domingo, 30 de diciembre de 2007

Dislates del año

Tengo algunas reseñas pendientes pero el final del año es tiempo de hacer balance. Y hace mucho que no me desahogo en lo político, asi que vamos a ver lo que ha dado 2007 de si en materia de pésimas actuaciones de nuestros gobernantes.
En Madrid, si hay un dislate monumental que pagaremos y sufriremos durante décadas es el enterramiento de la M30 ad maiorem gloriam del alcalde y su ingeniero estrella. No ha solucionado ni uno solo de los problemas de tráfico: los atascos son exactamente los mismos, en los mismos puntos y con la misma intensidad. Eso sí, la ciudad es ahora mucho más vulnerable a un accidente o a un atentado o a una buena tormenta.
Un dislate mayúsculo es la actuación de la oposición ante la corrupción en la concesión de licencias de apertura de locales: todos lo sabían, nadie hizo nada y desaprovecharon la oportunidad de usarlo en las elecciones locales: ¿en qué estaba pensando el PSOE? ¿Y los medios afines?
Otros dislates locales que se comentan por sí solos son: la candidatura olímpica –que nos dejen en paz-; la noche en blanco –cultura de apariencias y desorganizada-; y el gasto absurdo en cinco semanas de iluminación navideña.
En lo personal, el dislate urbanístico que supondrá la desaparición de Prado del Rey, del que ya lo digo todo aquí.
Un dislate periodístico fue el rediseño de El País, que ni es rediseño ni es nada, y en política nacional, continúa el dislate de creer que la iglesia o el partido popular están comportándose de forma disparatada. No, son así. Y lo son desde que san Felipe González –ahora elevado a los altares en Europa- decidió no reformar de verdad el estado franquista a comienzos de los 1980. De aquellas componendas vinieron otros dislates, como que este individuo sea magistrado del Constitucional, o que esta fuera secretaria de Banca de CCOO, por ejemplo.
El canon digital es un dislate, pero el canon sobre el préstamo de las bibliotecas es una vergüenza. En fin, que cada vez me salen más: las normas de seguridad aeroportuarias, el euro, el mercado inmobiliario, eta…
Así que, feliz año nuevo, si podemos.

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jueves, 20 de diciembre de 2007

El matrimonio del cielo y del infierno

No seáis mal pensados, no se trata más que del título de una de las obras más impresionantes del incomprendido poeta inglés William Blake. Buen pintor, grabador y polemista religioso, Blake es uno de los escritores más inquietantes que ha pasado por mis neuronas, y no será ésta la única de sus obras que pienso leer más adelante. Lo tiene todo: es perturbador, del siglo XVIII, es deliciosa e ingenuamente creyente y un adelantado en algunas ideas. Un poco Ballard avant la lettre, si se me permite la herejía.
El matrimonio del cielo y del infierno resume un poco el carácter del pensamiento de Blake y de los muchos tormentos que su mente debió padecer. Libro poco convencional, grabado con imágenes del propio autor, es más una obra de arte total que un panfleto religioso, intención original de Blake al escribirlo. Las imágenes grabadas están unidas a las imágenes de sus textos, así que es recomendable leerlo en una edición que contenga también el facsímil de las planchas del libro.
Por lo demás, no hace falta estar muy versado en los movimientos religiosos ingleses de fines del XVIII ni en la Biblia para disfrutar de los caprichos, proverbios, aforismos y a veces estrafalarios pensamientos de Blake. Son más pecios que meditadas reflexiones, a veces de postal adolescente:
Aquel cuya cara no irradia luz, jamás será una estrella.
A veces lúcidos:
Sin contrarios no hay progreso. La atracción y el rechazo, la razón y la energía, el amor y el odio, son necesarios para la existencia humana.
A veces deliberadamente oscuros:
Una sola ley para el león y para el buey es la opresión.
Aunque en general la humanidad no sale muy bien parada de sus pensamientos -"Las cárceles se construyen con piedras de ley; los prostíbulos con ladrillos de religión"-, no pierde la esperanza de alcanzar otro estadio:
Si se limpiasen las puertas de la percepción, todas las cosas aparecerían ante el hombre como son: infinitas.
En estas frases encontrarán después la excusa perfecta cientos de escritores para darle a las sustancias que todos conocemos, algunos probamos y otros disfrutan.

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martes, 18 de diciembre de 2007

Primera Hispabrick


Como no vivo sólo de trabajo y sesudas reflexiones, un poco de infancia -o de peterpanismo- de vez en cuando, ayuda a mantener en forma el cerebro.
En la primera semana de diciembre se celebró en el centro comercial L'anec blau de Castelldefels el primer encuentro de aficionados al Lego de España. Una fiesta de afols (acrónimo de aficionados adultos al Lego) que resultó tan divertida como interesante, gracias a un montón de buena gente.
Fui con las niñas, mi hermano y su mujer y sin la osita, lo que me permitió tres cosas: una, enseñarles a las niñas algunas experiencias de utilidad futura; dos, colaborar con mi hermano en un montaje de Lego por primera vez; y tres, echar de menos a la osita, que se quedó en Madrid dedicada a nuestra común familia.
Piezas, charlas, estrés y un viaje largo pero que valió la pena. Aqui hay imágenes del fin de semana y aqui más información del acontecimiento. Y el año que viene más.
También hablaron de ello:
Hellfreak
Runequest
Y los portugueses.

martes, 4 de diciembre de 2007

Reflexiones sobre el Twittmad

Volviendo del Twittmad, la reunión mensual de usuarios de Twitter de Madrid me ha dado por pensar en nuestras huellas, en la identidad.
No descubro nada si digo que no somos más allá de unos fragmentos en la memoria de alguien, que somos retazos de una conversación con terceros, fotografías desvaídas que sólo existen cuando alguien las mira. No por aquello de que la caída de un árbol en el bosque vacío sólo existe si alguien escucha el estruendo, no. Las fotografías existen al margen de los fotografiados, pero sólo somos alguien cuando nos reconocen en ellas, cuando nos devuelven a la vida. En el fondo, la fotografía no es más que una democratización del anhelo humano por la inmortalidad.
Visto que no podíamos construir pirámides para todos, ni tampoco encargar retratos a un pintor, una fotografía que pasaba de una generación a otra era suficiente para garantizarnos cierta inmortalidad. Ahora internet ha añadido una dimensión extra a esos fragmentos. Internet nos da la inmortalidad.
Creo que dentro de 50 años, la mayoría de las webs, de los foros y de las bandejas de entrada y las redes sociales que guardan ahora cientos de trozos de nuestra vida y de las vidas de los que nos rodean seguirán existiendo y nos habrán dado, al fin, la inmortalidad.
No hará falta un descendiente con memoria que recuerde quién es el tercero por la derecha en una desvaída fotografía, bastará con ver las etiquetas, con seguir los enlaces, con leer cada trozo de su quehacer. Reconstruir una vida a través de los miles de huellas que dejamos en la Red, que van quedando dispersas por los servidores será una aventura apasionante.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Florilegio de enlaces


Llevo mucho post espeso y trascendente, asi que vamos a darle un poco de marcha al ratón con las siguientes curiosidades, leídas en muchos sitios y convenientemente probadas, para deleite de navegantes curiosos. Como por ejemplo, esta imagen de mi mismidad "simpsonizada". ¿A que mola? Pues nada, coged una foto y en esta generosa factoría podéis transformaros en el personaje de Matt Groening que queráis. ¡Y sin esperar a ser famosos!

¿En cuántos metros has estado? Pues aqui te lo dicen, te montan una barra de logotipos y te permiten generar tu propio código para subirlo al blog, a la web o a donde quieras.

La familia, esa institución. ¿Te haces un lío con tanto pariente? ¿Tienes problemas para explicar el quién es quién de toda familia que se precie? Pues la solución está en este árbol genealógico totalmente configurable y que puedes compartir.

Y, para terminar, un par de enlaces más serios y, digamos, divinos:
Para aprender de religiones y su largo camino por la historia, este espléndido e interactivo mapa.
Y todo lo que siempre quisiste saber para borrarte de la Iglesia y poder apostatar puedes encontrarlo aqui. ¡Que me borren pero ya!

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lunes, 19 de noviembre de 2007

Gracias, Arturo

Arturo ha sabido siempre que yo no soy lector suyo, aunque jamás me he perdido uno solo de sus artículos. También sabe que no he alardeado de ello, y que me pesa apreciar solamente su talento en las distancias cortas, en los cachitos y los húsares. Nunca le ha importado. En algún rincón tengo mi ejemplar dedicado de su territorio comanche, que he comprendido pasado el tiempo y ahora suscribo en su totalidad.
Fueron doce años de cierta complicidad, hecha de paisajes syldavos y geografías de Melville y de Stevenson, de disquetes con temibles ficheros de wordperfect que se negaban a abrirse con el mac, de cursivas, comas y algún sumario mal elegido.
Ayer, el colorín que distribuye ABC y otros diarios, la que fue la revista de mayor tirada en lengua castellana del mundo, con permiso del Reader's Digest, celebraba sus veinte años de historia y Arturo Pérez-Reverte lo celebraba acordándose de la infantería, acordándose de mí.
Asi que, gracias Arturo, por la parte que me toca, y un abrazo sincero. Nos veremos en Moulinsart, con un Loch Lomond en la mano. O en el Danieli de Venecia, cualquier Nochevieja de éstas.

