jueves, 12 de febrero de 2009

Hojas de ruta, de Blaise Cendrars

Como la generosidad de la Fundación March no tiene límites, para acompañar la muestra recién inaugurada y muy hermosa dedicada a Tarsila do Amaral, además de un cuidado catálogo, ha editado casi en facsímil dos pequeños libros. Por una parte, este pequeño poemario de Blaise Cendrars, Hojas de ruta I el Formose y por otra, un libro del poeta brasileño Oswald de Andrade del que hablaremos otro día.
Así que, traducido por José Antonio Millán Alba, Hojas de ruta es una colección de 73 poemas que recogen otros tantos momentos del viaje que el poeta francés hizo en 1924 desde El Havre a Sao Paulo. El libro incluye los dibujos que Tarsila realizó para la primera edición.
Blaise Cendrars, a quien no conocía, fue compañero de todos los grandes nombres de la intelectualidad francesa de las primeras décadas del siglo XX. Una búsqueda en el ISBN arroja un resultado de 16 títulos, algunos agotados. Cendrars escribe un original diario -atención a su puntuación- con muchas de sus impresiones, algunas de gran belleza
En el barco se cabecea se cabecea
La luna la luna forma círculos en el agua
El mástil círculos en el cielo
Y con el dedo designa todas las estrellas
Hay poemas ferroviarios, marineros, de puertos; Otros son más prosaicos, como la relación de trámites al llegar a puerto o la carga y número de los barcos con los que se cruza. Pero en general son como fogonazos intensos, cargados de sentido:
La carta océano no ha sido inventada para hacer poesía
Pero cuando se viaja se comercia se está a bordo cuando se envían cartas océano
Se hace poesía
Cendrars busca un calculado descuido, pero sin llegar a lo artificial y huye de exotismos. Me ha gustado porque sus impresiones no son las del típico viajero occidental prepotente y exquisito, antes bien, son las de una persona atenta, que se sorprende sin aspavientos no tanto de lo que ve como de lo que siente ante lo que ve.
Islas
Islas
Islas en las que nunca tomaremos tierra
Islas a las que nunca bajaremos
Islas cubiertas de vegetación
Islas agazapadas como jaguares
Islas mudas
Islas inmóviles
Islas inolvidables y sin nombre
Tiro mis zapatos por la borda porque quisiera ir hasta vosotras
Casi, casi lo que sentí, hace muchos años, al contemplar mi primer amanecer en Tenerife, rodeado de reclutas rapados camino de los baños de Hoya Fría.

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