de aquí, no les va a quedar más remedio que imitar a los británicos o los canadienses, pactar un referéndum y hacer campaña con un eslogan un poco más moderno que la “sagrada unidad de España”. Un referéndum de verdad, con porcentajes admitidos por la comunidad internacional de participación y respuesta en uno u otro sentido, con una campaña leal para los ciudadanos en la que se debatan las ventajas y desventajas de una u otra respuesta.
Posdata necesaria
En 1982 me incorporé al Ejército con algunas dudas; podía haber ejercido mi derecho a la objeción de conciencia. Consideré entonces, y aún lo pienso, que como en la Grecia clásica la defensa de la polis forma parte también de los deberes ciudadanos y que la plena ciudadanía se adquiere tras pasar un tiempo en el servicio de las armas. Sin embargo, la obligación adquirida entonces, simbolizada en la llamada “jura de bandera”, no fue para defender ninguna “patria” unida por la fuerza de la costumbre y la Historia; antes bien, fue el compromiso de mantener y preservar los valores y derechos que compartimos con otros pueblos.
A esos valores y derechos me remito para defender que cualquier nación puede o no desear formar un Estado, transformarlo, liquidarlo o dejarlo como está, ahora y en los próximos siglos.
Apunte final
Desconfía cuando la derecha encabeza un proceso de soberanía nacional, lo normal es que entre los intereses del pueblo y los de la burguesía, prevalezcan estos últimos. No te fíes de quien te asegura que eres un pueblo escogido o especial, diferente; hablar otros idiomas no hace especial a nadie. En la calle, indefensos ante la “violencia legítima del Estado”, siempre estarán los mismos, lleven la bandera que lleven.

La imagen es de Jaume Perich
Otras opiniones: Hacer España a hostias, No hubo ruptura y tenemos esta España, ¿Es legal un referéndum en Cataluña sobre Catalunya?

martes, 29 de agosto de 2017

Escritores, escuchad



"The first draft is for the writer. The second draft is for the writer. The last draft is for the reader."
Scott Moyers, Editor

Es decir: el primer borrador es para el escritor, el segundo para el editor y el tercero es el destinado al lector.

La cita procede de este interesante artículo sobre la historia oculta de un manuscrito.


martes, 11 de julio de 2017

Felipe Polleri, La inocencia

Hace ya muchos que convivo con una frustración irresoluble: no tengo vida para leer ni la milésima parte de lo que me gustaría. Por mucho tiempo que dedique a la lectura, a la selección de autores y obras; por muchos idiomas que aprenda, jamás me sentiré satisfecho. Siempre habrá en algún anaquel una obra extraordinaria que se me va a escapar. Y lo que es todavía peor: ni siquiera voy a saber que existe.

Felipe Polleri entra en esa categoría de autores que nunca podría haber descubierto. Polleri es uruguayo y a este lado del océano las sombras de Quiroga, Benedetti, Levrero, Galeano o Peri Rossi son demasiado grandes. Menos mal que hay heraldos sin vergüenza alguna a la hora de elogiar, explicar y hasta acosar a editores y lectores para que compartan su entusiasmo por un autor.

Prologado por Rubén A. Arribas, uno de esos heraldos al que tengo la fortuna de conocer, ha llegado a nuestro país La inocencia, de Felipe Polleri.

Probablemente sea su mejor carta de presentación, y también un texto complejo, que te va abrumando y sorprendiendo poco a poco hasta que te das cuenta de que no sabes si estás en el lado de los grasas o en el de los apellidos. Si vives, más mal que bien, sin demasiados complejos, o andas más pendiente del qué dirán y de las apariencias. Polleri, y más de uno de sus lectores también, vivía "en un mundo 'bueno': en la versión materna de Disneylandia, mucho más feliz e inofensiva que la del hijo de puta de Walt Disney, ese nazi congelado".