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viernes, 16 de noviembre de 2007

La cortina del lenguaje

Hace poco, obligado por educación a escuchar la chapa que me estaban dando al teléfono -un ritual que se repite cada cierto tiempo y que me permite practicar lo que mi padre llamaba “proceso de borrado automático”, popularmente: por un oído me entra y por el otro me sale-, me dio por pensar en cómo nos hacen y hacemos perder el tiempo, cómo el lenguaje, originalmente una creación para el intercambio eficiente de mensajes, puede terminar por ser una cortina bastante espesa tras la que se oculta cualquier motivación.
No hablo de la sencillez o complejidad de ese lenguaje, sino de su uso final. Durante algunos años tomé por cierto que los seres humanos adoptamos diferentes personalidades según el escenario, pero ahora no estoy tan seguro. Salvo lesión cerebral, nuestra personalidad está definida y cerrada porque no depende de nosotros, no somos conscientes de ella porque forma parte del mismo paquete cerebral que ver o sentir frío: va con nuestro cerebro, es intríseco a él. No llega al nivel automático, como la presión sanguínea, pero es inevitable: no podemos dejar de pensar, de ser conscientes y de serlo de una manera determinada: personalidad, carácter.
Y es aquí donde entra el lenguaje, una facultad cerebral que sí podemos controlar hasta el más mínimo detalle. El tono, las palabras escogidas, la cadencia, la pronunciación, hasta los motivos, lo que queremos ocultar hablando, todo está bajo nuestro control más absoluto. Incluso las meteduras de pata, los descuidos y errores están controlados: en una discusión decidimos la velocidad de nuestras réplicas, pero también cuánta atención le dedicamos al otro; no cabe el “no sé qué he dicho” o “cómo he podido decirte aquello”.
Siempre lo sabemos, porque forma parte de nuestra elección consciente de lenguaje, de qué decimos, cuándo y cómo y porqué. Durante la infancia no sólo modelamos la personalidad en la medida en que los recuerdos fijan determinadas conexiones en nuestro interior mental; sino, y sobre todo, construimos lenguajes: aprendemos a mentir y respetar, a usar una cortina u otra dependiendo del interlocutor.

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miércoles, 14 de noviembre de 2007

El olor de la India

Uno de los mejores viajes que he realizado -a finales del siglo pasado, y no por capricho sino por trabajo- fue a India.
Nota: no viajo a la Francia, asi que tampoco a la India, aunque he ido al Reino Unido y también a Estados Unidos.
Sigo.
Viajar a India es, naturalmente, una experiencia necesaria para cualquiera, y hay que tener mucho talento para ofrecer una impresión coherente de lo mucho o poco que allí se puede ver. En mi caso, soy incapaz de articular un discurso unitario sobre esa experiencia: recuerdo monumentos y momentos, personas y lugares, sensaciones físicas y hasta conversaciones.
En algún sitio estarán las pocas fotos que tomé, porque si algo define mi visión de ese país es la sensación de exceso. India me abrumó y esa es la impresión que puedo compartir. Puedo reducir ese viaje a momentos para compartirlos, pero es tan pobre la descripción que puedo hacer, son tan tópicas las palabras que no me siento capaz. Quizá, dada la naturaleza profundamente emocional de estos viajes, por las muchas lecturas y el exceso de simbolismo que ponemos en ellos, el viaje acaba por discurrir como una ensoñación lejana, atiborrado de adrenalina y emociones.
No es fácil pues, compartir semejante viaje. Por ejemplo, recuerdo, a las cuatro o cinco horas de vuelo, la impresión que me causó ver por la ventanilla el monte Ararat y la consiguiente perplejidad de mis compañeros de viaje ante mi entusiasmo por aquella montaña lejana. Era el monte Ararat, se supone que el arca de Noé está allí, etcétera, pero nadie podía entender ese entusiasmo en el que se mezclaban muchas lecturas y el hecho de sentir que, en efecto, me había convertido en el reportero que siempre había soñado ser, aunque no llevara un terrier blanco y mis pantalones no fuesen bombachos.
Viene esto a cuento para explicar un poco El olor de la India, un libro del cineasta Pier Paolo Pasolini, publicado hace diez años, adquirido entonces por curiosidad y que ahora vuelve a editarse. Pasolini viajó a India hace más de cuarenta años y como me sucedió a mí, se sintió tan abrumado por su visión que se permitió escribir sobre ella y el resultado es, a qué negarlo, pésimo como guía de viaje, espléndido para conocer por dentro los meandros del pensamiento de un director de cine tan excesivo y exagerado como el país que visitó.
Sospecho que Pasolini no entendió nada de lo que veía y se limitó a desahogarse, dejando a su paso un buen montón de tópicos occidentales aplicados a un país incomprensible desde nuestra óptica. Si no, no se explica que pudiera escribir frases como
Comen callados, como perros, pero sin reñir, con la sensatez y la dulzura de los indios.
A lo largo del libro -muy breve- se desgrana una sociología de guardarropía, una reducción casi infantil:
Los indios, dados a la abstracción y filosóficos en sus orígenes, son actualmente un pueblo práctico [...] en tanto que los chinos, prácticos y empíricos en sus orígenes, actualmente son un pueblo extremadamente ideológico y dogmático.

El libro incluye una entrevista con Alberto Moravia, compañero en India del cineasta, que explica con cierta sensatez y mejores mimbres las circunstancias del viaje. Y es Moravia -un escritor que no aprecio mucho: lo tengo por rebuscado- quien define de verdad su India y el que aclara un poco lo que pudo sentir Pasolini allí:
ambos fuimos a la India sin un programa. Es la India, en realidad, la que está programada. [...] La [posición] de Pasolini, como, por otra parte, en toda su existencia, es la de identificarse sin aceptar verdaderamente.


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viernes, 9 de noviembre de 2007

La invención de Morel

Estoy literario en los últimos días. Tras la lectura de estos libros de Fuentetaja, me entró la curiosidad por esta invención de Morel, muy celebrada por su autor y por su amigo Borges. La invención de Morel es un cuento largo bastante interesante y un buen modelo de literatura clásica de argumento. Me ha recordado el mejor y más inquietante relato de Poe, Las aventuras de Arthur Gordon Pym, que leí en una edición de Losada hace muchos años y siempre he considerado como el paradigma de la lectura desasosegante para el lector.
La invención te atrapa desde el primer minuto y llega a ser por momentos apasionante, pero como le sucede a Poe, exige un esfuerzo de abstracción del lector actual, obligado a dejar por el camino el conocimiento del mundo actual y de la ciencia. El problema de estos relatos es que son profundamente coyunturales en sus referencias y el lector moderno acaba por impacientarse un poco ante la ignorancia que los protagonistas muestran frente a los acontecimientos. Es decir, en muchas ocasiones, la explicación de lo que le está pasando al protagonista ya ha sido inferida por el lector, con lo que el efecto sorpresa se diluye un poco y solo cabe disfrutar de las peripecias y de la calidad de la narración, dejando de lado la previsible conclusión y consiguientes explicaciones.
No digo que sea un demérito. Si los grandes relatos de un Wells o de Bradbury están empezando a envejecer porque nuestra comprensión del mundo ha crecido exponencialmente, la literatura anterior ha envejecido ya y su efecto más pirotécnico, podríamos decir, se desdibuja. No obstante, es una lectura satisfactoria, que plantea preguntas universales y abunda en un tema universal y siempre gratificante: cómo conseguir consuelo ante un amor no correspondido.

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miércoles, 7 de noviembre de 2007

Periodismo español

"La dignidad de los afectados y la memoria de las víctimas no han sido merecedoras del tratamiento dado en algunos medios de comunicación por personas que, a lo mejor, en su momento, pudieron aprobar la carrera de periodismo, pero que no tienen la altura y grandeza de una profesión tan importante en una sociedad democrática como la nuestra."
Olga Sánchez, hoy en El País.
Es la fiscal del juicio por los atentados del 11 de marzo de 2003. Su valentía, ahora y en estos tres años, este diagnóstico certero de la clase de individuos que merodean por el periodismo español y su labor en la investigación del atentado, la incorporan a mi galería de héroes, como los bomberos de Chernobil o el agente Calipari.

martes, 6 de noviembre de 2007

Por qué leer es como respirar

Leer "Es la posibilidad de dialogar con el pasado, y por lo tanto de enriquecernos en ese monólogo a veces vacío que llevamos con nosotros mismos... Es de los grandes regalos de la humanidad: dialogar con otros seres que ya no son de nuestro tiempo. Ese diálogo lo tenemos gracias al surco de la escritura".
Emilio Lledó, aquí hace unas semanas.
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lunes, 5 de noviembre de 2007

