viernes, 18 de diciembre de 2009

Derechos de autor y derechos fundamentales

Se quedó por explicar mi postura y la publicación del manifiesto frente a las pretensiones de los ministerios de Cultura e Industria de colar una disposición en el anteproyecto de ley de Economía Sostenible que permitiría, con su redacción actual, cerrar cualquier página web por una “infracción de la propiedad intelectual”.
Esta disposición, ante la que se produjeron pacíficas y silenciosas concentraciones en varias capitales y una reunión entre algunos personajes conocidos en internet y la ministra de Cultura, deja en manos de una “comisión” la potestad de cerrar preventivamente cualquier web que supuestamente infrinja los derechos de autor.
Por eso, y no por las descargas o el “todo gratis en la Red” colgué ese manifiesto y fui a la casa de las siete chimeneas a protestar. Porque un órgano administrativo no puede suplantar, en el caso del derecho fundamental a la libertad de expresión, a los jueces, los únicos legitimados -según nuestro sistema jurídico, vigente desde la santa transición- para decidir si una página se puede cerrar o no.
La amenaza es real, tal y como está redactado el anteproyecto. Si alguien de la industria cultural se toma la molestia de leer el contenido de este blog, por ejemplo, lleno de citas textuales de los libros que leo, o de enlaces a noticias o artículos, puede dirigirse a esa comisión y, de momento, cerrar este espacio hasta que yo pruebe que mi derecho a la cita o a la crítica es legítimo.
Sé que el derecho es aburrido y que la televisión es más divertida y simplificadora, pero este post tiene una intención evangelizante. Yo no niego a los autores su derecho a la remuneración; ni reivindico el “todo gratis” en la Red. Lo que yo exijo es que la industria cultural deje de ser una actividad subvencionada, que se reconvierta y deje a otros que se organicen y hagan negocios de otra manera.
Los ejemplos -iTunes, Spotify, Hulu, por citar a la música o los contenidos audiovisuales- son tan numerosos como personas emprendedoras hay en internet. El problema es que desde la aprobación de la LSSI la industria cultural -sobre todo las grandes productoras y multinacionales y las sociedades de gestión- se ha encontrado con que todas las sentencias dictadas por los jueces consideran que las páginas de enlaces y los intercambios entre particulares mediante el p2p -la popular mula, torrents, etcétera-, no son delito.
La presión de este lobby cultural, que ha incluido llamadas comprobadas de la embajada de EE UU a la Moncloa, ha conseguido que se cuele esta disposición bajo el argumento: “ya que los jueces no me dan la razón, me la doy yo a mí mismo con un órgano ad hoc”.
Por eso, porque no me da la gana que venga una multinacional a decirme lo que puedo o no escribir, sólo porque no les guste o porque haya puesto una cita o un enlace a uno de sus productos, es por lo que publiqué el manifiesto y seguiré protestando, de una forma u otra.

jueves, 10 de diciembre de 2009

De un tirano, un discurso y un juicio en Huesca

Aunque las ausencias no se justifican en un blog, no me gusta desaparecer sin motivo. En los últimos días he estado fuera de cobertura dedicado por entero a la Hispabrick 2009, la reunión anual de aficionados adultos al Lego y que este año se ha celebrado en Madrid. Hay más detalles aquí y fotografías acá.
Pero de lo que yo quería hablar es de Fago, ahora que ha pasado el vendaval mediático y la presunción de inocencia ha desaparecido.
Hay muchas cosas extraordinarias y únicas en el asesinato del alcalde de Fago. La personalidad del muerto, el número de habitantes del pueblo, la concepción y ejecución del crimen... Todos los elementos que rodean el suceso darían para elaborar cualquier relato, para especular o encontrar muchos misterios. Y el juicio no aclara nada, más allá de lo que la investigación de la guardia civil descubrió -o le confesaron- en su momento. Por muchas razones, el crimen de Fago ha entrado ya en el olimpo de los sucesos que se recordarán en sus aniversarios: los Urquijo, Alcásser o Puerto Hurraco.
Estos son los antecedentes. Lo más llamativo, sin embargo, no es el crimen en sí, sino el discurso de Santiago Mainar al término del juicio. Acostumbrado desde hace veinte años a la corrección política, qué raro es escuchar y entender el diáfano castellano de sus palabras y su sentido último. Qué difícil es, hoy en día, oír un discurso político tan antiguo, tan implacable y tan coherente. No estoy justificando la muerte de ningún ser humano, pero sí reivindico el eje del discurso de Mainar, su coherencia y el resumen del siglo XX que hace en él.
Santiago Mainar expresó en sus últimas palabras todo el pensamiento político de la historia humana y también todas sus contradicciones. Sus palabras enfrentan, otra vez, la acción y la pasividad; permanecer cruzado de brazos, sumiso ante las instituciones, o actuar sin pensar en las consecuencias. No sé si Santiago Mainar es culpable o no, aunque los errores judiciales son escasos, pero sí es inocente de su pensamiento, sí es inocente de ser hijo de su siglo y de sus ideas. Aunque hoy esas ideas se perciban como anticuadas.

