miércoles, 31 de diciembre de 2008

El año de la confianza

Se acabó.
Empezar a escribir con una declaración tan tajante puede tener efectos perversos ante el lector que espera una inmediata explicación de qué es lo que ha terminado y porqué lo hace de una forma tan tajante, pero si algo hay de especial en este blog es que no es inmediato. Más que del blog, de mí, que soy y siempre seré muy premioso, escribiendo y para todo.
Se acabó. El año, por supuesto. Hoy. Pero no es eso sólo para lo que llamo vuestra atención. El tiempo, el calendario, son una convención humana y ni siquiera eso; que el año acabe hoy es una convención occidental, de unos países, de una forma de vida determinada. Así que lo tomaré como una convención para hacer balance, para mirar en mi interior a la manera jesuítica: el examen de conciencia.
Este es el año -a excepción del primero- que menos tiempo he pasado por aquí, que no he cumplido mi objetivo de pasar al menos una vez por semana, a pesar de estar considerado como hiperactivo. Es verdad que he estado en otras partes y que he inaugurado un nuevo espacio, más corto y directo, que se llama Piezas sueltas y que aprovecho para presentaros, pero no me siento bien por no cumplir con mis obligaciones autoimpuestas.
Llevo unos años cayendo del guindo con cierta asiduidad. No llego al suelo aún, pero cada vez hay menos ramas para sujetarme y este año me he caído bastante en varias materias. Por eso este año ha sido el de la confianza. He perdido mucha, en las personas y en mí mismo y tendré que decidir en las próximas semanas si vuelvo a trepar por el guindo o me busco un acomodo a estas alturas. No lo sé.
Claro que sigo confiando ciegamente en la osita, que vive en la rama del guindo junto a mí, pero que se baja ella sola muchas veces al suelo para ver el panorama y advertirme. Y también confío en mi propia capacidad para salir adelante, aunque no como me dijeron una vez, cuando caído y lleno de magulladuras, me espetaron "tu siempre sales a flote, como la mierda". No, no soy una mierda; más bien un superviviente, como todos los seres humanos.
A lo largo del año, he perdido la confianza en algunas personas, no por la sopresa ante sus comportamientos, sino por el descaro. Por la impunidad, por el cuajo, la palabra que más me ha gustado en 2008: hay que tener cuajo para hacerme esto a mí. También he perdido algo de confianza en mi cuerpo, o más bien he perdido confianza en mi propósito -nunca confesado pero latente en todos nosotros- de ser inmortal. Tuve que bajar al suelo y mirar la enfermedad, que no se veía, envuelta en una nube de análisis y pruebas. Tuve miedo. Un miedo oscuro e inconfesable, del que sólo la osita me protegía y del que pocos supistéis algo. Así que ahora, como los césares en su desfile de la victoria a través de Roma, cuando camino llevo detrás de mí una voz que me dice "recuerda que eres mortal". Lo que no es malo: tengo más cuidado ;)
Por lo demás, nada diferente a lo que ha sufrido nuestra sociedad y nuestra economía. Y por eso se han acabado también muchas cosas, no sólo el año. Es lo que tiene perder la inocencia, que con ella se acaban muchos sentimientos y muchas intenciones.
Tal vez más tarde sea capaz de escribir algún propósito para el año que viene. Por ahora, se acabó. Feliz año nuevo.

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martes, 30 de diciembre de 2008

Bibliotecas

Ya funciona Europeana, lo que me ha recordado que hace unas semanas, en una ponencia del Ficod titulada La historia al alcance de todos: digitalizando el pasado, escuché a Milagros del Corral, Directora de la Biblioteca Nacional, mostrarse bastante reacia a la digitalización de los muchos fondos de la institución que dirige sin un propósito académico. Aunque uno de los participantes, José María Luzón, catedrático de Arqueología y ex director de Bellas Artes a quien conocí en su momento, le pidiese un poco más de comprensión hacia la idea de compartir con todos los ciudadanos el contenido de la Biblioteca, Mercedes Corral no contemplaba esa posibilidad, atrincherada en su escaso presupuesto y una vaga incomodidad que yo interpreto como de horror ante la posibilidad de que otros ojos -de las manos ni hablamos: a Luzón le negó la posibilidad de tocar los originales-, profanos y plebeyos, se posaran sobre sus tesoros.
Mientras, en otra galaxia, Paz Fernández y Fernández-Cuesta se ha hecho cargo de las dos bibliotecas de la Fundación Juan March, la de la propia fundación y la del Centro de Estudios Avanzados, porque "Conscientes de la importancia de los grandes buscadores de internet, otro objetivo a medio plazo es conseguir la posibilidad de integrar en ellos los fondos de las bibliotecas, y estar presentes en otros accesos para recursos bibliográficos académicos".
Una iniciativa similar a la que, a primeros de noviembre, y en lo que parece también otra galaxia, llevaron a cabo en la Biblioteca Virtual del Patrimonio Bibliográfico al integrar más de 180.000 páginas de 540 títulos de impresos antiguos de las bibliotecas Pública del Estado de Girona, del Archivo Municipal de Murcia y del Real Observatorio de la Armada.

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domingo, 28 de diciembre de 2008

Gente con criterio

Pío Aguirre Zamorano, juez; Manuel Almenar Belenguer, juez; Miguel Collado Nuño, juez; ANtonio Dorado Picón, secretario judicial; Claro José Fernández-Carnicero González, letrado; Gemma Gallego Sánchez, juez; Antonio Montserrat Quintana, juez; Concepción Espejel Jorquera, juez; Miguel Carmona Ruano, juez; Carles Cruz Moratones, juez; Inmaculada Montalbán Huertas, juez; Margarita Robles Fernández, juez; y Manuel Torres Vela, juez.
Son los miembros del Consejo General del Poder Judicial que consideran que el retraso del juez Rafael Tirado para aplicar una sentencia consiste en un retraso injustificado, consecuencia de una desatención leve.

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sábado, 27 de diciembre de 2008

La mirada del periodista, de Jon Lee Anderson

Como este es un libro muy, pero que muy específico para periodistas y que, de hecho, está publicado en una edición no venal por la Asociación de la Prensa de Madrid, no voy a comentarlo mucho. Jon Lee Anderson es uno de los grandes periodistas del mundo, autor de excelentes reportajes y perfiles -pequeñas biografías, bien documentadas y personales, en el argot- sobre muchos de los poderosos de nuestro mundo. Entre ellos, el del rey Juan Carlos, que apareció originalmente en la revista The New Yorker y que se publica por primera vez en español en este libro. A propósito de este perfil y de la Transición -santa para sus beneficiarios, que no para la infantería que nos comimos todos los palos-, Anderson dice:
"La actitud de los directores de medios y la percepción de un círculo muy pequeño de que la democracia española era frágil, hacía que se censuraran noticias. Mi opinión era que la democracia no tenía ni remotamente la fragilidad que ellos creían."
Lo que coincide con muchos de los mejores analistas y pensadores de aquellos años.

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Lección de historia

La argumentación básica del revisionismo se basa en pretender que excesos y tropelías, con asesinatos incluidos, se cometieron en los dos bandos y que lo mejor es cubrir ese pasado con un tupido velo. Pero por mucho que se insista, el número mucho mayor de asesinados en el bando franquista que en el republicano y, sobre todo, la personalidad de sus autores y las modalidades de su práctica los hacen muy distintos.
José Vidal-Beneyto, en El País.

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viernes, 26 de diciembre de 2008

¿Qué es un amigo online?

Las propias redes sociales, y aquellos de nosotros que pasamos mucho tiempo allí, todavía estamos tratando de averiguar qué significa ser un amigo con alguien online. Por una parte, es una amistad con beneficios -se obtiene un flujo de información acerca de la persona-, pero también tiene costes (lo que hay que bucear a través de un flujo de información sobre la persona, y tener acceso a sus detalles íntimos).
Facebook, en particular, ha luchado con esto. Al principio abogaba porque sólo admitieras a los usuarios online con los que ya conocías en el mundo offline. Sin embargo, ese mensaje ha cambiado hace poco sutilmente a una posición menos rigurosa.
Está claro que cuantos más amigos tienes en cualquier servicio, más ruido encuentras antes de encontrar la buena señal. En el mundo real si no quieres ser amigo de alguien, se acaba por encontrar la manera de no pasar tiempo con ellos. Sin embargo, online, hacemos clic en el botón de aceptar la amistad porque parece muy fácil y se considera un insulto si no lo haces. Y, a continuación, lo pagas.
Las redes sociales están adoptando dos enfoques para tratar con esto. MySpace y Facebook (y los servicios similares) han añadido diferentes cubos para echar en ellos a los amigos. Se puede compartir más o menos información con los diferentes grupos de amigos. Así que si no eres realmente amigo de alguien pero no quieres rechazar su solicitud de amistad, puedes tirar en el cubo de la masa de ropa sucia (o como quieras llamarlo).
El otro enfoque es el adoptado por sitios como Twitter y Friendfeed. Cualquier persona puede seguir a cualquier persona y ver lo que pasa con ellos, pero no están bajo la presión de tener que corresponder. El problema con este enfoque es que todavía existe mucha presión social para devolver las solicitudes de seguimiento. En agosto, se me ocurrió sugerir que debería existir un modo de seguir “falsamente” a cualquiera. Ahora, Friendfeed tiene una característica que permite precisamente eso.
Pero echar al cubo a los amigos es solo una manera de solucionar el problema. Y la gestión de la evolución de las relaciones que tenemos con cientos o miles de personas a través de múltiples sitios es un verdadero desperdicio de tiempo. En el futuro, estos servicios deben ser capaces de hacer un trabajo mucho mejor para averiguar, a través de nuestros gestos, quién está realmente cerca de mi y quién no. También podrían definir una relación con alguien que no conozco sobre la base de si tenemos o no amigos en común. Por lo tanto, incluso si no hay ninguna interacción, Facebook y MySpace (o cualquier otro servicio) puede teóricamente tener una idea de cuánta información personal podemos compartir entre nosotros.
En última instancia sin embargo, nuestra cultura apenas se está adaptando al mismo tiempo que lo hacen las redes sociales. Mark Zuckerberg de Facebook ha dicho que los usuarios se encuentran cada vez más cómodos compartiendo online. A veces (vale, a menudo) Facebook se pasa más de la cuenta cuando se trata de decidir en mi nombre lo que se comparte y lo que no. Hacen apuestas agresivas donde de momento se está evolucionando. Y a veces las pierden (aunque no siempre).
Sin embargo, donde son correctos es en que no hay una línea clara entre lo bueno y lo malo en lo que se refiere a la definición de amistad online. Los algoritmos y los humanos se encontrarán en algún lugar del medio.
Traducción libre de un post de Michael Arrington en TechCrunch.