La libertad, esa aspiración

Es tiempo de parar un momento y reflexionar, que no sólo de reseñas de lo que leo vive este blog y hace mucho tiempo que no incluyo paridas o enlaces o un poco de marcha. Lo cierto es que un blog, o mejor dicho, la posibilidad de escribir y publicar en internet cualquier texto bajo la responsabilidad de uno, pasa por diferentes fases. Es un diario público en la medida en que refleja la personalidad de cada autor y sus estados de ánimo, por lo que su desarrollo obedece también a los inmutables designios de cada personalidad.
En mi caso, sentirme libre para poder escribir de lo que me dé la gana es consustancial con la propia escritura. Bien sea para reprochar el actual silencio del peor ministro de la historia de España, bien para recomendar un extraordinario blog de fotografía. Pero en los últimos meses no me he sentido especialmente libre, tras comprobar cómo este ejercicio de nudismo intelectual que es Los pies del gato era utilizado contra mí.
Pero este fin de semana, viendo Persépolis, una película sobre la libertad y la integridad, sobre nuestra capacidad de elegir entre el mal y el bien, aunque cueste, recordé que siempre me ha gustado escribir lo que me ha dado la gana, sin importarme una higa las consecuencias.
Cuando yo tenía diez años, a la vuelta de unas vacaciones escolares de Navidad, tuve que redactar una redacción sobre lo sucedido en esos días. Mi relato, sincero e ingenuo, recogía el alivio y la satisfacción de gozar de un descanso frente a la “pesada de Geografía” (sic) y el de Ciencias, entre otras perlas. Era 1970. Era el Ramiro de Maeztu y, que yo recuerde, fue la única vez que mis padres fueron llamados por la dirección del colegio para que controlasen mi peligrosa tendencia a decir lo que pensaba.
Aunque ya no puedo recordar la charla, sí sé que ambos fueron benévolos y me transmitieron la necesidad de no escribir lo primero que se me pasase por la cabeza. Aprendí la lección, al menos en lo que a las redacciones escolares se refiere. Desde entonces soy más o menos cauto con lo que escribo, depende del medio y del momento. Pero también perdí la capacidad de ser espontáneo: puedo ser muy rápido escribiendo, pero a costa de hacerlo con una precisión muchas veces excesiva.
Cuando empecé a ganarme la vida escribiendo, esa cautela se convirtió en responsabilidad frente a mi revista y frente a sus lectores. Hoy, en internet, en este blog y en otros en los que colaboro, la responsabilidad ha vuelto a ser cautela, que adopta la forma de una elección: de esto escribo, de aquello, no.
Y estoy cansado de elegir. Quiero escribir de todo. Avisados estáis.

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martes, 30 de octubre de 2007

Sobre la escritura

Los talleres de creación literaria Fuentetaja tienen un espléndido catálogo de libros dedicados a la literatura, de libros que explican la literatura desde los autores, con citas y análisis de los literatos, clásicos o vivos. Cualquiera que haya escrito unas reflexiones sobre el oficio de escritor tiene asegurado un hueco en esta colección, pensada originalmente como apoyo didáctico a los muchos y variados talleres que imparten.
He leído varios y me gustan, de hecho es un poco paradójico que en algún caso, me interesen más las reflexiones sobre la literatura que la literatura de un autor en cuestión. No es el caso de las reflexiones de Jorge Luis Borges, menos interesantes que su literatura, sobre todo su impagable "A mí me parece que la censura en sí no está mal...", página 118.
De los últimos publicados, recién terminé Sobre la escritura de Adolfo Bioy Casares y otro del mismo título de Borges, que recogen cronológicamente algunas de sus reflexiones y comentarios dictados en un par de talleres en Buenos Aires a mediados de los 1980.
Están estructurados en torno a una serie de temas: la creación, los motivos, la inspiración, la fórmula… Responden en muchos casos a una pregunta que parece constante en los talleres: ¿de dónde sale el tema? O ¿cómo se les ocurren las ideas a los escritores? Pregunta tan difícil que responder que la mayor parte de las veces da lugar a una larga digresión en la que los datos biográficos o las anécdotas sustituyen a la teoría de la génesis mental de la literatura. Pocos son los escritores que han reflexionado sobre la creación como tal y, menos, de la percepción íntima que cada cual tiene de su creación, llámense Borges o Woolf.
No hay receta, ni momentos, ni pautas. La escritura surge de muchas fuentes y de ninguna. A diferencia de la literatura, en el ejercicio del periodismo –de lo que algo sé- lo que hay son urgencias y asuntos que ya vienen dados, bien por una orden directa, bien por ese concepto difuso que es la actualidad. Ambas escrituras comparten la disciplina, la inevitable necesidad de sentarse frente a la pantalla y escribir. Con ser interesantes las ideas o los motivos de otros escritores –o de los escritores, no seamos presuntuosos-, quizá lo más importante de estas recopilaciones sean lo que puedan sacar de nosotros, lo que puedan explicar de nuestro propio camino creativo.
Como dice Bioy Casares "Me atrevo a dar el consejo de escribir, porque es agregar un cuarto a la casa de la vida. Está la vida y está pensar sobre la vida, que es otra manera de recorrerla intensamente". Serán las coincidencias o mejor, las discrepancias que tengamos con los escritores conocidos, las que nos explicarán porqué escribimos lo que escribimos y cuál es la materia con la que nos sentimos más identificados.

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martes, 23 de octubre de 2007

La poética del espacio

Repetir las mismas pautas todos los días nos ofrece a los compulsivos una oportunidad única de estudiar el entorno, de apreciar los cambios y admirarnos con la repetición inexorable. Reconocer las mismas caras en el mismo tren, que éste llegue a la misma hora y se detenga en el mismo y exacto lugar del andén son placeres que sólo los obsesivos paladeamos. Que el modelo de tren varíe o que las personas cambien de puerta puede resultar hasta molesto, como si el orden fundamental del mundo se hubiese alterado.
Gastón Bachelard, uno de los grandes teóricos de la literatura, no hace en esta Poética del espacio ninguna apología de mis placeres cotidianos, pero si explica de qué forma los espacios, los lugares, forman parte de la poesía, no tanto como tópicos o como usos, sino como parte del lenguaje, como materia poética. Bachelard no hace exactamente un catálogo de los sitos en los que transcurre la poesía o en los que se puede desarrollar un poema, sino más bien un mapa de los lugares que la poesía occidental recorre con asiduidad.
Es una topografía de lo cotidiano, el retrato de lo que nos rodea lo que se constituye como material poético, como material-refugio del pensamiento o la mirada. De la misma forma que yo me siento rodeado de una pauta inmutable de lugares, luces y personas por las mañanas que me ayudan a reconocer el mundo y enfrentarme a él, los espacios en la poesía rodean y dan sentido al poeta y le ayudan a encontrar el suyo, o a posar su mirada de una forma diferente sobre algo aparentemente visto muchas veces antes.
Las casas y, dentro de éstas, las habitaciones, los sótanos y buhardillas; muebles y cajones, objetos, las viviendas de los animales, los rincones… Bachelard recorre con ejemplos, con versos y citas de diversos autores, ese camino espacial de la poesía. Y en el recorrido encuentra también las huellas que las dimensiones dejan en nosotros y en nuestro pensamiento, asi como nuestro espacio interior y el lugar que ocupa en nuestra lectura del mundo.

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jueves, 18 de octubre de 2007

El síndrome de Francfort

La Feria del Libro de Francfort es para los amantes de los libros una extraña mezcla entre Rodilla, Carrefour y la tienda del gourmet del corte inglés. Profundamente mercantil, exquisitamente bibliófila, imprescindible, inabarcable, exagerada, hostil y cálida; hasta mágica en algunos momentos: a la vista de alguno de los grandes de la edición, cuando conceden el Nobel de Literatura… De todo eso, trata Sergio Vila-Sanjuán en este librito oportuno, publicado pocas semanas antes de la celebración de la edición de este año, y que recoge sus experiencias como enviado especial del diario La Vanguardia desde 1994 a la feria.
Libro ameno, hasta simpático, en su tono de crónica periodística sin pretensiones, que explica qué es, de dónde viene y cuáles son las razones por las que año tras año, la capital del Meno acoge esta cita anual.
Anécdotas, chismorreos, algunas cifras y una excelente síntesis de las circunstancias en las que se ha desarrollado la gestación de la presencia de Cataluña como país invitado en la feria de este año son algunas de sus virtudes. Superficial, escaso de análisis y un poco plano de estilo son sus defectos, aunque éstos no desmerecen el conjunto en absoluto.
No es lo mismo que asistir en persona a la feria, claro, pero es un buen recurso para saber de qué va la Buchmesse, y dada la escasa bibliografía en español sobre el mundo editorial en general, es una referencia obligada.

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lunes, 15 de octubre de 2007

Blog Action Day

Como sucede con los lazos por las causas más variopintas, o los actos más normales convertidos en excepcionales por una causa, la banalidad de hoy es el Día de Acción Bloguera contra el cambio climático, traducción libre pero expresiva de las intenciones de los organizadores.
Asi que los ciclistas pedalean contra la fibromialgia, Rajoy agita una bandera para ganar unas elecciones y los blogueros escribimos un día contra el cambio climático. Algún día, con tiempo y ganas, habrá que meterse a fondo en analizar cómo desde la última guerra europea a gran escala –no vale Kosovo, conflicto regional-, la civilización occidental ha entrado en un periodo de infantilización en el peor sentido de la palabra.
Y la ostentación de la propia y paulativa idiotización se ha convertido en una plaga que escapa a toda lógica. Hemos sutituido la acción por la imagen de esa acción. La solidaridad, la caridad, la empatía, por utilizar los tres términos que definen nuestra acción altruista con los demás humanos, ya no existen: basta con que lo sustituyamos por la imagen de ese altruismo, por la imagen de nuestra conciencia.
Estamos buenos.
En fin, que ya está mi aportación al Blog Action Day. Que nos aproveche.

