
Qué descubrimiento tan interesante ha resultado ser
José María Fonollosa, muerto hace quince años, y un personaje transgresor, lúcido y divertido. Su poemario Ciudad del hombre: Nueva York, con prólogo de
Gimferrer me ha encantado. Fonollosa da la impresión de no cortarse ni un pelo, con una ironía lúcida y un humor subterráneo que recorre la mayor parte de sus trabajos. Hay poemas feministas y machistas, divertidos y muy serios. Pero la mayoría son para reflexionar, más allá de la bondad de unas metáforas o de un excelente uso del lenguaje, sobre la condición humana, sobre nosotros y nuestro mundo del siglo XX. Por ejemplo:
"Podemos elegir entre estar juntos
y hacernos mutuamente desgraciados.
O separarnos ahora y ser también
cada uno por su lado desgraciados."
O este otro:
Tener hijos es cosa de mediocres,
Ineptos sensualmente, analfabetos
Sexuales o de gente irresponsable
Hay versos extraordinarios, que son como pequeños aforismos y una auténtica declaración de intenciones: "Las mujeres que quiero van con otros." Y, sobre todo:
"...La familia
es la mano que aguanta la cabeza
para que permanezca bajo el agua."
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