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Mañana de Navidad


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Tiempo de nacimientos


Descubierto en un blog altamente recomendable: lolgod
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martes, 16 de diciembre de 2008

Muñoz Molina no se entera

Nunca me ha gustado mucho como escritor Antonio Muñoz Molina, que suele además pontificar desde una supuesta posición moral elevada que oculta, en varias ocasiones, una gran ignorancia.
El sábado volvió a dar muestras de ello, apuntándose a la mentira que montó el diario El mundo a propósito de una partida de cartas entre los amigos del empresario asesinado Ignacio Uria. Una partida que fue un homenaje y no una infamia.

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viernes, 12 de diciembre de 2008

La puta de Babilonia, de Fernando Vallejo

Hacía diez o doce años, desde que descubrí los rigurosos y espléndidos ensayos de Gonzalo Puente Ojea, que no disfrutaba tanto con el listado de contradicciones, mentiras, manipulaciones y tonterías para ignorantes que las religiones semíticas -judaísmo, cristianismo e islamismo- sueltan, publican y difunden con total impunidad, casi siempre con la complicidad de los poderosos, desde hace siglos. De la mano del escritor, cineasta y defensor de los animales Fernando Vallejo, el libro recorre miles de años de sevicias y mentiras, de crímenes y de pura maldad:
"La Iglesia católica, la ortodoxa y la protestante son la maldición más grande de la humanidad, casi tanto como el Islam."
Aunque reparte palos a todos, es sobre todo un fascinante y riguroso exabrupto, feroz, brutal e implacable retrato de la Iglesia católica, la puta de Babilonia según feliz expresión del Apocalipsis, el que hace Fernando Vallejo. Es un puro y duro ajuste de cuentas con una institución tan lamentable como irresponsable en sus acciones a lo largo de la historia. Y lo hace desde los datos y las cifras de la represión, las cruzadas y los muertos por pensar de forma diferente; desde los manuscritos, los evangelios y las profundas contradicciones de un conjunto de libros sin ningún valor.
"Los más grandes enemigos de la Biblia aparte de la Biblia son: la arqueología, la filología, la paleografía, el análisis textual y el estudio de las lenguas semíticas."
Vallejo explica, analiza y describe con rigor y mucho humor, desde las manipulaciones de los textos y las tonterías de los padres de la Iglesia hasta las vírgenes en Portugal y Francia y sus negocios; la pederastia de la Iglesia de Estados Unidos, la brutalidad del Islam y, sobre todo, la inexistencia de ningún personaje llamado Jesús.
"Cristo es un engendro fraguado por Roma, centro del imperio y del mundo helenizado, a partir del año 100, juntando rasgos tomados de los mitos de Atis de Frigia, Dionisio de Grecia, Buda de Nepal, Krishna de la India, Osiris y su hijo Horus de Egipto, Zoroastro y Mitra de Persia y toda una serie de dioses y redentores del género humano que lo precedieron en siglos y aún en milenios y que el mundo mediterráneo conoció a raíz de la conquista de Persia y la India por Alejandro Magno. El cristianismo de los primeros tiempos tuvo que competir con varios de los misterios de Asia Menor y en especial con el mitraísmo, la gran religión del imperio de la que tanto tomó y a la que sólo se pudo imponer con el apoyo de Constantino y sus sucesores, ya bien avanzado el siglo III. Cristo nació el 25 de diciembre de una Virgen, y en la misma fecha, que es el solsticio de invierno, nacieron Atis, de la Virgen Nana; Buda, de la Virgen Maya; Krishna, de la Virgen Devaki; Horus, de la Virgen Isis, en un pesebre y en una cueva. También Mitra nació el 25 de diciembre, de una virgen, en una cueva y lo visitaron pastores que le trajeron regalos. Y de una virgen también nació Zoroastro o Zaratustra."
La puta de Babilonia es, en fin, imprescindible para divertirse ante la ignorancia y la maldad de una organización especialmente dañina; para refrescar los muchos argumentos que explican la inexistencia de seres superiores y otras supersticiones -"No puede existir un Ser tan dañino que pudiendo en su omnipotencia hacer el bien haga la chambonada de este mundo con todos sus horrores…"-; para saber porqué hay que librarse de sus símbolos; para no olvidar su doble rasero y doble moral; para reforzar y construir una sociedad más sensata y más humana, libre de esta organización. Que falta nos hace.
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miércoles, 3 de diciembre de 2008

Lady Macbeth de Mtsensk, de Nikolái Leskov

Parece que no hablo más que de libros, pero es que comentar la realidad da pereza, en la medida en que me cuesta mucho mantener la cabeza fría ante algunas cosas que han pasado y otras que están pasando. Mientras me deleito morosamente, relamiéndome las fauces, con la última obra de Ferlosio -baste una perla:
"[...]la enorme aceleración de la productividad industrial, bajo el apremio del creciente volumen de los estokes de productos invendidos o retrasados en su venta, incitó al empresariado a reclamar a los trabajadores para que depusieran sus hábitos tradicionales de modestia y ahorro y se incorporasen a la ya insuficiente hueste de los consumidores: el mes de octubre de 1927, en que apareció el libro de Edward Cowdrick The New Economic Gospel of Consumption [El Nuevo Testamento del Consumo]."-
me he relajado un poco con esta colección de cuentos a la manera chejoviana de Nikolái Leskov, cuya antigüedad y estilo tienen un efecto un poco sedante, pero también agradable, en la medida en que su lectura tiene mucho de reencuentro, de abrazo en medio de la calle cuando de forma inesperada topamos con algún conocido con varios años de silencio entre los dos.
Los cuentos de Leskov son tan clásicos como bondadosos y tal vez por eso forman parte de ese vasto ejército de desconocidos que pueblan los anaqueles de la historia de la Literatura: consagrado Chéjov, olvidado Leskov, aunque no podría asegurar si los méritos de uno justifican la ausencia del otro. Leskov quiere -y mucho- a sus criaturas, pero es el amor de la Rusia tradicional y culta, que ventea el cambio que se aproxima a toda velocidad, de finales del siglo XIX. Así que no se busquen aqui grandes conflictos -que los hay- o temas universales -¿cuál no lo es?-, sino más bien unos relatos sencillos, a veces previsibles, con mucha ternura y un punto de nostalgia ante la distancia tan extraordinaria que separa nuestro mundo del que describe Leskov.
El primero de los relatos, Lady Macbeth de Mtsensk, sobre el amor llevado hasta el extremo, es una especie de Madame Bovary a la rusa, más que una variación de la heroína shakesperiana. La mujer belicosa es una muy divertida biografía de una casamentera, mientras que El Obsesionado
narra el ascenso y caída de un acérrimo lector de la Biblia, mero pretexto para actualizar un poco el mito del buen salvaje. Exorcismo es una descripción espléndida de una fiesta a la rusa, salvaje y brutal; o al menos de lo que podemos imaginar a este lado del Volga de lo que debe ser una buena fiesta cosaca. El Zurdo es un canto a la ingenuidad y los complejos del pueblo ruso y de sus habilidades. Tanto El artista del tupé como La fiera muestran con crudeza las miserias del campesinado ruso y la brutalidad señorial, a través del amor en el primero y de la compasión por los animales en el segundo. El último relato es A propósito de la Sonata a Kreutzer, interesante homenaje a Dostoievski en el que se explica que los secretos pueden guardarse hasta la tumba con facilidad.
El libro se cierra con un apéndice de Walter Benjamin, El narrador: consideraciones sobra la obra de Nikolái S. Leskov, que explica, mucho mejor que yo naturalmente, las bondades como narrador de Leskov. De ese estudio, atención a la lucidez de Benjamin ante lo que ahora vivimos en una era de la información más superficial y banal:
"Ya no la noticia que proviene de lejos, sino la información que sirve de soporte a lo más próximo, cuenta con la preferencia del público. Pero la noticia proveniente de lejos -sea la espacial de países lejanos o la temporal de la tradición- disponía de una autoridad que le concedía vigencia, aun en aquellos casos en que no se la sometía a control. La información, empero, reivindica una rápida verificabilidad. Por ello es irreconciliable con la narración."
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lunes, 24 de noviembre de 2008