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sábado, 6 de octubre de 2007

El pensamiento cautivo

Leo más de lo que puedo reseñar, pero es lo lógico: hay que ser lectores, por encima de todo. Mientras disfrutaba de un amplio poemario de Raymond Carver, del que ya hablaré, lei recogida una cita del poeta y ensayista Cseslaw Milosz, de quien tengo reciente la lectura de El pensamiento cautivo, un extraordinario ensayo atrapado al vuelo en la biblioteca y que me sirvió de introducción al mundo de un escritor especialemente singular.
El hecho de encontrarle citado por Carver es prueba que se trata de un autor extraño, al que le queda como un guante su inclusión en la colección “marginales” de Tusquets. Milosz realiza en esta obra un amplio viaje por la situación de los intelectuales en las dictaduras comunistas del siglo XX. Pero en lugar de hacer una lista con dos columnas –escritores de régimen, escritores disidentes-, Milosz disecciona minuciosamente los diferentes tipos de pensamiento, de expresión que las dictaduras crearon a lo largo de las décadas, desde el comienzo de los movimientos socialistas europeos de la década de los 30 del siglo pasado.
Milosz fue él mismo uno de esos escritores, por lo que se analiza con extraordinaria agudeza para comprender, que no juzgar, el camino intelectual de muchas personas que pusieron su talento al servicio de los regímenes totalitarios del este europeo, la mayoría obrando de buena fe. Los motivos, las razones y la deriva de ideas y pensamientos son la clave de la actuación de estos intelectuales. El poeta deja claro desde el principio que no busca justificarse, sino explicar cuál es el discurrir del pensamiento al otro lado del telón de acero y porqué la intelectualidad occidental no debe aceptar sin más ni más las etiquetas que unos y otros se lanzan. Escrito en los años 1950, mientras se encontraba exiliado en París, Milosz analiza con maestría un periodo de la historia intelectual y cultural de Europa desde dentro, sin anatemas ni condenas, con una mirada profundamente humana y comprensiva, pero sin pretender justificar u ocultar las atrocidades que en nombre de la burocracia comunista se cometieron hasta la caída del muro de Berlín.
Bueno para profundizar en la génesis del pensamiento sujeto a restricciones y el desarrollo de la intelectualidad en condiciones dictatoriales. Y para conocer a uno de los grandes poetas en lengua polaca.

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viernes, 28 de septiembre de 2007

Hasta que la muerte nos separe, osita

Hace poco he vuelto a enamorarme de ti y de nuevo siento en mi interior un vacío que sólo llena tu cuerpo abrazado al mío. Mi obra sólo lleva un nombre, cuando ha sido fruto de un largo diálogo.

André Gorz, filósofo francés muerto junto al amor de su vida hace unos días.

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martes, 25 de septiembre de 2007

Cuatro años de blog

Hace cuatro años que abrí este espacio, sin saber muy bien porqué. Desde entonces, no he dejado de sorprenderme y de pasarlo bien: sigo escribiendo cada vez más, participando en proyectos colectivos de lo más variado, conectando con otras personas, reflexionando en corto y en largo y, sobre todo, experimentando con internet, aprendiendo de internet y pensando en internet.

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domingo, 23 de septiembre de 2007

Dos preguntas y una cita

¿Están en mis manos las esperanzas, los amores, las desesperaciones, las actitudes frente a los conflictos y frente a la felicidad propia y ajena, todo eso que conforma el suceder de la vida? ¿No son acaso descubrimientos, hechos que acaecen y me involucran sin que exista en mí una voluntad determinante que permita toda previsión?
Adolfo García Ortega

Escribir es una recompensa admirable y dulce; pero ¿de qué?
Franz Kafka

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martes, 18 de septiembre de 2007

La escuela privada ya no es tan exclusiva

Uno de los grandes flecos que dejó colgada la transición. O, si lo quieren más personal, uno de los jirones de piel que nos dejamos los tontos que salíamos a la calle para protestar durante esos años, fue el de la escuela, la educación, lo que incluye también la presencia de la religión en las aulas y demás. A este respecto, mi posición es de sobra conocida y puede resumirse así: el que quiera dioses que se los pague, que los escuche en los templos y la educación concertada no existe: es privada que pagamos todos.
El problema de la educación española es también el de su clase media, empeñada en una igualdad a la baja que acabará por destruir cualquier atisbo de cultura del esfuerzo que nos quede. Si es que no lo ha hecho ya. Pero ahora no me interesa recordar el fracaso escolar, los profesores quemados, la desmotivación ni otros males.
El complejo de inferioridad de la clase media española, unido a su carácter de nuevos ricos, ha empujado a miles de familias durante años a considerar la escuela privada, antes que la pública, como la mejor opción para sus hijos. Aunque el pago no garantice que quien es tonto, vuelva de la guerra más listo de lo que se marchó, miles de familias se empeñan todos los años en una carrera de gastos que sólo sirve para mantener el prestigio social o las apariencias.
Desde hace 20 años, además, el discurso político de buena parte de la izquierda española contrasta con su particular proceder y son pocos los líderes de esas formaciones que no envían a sus hijos a colegios de pago. Con un falso prestigio ganado durante el franquismo, bien servido por los medios de comunicación, la escuela privada se alza como si fuera la gran solución de futuro para nuestros hijos, cuando no es más que un negocio, servido por comerciantes a los que les importa el futuro en la medida en que las generaciones de alumnos se perpetúen en sus aulas, de padres a hijos.
Pero lo más grande viene a la hora de analizar la supuesta exclusividad de estos colegios, llamados a ser de élite. No discuto si tienen más o menos alumnos por clase o si disponen de más o menos medios, porque la llamada brecha digital, el índice de lectura y otros indicadores están sesgados en la medida en que son los hogares y la actitud de los padres lo que van a establecer al final unos u otros.
Hace unos días, se publicaba un interesante -aunque obvio- reportaje sobre las diferencias entre el número de escuelas públicas y privadas en función de la comunidad autónoma. Hay varias cosas llamativas, como que Cataluña, tras décadas de gobierno nacionalista de derechas, apueste decididamente por la escuela pública. Pero lo que ha provocado este post son precisamente las cifras de la comunidad de Madrid: 15.694 centros privados frente a 5.957 públicos.
¿Dónde está la supuesta élite? Si la educación privada se basa en la exclusividad, al menos en Madrid, lo cool, por escaso y exclusivo es, desde luego, la escuela pública. Padres que queréis lo mejor y más único: matriculad a vuestros hijos en Castilla La Mancha: sólo hay 36 colegios privados.
Nota: soy fruto de la enseñanza pública y mis hijas también lo son.
Cuadro publicado con esta noticia de El País.


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miércoles, 12 de septiembre de 2007

¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?

Aunque los éxitos de ventas literarios suelen ser textos por encima de las 400 páginas y las grandes novelas del pasado superan esa cantidad, lo cierto es que la tendencia actual se dirige precisamente a lo contrario, a la brevedad. Ser concreto, breve y hasta escaso no es una novedad: desde las greguerías hasta los relatos de Monterroso y, por supuesto, los haikus, son muchos los escritores que se han enfrentado al reto de narrar el instante y de hacerlo con brevedad. Nada que ver con la magdalena de Proust, instante mágico desarrollado en cientos de páginas de memorias.
El mérito de Raymond Carver y de sus cuentos no está tanto en su brevedad, que no es tal, sino en lo que describen. Están construidos con una factura clásica, por su extensión y desarrollo, pero en lugar de concentrar el tiempo a la manera de Chéjov en pocas páginas, Carver lo extiende. Y esa extensión, ajustada al milímetro, le permite tomar un momento fugaz y convertirlo en un retrato detallado.
No todos los relatos son así, claro, pero en la mayoría, Carver mira y deja que nosotros miremos. Una mirada intensa, que no se limita a ver lo aparente sino que escruta –siempre con cariño- las acciones y los pensamientos humanos. No son, como pretenciosamente señala la solapa del libro, haikus en prosa. Son otra cosa; si un haiku es un segundo, un parpadeo, casi la impresión inconsciente de un momento, los cuentos de Carver son más bien un minuto, una mirada fija y atenta que dura lo suficiente como para captar la esencia de las cosas.
Captar y describir, claro, y en mostrar lo visto Carver no defrauda. Su prosa se podría comparar con las pinceladas de Hopper, pero allí donde el pintor impone una luz que es siempre homogénea en sus cuadros, Carver deja que sea la luz de cada situación la que ilumine la escena, sin alterar el conjunto. Hay relatos al aire libre en los que respiras el aire de las montañas o el de un suburbio, cuentos de interior iluminados por bombillas pálidas o por fluorescentes limpios.
Muy recomendable, para aprender a escribir y para desengrasar.

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sábado, 8 de septiembre de 2007

Elogio de la locura

¿Me estoy haciendo mayor? Mayor en serio, con dificultades para leer y un permanente gusto por los libros más antiguos, los clásicos impensables. Cada vez que veo las mesas de novedades, gruño sordamente, nada me interesa. ¿Me hago… viejo? No. Ayer reflexionando sobre ello –reflexiono mucho este mes: es un mes especial, lleno de aniversarios: ya hablaremos-, llegué a la conclusión de que si bien en materia literaria y musical parezco un poco rancio y poco dado a novedades, no es cierto. Primero, porque muchas de esas novedades no me llegan y segundo, porque atravieso periodos en los que me pongo al día con textos o compositores que me perdí durante la travesía del desierto, circunstancia extensible también al cine y a otras manifestaciones culturales.
Larga digresión para justificar que, después de la Utopía de Moro, he disfrutado con otro clásico no menos intenso y necesario: el Elogio de la locura de Erasmo de Rotterdam.
Libro sencillo y hasta divertido, maestro en una ironía nada dificil de comprender y que se resume con una de las muchas citas, ésta de Cicerón, que el libro atesora: “El mundo está lleno de majaderos”. Erasmo, buen conocedor de la sociedad de su época, describe a través de una exaltación y elogio de la locura en su sentido de estupidez o estulticia, los tipos, clases y personas que proliferan en su en torno. Su intención es hacer ver cómo la estupidez es la reina de las acciones humanas y cómo en su honor se cometen las mayores tropelías, sin que nadie se aperciba de que lo que creen como nobles acciones no son otra cosa que estupideces.
En general, lo más provechoso del libro es lo que cada uno pueda ver de sí mismo reflejado en él y cómo nos retrata a los seres humanos. Con Erasmo no cabe la ingenuidad, no cabe pensar que hemos cambiado mucho en 500 años. No es así. Seguimos siendo fatuos, egoístas, llenos de prejuicios, ignorantes y ajenos a cuanto no vaya en nuestro beneficio. Preferimos la apariencia y el barniz de sabiduría al conocimiento obtenido con esfuerzo. Y cuanto más arriba en la escala social, peor. Menos mal que hay excepciones, y con ellas, esperanza.