viernes, 4 de diciembre de 2009

La asamblea del paraguas

Este post está dedicado a la memoria de Jordi Solé Tura, ex ministro de Cultura español. Un hombre cabal, inteligente y culto a quien conocí durante una visita de Estado a Egipto mientras se desarrollaban las negociaciones que dejaron en Madrid la coleccióin de arte de los Thyssen-Bornemisza.
No tenía intención de pensar mucho en la pasada asamblea de la Asociación de la Prensa de Madrid, pero cuando a la salida nos regalaron a los asistentes un paraguas amarillo con el logotipo de la APM, no he podido evitar compartirlo. Hay un resumen más completo de todo lo hablado aquí, pero lo alucinante es que, con la que está cayendo, no había ni 60 personas y somos casi 7.500 miembros, se supone que periodistas. Por no estar no estaban ni los que se molestaron en pasar propuestas por escrito para que se votaran (no salieron).
Por lo demás, sólo el servicio médico parece suscitar mucho interés, ya que ni el paro, ni la degradación constante de la profesión, ni la actuación de los medios suscitaron pregunta alguna. Bueno, sí. Una mujer preguntó por las entradas para la corrida de la Prensa, tradición que, por descontado, no se cuestionó. En la respuesta explicaron que como el Rey no quiere ir al palco, la junta tiene que negociar con algunos abonados las tres entradas de tendido necesarias: una para el monarca, otra para el presidente de la APM y una tercera para el vicepresidente.
En fin, que ha sido como meterse en una máquina del tiempo, llena de abueletes más preocupados por sus achaques o la comida de hermandad y ni una propuesta sensata sobre nuestra profesión, sobre su estado o su futuro.
Al recibir el paraguas recordé los descuentos en el Museo del Jamón por ser periodista y otras iniciativas de ese tono que se han multiplicado este año en la APM, y reconozco que me han convencido: es un chollo ser periodista. Gracias.

jueves, 3 de diciembre de 2009

En defensa de los derechos fundamentales en internet

Eneko / 20minutos.es

Dentro de una hora, varias personas relacionadas con internet van a reunirse con la ministra de Cultura para tratar de este asunto, porque el problema de las modificaciones introducidas en la ley de Economía Sostenible con respecto a la Propiedad Intelectual no es que se dirijan contra las descargas y pretendan que paguemos todos a los fabricantes de hielo ante la llegada de las neveras. Sobre modelos de negocio, derechos de autor y demás, hay bastante información por ahí.
La cuestión es que, de aprobarse con su actual redacción, abren la puerta a la arbitrariedad a la hora de cerrar cualquier página web que albergue contenidos incómodos para cualquiera con el suficiente poder como para ponerse a la tarea de cerrarla. Como han dicho por ahí, es un remedo de la ley 'Corcuera', es legitimar una patada en la puerta digital sin intervención judicial.
Por eso, y por otras razones, me adhiero y publico este manifiesto:

En defensa de los derechos fundamentales en internet

Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de
modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las
libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la
cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios,
profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme
oposición al proyecto, y declaramos que...

1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los
derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la
privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela
judicial efectiva y a la libertad de expresión.

2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo
competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin
sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el
artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no
judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la
potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier
página web.

3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el
sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos
de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación
de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y
ralentizando su proyección internacional.

4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y
entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos
avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la
creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen
prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de
multitud de fuentes diferentes.

5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho
a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y
actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con
cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a
este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio
se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es
posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro
modelo.

6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para
sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y
que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de
limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que
dicen perseguir.

7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias
políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar
obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga
siendo libre.

8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la
Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como
marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara
al futuro.

9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad
intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el
conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las
entidades gestoras.

10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse
tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente
a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios
legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no
orgánica y que versa sobre otra materia

Este texto se publica multitud de sitios web. Si estás de acuerdo,
publícalo también en tu blog.

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jueves, 26 de noviembre de 2009