Extraterritorial (y 2)

Si en los ensayos anteriores Steiner me tenía bastante cautivado, reconozco que con El lenguaje humano (1969), que incluye algunos comentarios de Noam Chomsky, me ha conquistado por entero. Tras reconocer y analizar la importancia de los descubrimientos de Chomsky, aunque poniendo de manifiesto las dificultades que todavía hoy arrastra la Gramática Generativa, Steiner incluye los comentarios que a su texto hizo Chomsky previos a su publicación, mientras explica lo que, a su juicio –y bien fundamentado- constituye la principal objeción a las tesis de Chomsky: el problema de la existencia de multitud de lenguas. Si admitimos la existencia de universales, de mecanismos/desarrollos mentales únicos y comunes –biológicos- para todas las lenguas, ¿cómo se explica la babel en que vive la humanidad?
El desarrollo de la genética nos está permitiendo comprobar hasta qué punto cualquier variación o reorganización de las bases del ADN puede traducirse en cambios muy profundos de la estructura humana: y no sólo el color de los ojos. Como sucede con la voz, ya comprobado que no hay dos iguales, creo que la expresión de cualquier lenguaje humano es diferente aunque tenga un sustrato común y que es de hecho esa diferencia en la voz y en la percepción que cada ser humano posee la que explica las separaciones y desarrollos de diferentes lenguajes. Creo que a un sustrato común –los universales de Chomsky- se superponen las variaciones genéticas que cada humano posee y a éstas se superpone la traducción que de cada sonido hace el cerebro, formando un número infinito de combinaciones y matices capaces de desarrollar, en muy poco tiempo, lenguas diferentes en cuanto se separan unos pocos kilómetros y no hay contacto entre ellas. Las reflexiones de Chomsky al texto de Steiner se cierran con una frase extraordinaria para haber sido escrita hace casi 40 años:
“Siempre pensé que la utilización de computadoras en la lingüística (y en las humanidades) acabaría en una vulgarización de las investigaciones y nos conduciría a lugares absurdos. El tiempo ha confirmado mis sospechas.”
En esta misma línea de análisis del lenguaje está Lingüística y poética (1970) que comienza con un resumen de la lengua y la literatura en la historia.
“Desde principios del siglo XIX, la lingüística instrumental, la filosofía del lenguaje y el estudio de la literatura confluyen -a pesar de algunas interrupciones y desconfianzas mutuas- en una empresa común.”
Después se centra en la Escuela de Praga y sus estudios de literatura comparada, definiendo con precisión lo que debe ser el estudio de un poema para después preguntarse:
“[...] ¿en qué contribuyó la lingüística, la semiología o la psicolingüística a encontrar las raíces del lenguaje y comprender el proceso que hace que determinados individuos descubran palabras nuevas que sin embargo producen en el lector del poema el misterio de un reconocimiento inmediato?”
Después explica los principales problemas y posibilidades de la poética lingüística, con una honrada declaración de intenciones:
“Tanto el estudioso de la literatura como el lingüista están obligados a escuchar y a explorar, en la medida de lo posible, el ejercicio de creación que es el lenguaje. Los lectores, los críticos y los lingüistas son responsables ante los poetas, en el doble sentido de la palabra: el de responsabilidad y el de responder.”
En una postcultura (1970) Steiner analiza la crisis del libro, el semianalfabetismo y el lenguaje vacío de políticos y empresarios –no es una errata, el ensayo es de 1970- a propósito del alejamiento de los lectores de la lengua de los clásicos.
“Los glosarios y notas al pie ocupan cada vez más espacio y hacen que el texto pierda su forma, al interponer un distanciamiento entre la expresión directa y el lector. El idioma de Shakespeare y Milton y, lo que es todavía más importante, los hábitos verbales y las referencias clásicas de los que dicho idioma deriva gran parte de su fuerza están fuera del alcance de la gente.”
Más adelante, Steiner –en 1970- analiza el papel que los medios juegan en la cultura y que hoy nos han llevado a la pregunta ¿está Google convirtiéndonos en tontos?
“Las técnicas audiovisuales 174 de los medios de comunicación de masas están pensadas para producir un máximo impacto y para que se vuelvan anticuadas inmediatamente. […] Aun cuando puedan verse u oírse más de una vez, la obra radiofónica, la película o el programa de televisión constituyen un acto inmanente y esencialmente efímero. Su relación con el tiempo y con el eco dinámico de repetición en la conciencia posterior al acto es radicalmente diferente de la del libro.”
El último ensayo es Líneas de vida (1970), donde Steiner vuelve a hacer gala de una capacidad de predicción muy notable, basada en el estudio riguroso y la profundidad de sus análisis:
“La concepción del mundo de la física postnewtoniana, la termodinámica y la biología tradicional se caracterizaba por ciertas presuposiciones (a menudo inconscientes de tan conocidas) de linealidad, lógica causal uniforme y determinación. Si un proceso podía examinarse "mecánicamente", es decir, sobre bases matemáticas firmes, era mucho mejor. […] mientras las ciencias naturales, desde Galileo y Kepler, se interesaron fundamentalmente por la transmisión de la fuerza (gravitacional, electromagnética, térmica), al parecer nosotros avanzamos hacia un modelo donde lo esencial es la transmisión de información.”
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miércoles, 19 de noviembre de 2008

Extraterritorial, de George Steiner

Después de leer la entrevista con George Steiner que tanta polémica trajo por sus comentarios acerca de la lengua gallega, intercambio de cartas entre intelectuales incluido, recordé que era un autor que tenía pendiente. Es lo bueno de ser autodidacto, que emprendes un camino que nunca sabes dónde te va a llevar, pero también es lo malo: a veces lees a destiempo. Lo que por una vez no es el caso, porque Steiner vale la pena.
Extraterritorial es un conjunto de varios ensayos con el denominador común de la erudición y la lectura analítica de textos. Steiner es uno de esos admirables y pacientes críticos literarios capaces de desentrañar la razón última de un texto o de un autor; un lector extraordinario, erudito y poco complaciente.
“Reconocer la naturaleza dependiente y subsidiaria de la crítica y la historia de la literatura es un acto necesario de honradez.”
El libro se abre con Extraterritorial (1969), acerca del papel de las lenguas en la literatura y los escritores. Su tesis central es que cuantas más lenguas domina un autor, mejores son sus obras, ya que el uso de lenguas que no son las maternas –pero si bien conocidas- permite desarrollar un lenguaje propio y encontrar recursos expresivos que un monolingüe no es capaz de imaginar.
El segundo es Sobre matices y escrúpulos (1968) y está relacionado con el anterior a través de sus lecturas de Beckett o Wilde y cómo se influyen las lenguas entre sí en las obras de estos autores. En Los tigres en el espejo (1970), Steiner analiza a Borges y su mundo y como emplea el idioma inglés y la cultura como estilo.
“Un agudo crítico francés ha dicho que en una época donde la ignorancia de la literatura es cada vez mayor, en la que incluso las personas más cultas tienen conocimientos muy superficiales de teología y literatura clásica, la erudición es en sí misma una especie de construcción fantástica y surrealista.”
Grito de destrucción (1968) se centra en una vieja polémica ¿se puede ser una mala persona y tener una obra literaria admirable? Con Céline como ejemplo, Steiner explica las relaciones entre la literatura y el horror o el antisemitismo de algunos buenos escritores. Muerte de reyes (1968) está dedicado al ajedrez y sus pasiones.
A partir de El lenguaje animal (1969), Steiner se centra en el lenguaje y las actividades cerebrales,
“[...] el hombre es un zoon phonanta, un animal que habla. Y no hay otro como él.”
Y aquí puede estar la clave de su polémica ‘gallega’: la multiplicación antieconómica de las lenguas, para la que no encuentra una explicación. Después explica las tesis de Freud que los actos cognitivos pueden ser como actos de lenguaje, pero también como el psicoanálisis clásico es tan semántico que está atado a la lengua de Viena y de sus pacientes, aunque Lacan trate de refundarlo. Son excelentes sus preguntas a propósito de las lenguas y la literatura:
“¿Los géneros literarios -la epopeya en verso, la oda, la tragedia en verso, la novela- tienen una vida cíclica? ¿Se corresponden con las demandas y con las posibilidades de la lengua y decaen una vez esas demandas han sido satisfechas? ¿Qué significa traducir? ¿Qué funciones lingüísticas, filosóficas y poéticas están afectadas cuando un poema pasa de una lengua a otra y hasta qué punto el modelo de la gramática transformacional acepta la posibilidad de traducción?”
En este mismo ensayo, Steiner recoge una reflexión que viene que ni pintada precisamente hoy, tras el auto del juez Garzón:
“Silenciar el pasado, borrar los nombres, acciones y pensamientos de los muertos indeseables: una tiranía particularmente horrible que separa a la humanidad -o a determinadas sociedades- de las responsabilidades básicas del duelo y de la justicia. El hombre vuelve a habitar un paisaje sin ecos.”
Y otra vez se me hace largo, así que esta reseña tendrá segunda parte.

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martes, 18 de noviembre de 2008

Cuentos iroqueses, Tehanetorens

Nuestra buena amiga Pepa nos ha dejado esta colección de quince cuentos en castellano y también con sus correspondientes pictogramas. Es una edición interesante de Miraguano, de 3.000 ejemplares con un estudio en formato de separata sobre la nación india. Esta separata de José Javier Fuente del Pilar abusa un poco del tono panfletario, pero es muy útil como guía rápida de los pueblos y naciones indias que habitaban el norte y sur de lo que hoy es EE UU y Canadá. Los cuentos forman una colección de mitos y relatos sobre toda clase de cuestiones, más o menos trascendentes, pero siempre con la naturaleza como envoltorio de la vida y el ser humano: así, la creación del mundo, el canto de los pájaros, la aparición del fuego, la medicina o la invención del arco, ofrecen una visión muy amplia de la esencia cultural de estos pueblos indios. Y además hay algún relato de osas.