Confieso que leyendo a Polleri quiero más a Levrero, pero esta novela escrita a varias voces y niveles, tiene mucha ambición narrativa dentro y un español luminoso y claro, que dan ganas de escuchar en directo: "[...] no se permitía tener animales vivos en el edificio. Tenían que estar disecados como papá o la abuela Teté, a la que no le podía decir abuela porque aunque tenía 68 años parecía de 42 si uno la miraba como debía, si uno estaba tan amaestrado que no la confundía con una momia [...]".

Por supuesto, que nadie espere encontrar La inocencia entre las recomendaciones para el verano de los suplementos literarios; y no por ser una lectura inoportuna con los calores, sino precisamente por lo contrario, porque es apta para cualquier época del año. Sobre todo, en Navidad, cuando más fácil es entender y perdonar a la familia, porque: "estoy loco y soy una mierda", por llorar a escondidas, comer refuerzos de mortadela o tener hijos "parditos"; la interminable lista de pecados que Polleri expresa por nosotros.

La edición en papel es una delicia y encierra un pequeño misterio: ¿cómo puede haber todavía personas que necesiten tanto el papel como para seguir editando con tanto amor un libro? Parte de una posible respuesta se puede leer en esta entrevista.

viernes, 23 de junio de 2017

¿De verdad quieren hablar de vetos a los medios?

Por no resultar cansino y para no aburrir, me voy a limitar a mi experiencia directa con los vetos a los medios de comunicación que tanta alarma y efectos perniciosos sobre mi libertad de información han causado. Libertad de información que es mía, no de los medios, a ver si recordamos la asignatura de Derecho de la carrera y releemos un poquito a McLuhan, por ejemplo.
Obviaremos las comparecencias sin preguntas, o la elección en las ruedas de prensa de los mismos periodistas para preguntar favorablemente, o el silencio mediático ante cualquier discurso, iniciativa o declaraciones de partidos que no existen más allá de sus votantes: desde UPyD hasta EH Bildu.
Partidos e instituciones públicas: aún estoy esperando las acreditaciones del Partido Popular, el PSOE, el Congreso y el Senado, solicitadas durante mi etapa como subdirector de un medio digital.
Aún espero también el acceso a los actos organizados por foros de debate, desayunos informativos y actos de medios y agencias de comunicación, grandes empresas y ministerios.
Durante mi etapa en la revista de mayor tirada en lengua castellana del mundo (descontado el Reader's Digest), las entrevistas con dirigentes, ministros y cargos públicos eran ofrecidas por razones de oportunidad por sus respectivos gabinetes, sin otra posibilidad. El poder elige a quién y en qué momento puedes, por ejemplo entrevistar o “reportajear” a uno de sus miembros. Solo algunos medios radicados en Madrid pueden eludir este veto.
Las productoras de cine, teatro y los grandes festivales ejercen una sutil censura basada en la anticipación, de tal forma que solo algún medio cuenta con la información y el acceso a los personajes en la intimidad y con la antelación suficiente. Esto es especialmente sangrante en el caso de la productora El Deseo, con un veto sistemático a cualquier medio ajeno al grupo Prisa. En el caso de las grandes, como Warner o Disney, hay cierto reparto de juego, de tal forma que nadie se sienta excesivamente ninguneado, aunque los medios digitales pequeños son sistemáticamente ninguneados. Otros, como Sony, mantienen la neutralidad.
Tanto la Federación Española de Fútbol como los clubes de Primera División mantienen un veto permanente a cualquier medio no deportivo, con excepción de los que tengan alguna vinculación con grupos de comunicación poseedores de derechos de fútbol televisado.
En el caso de las editoriales, solo Planeta, cuyo enorme volumen le permite ofrecer escritores y libros a cualquier medio sin más límites que la audiencia, no mantiene ningún veto. El resto, con excepción de las pequeñas, sistemáticamente ofrecen a sus autores a un medio y un suplemento literario concreto y después a los demás. Los casos de Santillana, Taurus o Alfaguara se comentan por sí solos. Por último, los bancos, instituciones financieras y las grandes compañías tampoco son especialmente amables con según qué medios.
Reconozco que Podemos cometió un grave error: la falta de sutileza; debieron invitar a estos medios “agraviados” a las 6 de la mañana para conocer a los muchos miembros de la organización que hacen juegos malabares con trabajos y familias para hacer política desde abajo y sentirse, esta vez sí, representados.