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martes, 4 de septiembre de 2007

La revolución de los cómics

El empleo del cómic, de la historieta como fórmula discursiva para desarrollar un ensayo no es una gran novedad. La mayor parte de las revistas de historietas españolas durante el franquismo -Pulgarcito, Tio Vivo, DDT..- incluían, por imperativo gubernativo, una o dos páginas de divulgación con la viñeta como base. Asi que Scott McCloud no ha sido el primero en utilizar las viñetas del arte secuencial para algo más que para narrar una historia. Y sin embargo, el gran mérito del autor estadounidense es el de escribir un verdadero ensayo empleando el cómic como vehículo de expresión. Fue en su primer y excelente libro Cómo se hace un cómic.
La continuación de esa primera obra, que supuso un cambio radical en la concepción y el desarrollo del cómic, a la altura del canónico El cómic y el arte secuencial de Will Eisner, es La revolución de los cómics. Pero allí donde se apreciaba un análisis fino y meditado de la historieta, de su evolución y orígenes, aquí se encuentra un discurso coyuntural y poco meditado, ambicioso en sus planteamientos pero un poco ingenuo en los resultados.
Cualquier libro, cualquier análisis sobre la Red realizado en los comienzos de internet ha perdido casi por completo su interés, tal ha sido la velocidad y el volumen de los cambios que ha traído consigo. Ninguna de las profecías, de los caminos que se intuían se han cumplido, más allá de las generalidades sobre el inmenso potencial de una estructura que soporta, entre otras cosas, este blog. Hay que agradecer a McCloud su esfuerzo y aprovechar algunos de los pocos conceptos -sobre todo, en su afán por mirar hacia delante-, que se salvan de su libro.
Pionero de la distribución en internet de su obra, McCloud consigue transmitir el entusiasmo que despiertan en él todas las posibilidades de la Red, pero poco más. Y es una lástima que sólo se haya preocupado por dirigirse al público y los autores estadounidenses, perdiendo por el camino el carácter universal de su primera, y magistral, primera obra.

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miércoles, 29 de agosto de 2007

Viajes por el Scriptorium

A veces leo libros que me recuerdan porqué apenas leo ficción. Y los Viajes por el Scriptorium de Paul Auster son un buen ejemplo. La primera novela que leí de Auster me deslumbró: un narrador con un sentido del ritmo y de la descripción muy ajustado. Con la base puesta en el azar y el manejo de los tiempos, Auster me llevó como lector a donde quiso.
El retrato de los personajes, las situaciones y la extraordinaria coherencia interna me sorprendieron. Pero. La segunda novela era extrañamente parecida a la primera. Y la tercera. Y, supongo, que también las demás. Auster se reveló ante mí como un cocinero, o mejor dicho, como un físico: estas son las cantidades, los tiempos, las palabras y las situaciones, a tales temperaturas, con estas presiones y aquellas ecuaciones. El resultado, el mismo libro repetido eternamente.
Así que abandoné su lectura, convencido de que Auster es, sobre todo, un excelente vendedor de sí mismo, poseedor de una fuerte coherencia interna, pero con una originalidad cercana al cero absoluto, ya que hablamos de Física. Es un cocinero al que siempre le saliera igual la receta, fuese tortilla de patatas, huevos escalfados o fritos. Y ya no tengo edad de leer vacíos.
Pero la tentación –y el recuerdo de esa primera vez- en las manos de la Osita ha podido más: he leído las ciento cuarenta y tantas páginas de Viajes por el scriptorium en un par de horas. La reseña es casi más rápida que la lectura: una tomadura de pelo. Ya no es que se repita o que abuse del azar como permanente justificación de su prosa. Es que no tiene nada: ni argumento, ni personajes, ni ritmo…
Ni siquiera es un experimento literario con mala fortuna, ni una metáfora de la existencia del escritor. Es una lástima.

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martes, 21 de agosto de 2007

Blog Action Day

Soy demasiado joven todavía como para pensar que nada tiene arreglo, así que sigo confiando en las acciones colectivas y los movimientos. Como aún no me ha llegado la hora de ser cínico, de momento, me sigo apuntando a cuanta causa noble y blá, blá, se me cruza por el camino.
Así que el próximo día 15 de octubre, este blog estará dedicado a la naturaleza, los pajaritos cantan y otras actividades biológicas. También estará en contra de la contaminación, el calentamiento global, el malvado CO2 y demás sevicias que los humanos perpetramos desde hace años contra la Tierra.
Es el Blog Action Day, del que podéis encontrar más información, apretando el ratoncillo en este enlace.
Avisados estáis. El 15 de octubre.

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El ecosistema humano

La familia es una especia de bestia. Si se domestica, te da mucha seguridad y protección, es un escudo; pero si no, puede ser tremendamente destructiva, una especie de arma nuclear. Si la empleas contra el enemigo, le haces polvo, pero si se vuelve contra ti, te aniquila.

Jaime Rosales, cineasta

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domingo, 19 de agosto de 2007

A la vista está: nuevo diseño

Llevaba unos meses deseando hacerlo y al fin me decidí. Ayer actualicé la plantilla, limpiando un poco la barra lateral de objetos y amontonamientos. Me gustó este en blanco por lo limpio, pero estoy abierto a sugerencias, naturalmente.
Faltan por actualizar un par de cosas, subir una foto a la cabecera, mejorar la lista de enlaces y otras minucias que iré haciendo en próximas jornadas. A fin de cuentas, pronto, en septiembre, este blog cumplirá cuatro años, así que ya era hora de renovarse un poco. Y septiembre es un mes excelente para renovar los diseños antiguos, las ideas apolilladas y las relaciones más anticuadas.

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viernes, 17 de agosto de 2007

Las aventuras de Tom Bombadil, de Tolkien

Desde hace unos veinte años, tras el éxito exponencial que han ido cosechando las tres obras de J. R. R. Tolkien, está instalada en la industria editorial y en la familia Tolkien la idea de cuanto más, mejor para el negocio. Y no han dejado de sucederse las ediciones y contraediciones de cualquier mínimo cuaderno, texto, anotación, marginalia y hasta lista de la compra que pueda haber sido escrito por el maestro oxoniano.
Es tal el abuso que las variantes se suceden y lo que era una obra maestra de concepción de un mundo, de creación de un corpus imaginario pero perfectamente auténtico de una civilización remota, se ha convertido en una franquicia desordenada, voraz de los bolsillos y a mayor gloria del principal responsable, Christopher, tercer hijo del genio y fatuo compilador de cuanto trozo de papel pasó por las manos de su padre.
Era cuestión de especialistas, y también son ganas, el investigar, crear y averiguar la génesis de las obras de arte. Escudriñar las primeras ediciones de los quijotes y hamlets en busca de la variante, de la diferencia para llegar a comprender al genio creador es toda una especialidad y son miles los académicos especializados en otros tantos autores. Que Tolkien se merezca estudios y tesis es innegable, pero convertirlo en superventas a costa de la inteligencia de los lectores o pretender que seamos todos filólogos para disfrutar de las mil y una variantes que llegó a escribir de lo mismo es pasarse.
Tolkien escribió dos novelas completas: El Hobbit y El Señor de los Anillos; una tercera estaba casi acabada a falta de revisiones ulteriores, pero es legible: El Silmarilion; algunos cuentos y varios poemas. Nada más y nada menos. El resto es un inmenso conjunto de papeles preparatorios valiosos sólo para especialistas y megafreaks.
El Señor de los Anillos es el libro que más veces he leído en mi vida: sé de memoria poemas y diálogos, escenas y genealogías, pero tengo un límite y ya no caigo en la trampa tan fácilmente de adquirir-lo-nuevo-de-Tolkien. Porque no lo hay: es de su hijo y de la editorial.
Asi que cuando salieron estas aventuras de Tom Bombadil, ni me molesté. Personaje crucial en El Señor... a pesar de su escasa presencia y su incongruencia -los capítulos en los que aparece tienen un tono como de anomalía y distorsionan la narración-, ya da en el texto canónico todo lo que puede ofrecer. Pero el otro día, destacado en el estante de novedades de la biblioteca, lo cogí. La edición bilingüe es muy hermosa, con ilustraciones de Pauline Baynes, pero poco más. Son de Tolkien, claro, y el eco de su creación salta en cada estrofa, pero. Los 16 poemas -de los cuales sólo cuatro son propiamente de Bombadil-, ya figuran en otras obras y son demasiado complejos, de rimas y versos retorcidos, aptos para traductores con el deseo de enfrentarse a un desafío. Tienen su interés, pero poco más.
Ideales sólo para una tarde de invierno bretón, con un chocolate caliente y el eco de la lluvia rozando los cristales.