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jueves, 13 de noviembre de 2008

Crónica del pájaro que da cuerda al mundo

Hace unos días, leyendo con retraso los elogios que el suplemento literario de cabecera hacía a los traductores fue cuando me di cuenta de lo mucho que ese trabajo resume esta Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, de Haruki Murakami. Porque la fascinación que esta novela ejerce, su ejercicio casi mágico de literatura sólo se explica haciendo que el mérito caiga del lado de la traducción.
Si en castellano esta novela impresionante es una maquinaria de carillón, hermosa en sus dorados, precisa en sus engranajes y volantes, espléndida en su ritmo y en su sonido, ¿qué será en japonés, su lengua original? Así que podríamos decir que los traductores de Murakami han construido un prodigioso relato de relatos, un jardín de senderos que se cruzan unos con otros de forma independiente pero que son imprescindibles para entender la novela en su conjunto.
Más Tierra Roja que Las mil y una noches, Crónica... es una historia singular, casi un sueño, pero también está envuelta en varios relatos de apariencia vulgar: un parado, una infidelidad, una vida antigua... No sé si me explico. Crónica... cuenta de manera cronológica -y así está organizada- lo que le sucede a un hombre joven durante unos meses. Qué hace y cómo, cuándo lo hace, a quién conoce y qué le sucede.
Y es la narración de los lazos que unen al protagonista, los meandros que siguen las relaciones la verdadera novela. Los movimientos de los personajes, envueltos aparentemente en el azar, terminan por encajar como esos dibujos de pintura o arena que empiezan como chafarrinones inconexos que sólo al final aparecen en todo su esplendor.
Descubierta durante la limpieza de verano, esta novela de Murakami tiene muchas de las virtudes que poseen otros autores de obras japonesas más populares y denostadas, porque el juego de la magia, los prodigios que se suceden en torno a los personajes y la galería de éstos nos remite a las películas anime del maestro Hayao Miyazaki o a las novelas gráficas manga de Jiró Taniguchi.
Hacía tiempo que una novela no me dejaba tan exhausto, emocional y literariamente; y no precisamente por circunstancias personales, con el estrés de las últimas semanas. No. Murakami –sus traductores- se enrosca alrededor del lector, lo envuelve con seda sin asfixiarlo, lo aturde con el sándalo, con el agua, con la desconocida historia de un Japón invasor, imperial y aterrador, con la sencillez de los remedios que sólo el amor puede dispensar.
En fin, a qué seguir: una novela espléndida.

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domingo, 26 de octubre de 2008

Deporte y ocio, de Norbert Elias (2)

Si bien coincido en que “[...] el deporte es uno de los grandes inventos sociales que los seres humanos han hecho sin haberlo planeado.” no comparto el silencio de Elias y Dunning acerca de su dimensión económica y de lo que eso provoca; por ejemplo en la actitud o la cobertura de los medios de comunicación en función de la posesión de los derechos de emisión de partidos por un grupo u otro. Es verdad que este fenómeno ha empezado ha producirse diez años después de la publicación de estos ensayos, pero las características básicas se encontraban ya a la vista en los grandes deportes profesionales de Estados Unidos: el béisbol desde los 30, el fútbol -americano- desde los 50 y el baloncesto desde los 70.
A lo mejor soy muy soberbio, pero en más de un momento he tenido la impresión de que ambos autores no querían esforzarse más allá de su planteamiento inicial, manteniendo un rigor académico muy poco imaginativo y, desde luego, reductor. Así, en el análisis de la caza del zorro, riguroso y original, ni siquiera se molestan en mencionar las corridas de toros, que a mi juicio representan un problema sociológico muy interesante. Por cierto, que a propósito del placer que obtienen los cazadores en la persecución del zorro, que es mayor que el producido por su captura, a mí se ocurre que puede haber una relación entre la caza y el Tao, cuyas prescripciones abogan por obtener el placer sexual más completo en el acto en sí y no en su culminación.
En el quinto ensayo, El fútbol popular en Gran Bretaña durante la Edad Media y a principios de la Edad Moderna, apuntan la existencia de juegos reglados como origen, pero no mencionan los juegos infantiles que también tienen reglas estrictas y cuyos incumplimientos se pagan. Parece haber una necesidad humana de juegos reglados aunque reconozco que no sé si este extremo es más psicológico o antropológico y por eso Elias no lo menciona.
A la hora de juzgar la trascendencia que la sociedad le da a los acontecimientos deportivos, no voy a olvidar que "[...] las presiones y controles recíprocos que operan en las sociedades urbanas industrializadas se repiten generalmente en la esfera del deporte. [...] los deportistas del más alto nivel no pueden ser independientes y jugar sólo por diversión, sino que se ven obligados a una participación deportiva seria y dirigida a lo otro." Aunque no pienso dejar de lamentar el exceso de tiempo y dinero empleados en estos espectáculos y que la sociedad haya empezado a considerar el deporte como una religión.
El libro se cierra con los ensayos dedicados a la violencia, estableciendo una tipología de la violencia humana sobre la que tengo que reflexionar más en profundidad. Elias explica el gradual enfriamiento de la tendencia a obtener placer por atacar, un declive en el anhelo de atacar. Sin embargo, la violencia política en las sociedades occidentales es mayor, aunque parezca sólo verbal y fruto de los excesos de las campañas electorales. En cualquier caso, insisto, yo diría que hay más hipocresía: un mayor anhelo de ocultar y esconder la realidad con muros de palabras. En cuanto a la violencia de los espectadores en los partidos de fútbol, Elias y Dunning establecen una tipología de factores más descriptiva que profunda y, desde luego, muy coyuntural: “Entre los factores que han contribuido a configurar el fenómeno de la violencia en el fútbol desde fines de los años cincuenta se hallan: los cambios estructurales ocurridos en los sectores "rudo" y "respetable" de la clase obrera y en las relaciones entre ellos; el aumento de un mercado del ocio específicamente juvenil; la posibilidad y el deseo cada vez mayores entre los jóvenes de viajar de forma regular para asistir a los partidos de fútbol; los cambios en la estructura del juego mismo; los esfuerzos concretos de las autoridades futbolísticas para tratar de reprimir la violencia de este fenómeno y, sobre todo, la intervención del gobierno central en este proceso; los cambios habidos en los medios de comunicación de masas, en especial la llegada de la televisión y el nacimiento de la prensa "tabloide", con su especial manera de entender cuáles son las "noticias valiosas", un concepto basado en la competencia y orientado hacia lo comercial, y, por último, el reciente derrumbe casi absoluto del mercado de trabajo para los jóvenes.”
El último ensayo, El deporte como coto masculino: notas sobre las fuentes sociales de la identidad masculina y sus transformaciones, se ha quedado totalmente desfasado ante el imparable avance de las mujeres aficionadas, practicantes y asistentes a los deportes de masas y a fenómenos de participación y establecimiento de nuevos grupos sociales como el de las soccer moms.

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viernes, 24 de octubre de 2008

