La invención de Morel

La invención te atrapa desde el primer minuto y llega a ser por momentos apasionante, pero como le sucede a Poe, exige un esfuerzo de abstracción del lector actual, obligado a dejar por el camino el conocimiento del mundo actual y de la ciencia. El problema de estos relatos es que son profundamente coyunturales en sus referencias y el lector moderno acaba por impacientarse un poco ante la ignorancia que los protagonistas muestran frente a los acontecimientos. Es decir, en muchas ocasiones, la explicación de lo que le está pasando al protagonista ya ha sido inferida por el lector, con lo que el efecto sorpresa se diluye un poco y solo cabe disfrutar de las peripecias y de la calidad de la narración, dejando de lado la previsible conclusión y consiguientes explicaciones.
No digo que sea un demérito. Si los grandes relatos de un Wells o de Bradbury están empezando a envejecer porque nuestra comprensión del mundo ha crecido exponencialmente, la literatura anterior ha envejecido ya y su efecto más pirotécnico, podríamos decir, se desdibuja. No obstante, es una lectura satisfactoria, que plantea preguntas universales y abunda en un tema universal y siempre gratificante: cómo conseguir consuelo ante un amor no correspondido.
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