Otro veto hace unos días del que no se habla

jueves, 30 de marzo de 2017

¿Los veganos tienen ética o valores?

Por primera vez en la historia humana ha comenzado a establecerse un tabú con los alimentos por razones de pensamiento y no como hasta ahora por razones económicas. Hace ya tiempo que se sabe que las prohibiciones religiosas que impiden comer varios alimentos ocultan poderosas razones económicas, ambientales y para un mejor aprovechamiento de los recursos de la comunidad.
El vegetarianismo, ahora conocido como veganismo, no obedece a ninguna razón económica, es una pura construcción del pensamiento asociada a movimientos animalistas y defensores de la igualdad entre todas las especies animales; aunque es verdad que en general sus creyentes no suelen centrar sus esfuerzos en insectos o gusanos.
Echar a alguien de un establecimiento por dar un biberón que no contiene leche materna es como condenar a un año de cárcel a alguien por unos chistes: un dislate. Justificar la expulsión con el uso de las palabras violación, asesinato y tortura asociadas a las vacas, ovejas, terneros y corderos y señalar que “tienen valores” es como asegurar que se ofende y se causa dolor a las “víctimas del terrorismo”: otro dislate.
Pero al margen del lenguaje y lo que estamos haciendo con él (que da para un libro y no para unas líneas), lo preocupante de estos vegetarianos es el desprecio y la falta de respeto que muestran hacia los casi 800 millones de seres humanos que padecen hambre en el mundo, según datos de 2015.
Hablar de ética cuando en amplias zonas de África y Asia la subalimentación es la tónica general, con picos estacionales de hambrunas causadas por factores climáticos o políticos, es una burla. Es una vergüenza, mientras en los países occidentales miles de personas se permiten el lujo de elegir entre una oferta inacabable de alimentos una dieta determinada, acusando a los demás de criminales por seguir una dieta más o menos equilibrada que incluye proteínas animales.
Se ha puesto de moda comer productos sin gluten, banalizando a las personas que padecen una alergia alimentaria que supone un riesgo para su salud y que, desde luego, no es una elección libre. ¿Qué será lo próximo, inyectarse insulina y hacer apología de la diabetes?
Algunos fuimos educados en el respeto a la comida, a no tirar nada y a tratar de aprovecharlo todo. Y no por compromisos ecológicos o por economía, sino por respeto a las muchas personas que no tenían y no tienen qué comer. Porque en este planeta, la comida sigue siendo un privilegio. Y lo que todos estos movimientos demuestran es una inmensa falta de respeto por quien no puede elegir qué llevarse a la boca.
Nota: los datos de la FAO deberían avergonzarnos como especie y pueden consultarse en este enlace: 72 países han alcanzado el Objetivo de Desarrollo del Milenio de reducir a la mitad la proporción de personas que sufren subalimentación crónica.

Este texto se publica también en medium en este enlace

miércoles, 8 de marzo de 2017

A la atención de Victoria Prego, presidenta de la Asociación de la Prensa de Madrid

Estimada Presidenta
En los últimos años han sido varias las ocasiones en las que me he planteado porqué continúo en la Asociación de la Prensa de Madrid. Cerrado su servicio médico, canceladas las publicaciones y sobre todo, sin respuesta a los problemas laborales de la profesión, permanecer como miembro se ha convertido en un misterio para mí.
Soy más dado a la discreción que a la publicidad, pero la diligencia con la que esta Asociación se ha lanzado a criticar a un solo partido político por unas supuestas trabas al desempeño de la profesión, me han sorprendido tanto que me permito remitirle esta carta.
Después de años de ruedas de prensa sin preguntas, de publirreportajes vendidos como información, de un formidable deterioro de la credibilidad de los medios, de un amarillismo asfixiante, de la docilidad de las redacciones y de tantas otras sevicias, lo preocupante y lo grave es que supuestamente un partido ponga trabas a los periodistas. Todo ello basado en un informe anónimo y cuyas pruebas sólo conocen unos pocos, como cuando circulaban por los despachos de las redacciones los ejemplares de las revistas extranjeras que hablaban del rey emérito o de los negocios de algunos miembros de la corte.
No la molesto más.
Supongo que no me doy de baja -hasta por motivos económicos- por nostalgia, por que aún confío en un cambio de rumbo de esta casa. O por llevar la contraria, una mala costumbre en los tiempos que vivimos.
Le saluda atentamente,
Carta enviada el 7 de marzo a la APM