Deporte y ocio, de Norbert Elias

No estoy especialmente interesado en el deporte y, desde luego, no comparto el entusiasmo intelectual por el fútbol que muchos escritores, de continua presencia en los medios, justifican constantemente. Aunque no reniego de mi pasado como redactor de deportes, en materia futbolística, por ejemplo, estoy más cerca del niño republicano que del hijo del filósofo.
Precisamente por eso, fenómenos como el de la violencia en los estadios o el -para mí- desmesurado interés social por el deporte, me interesan mucho. Respecto de la violencia, si hay un texto "canónico" de un autor fundamental de la sociología del siglo XX, es éste Deporte y ocio en el proceso de la civilización, de Norbert Elias y Eric Dunning. De Elias tengo pendiente su imprescindible Proceso de la civilización, aunque tras la lectura de sus reflexiones sobre el origen del deporte como fenómeno social me he quedado un tanto desencantado.
Como el original es de 1986 y no se trata de un solo texto, sino de una colección de ensayos –diez en total-, las intenciones, estudios y conclusiones pueden haberse quedado un poco desfasados. En general, Elias y Dunning exhiben un etnocentrismo bastante acusado y su estudio del origen de los deportes en la sociedad acaba por convertirse en el estudio del fútbol como deporte en el Reino Unido, excluyendo otros países y deportes. Es evidente que es lo que tenían más a mano, pero se echa en falta algún apunte sobre otros deportes y países.
No obstante, ambos hacen un planteamiento riguroso en la introducción, al ligar el origen del deporte como un fenómeno ligado a la democracia, por el cual la violencia entre facciones políticas se traslada a las competiciones en un doble proceso: la fuerza o las represalias entre facciones dejan de caracterizar la alternancia en el poder y determinadas rivalidades muy polarizadas entre grupos de lugares diferentes comienzan a dirimirse en un formato más deportivo; además, otras actividades lúdicas como la caza pierden su objetivo original –el alimento- y lo sustituyen por la emoción de la actividad en sí. Aunque no pretenden extrapolarlo a otros países, ambos autores reconocen que se producen diferentes enfoques a la hora de comparar el deporte entre Gran Bretaña y Francia, por ejemplo, por tener estructuras políticas y de gobierno diferentes.
Elias apunta que el control sobre los propios movimientos puede estar en la base de nuestro proceso liberador, pero no entra –ni menciona- el proceso de la representación social y la percepción colectiva de la violencia que estudia Foucault. Elias sí critica –lo que suscribo con placer- la pretensión de la psicología de aislar el comportamiento humano de los procesos sociales, como si la sociedad fuese un ente aislado de sus propios miembros.
En general, ninguno de los dos aprecia mucho el materialismo como método de análisis, lo que deja en mi opinión sin explicar algunos de los procesos que apuntan. Creo que el origen del deporte lleva aparejado un aumento del control social y que forma parte de los mecanismos de distracción que cualquier poder político emplea. La diferencia con el pan y circo romanos estriba en el monstruoso volumen de negocio que los deportes de masas generan, lo que convierte a los clubes deportivos en empresas altamente organizadas.
Al margen de eso, resultan muy estimulantes la clasificación de las actividades de tiempo libre que establecen y la hipótesis de que el origen del deporte pueda entenderse como una extensión del entrenamiento militar, aunque esto sólo lo circunscribe a Grecia. Es muy llamativa su confianza en la civilización y su creencia de que “[...] en nuestra sociedad, la apariencia física como determinante de la imagen social de un individuo aún representa un papel importante y quizá cada día más en lo que se refiere a las mujeres pero, en lo que respecta a los hombres, aun cuando la televisión puede influir en el problema, la apariencia física y sobre todo la fuerza y la belleza corporal no representan un papel muy importante en la estima pública de las personas.”
Creo que aquí Elias declara más intenciones que hechos. Puede que sea un hito que una persona discapacitada como Roosevelt haya llegado a la presidencia de Estados Unidos, pero no es menos cierto que su enfermedad fue ocultada por los medios de comunicación sin contemplaciones, por ejemplo eligiendo cuidadosamente los ángulos para fotografiarle. En estos días es posible que una persona afro americana pueda ser también presidente de Estados Unidos, lo que es otro hito, pero eso no disminuye el comprobado racismo que su color despierta entre algunos de sus potenciales votantes. A lo mejor nuestras sociedades lo que han mejorado es la hipocresía, no la civilización.
Esto se me va un poco de extensión, así que lo haré en dos partes. Mañana más

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jueves, 18 de septiembre de 2008

Plataforma, de Michel Houllebecq

Este es otro de los libros rescatados de la limpieza anual y uno de los pocos que conserva cierta aureola de escándalo, aunque su efecto se ha neutralizado bastante. Michel Houllebecq es ya uno de los grandes nombres de la literatura francesa contemporánea y también lo que podríamos llamar un intelectual total, capaz de escribir ensayos, artículos, polemizar en la radio, etcétera. Aún tengo por ahí pendiente su ensayo El mundo como supermercado.

Esta Plataforma fue su cuarta novela y para ser sincero, me ha interesado más de lo que me ha gustado. Es decir, puedo recomendar su lectura como ejercicio, para saber de tendencias, de técnicas y hasta de literatura francesa; pero soy incapaz de recomendarla como distracción, por el mero placer de la lectura de una buena novela.

¿Es mala? No. ¿Es aburrida, plana? No ¿Es apasionante? A mí no me lo parece. En esta novela, Houllebecq es frío como el hielo y tengo la impresión de que ha buscado deliberadamente el escándalo; que el tono, las circunstancias y peripecias de sus personajes están desarrolladas única y exclusivamente para epatar. No es que la historia o sus protagonistas te asombren o te maravillen, sino que todo lo que hacen busca maravillarte. No sé si me explico.

Es como con los grandes actores en buena parte de sus películas: hacen de sí mismos y no de sus personajes: Al Pacino está espléndido como Shylock pero no es el mercader de Venecia, es Al Pacino haciendo de Shylock. Lo mismo sucede con los personajes de Houllebecq: sus acciones no están determinadas por los acontecimientos, sino por la inamovible voluntad de su creador para que hagan lo que tienen que hacer para que la acción se desarrolle en un sentido.

Toda la acción parece un conjunto de tareas programadas, de acciones encadenadas con precisión sin dejar nada al azar, aunque en la superficie el texto fluya y tenga un tono casual. Por eso puedo recomendarla como uno de los libros más interesantes que he leído y también que menos me ha gustado.

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lunes, 15 de septiembre de 2008

13,99 de Frédéric Beigbeder

La limpieza anual de la biblioteca es como un paseo por la playa después de la tormenta, aunque más cansado. De las estanterías salen libros que han perdido su sentido original, la razón de su presencia. En la playa son trozos informes de vidrio que fueron botellas y pedazos de madera irreconocibles. En los estantes son novelas que tuvieron un gran impacto entre los lectores y los suplementos literarios, o ensayos cuidadosamente coyunturales. Ahora los veo de otra manera.
Reconozco su esencia, recuerdo la polémica o su oportunidad. Y dejo que se asienten en primera línea, en busca de la oportunidad que no tuvieron.
Algunos pasarán por aquí, como este 13,99 de Frédéric Beigbeder, una novela de tamaño razonable y ágil que causó un notable revuelo cuando apareció, siete u ocho años atrás. Se trata de uno de esos libros que sirven como coartada personal para caerse del guindo ante ciertas características del mundo que nos rodea. Es decir, es una novela que narra los entresijos de uno de los pilares de la economía y la sociedad occidental, en este caso la publicidad.
Y así, Beigbeder –creativo publicitario antes que escritor-, de una forma un poco atropellada y con un tono de rebuscada crudeza relata los pensamientos y las vivencias de un alto ejecutivo de la primera agencia publicitaria de Francia. Hay mucho pensamiento –buena parte del texto se compone de citas- y poca acción, más allá de unas cuántas anécdotas en torno a las reuniones, un rodaje publicitario y un final disparatado y poco creíble, más abrupto que sorprendente.
Los personajes están dibujados de forma tan ligera que no llegan ni a arquetipos y da la impresión de que sus valores literarios se encuentran más en lo que no cuenta –todos los nombres son supuestos, pero probablemente reconocibles- que en lo que efectivamente plasma.

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miércoles, 3 de septiembre de 2008

Los escándalos de Crome, de Huxley (y Google)

El lanzamiento de Chrome, el nuevo navegador de Google, me ha recordado la primera novela de Aldous Huxley, Crome Yellow o Los escándalos de Crome. Todos tenemos un momento Huxley durante nuestra vida lectora, que empieza con Un mundo feliz y suele terminar en Las puertas de la percepción. Es decir, de la distopía a las drogas y no seguiré por ahí. Durante mi propio momento Huxley leí también Viejo muere el cisne -que me gustó tanto como su obra más famosa- y estos escándalos que rescato ahora.
Es la primera novela de Huxley, un poco convencional y también un ejercicio de análisis interesante sobre la hipocresía y la fama, sobre la burguesía y la maledicencia en una pequeña población inglesa. Leyendo la excelente explicación de lo que es Chrome en el cómic de Scott McCloud, un viejo conocido mío, recordé la razón narrativa de aquella novela, basada en cómo pequeñas frases, cómo unas pocas palabras, dichas aquí y allá, en momentos y lugares diferentes, van componiendo un retrato destructivo de una persona. Cómo pequeños e inocentes comentarios tomados por separado, al unirse, cambian por completo la percepción que podemos tener de alguien.
En su base, en su programación, Google describe Chrome como un conjunto de acciones independientes que ofrecen una nueva forma de entender internet.
Pero además, lo que este nuevo programa informático representa no es tanto su capacidad para ofrecer una nueva experiencia en seguridad o comodidad a la hora de enfrentarse a internet, que lo hace, sino que es como un paso más, una pequeña acción que se suma a otras más -como esta, menos publicitada pero importante- para cambiar nuestro pensamiento y la forma en que este se desarrolla. Hace unas semanas, Nicholas Carr se preguntaba en The Atlantic si Google -y por extensión, la Red- nos estaba convirtiendo en estúpidos, al modelar nuestro pensamiento y nuestra forma de conocimiento al reducir nuestra capacidad de concentración a unos pocos párrafos de cualquier página. Carr sostiene que empezamos a ser incapaces de concentrarnos en los textos largos y buscamos respuestas inmediatas y cortas, en suma, que está cambiando el paradigma del conocimiento -basado en la cultura libresca- que nos ha sostenido hasta ahora. Lo mismo que sostiene Sloterdijk, ya comentado aqui.
Carr, como me sucede a mi, es capaz de recordar cómo otros cambios trascendentales han sido acogidos con escepticismo y temor, desde la propia escritura, denostada por los griegos como causante de la pérdida de memoria, hasta la imprenta, temida por su capacidad multiplicadora. Así que no está seguro de que Google o la Red sean malos, pero sí cuestiona a dónde nos lleva.
Este fin de semana, Luisgé Martín provocaba a los lectores al preguntarse si leer sirve para algo bueno:
"desde hace años tengo la sospecha de que la lectura es menos benéfica de lo que se proclama continuamente con altavoces y pregoneros. O incluso que es dañina, que resabia."
A lo mejor Google tiene razón, y es más beneficioso el pensamiento reducido, inmediato y superficial para nuestra mente. ¿Qué pensáis?