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domingo, 12 de agosto de 2007

Aviso para navegantes

Un hombre casado con una mujer que es inferior a él en inteligencia encuentra en ella un peso muerto perpetuo o, peor que eso, un lastre sobre toda aspiración de ser mejor de lo que la opinión pública le requiere.

John Stuart Mill
La sujeción de las mujeres

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jueves, 9 de agosto de 2007

Un juguete nuevo: twitter

Twitter es otra historia de éxito en internet, aunque su utilidad sea cuestionable. En esencia es un servicio web –y también a través del móvil- por el que puedes enviar mensajes de 160 caracteres a tu red de amigotes. Tiene un crecimiento exponencial y todo se llena de pequeños mensajes que explican lo que estás haciendo, viendo, sintiendo en este momento.
Por supuesto puedes incluir una cajita en tu blog que recoge tus últimos mensajes y puedes añadir amigos, enviarles cosas, recibir noticias. Al lado tenéis el mío. He pasado varios meses, desde la aparición de Twitter, dudando de su utilidad para mi, pero finalmente he cedido. ¿Por qué? Al margen del narcisismo y la necesidad de estar a la última en lo tecnológico y de la curiosidad, el impulso de incluirme en esta red viene provocada por un sentimiento de protección de mi nick.
Hace unos días conocí a un par de hermanos que se dedican a cierta forma de arte. Bien conocidos en el mundillo en que se mueven y dueños de un seudónimo –nick, apodo, o como quieran- afortunado y reconocible, han descubierto con espanto que en determinados servicios de internet no pueden registrarse porque alguien ya lo ha hecho usurpando ese nombre. La Red está llena de reflexiones sobre la identidad, la personalidad y el anonimato, pero no voy a extenderme sobre ello.
La clave es que hoy he caido en que cualquiera puede usar esta identidad y me he unido a otro servicio exitoso en internet para evitarlo. Bueno, por eso y también porque mola que se pueda saber lo que estoy haciendo en cada momento, aún en la distancia, para halagarme el ego. Así que, a partir de ahora ya sábeis dónde estoy y qué hago.

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Ensayos sobre la igualdad sexual

Aunque fueron escritos hace 150 años al alimón por John Stuart Mill y su esposa, Harriet Taylor Mill, estos ensayos han perdido muy poca de su vigencia, aunque se refieran a situaciones y leyes que hoy parecen superadas. En la superficie, nada de lo que analizan parece tener sentido hoy en día y hasta parece ingenuo defender el derecho de las mujeres al voto o a tener la misma educación que los hombres. Y sin embargo…
Es en la descripción de las mentalidades y las razones para fomentar la igualdad donde se aprecia hasta qué punto las sociedades occidentales sólo han cambiado las apariencias, desarrollando leyes y derechos. Es en lo formal en donde se aprecian las diferencias entre la sociedad victoriana del siglo XIX en el Reino Unido y las nuestras, porque en la actitud y la mentalidad, me temo que los cambios no han sido tan profundos.
Los constantes llamamientos de los Mill a la igualdad en la educación, a la transformación de las mentes y la apertura en materia laboral y de creación siguen hoy tan vigentes como entonces. Hoy, como entonces, la sociedad no puede permitirse prescindir de las capacidades y habilidades de la mitad de la Humanidad, simplemente por una cuestión de sexo. Envueltos como estamos en un proceso de cambio muy profundo en nuestro planeta y enfrentados a una realidad más bien aterradora, de alteración muy seria de nuestras condiciones de vida, hay que conseguir la participación e implicación de todos para encontrar soluciones.
El libro recorre, dividido en varios ensayos, los aspectos más sobresalientes de la injusticia humana con respecto a las mujeres, apuntando sobre todo a las leyes matrimoniales, que entregaban a cualquier bruto una esposa sobre la que tenía todos los derechos, algo que no hace tanto también sucedía en España. La generación de nuestras madres no pudo hasta 1972 disponer de sus propios bienes a su antojo. Y sigue siendo excepcional que las mujeres ocupen puestos de responsabilidad.
La lectura cuidadosa de los textos desvela también, cómo las relaciones de poder y de dependencia han obligado a las mujeres a permanecer en un estado de sumisión, lo que los actos de violencia doméstica no hacen más que reforzar. También recoge algunas predicciones sobre el futuro que han terminado por realizarse, por ejemplo:
“Pudiera ser que la pareja casada no ganara más que el varón ganaba por sí solo, sin embargo, se produciría un cambio notable: que la mujer pasaría de sirvienta a socia.”
Lo que en materia de hipotecas está más que demostrado en la actualidad. Tampoco se libran las creencias de su parte de culpa en la situación de las mujeres, aunque el dedo acusador de los Mill se dirigiese sólo a algunas:
“Un pueblo está abandonado cuando vive durante siglos bajo la influencia indirecta de un mal gobierno y la influencia directa de la jerarquía católica y del credo que ésta enseña.”
Por eso, 150 años después, hay que seguir defendiendo algunas asignaturas del acoso reaccionario. Para que cambien las cosas.

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jueves, 2 de agosto de 2007

Los hilos de Chantal Maillard

Estoy un poco espeso, recién llegado de las vacaciones. Estos Hilos no son otros que los de una autora que empieza a estar más allá de la palabra y, tal vez, también de la vida. No son poemas descarnados ni duros, están simplemente desnudos. La palabra, cada palabra de este extraordinario poemario está tan desnuda que hace daño. Por ejemplo:

"No es fácil ofrecer cobijo
cuando se lleva a rastras
una caja vacía."

Chantal Maillard se asoma al abismo casi a cada momento y sólo el tacto del papel, el peso del libro sirve de apoyo para el lector. No soy gran lector de poesía y los muchos ensayos digeridos me han anestesiado un poco, asi que las pocas veces que un libro me conmueve se marcan a fuego en la trastienda neuronal, allá donde reposan las emociones.
Hilos recorre los pliegues más escondidos de la realidad y el pensamiento y lo hace con tanta precisión que todas estas líneas que escribo y lees sobre este libro no valen nada. Decir, escribir no valen nada. Son poemas despojados de. No despojos, despojados de. Chantal, que se tiene más que merecido el Nacional de Poesía se ha despojado de los ritmos internos, de las palabras, de todo menos de los hilos.

"Volver a las palabras.
Creer en ellas. Poco. Sólo
un poco. Lo bastante
como para salir a flote y coger aire
Y asi poder aguantar, luego,
en el fondo."

Y hasta un lector tosco de poesía como yo es capaz de comprender que esos hilos son cada vez más tenues. Chantal escribe despojada, fuera, pero no ajena. Escribe desde el vacío, desde la nada. Pero no es un bisturí lo que emplea, sino el roce de los hilos tensos que cortan la mantequilla.
Por cierto, buscando el enlace de la wikipedia di con esta interesante discusión, con crítica y contracrítica, de este libro.

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martes, 19 de junio de 2007

La ingenuidad de los creyentes

Nunca dejará de sorprenderme la ingenuidad con la que muchos creyentes protestan y se sorprenden indignados cuando la Iglesia Católica se comporta como tal. A propósito de las acusaciones de la cabeza de la iglesia contra la organización Amnistía Internacional se alzan las voces indignadas de cientos de ingenuos que exigen amor, respeto y caridad a la Iglesia, convencidos de que es ese el mensaje principal de la bimilenaria institución.
Habrá que seguir explicando a esta grey –que empieza a ser más ignorante que ingenua– que el mensaje de amor, caridad y compromiso con los desfavorecidos no es, de ninguna manera, el mensaje de la Iglesia, sino el de algunos –y extraordinarios– de sus miembros, incluyendo en parte al supuesto fundador. Y digo en parte porque en el supuesto de que hubiera existido, las interpretaciones actuales sobre la solidaridad, la igualdad y otras yerbas son puras ucronías aplicadas al pensamiento de un zelote judio de hace 2.000 años, convencido de ser el heraldo de Yahvé.
La iglesia no tiene ningún mensaje de amor, más allá de unos textos y fórmulas rituales. No se han apartado jamás de las orillas del poder y, de ser fieles a un mensaje, lo son al de su verdadero fundador: Pablo de Tarso. Dejen ya de rasgarse las vestiduras y de tonterías: la Iglesia Católica hace lo que siempre ha hecho: sostener a machamartillo cualquier pensamiento inverosímil, cualquier disparate, con tal de que les permita seguir ejerciendo el control sobre los demás.
Ayudar y alabar a los muchos creyentes comprometidos con ideologías y discursos progresistas, solidarios y de verdadero amor por los demás, no lleva aparejado quejarse de una institución que hace lo que siempre ha hecho: ejercer el poder y sostener a quienes también quieren ejercerlo.

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martes, 12 de junio de 2007

Queremos un iPhone

Esto es para aficionados a la tecnología, pero no me puedo resistir. Desde el mes de febrero, todos los tecnófilos están como locos ante la llegada, a finales de junio, del teléfono móvil diseñado por Apple. La marca de la manzana es lo más cool de lo cool, o sea lo más archimegamoderno y superguay, asi que un móvil de estos no tiene parangón en las galaxias más cercanas.
Hace unos días que en EE. UU. han empezado a emitir anuncios sobre el iPhone, que así se llama. Y unos cachondos han hecho esta parodia, en la que un cacharro tecnológico se convierte en una especie de anunciación.
En este momento, Google da casi 68 millones de resultados sobre el aparato.



