martes, 26 de agosto de 2008

K. Askildsen, Los perros de Tesalónica

Aprobados por la osita, que es menos exigente y más abierta, decidí darle una oportunidad al escritor noruego Kjell Askildsen. Aunque lo califican de "Carver europeo", lo cierto es que no necesita etiquetas para tener sus propios méritos. Además, allí donde Carver atisbaba por las ventanas las vidas ajenas, Askildsen prefiere llamar a la puerta y compartir con sus criaturas unos cigarrillos y alguna copa de vino. Más que a Carver, a mí me ha recordado a los autores que celebran la vida y sus placeres. Un poco a lo Ko Un. Askildsen sigue a sus personajes de cerca, pero sin dejar que los detalles de sus acciones oculten sus verdaderos motivos.
En Los perros de Tesalónica hay pocas acciones, más allá de unos cuantos paseos y visitas a los bares de las estaciones. Lo que hay, y en abundancia, son reacciones; tiempos y motivos que a veces aclaran, pero que la mayor parte de las veces oscurecen las vidas de sus personajes. Sin llegar al desasosiego, al malestar -estoy pensando en Coetzee-, Askildsen crea atmósferas un poco inquietantes; no tanto por las situaciones como por el reconocimiento que de ellas obtenemos los lectores. Askildsen compone historias de parejas -no necesariamente de esposos, en el extraordinario cuento Los invisibles son hermano y hermana- en las que los hombres y las mujeres se enfrentan a su relación y a su entorno perplejos, con el aire de quien no sabe cómo ha llegado hasta ahí.
Se lee tan deprisa -no llega a cien páginas- que sería un crimen no recomendarlo. Y no será la última vez que venga por aquí.
Gracias, Ana, por prestárselo a la osita.

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