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martes, 26 de agosto de 2008

K. Askildsen, Los perros de Tesalónica

Aprobados por la osita, que es menos exigente y más abierta, decidí darle una oportunidad al escritor noruego Kjell Askildsen. Aunque lo califican de "Carver europeo", lo cierto es que no necesita etiquetas para tener sus propios méritos. Además, allí donde Carver atisbaba por las ventanas las vidas ajenas, Askildsen prefiere llamar a la puerta y compartir con sus criaturas unos cigarrillos y alguna copa de vino. Más que a Carver, a mí me ha recordado a los autores que celebran la vida y sus placeres. Un poco a lo Ko Un. Askildsen sigue a sus personajes de cerca, pero sin dejar que los detalles de sus acciones oculten sus verdaderos motivos.
En Los perros de Tesalónica hay pocas acciones, más allá de unos cuantos paseos y visitas a los bares de las estaciones. Lo que hay, y en abundancia, son reacciones; tiempos y motivos que a veces aclaran, pero que la mayor parte de las veces oscurecen las vidas de sus personajes. Sin llegar al desasosiego, al malestar -estoy pensando en Coetzee-, Askildsen crea atmósferas un poco inquietantes; no tanto por las situaciones como por el reconocimiento que de ellas obtenemos los lectores. Askildsen compone historias de parejas -no necesariamente de esposos, en el extraordinario cuento Los invisibles son hermano y hermana- en las que los hombres y las mujeres se enfrentan a su relación y a su entorno perplejos, con el aire de quien no sabe cómo ha llegado hasta ahí.
Se lee tan deprisa -no llega a cien páginas- que sería un crimen no recomendarlo. Y no será la última vez que venga por aquí.
Gracias, Ana, por prestárselo a la osita.

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sábado, 9 de agosto de 2008

La era de la imagen 2

Visitando la exposición Artistas y Fotógrafos. Imágenes para una colección -que está muy bien-, nos encontramos con esta cita de Susan Sontag:
La necesidad de confirmar la realidad y enfatizar la experiencia mediante fotografías es un consumismo estético al que todos hoy son adictos. Las sociedades industriales transforman a sus ciudadanos en vaciaderos de imágenes; es la forma más irresistible de contaminación mental.
Decíamos ayer...

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miércoles, 6 de agosto de 2008

La era de la imagen

Hace unos días, vi una redifusión de un debate entre un crítico musical y un músico en cnn+ acerca de la banalización de la experiencia. Algo que ya en los 1960 comentaba Aldous Huxley a cuenta de la facilidad con la que se accedía a determinadas experiencias -los viajes, la música- antes más costosas y cómo ese acceso provocaba en los asistentes la indiferencia y la no valoración de esa experiencia.
Durante todo el mes de julio, ese tiempo dedicado casi en exclusiva a mis hijas -también respiro, como y duermo en esos días- he asistido con curiosidad a un fenómeno parecido. Así como para mi generación la fotografía y el vídeo eran algo escaso, circunscrito al gran acontecimiento familiar o social, por lo que aumentaba su valor evocador, desde que nacieron las niñas me preocupó que la sobreabundancia de testimonios gráficos podía alterar sus recuerdos o la percepción de los acontecimientos. Si cada moviento singular de sus vidas está documentado, ¿qué recuerdos propios pueden albergar?
Este mes, armadas con su cámara digital, lo han fotografiado todo, en efecto. Pero hay una pequeña salvedad sobre mis temores iniciales: creo que la utilizan más como un juguete que como un almacén de momentos. Es decir, mientras mi relación con las cámaras es de carácter documental -incluso en las incursiones "artísticas" que me permito-, en la medida que soy consciente de que una fotografía recoge un instante concreto y singular, ellas mantienen una relación más lúdica, menos "trascendente". Recogen lo que ven no tanto como un "recuerdo" sino por valor en sí mismo: la cara divertida, el lugar, la acción.
Seguiré estudiando este fenómeno, porque en cualquier caso, me sigue preocupando lo que puede suceder si se documenta hasta la extenuación una vida.

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lunes, 23 de junio de 2008

Psicología de los objetos

No soy exactamente un geek, pero tampoco soy de natural torpe con los aparatos. Sin embargo, en muchas ocasiones, ante una puerta que no se abre, un grifo que no cumple su función o unas instrucciones especialmente farragosas, la sensación de frustración y de torpeza no me la quita nadie. Así que bendito Donald Norman que demuestra en este libro, tan sencillo de leer como sensato en su pensamiento.
La psicología de los objetos cotidianos explica -y sin utilizar más que una sóla vez la palabra ergonomía- cómo los diseñadores y las empresas son los responsables últimos de que seamos incapaces de manejarnos ante muchos de los productos y aparatos que nos rodean; y cómo el buen diseño puede hacer que un aparato especialmente complejo resulte muy sencillo de utilizar.
A través de ejemplos basados en sus propias experiencias como usuario y como investigador de la Northwestern University, Norman desarrolla toda una teoría sobre las condiciones y características que todos los objetos, los sistemas de control y los aparatos deberían tener para que los usuarios no arrastremos la sensación de ser torpes sistemáticamente. Y eso incluye los edificios y a los arquitectos con gustos estéticos capaces de diseñar una sala de proyecciones con claraboyas o lucernarios.
El libro adolece, no obstante, de un problema de actualización: es de 1988 y los ejemplos informáticos se han quedado tan atrasados que son más una colección de paleocomputación que de problemas reales. Aún así, los principios generales en los que se basa, las soluciones que plantea y las causas de los malos diseños siguen siendo vigentes.
Así que, ojo: no es que seas torpe, es que el aparato está mal diseñado.

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jueves, 12 de junio de 2008

Proteste, pero ya

No hay mucho que explicar sobre esta iniciativa parlamentaria europea.



Lo cogí de aquí, donde hay más iniciativas
Hay también un grupo en Facebook

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Normas para el parque humano

He defendido muchas veces las bondades de la Red y de sus muchas herramientas, porque estoy convencido de que internet suma y no resta respecto a otras tecnologías más antiguas. Lo que no sabía -y este libro se ha encargado de aclarármelo- es hasta qué punto es necesario construir una nueva educación para que la sociedad occidental pueda, de alguna forma, renovar su percepción de sí misma y establecer nuevos marcos de convivencia.
El mejor resumen que puede hacerse de estas Normas para el parque humano ya lo escribe en el prólogo su traductora, Teresa Rocha Barco: "Sloterdijk sostiene en su discurso que el "amansamiento" humanístico del hombre mediante la lectura obligada de unos textos canónicos ha fracasado ante la sociedad de la información y ante el cotidiano embrutecimiento de las masas con los nuevos medios de desinhibición;"
En efecto, Peter Sloterdijk, catedrático de Filosofía en Alemania, describe con precisión el cambio de paradigma que la sociedad occidental y su cultura están sufriendo:
"La era del humanismo moderno como modelo escolar y educativo ha pasado, porque ya no se puede sostener por más tiempo la ilusión de que las macroestructuras políticas y económicas se podrían organizar de acuerdo con el modelo amable de las sociedades literarias."
Pero no sólo eso. Apoyado en Nietzsche, Sloterdijk advierte de nuestro fracaso a la hora de controlar la violencia de nuestras sociedades y de las relaciones humanas, ya que
De igual manera que en la Antigüedad el libro perdió la batalla contra el teatro, así también podría hoy la escuela perder la batalla contra poderes educativos indirectos como la televisión, las películas violentas y otros medios de desinhibición, si no surge una nueva cultura del cultivo propio que mitigue esa violencia.
Y añade, para que no quepan dudas, que
Aquello que se presenta como una reflexión política es, en realidad, una declaración de principios sobre las normas para la gestión empresarial de parques humanos.
Libro muy breve, en él no hay más que un diagnóstico, certero y sin esperanza. Me temo que las soluciones tendremos que encontrarlas -y aplicarlas- nosotros mismos sin contar con las actuales estructuras políticas.

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martes, 27 de mayo de 2008

Revista de prensa

No me gusta mucho referenciar artículos ajenos sin aportar al menos alguna cosa, pero la verdad es que poco puedo comentar sobre ellos, así que me limito a recomendar un par de artículos que me han llamado la atención en los últimos días.
El primero, Comida hay, pero a precio de petróleo, es un excelente análisis de las causas y razones de la carestía de alimentos que se vive en más de medio mundo, en un momento en el que por las cifras de producción acabar con el hambre podría ser una realidad a corto plazo.
Efectos secundarios de su lectura: ¿de verdad Marx está pasado de moda?
El segundo, ¿Es el Gobierno rehén de la jerarquía católica?, es un lúcido y frío alegato en contra de la influencia, el descaro y el cuajo de la jerarquía católica en sus relaciones contra -que no con- la sociedad española. Un "ya os vale" sin utilizar ni las descalificaciones ni los insultos a los que son tan aficionados los obispos, sus locutores y sus periodistas.
Efectos secundarios de su lectura: Ni un euro más para esta gente.