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lunes, 11 de junio de 2007

Ceremonia pornográfica

Nunca resulta fácil estudiar o analizar la pornografía, primero por la tendencia habitual del mundo académico a huir de los temas de cultura popular, pero también por el catálogo de prejuicios que este fenómeno lleva asociado. Asi que escribir sobre –y también de, aunque este sea otro problema- pornografía suele ser un acto más bien heroico. La ceremonia del porno, de Andrés Barba y Javier Montes, plantea con desparpajo el fenómeno de la pornografía audivisual como una ceremonia entre el receptor y el contenido de las imágenes. La frescura del planteamiento se basa en el reconocimiento de que no se acercan a la pornografía con indiferencia entomológica, sino que reconocen sentirse pertubados ante determinadas manifestaciones pornográficas, aunque sin especificar cuáles, claro.
Porque son la intimidad y el secreto los ingredientes, la base de la ceremonia pornográfica antes que unas imágenes de sexo explícito. Esas imágenes y esa ceremonia son particulares, únicas para cada persona: esta ceremonia es personal y no intercambiable aunque pueda ser compartida por millones de personas que buscan las mismas imágenes. No es la primera vez que la pornografía se analiza desde el lado del consumidor, desde el “es el consumidor quien pone de su parte para que la pornografía se produzca”, pero sí es un planteamiento original considerarla como una liturgia, como una ceremonia en la que cada parte tiene una función muy concreta y sólo la suma cierra, orgasmo mediante, el acto porno.
Sin embargo, no basta con estos felices hallazgos terminológicos para desarrollar plenamente una teoría de lo porno: el análisis de ambos autores se reduce al campo audiovisual, lo cual es muy limitador. La pornografía en la literatura, el porno escrito, muy rico y complejo, como vimos hace tiempo, hubiera necesitado de mayor atención. Es verdad que el fenómeno audiovisual es ya imparable con la llegada de la Red, pero se echa en falta un poco más de profundidad en algunas manifestaciones, que pasan apresuradamente. Por otra parte, ambos autores rehúyen algunos debates, como el de la pornografía infantil, lo que resta rigor al planteamiento.
Sí entran a describir y analizar el auge que está viviendo la pornografía amateur, que proporcionada por los propios consumidores los convierte en autores para que retroalimenten la cadena. Un fenómeno que ha sido aprovechado también por el porno profesional, que etiqueta muchos de sus productos con ese carácter de aficionado para conseguir mayor audiencia.
El libro, bien escrito e interesante, apunta más que dispara, sugiere más que muestra, aunque no me atrevería a calificarlo de superficial. Por ejemplo, el análisis del cuadro El origen del mundo, realizado por Gustave Courbet por encargo, es una excelente aproximación al debate de las relaciones entre arte y pornografía, con una tesis que suele olvidarse pero resulta fundamental para entender el fenómeno: es la mirada, es lo que pone de sí el consumidor, la excitación la que establece la pornografía de una imagen. Ellos incluyen en esa mirada el entorno y la tesis central: la ceremonia con la que se contempla el cuadro. Fue pornográfico mientras permaneció oculto y sólo unos pocos lo disfrutaban; colgado hoy de un museo de París, pasto de turistas y escolares, su pornograficidad se ha diluido en el arte.

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viernes, 8 de junio de 2007

Historia social del cómic

Convertido en un libro de difícil acceso, esta Historia Social del Cómic, de Terenci Moix, es un pequeño clásico para aficionados a la historieta, escrito además en el momento en el que estallaba la convención habitual de considerar al cómic como un producto infantil de muy poca entidad. En aquellos legendarios años 60 del siglo XX, sociólogos, semiólogos y críticos literarios descubrieron el potencial de la historieta y su capacidad para sintetizar la cultura popular de todo un siglo.
Pero antes de seguir, dos notas personales: no creo que haya ninguna connotación peyorativa en las palabras historieta o tebeo y las uso indistintamente como cómic; acostumbrado desde niño a que mis padres leyeran tebeos en la cama, antes de dormir, llevo más de 40 años a vueltas con las historietas y las considero un género más de la literatura, tan respetable o tan espantoso como cualquier otro. Es decir: que hay obras grandes, menores y francamente malas.
Seguimos. Hoy ya no nos sorprende que el tebeo tenga un espacio casi fijo en los suplementos literarios de los periódicos o que algunos de sus autores gozen de respeto y reconocimiento, pero eso no era lo normal en el momento en que Terenci Moix se lanzó a analizar el fenómeno de la historieta patria como ejemplo y muestra de la evolución de la cultura popular y de su ascenso y descenso en la consideración de las emergentes clases medias. Todo ello dentro de un proceso de manipulación ideológica muy evidente.
Terenci Moix hace un recorrido amplio y bastante documentado sobre el comic español y sus equivalentes estadounidenses y algunos europeos, aunque el enfoque, más sociológico que artístico o literario, por así decirlo, y cierta premura lo convierten en apresurado y un poco desordenado. Bien ilustrado para facilitar la identificación del lector con los personajes, Moix no termina de separar el cómic del resto de las manifestaciones de la cultura popular y el aire de cierta nostalgia y la incomprensión que muestra hacia los –en ese momento- nuevos personajes de historieta, deslucen un poco su análisis.
Considerando su contexto -la España de Franco de 1968- el libro es hasta atrevido. En defenitiva, esta Historia... como después los libros de Luis Gasca o Romá Gubern, es un ensayo clásico del cómic español, imprescindible para comprender el fenómeno de la historieta española en el momento en que comenzaba una transformación de la cultura popular de la que mi generación fue protagonista: la llegada de la televisión. Como sucederá después, a comienzos del siglo XXI, con la irrupción de internet.

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miércoles, 6 de junio de 2007

El miedo en Occidente

Tengo que agradecerle a una profesora de Sociología de tercero de carrera el descubrimiento de esa corriente de la historiografía francesa que encabeza, con la mayor de las glorias, Foucault. Que la Historia no sea una mera enumeración de hechos, ni una corriente sino un proceso, fue para mí en su momento como una caída del caballo camino de Damasco: una deslumbrante costalada.
Asi que mi afición por los buenos ensayos de Historia, en su mayoría de autores franceses, no ha dejado de crecer: historias del llanto, de la muerte en Occidente, de las mujeres y de la vida privada, hasta de las tetas y de la sangre… Ahora le ha tocado el turno a una muy interesante historia del miedo en Occidente, de Jean Delumeau y publicada por Taurus.
Si hay un buen momento para leer sobre el miedo en las sociedades es ahora: inmersos como estamos en una paranoia antiterrorista que ríete tú de los miedos tradicionalmente explotados por los poderosos. Del infierno a los misiles nucleares del contrario, muchos de los acontecimientos relacionados con pogromos, crímenes, legislaciones restrictivas, abusos de poder y, sobre todo, con el aumento de los mecanismos de control que han sufrido las sociedades europeas desde la Edad Media, tienen su origen en el miedo.
Un miedo basado en mecanismos psicológicos que se despliega después en ideologías y políticas que justifican la adopción de medidas extremas: expulsión y/o exterminio de razas, controles fronterizos, establecimiento de guetos… En general, me ha gustado para seguir completando y entendiendo el gran cuadro del poder y el control en las sociedades humanas: desde la medicalización que comentaba aquí a propósito del racismo, hasta el uso de la religión como mecanismo de exclusión.
Jean Delumeau desmonta con su análisis cualquier pretensión de inocencia de la iglesia católica respecto a muchos de los miedos y las reacciones que esos miedos han provocado en las sociedades occidentales. Conclusión, en los últimos 500 años el miedo en Occidente sigue siendo el mismo, aunque hayan cambiado los sujetos (judíos, bárbaros, brujas, inmigrantes, islamistas…) que lo provocan, y también que se ha producido una mejora en los mecanismos empleados por los poderes para desatar y aprovecharse del miedo humano.

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viernes, 1 de junio de 2007

Norman Mailer, segunda parte

Decía que lo empecé con desgana, sin motivación alguna, muy poco interesado en las campañas electorales de Estados Unidos de mediados del siglo pasado. El esfuerzo de recordar los nombres de candidatos, cronologías y claves de la historia americana no me seducía nada. Pero perseverar rinde frutos y aun cuando buena parte de los textos sean largas y prolijas descripciones de los asistentes a una convención de partido en Estados Unidos, con la elección de los presidentes de los últimos 40 años de fondo, Mailer construye una atmósfera, un entorno, una realidad.
No es una cuestión de visualización, no es una reconstrucción minuciosa y precisa de un momento y un lugar, a la manera de las novelas anteriores a la existencia de la fotografía. Tampoco una cuestión de narrador omnisciente que posee a sus criaturas hasta en el más mínimo pensamiento. Es algo más sutil, es un aire, un clima, una burbuja de gas desplegada alrededor del lector. Es un abrazo tenue pero firme, el aire de una habitación recién ventilada que se percibe al cabo de unos segundos: no al entrar, sino al permanecer en ella y que no nos abandona cuando salimos, que nos impregna. Ojo, aire, no humo ni dedos de niebla: atmósfera.
Cada pieza, cada reportaje si usamos un término convencional, tiene su propia atmósfera y al tiempo las moléculas son las mismas, es el mismo, pero distinto. Es aburrido, sí, porque las claves y las referencias son muy coyunturales y el esfuerzo que exige para entender los matices no está al alcance de un europeo por muy leído que sea. Pero es apasionante también por el fondo. Esta obra de Mailer es como la serie de cuadros realizados por Pablo Picasso con variaciones de las Meninas de Velázquez. Reconoces a los personajes, sientes el eco de la obra original, pero la interpretación, las sugerencias son radicalmente distintas.
Es un libro profundamente político, de una política occidental, descripción cabal de las democracias burguesas del siglo XX en el mundo. Reconoces a los personajes, sientes el eco de los Estados Unidos, pero Mailer deja que interpretes el cuadro a tu manera: sólo tienes que dejarte envolver por el aire. No hay citas, no se puede señalar un pasaje o una frase, solo impresiones, huellas del conjunto, la satisfacción global que produce una buena comida o un largo paseo.
Solo después, al hacer balance de lo leído, te caes del guindo y descubres la impostura, la banalidad, el vacío de esta política superficial y también malvada, su trastienda bien iluminada para que nada pueda perderse. Mailer es el prestidigitador que se dirige al público y le muestra lo intercambiables que son las Meninas de Picasso con las de Velázquez, lo fácil que es cambiar las interpretaciones por los originales.