viernes, 17 de febrero de 2017

Las señoras de [póngase el apellido preferido]

Observo en varias personas de mi entorno que la ignorancia sobrevenida de las esposas juzgadas por los delitos de sus maridos provoca cierta perplejidad. No porque se utilice el desconocimiento como excusa –un clásico y uno de los primeros axiomas del Derecho desde hace 3.000 años: la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento-; sino por la supuesta contradicción entre una personalidad femenina normal, independiente y capacitada, con la inopia más absoluta respecto de los “negocios de mi marido”.
No todos los casos son iguales, y a la hora de entender las razones de esas mujeres -insisto: tan libres e iguales ante la sociedad como esposas florero ante los tribunales-, no vale el trazo grueso y sí la tipología fina. Permitidme la licencia taxónomica: estos son los géneros de la familia de las esposas florero, al menos ante los tribunales españoles.
El caso de Cristina Borbón, ya absuelta, es el más claro. Aunque pueda resultar incomprensible, puede ser cierto que no sabía nada. Una persona que jamás se ha preocupado por saber si hay leche en la nevera, que nunca ha entreabierto la puerta de un retrete para reclamar un rollo de papel higiénico, no vive en este mundo. Para nosotros resulta inconcebible que el dinero o los negocios no tengan ni la categoría de asunto doméstico: pero así viven ellos, amigos.
Hace muchos años, durante un viaje por India, trabé conversación con una persona que jamás había salido del desierto en el que vivía, y a la que mis relatos de un mundo en el que movías una palanca y obtenías agua dibujaron una mueca de incredulidad. No podía concebir que eso fuera posible. Pues bien, para una Infanta de España, es inconcebible que el dinero sea necesario, ni siquiera como objeto, acostumbrada a pedir y que su séquito proporcione lo pedido sin más.
El caso de Ana Mato, testigo sólo de las marrullerías de su ex marido, es diferente. Aunque consciente del valor del dinero y de sus usos, durante su matrimonio el nivel de incomunicación con su pareja debió de ser épico para no interesarse siquiera por los automóviles que se guardaban en su garaje. Me atrevo a sugerir que, encauzada su carrera política, en un momento dado se desentendió para no alterarse, como cuando llegamos tarde a una cita y nuestras parejas no tienen ningún interés en nuestras excusas basadas en atascos o misteriosas averías en el transporte público. Me imagino la mirada de Ana Mato ante la historia que contaba Jesús Sepúlveda sobre quién iba a pagar la fiesta de cumpleaños de su hija, y su frase lapidaria y aterradora para cualquier esposo: "Jesús, tú veras. Pero yo no quiero saber nada".
El último tipo de esposa florero –solo ante los tribunales españoles-, es el de Rosalía Iglesias, casada con Luis Bárcenas y probablemente la más indefensa de las tres. La “vida plena que lleva con su marido”, según su propia declaración, es la de quien ha visto cumplidas todas sus aspiraciones de niña bien de la burguesía: un príncipe y caballero andante que se ocupa de todo, protegida frente a todo y con un tren de vida más que cómodo, sin llegar a lo ostentoso. A santo de qué se va a enterar ella de nada, habiendo exposiciones, mesas petitorias contra el cáncer y decenas de bodas y viajes de vacaciones para contar a las amigas en aquellas cafeterías de nuestra juventud: California, Nebraska, Manila...

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