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jueves, 22 de mayo de 2008

El invierno de Chopin en Mallorca

Son contadas las ocasiones en las que me aventuro a leer en otra lengua que no sea el inglés, más allá de los periódicos y revistas, pero Aquel invierno de Chopin en Mallorca, de Aranzazu Miró, que es amiga mía, atrajo mi curiosidad por una de esas pequeñas casualidades que, reunidas, dan origen a cualquier novela de Auster.
Ya se habló aquí del viaje a Polonia, pero no se mencionó que uno de los recuerdos que nos trajimos la osa y yo fue precisamente una integral de las obras del compositor polaco, interpretadas por el pianista, también polaco, Rafal Blechacz ganador hace tres años del concurso de piano Chopin de Varsovia y en ese momento de moda.
La estancia de Fryderyk Chopin y George Sand en Mallorca es una de esas anécdotas de la historia tan bien sabidas como poco conocidas en realidad. No están los tiempos para leer libros de viajes de señoras del siglo XIX por parajes que no tienen nada que ver con los de hoy, aunque lleven el mismo nombre; y la relativización generalizada ha puesto en sordina la influencia que un lugar pueda tener sobre la creación de las obras de arte.
Pero la historia de esta peculiar pareja –llegaron a la isla como amantes, pero salieron como madre e hijo por la enfermedad del músico- bien vale la pena el esfuerzo. No sé tanto catalán como para poder juzgar los méritos estilísticos de la autora, pero si he podido enterarme bastante bien de lo que cuenta, es más probable que sea por cuenta de su claridad y limpieza antes que por mi atenta lectura.
Buena parte del libro incluye el análisis de los preludios del compositor; tampoco sé tanta música como para juzgarlo, pero sí para descubrir varias cosas que no sabía, a cuenta de la expresión, estructura y orígenes de estas hermosas piezas para piano y que pueden escucharse aquí, por ejemplo.
Leer en otra lengua tiene una ventaja añadida, además del respeto al original, que viene a ser como un caramelo, pues recuerda ese momento mágico de la infancia en el que las palabras son sólo sonidos más o menos hermosos a los que todavía hay que suponer un significado. Así, palabras como empolistrat, algo que la Sand dice en una novela a propósito de Chopin; o que las llegadas de los viajes sean a l’horabaixa, forman como un paisaje sonoro que he disfrutado mucho.
También he disfrutado de lo lindo con la ironía de la autora al referirse a George Sand: […]qui en qüestió d'amors funcionava amb una gran voluptuositat (p 22); […] Sens duote, és una dona impregnada en excés de l’esperit del romanticisme (p 115); y a la que no perdona el implacable relato que de la isla hace en su novela (Un invierno en Mallorca) y en sus memorias: un ajuste de cuentas con una Mallorca salvaje y muy atrasada de la que sólo el paisaje y el clima son extraordinarios.
Ironía que se extiende también al periodismo de hoy, aquejado del peor de los males: la ignorancia. […] I la composta a Mallorca -que no a Palma, malgrat no siga aquest el moment de renyar Chopin per un error de menció geogràfica de Palma por Mallorca al qual avui cauen fins i tot els suposadament ben formats periodistes de cadenes nacionals- [...] (p 133)
En fin, un libro entretenido, con muchos datos que desconocía, como la importante colaboración de Mendizábal (el de la desamortización) en el viaje; el singular experimento que llevó a cabo el músico Alfred Cortot, estudioso de Chopin, para demostrar que la sonoridad de la celda que ocuparon el músico y su piano no le hubiera permitido componer los preludios, sólo más bien corregirlos, lo que además era la práctica habitual del polaco; [...]la llegenda de l'ondina del llac, que sorgeix de las aigües per a contar la història de la ciutat enfonsada de Switez. (p 69); la historia de los pianos de Chopin en la isla; y las disputas sobre las celdas ocupadas efectivamente por los visitantes, polémica en la que Aránzazu Miró con buen sentido no entra, sólo explica y deja que sea el lector quien saque sus conclusiones. Aunque si yo fuera un mitómano, visitaría sin duda la celda número 4.
Sólo una pega. A despecho de su exhaustiva investigación y de los muchos textos consultados, nada dice Aránzazu en el libro de la razón fundamental por la que Chopin y la Sand viajaron a Mallorca entre puercos. No fue el clima ni la búsqueda de la tranquilidad, porque fueron las cocas de patata de Valldemossa, uno de los dulces más exquisitos de esta galaxia, la verdadera razón para vivir aquel invierno en Mallorca.

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jueves, 8 de mayo de 2008

La demanda de la SGAE

Hace unos cuantos años andaba yo empeñado en saber acerca de los presupuestos de la televisión pública durante la década prodigiosa (1956-1966) para que mi licenciatura en ciencias de la información fuese realmente eso y no sólo la adquisición de un título más o menos mono que colgar. Así que me dirigí al Tribunal de Cuentas confiado en que dado el tiempo transcurrido esa información no estaría sujeta a restricción alguna. El resultado fue que aprendí dos cosas fundamentales: para la Administración española tanto dan veinte años, cien o una semana; la información es siempre reservada. Y la segunda: los seres humanos normales no deben ocuparse de esas cosas; esta última, gracias a los funcionarios de dicho organismo. Por entonces yo acababa de leer El castillo de Kafka, así que opté por no hacer más el agrimensor y ponerme a investigar otro asunto, con otros medios.
Me acordé de ello ayer, cuando reclamaba un poco más de transparencia por parte de los organismos públicos apoyado por este artículo y me he vuelto a acordar hoy, al saber que la Sociedad General de Autores ha presentado una demanda contra el diario Público. El único que desde su nacimiento no ha dejado de informar sobre las pocas actividades económicas, balances y actuaciones que son públicas de esta sociedad de gestión, empeñada en continuar la espiral de enfrentamiento que mantiene contra los ciudadanos y contra los propios creadores, aunque muchos de éstos aún no sean conscientes de ello y crean -honradamente- que su defensa es el objetivo principal de dicha sociedad.
La SGAE, concebida como respuesta de los compositores a la voracidad de los impresores de partituras en el siglo XIX, no ha sabido evolucionar en su modelo de gestión al mismo ritmo que los consumidores y mantiene fórmulas y modelos que hoy están obsoletos. Que haya melodías populares que generen derechos de autor por sus arreglos, por ejemplo, es bastante difícil de explicar. El sistema de votos entre los asociados, las tarifas abusivas, el desconocimiento de otros tipos de licencias (copyleft, CC), el cobro de impuestos sin ser la Agencia Tributaria y la criminalización de los consumidores, además de la opacidad en sus acciones, son motivos más que suficientes para que los periodistas investiguen.
Siempre y cuando no pertenezcan a un entramado de compañías discográficas, editoriales y medios de comunicación con muchas razones para dejar las cosas como están.

Más información sobre la demanda:
Escolar
Mangas verdes
Casiopea

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martes, 6 de mayo de 2008

Reporteros sin fronteras


Mi buena amiga Malena me hace llegar antes del día de la Libertad de Prensa -que fue el día 3, soy un desastre- la campaña de Saatchi & Saatchi para Reporteros sin Fronteras, la organización que
- defiende a los periodistas y colaboradores de los medios de comunicación encarcelados o perseguidos por su actividad profesional, y denuncia los malos tratos y la tortura que sufren en muchos Estados;
- lucha para que retroceda la censura y combate las leyes destinadas a restringir la libertad de prensa;
- concede anualmente un centenar de becas de asistencia para ayudar a periodistas o medios de comunicación en dificultades (gastos de abogados, gastos médicos, compra de material, etc.), así como a las familias de los reporteros encarcelados;
- trabaja por la mejora de la seguridad de los periodistas, especialmente en las zonas en conflicto.
La imagen es la última que tomó Juantxu Rodríguez, que tiene el triste honor de ser el primer fotoreportero español muerto por disparos de soldados estadounidenses cuando cubría con Maruja Torres la invasión de Panamá en 1989.
No fue el último.
Siempre se asocia el riesgo de esta profesión con los países más inquietantes, pero lo cierto es que dan más miedo las ciudades y pueblos de aqui al lado, con esa apariencia de normalidad.
Así que, menos intimidaciones y más transparencia.
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jueves, 1 de mayo de 2008

De dónde sale internet

"[...]a partir de 1970 apareció gradualmente una nueva forma de capitalismo, que abandonó la estructura jerárquica del proceso de producción al estilo de Ford y desarrolló una organización en red, basada en la iniciativa de los empleados y la autonomía en el lugar de trabajo. En vez de una cadena de mando centralizada y jerárquica, tenemos redes con una multitud de participantes que organizan el trabajo en equipos o proyectos, buscan la satisfacción del cliente y el bienestar público, se preocupan por la ecología, etcétera. Es decir, el capitalismo usurpó la retórica izquierdista de la autogestión de los trabajadores, hizo que dejara de ser un lema anticapitalista para convertirse en capitalista. El socialismo, empezó a decirse, no valía porque era conservador, jerárquico, administrativo, y la verdadera revolución era la del capitalismo digital."

Slavoj Zizek, hoy en El País. Las negritas son mías y el artículo entero no tiene desperdicio.
No hay entrada de Zizek en la Británica, pero sí en la Wikipedia. ¡Hum!

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miércoles, 30 de abril de 2008

Los hijos del zar

La confirmación de que los restos humanos hallados el año pasado en los Urales son de los hijos del zar Nicolás II, padre también de la legendaria princesa Anastasia Nicolaievna, me sirven de excusa para probar y compartir el enlace correspondiente de las dos enciclopedias que ahora manejo.
¿Cuál es la diferencia?
Al margen del idioma y la autoría, en un caso, la información llega hasta el año 2000; en el otro, alcanza a 2007. Juzgad vosotros.