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jueves, 31 de mayo de 2007

La banalidad del mal y Norman Mailer

Fue Hanna Arendt quien inventó este feliz concepto: la maldad no es una categoría especial, no es trascendente, los malvados, las personas con mala intención no tienen nada de especial, en muchos casos ni siquiera son conscientes de esa maldad, las más de las veces apoyan su valoración de los actos de maldad en las órdenes recibidas, la necesidad, el bien de los hijos…
Del nazismo hasta el acoso laboral, todas las conductas socialmente etiquetadas como malvadas producen, contempladas bajo la luz desnuda del estudio, perplejidad. Pero también se revelan absolutamente simples, vulgares. No hay grandeza alguna en el mal. Desaparece la empatía, sustituida por el otro, por el aislamiento del otro, convertido en algo ajeno y no humano en el sentido de su propia percepción. No existes, no eres como yo, no eres humano, vienen a decir para justificar su propia separación del género humano y su adopción de conductas –para los demás- no humanas.
Desde fuera, sólo podemos atisbar el infierno interior que estas personas recorren, sin darse cuenta, alterada su percepción de la normalidad, su interpretación de sus propios actos. Así, tras aplicar la picana a un detenido o ajustar la cifra de ejecuciones en una cámara de gas con el consumo del veneno empleado, pueden volver a casa sin que encuentren nada reprochable en su jornada laboral. Es el ejemplo extremo, la causa de la aterradora investigación que esta mujer llevó a cabo para entender el Holocausto. Pero se pueden aplicar a las maldades cotidianas: al despido de cien personas, a la mentira interesada para obtener el mayor beneficio.
Han pasado 50 años y hoy sabemos cómo todas esas conductas humanas desprovistas de empatía –a fin de cuentas, junto al lenguaje, el rasgo que nos hace humanos-, tienen el mismo componente de banalidad, de vulgaridad idiota, casi patética sino fuese por el dolor que muchas veces provocan y que deja un rastro escocido en nuestro interior. Lo he sentido cada vez que me caigo de un guindo: al ver las mentiras de un periódico, la actitud de un colega de trabajo, o el silencio de algún compañero de viaje al que te encuentras, meses después de vaciarse el compartimento, en un vestíbulo.
Es en ese momento cuando, como diría Ferlosio, me ahoga el ¿con que ésas tenemos? ¿Con que es ésa tu actitud? en la garganta. Y siento, baja la testud y la mirada turbia, el deseo de embestir, gloria de la dehesa, o de pegar un zarpazo, rey de la sabana. Hay una explosión interior, un fogonazo que traza sobre las neuronas un rastro químico tan indeleble como único. Después, fuese y no hubo nada. La etiqueta: guindo número tal.
Pensaba en ello a medida que profundizaba en la América de Norman Mailer, obra que recoge buena parte de los mejores trabajos periodísticos de este autor, creador también de un nuevo periodismo y uno de los grandes popes de la cultura estadounidense.
Mañana más.

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martes, 29 de mayo de 2007

La casa de Bernarda Alba

Ayer estuvimos viendo una más que aceptable versión de La casa de Bernarda Alba en el Teatro Alcázar. Escenografía y vestuario clásicos, montaje sobrio y conservador, lo que hizo las delicias de la osita, a quien gusta más la apariencia de realidad, mientras que a mí me va más lo conceptual, el tipo fura o bieito.
El texto de Federico García Lorca ha envejecido un poco, pero conserva la fuerza suficiente como para que su fondo sea universal: la tiranía, la fuerza de la pasión, la frustración y el dolor de los sueños nunca cumplidos.
Gran trabajo de Margarita Lozano, imponente en todos los sentidos, detrás y delante de la escena como una Bernarda sin excesos de furia, pero implacable en los juicios y las ideas. A su lado, una Porcia con hechuras de criada del franquismo televisivo y mucho tic de personaje que ha encontrado el registro de su vida y no va a dejarlo: María Galiana -injustamente más aplaudida por su popularidad que por su actuación- disfruta con un papel a su medida y que no le exige más esfuerzo que el de cargar con alguna silla, mover una mesa y dar las réplicas con seguridad.
Del resto de las actrices, la normalidad de lo que cabe esperar a estas alturas de las leyes de educación de los últimos 30 años: graves problemas de dicción y volúmenes vocales exagerados. A cuenta de la dirección va algún movimiento sobre el escenario aprendido y no interiorizado y no pocos gestos un tanto ampulosos y no corregidos. Me gustó Ruth Gabriel (y no sólo por ser morena con el pelo recogido) como Magdalena y también Aurora Sánchez (Angustias), eficaces Concha Hidalgo (María Josefa)y Mónica Cano (la criada) y un poco exageradas Nuria Gallardo como Martirio y Candela Fernández, sobre todo esta última en su papel de Adela. Y casi imperceptible la Prudencia de Saturna Barrio.

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viernes, 25 de mayo de 2007

Poemas de Fonollosa

Qué descubrimiento tan interesante ha resultado ser José María Fonollosa, muerto hace quince años, y un personaje transgresor, lúcido y divertido. Su poemario Ciudad del hombre: Nueva York, con prólogo de Gimferrer me ha encantado. Fonollosa da la impresión de no cortarse ni un pelo, con una ironía lúcida y un humor subterráneo que recorre la mayor parte de sus trabajos. Hay poemas feministas y machistas, divertidos y muy serios. Pero la mayoría son para reflexionar, más allá de la bondad de unas metáforas o de un excelente uso del lenguaje, sobre la condición humana, sobre nosotros y nuestro mundo del siglo XX. Por ejemplo:
"Podemos elegir entre estar juntos
y hacernos mutuamente desgraciados.
O separarnos ahora y ser también
cada uno por su lado desgraciados."
O este otro:
Tener hijos es cosa de mediocres,
Ineptos sensualmente, analfabetos
Sexuales o de gente irresponsable
Hay versos extraordinarios, que son como pequeños aforismos y una auténtica declaración de intenciones: "Las mujeres que quiero van con otros." Y, sobre todo:
"...La familia
es la mano que aguanta la cabeza
para que permanezca bajo el agua."

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miércoles, 23 de mayo de 2007

Gracias Tintín

Bélgica está volcada con Hergé al cumplirse el primer centenario de su nacimiento. Ahora Steven Spielberg y Peter Jackson planean una trilogía sobre su creación más singular: Tintín.
Pero somos muchos los que no necesitamos un número redondo para acordarnos de él. La mía es la última generación de periodistas que lo somos gracias a sus aventuras, a su ingenuidad, a sus viajes y a sus compañeros. Somos herederos de un mundo casi sin matices, maniqueo y sencillo, a veces racista, conservador del centro, lector de periódicos y, sobre todo, testigos de lo que nos rodea.
Hoy sé que el mundo no es el de Hergé, pero lo sé porque me empeñé en seguir los pasos de su ilustre criatura. Y cada vez que he llegado a un rincón perdido del mundo, desde Macchu Picchu a Nueva Delhi; cada vez que veo cuando voy a Bretaña las señales que conducen a Le Havre, sé que voy tras él.
Gracias, colega.

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Pero mira que me gustan los abrazos

Mi manera de amarte es sencilla:
te aprieto a mí
como si hubiera un poco de justicia en mi corazón
y yo te la pudiese dar con el cuerpo.

Antonio Gamoneda

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jueves, 10 de mayo de 2007

Ay, la educación

En vez de ir a un concepto de la educación como reconstrucción de lo autoritario, hay que ir en dirección contraria: hacia el apasionamiento y la alegría.
René Schérer, en El País.

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miércoles, 9 de mayo de 2007

Una estación perdida y un mapa nuevo

Ya tengo una copia del mapa del Metro sin la estación de Simancas. La guardaré para el futuro como curiosidad.
En cuanto al nuevo mapa, me gusta en líneas generales, aunque haya unas pequeñas matizaciones de tipografía, colores, etcétera. No soy muy neutral porque conozco a Rafael Sañudo, colaborador durante una temporada como humorista gráfico e ilustrador de El Semanal.
Era muy amigo de Fernando Rayón, subdirector de la revista entonces, y tenía un estilo muy personal. Del nuevo mapa hay un análisis fantástico aquí. Sólo añadiré, porque estoy plenamente de acuerdo con ellos, que me gusta mucho cómo han solucionado los cambios de zona entre diferentes tarifas y la inclusión de las líneas de tranvía. Por otra parte, en el antiguo mapa las nuevas líneas no caben literalmente en pequeñas guías con un mínimo de legibilidad.
Por mucho que se quejen los viajeros, un plano de metro no es una guía geográfica de la ciudad, sino un esquema que se superpone al callejero.

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