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jueves, 24 de abril de 2008

Enciclopedia Británica en internet

Como solía comentar Borges, un libro ideal para llevarse a una isla desierta es la Enciclopedia Británica. Con el advenimiento de la Red -y empleo a propósito ese término, porque internet es la divinidad de la información-, las enciclopedias publicadas han dejado de tener sentido como compendios de información. No sólo y sobre todo por la Wikipedia, sino por la capacidad real de encontrar cualquier información y casi actualizada al minuto.
Pero la Británica, como sus primas francesa -Larousse- y española -Espasa- pueden encontrar su lugar en el nicho del "libro objeto". Y ahí son insuperables. De hecho, de tener una biblioteca en condiciones y no un depósito de papel impreso como tengo -tenemos la osa y yo-, la Británica sería una de mis más preciadas adquisiciones.
Pero, como explican Marilink o Techcrunch por cada página vista en internet de la enciclopedia, se ven 184 de la Wikipedia. Asi que ahora, con varios años de retraso, han decidido abrir sus puertas a escritores y blogueros para que éstos enlacen sus contenidos y ganar visibilidad. Siguen manteniendo la suscripción de pago, pero entreabren las puertas.
He intentado que aprobaran este modesto blog, pero no ha podido ser: mi petición no ha sido aceptada. Asi que seguiré referenciando la Wikipedia cuando tenga que aclarar algo. Ellos se lo pierden.
Por cierto, a Orihuela si le han dejado, pero a Dans tampoco le aprueban la solicitud.

Actualización 8:00
Me adelanté. La Britannica acaba de darme acceso. Un ejemplo de lo que podéis ver por la cara:
Jorge Luis Borges
Pero seré bueno y también enlazaré con la Wikipedia.
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martes, 8 de abril de 2008

Es una vida maravillosa

Uno de los libros más significativos que recuerdo fue mi libro de texto de ciencias naturales del bachillerato. Libro que por cierto no conservo, o que no soy capaz de encontrar en ninguna parte. Era un libro de Aguilar absolutamente clásico, con una veintena de ediciones como mínimo. Era un verdadero tocho, un libro antiguo en su diseño: tipografía monótona, gráficos e imágenes en blanco y negro, dos columnas; en fin, hoy sería el horror para cualquier criatura de la generación myspace.
Pero el contenido de aquel libro era un tesoro: la vida, sus mecanismos, las ciencias naturales del siglo XX en todo su esplendor. La base del texto, rigurosa, era un compendio del estado de esas ciencias en los años 70 del siglo pasado. Antes del conocimiento del medio, antes de la llegada del hombre a la Luna y antes de que existiese -ni como sueño- este medio.
Recuerdo imágenes de aquel libro: el cráneo de un gato y el detalle de cómo funcionaban las uñas retráctiles; un científico de bata blanca junto a un gran matraz oscuro en el que se desarrollaba el experimento crucial del nacimiento de la vida: las chispas en una atmósfera de metano creando moléculas orgánicas en una sopa primordial de aminoácidos; los árboles taxonómicos, esas listas ordenadas y espléndidas de órdenes, familias, géneros y especies...
Una de las imágenes más turbadoras era la que recogía la reconstrucción de la vida en los océanos hace 500 millones de años, durante el Cámbrico. Allí estaban sumergidos los antepasados de los habitantes de nuestros mares: medusas, langostas, cangrejos, gusanos, esponjas... Era una imagen evocadora, una puerta para comprender los mecanismos de la evolución. Paréntesis: ni siquiera durante el franquismo se le ocurrió a ningún obispo cuestionar en los libros de texto la evolución; hay que fastidiarse que vengan ahora con el diseño inteligente a dar la brasa. Cierro paréntesis.
Pero ahora sé que aquella lámina ingenua era una imagen falsa gracias a un libro de Stephen J. Gould, extraordinario, como todos los suyos por otra parte. Qué bello es vivir en su título original, basado en la película de Frank Capra y traducido aquí por La vida maravillosa en una decisión más que discutible, explica como una obra de teatro el hallazgo y posteriores interpretaciones de un conjunto de fósiles del Cámbrico llamados Esquistos de Burgess.
Dicho así puede resultar poco atractivo como lectura, pero no es cierto. Porque a través de esas interpretaciones Gould analiza cómo nuestros prejuicios condicionan nuestra percepción de las cosas, incluso en ámbitos supuestamente asépticos como la ciencia, la paleontología en este caso. Cómo ante la evidencia de que la vida era más rica y diversa al principio, los prejuicios científicos y la necesidad de encontrar un sentido para nuestra presencia sobre el planeta, cegaron a los primeros descubridores de los esquistos de Burgess, que no fueron capaces de ver la importancia de esos fósiles. Desde hace más de un siglo, la evidencia lucha contra la imagen de un crecimiento, de una evolución ordenada con un destino fijo: la aparición del Homo sapiens. Y no es cierto.
Gould explica cómo la contingencia y el azar son los responsables de nuestra presencia sobre la Tierra, sin que haya nada en la naturaleza que implique una dirección, un destino final. De hecho, el descubrimiento de una mandíbula de Homo antecessor en Atapuerca viene a confirmar lo que empieza a estar claro para otras especies: gran diversidad inicial, escasos cambios al final. Lo más probable es que los humanos actuales hayan evolucionado de alguna población de las muchas que se desarrollaron entre los homínidos en los últimos tres millones de años. El árbol de la vida ha dejado de ser un cono invertido para convertirse en un árbol de Navidad. Y eso es fascinante.
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jueves, 3 de abril de 2008

Juventud, de J. M. Coetzee

No sé porqué, pero me gusta explicar de dónde he sacado un libro al comienzo de estas reseñas. Y como nadie se queja, sigo con la costumbre. Lo compré hace unos días, por impulso y curiosidad, al recordar muy vagamente que alguien me lo había recomendado. Pero me ha costado trabajo entrar, dejarme llevar por la historia y el tono de esta novela de J. M. Coetzee, de quien no había leído nada anteriormente. No es sólo por la atmósfera de tristeza y melancolía que transmite, sino que sentía un cierto desasosiego, una ansiedad inexplicable.
Juventud es la historia de un joven universitario, asfixiado en la racista Suráfrica de los primeros sesenta. Su intención es ser un poeta como Pound, mientras compagina su licenciatura en matemáticas con sus lecturas y la constatación de los graves problemas sociales que su país empieza a atravesar. Su intención es huir, escapar a Londres, ya que no es capaz de aprender francés para vivir en París, el destino de cualquier poeta que se precie.
Y fue entonces, mediada la novela, cuando el protagonista llega a Londres y comienza a vivir allí cumpliendo su sueño: las librerías, la Biblioteca del Museo Británico, el cuarto alquilado, el trabajo alienante para comer, etcétera, cuando comprendí mi ansiedad. Juventud es una especie de segunda parte, como una continuación de El guardián entre el centeno. Es como si Coetzee retomase la historia del muchacho que se preguntaba ¿dónde van los patos cuando el estanque se hiela? pero ya terminando sus estudios y comenzando la vida laboral.
Las mismas angustias, las mismas dudas, la ausencia de cualquier empatía por los demás, mucho egoismo casi biológico... Las preocupaciones de ambos protagonistas y su pensamiento no corren exactamente en paralelo, sino uno detrás de otro por el mismo camino. Hay más crueldad en el surafricano que en el estadounidense, pero sólo por la diferencia de edad. Allí donde la criatura de Salinger se mostraba cruel, ante sus padres o ante la mujer, lo hacía desde su propia perplejidad, desde el descubrimiento de lo que puede ser la vida; pero la criatura de Coetzee es cruel por desgana, por su pereza para ser otra cosa, para leerse a sí mismo.
Como me sucede con otros autores, no creo que repita con Coetzee. Pero admito que puedo haber elegido una novela poco recomendable para empezar, o que la traducción no termina de convencerme; o tal vez ¿me han producido cierto desasosiego sus explicaciones sobre las relaciones entre primos?
"[...]la promesa de facilidad, de naturalidad: dos personas con una historia en común, un país, una familia, una intimidad de siempre encarnada desde antes de pronunciar la primera palabra. No se necesitan instrucciones, ni tanteos."
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martes, 11 de marzo de 2008

Respeto, nada más

Según Federico Jiménez Losantos, mamporrero de Pedro José Ramírez y modelo del periodismo que se practica hoy en día, soy basura y un horror porque el pasado domingo volví a votar a ganador, 26 años después de las únicas elecciones en las que he podido cantar oé, oé, oé. Lo que no quiere decir, ni entonces ni ahora, que lo haya hecho, pero creo que merezco algún respeto. Respeto. Otra de esas mágicas palabras como la responsabilidad, ya comentada, con doble significado según el lado, o mejor dicho, la altura, en que estés situado. Por cierto, que no se pierda el inteligente comentario de mi buena amiga Malena a ese texto sobre la responsabilidad.
Pero a lo que vamos: me he pasado cuatro años oyendo que los electores son idiotas por -supuestamente- cambiar su voto el 14 de marzo de 2004, cuando no sólo no hay pruebas de semejante cambio, sino todo lo contrario, avaladas por varios estudios sociológicos de verdad, por ejemplo en este de 2005:
[...]pese a los antecedentes y al contexto que rodeó su celebración, las elecciones de 2004 no fueron —desde el punto de vista del sistema de partidos resultante— unas elecciones excepcionales, sino de continuidad respecto de las del tercer período electoral [...]
que puede consultarse aqui y es muy interesante.
Así que no sé si tengo ganas de pasarme otros cuatro años oyendo chorradas sin defenderme. Ya sé que no vale la pena, pero la verdad, qué difícil es no entrar al trapo y, por ejemplo, dejar claro qué clase de personas son los otros votantes. Sin matices, con el mismo ingenio periodístico que usa el empleado de los obispos.

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