Para una política de la civilización, de Edgar Morin

Normalmente mi intención a la hora de contaros lo que leo, no es recomendar este o aquél libro, salvo en algunos casos puntuales, porque siempre defenderé el grado de sorpresa que conlleva descubrir un libro por pura casualidad, aunque cierta guía, cierta sugerencia, sean necesarias. No es este el caso: recomiendo la lectura y el comentario de Para una política de la civilización, de Edgar Morin. Es corto -105 páginas con una tipografía generosa-, es sencillo -Morin utiliza un lenguaje comprensible- y es demoledor, en su diagnóstico y en sus soluciones.
Este libro de Edgar Morin -tiene página web en castellano-,
Versa sobre los problemas que experimentamos cotidianamente, que conciernen a nuestro vivir concreto. Se trata de las deficiencias y de las carencias de nuestra civilización, y, por ello mismo, se trata de nuestras necesidades y de nuestras aspiraciones, que no son sólo monetarias.
Es una llamada de atención, profunda y creativa, para afrontar los muchos desafíos que nuestra sociedad occidental tiene delante. Sin entrar en grandes análisis, Morin primero enumera los problemas de la sociedad
La lógica de la máquina artificial, que ya ha suprimido a los conserjes, los policías de barrio, los encargados de estaciones, trenes, metros, peajes de autopista, parkings, tiende a hacer de la vida social una gigantesca máquina automática.
Después, con el apoyo de muy pocas citas y autores, Morin explica la complejidad social y la contrapone a las necesidades y deseos de esa misma sociedad, con esperanza:
Frente al crecimiento de la técnica, de la lógica del hiperdesarrollo, de la burocratización en las administraciones como en las empresas, de la atomización de los individuos que el desarrollo técnico y económico no hace más que acelerar, constatamos que la sociedad civil se defiende, desarrollando contratendencias.
En la última parte, Morin describe y explica en qué debe consistir una política de civilización, cuáles deben ser las acciones y recursos a utilizar para recuperar de verdad esta sociedad enferma, con un mensaje positivo y realista, porque esta política
[…] debe desarrollar y utilizar todos los aspectos positivos de las ciencias, de las técnicas, del Estado, del capitalismo, del individualismo, etc. […] debe estimular, concienciar, desarrollar una ética y una política del consumo, que ya se encuentran en estado naciente en la sociedad civil.
Admito, eso sí, cierta 'bondad' en los planteamientos de Morin, más templado que los anónimos del Llamamiento del que hablaba el otro día. Supongo que entre la creencia de la solidaridad intrínseca del ser humano en la que milita Morin y el desprecio absoluto por el Estado de los otros, puede haber un espacio intermedio, para la discusión, para el análisis y, sobre todo, para la acción. O, en sus palabras,
¿No podemos suscitar una iniciativa autónoma que permitiría pasar de una diáspora de experiencias multiplicadas desde hace diez años a un movimiento organizado, que aseguraría la información, el intercambio, la puesta en red, así como la reflexión y la puesta en perspectiva susceptibles de extraer las “cuestiones de civilización” presentes en cada experiencia?


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miércoles, 25 de noviembre de 2009

Google Wave, el juguete que sustituirá al email (pero aún no)

Hace unas semanas, tras la puesta en funcionamiento por Google de un nuevo servicio llamado Google Wave, la ola de entusiasmo y comentarios se movió de un extremo a otro de Internet y la Red se llenó de voces clamando por una invitación exclusiva para probar el nuevo juguete.
Hoy, cuando el silencio ha sustituido a la indignidad y las tonterías -las invitaciones llegaron a ser subastadas en ebay-, y tras las pruebas pertinentes, no me resisto a compartir lo que llegará a ser en unos años el sustituto natural del correo electrónico. O, por resultar más preciso, el proyecto mejor elaborado que he visto hasta ahora para perfeccionar el popular email.
Este no es un blog tecnológico, ni lo pretende, así que lo siento por aquellos que esperen comentarios técnicos sobre la api de wave, el uso de java o cualquier otra de esas inquietantes realidades que los ingenieros manejan. La mejor definición de Wave que se me ocurre es que es una mezcla de chat, foro y correo electrónico, con la posibilidad de incluir en los mensajes cualquier cosa, incluyendo nuevos destinatarios una vez enviado el mensaje.
Un mensaje de Wave -una ola, realmente- es, primero, como un mensaje de messenger, o gtalk o cualquier cliente de chat que se os ocurra o un mensaje para un foro. No tiene límites de texto ni restricciones a la hora de incluir en él cualquier complemento. Estos complementos, que ahora son pocos, pueden ser mapas, vídeos o imágenes, etc.
Hasta aquí nada que pueda resultar nuevo o interesante. Pero... Si uno de los destinatarios del mensaje está en ese momento en línea, podrá ver en tiempo real lo que estás escribiendo o corrigiendo o añadiendo. Y si no, podrá ver el mensaje cuando se conecte, como en los correos normales o en los posts de los foros. La clave y la diferencia sobre otros sistemas es el tratamiento que los usuarios pueden dar al mensaje.
Cada frase de cada ola puede ser contestada por cualquiera de los destinatarios y todos la reciben situada y ordenada en su contexto. Si alguien olvidó incluir a un destinatario, ya no hay que reenviar todos los correos que puedan interesarle, sino que se le incorpora directamente a la ola con todo lo que esta contiene.
Es más fácil de usar o de comprender que de explicar, aunque de momento, tiene algunos problemas. Por ejemplo, es muy lento. El 'tiempo real' hace que teclear cualquier texto se realiza a cámara lenta; apenas hay aplicaciones prácticas: integrar mapas o vídeos y poco más; al ser una beta cerrada, la comunicación es muy limitada.
Con todo y con eso, Wave es sorprendente y sus posibilidades, las que los usuarios acaben por descubrir, son casi infinitas. Si alguien está interesado en jugar un rato, que lo diga: tengo aún algunas invitaciones disponibles.

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lunes, 23 de noviembre de 2009

El aire y los sueños, de Gaston Bachelard

No es la primera vez que el entusiasmo del fino analista literario Gaston Bachelard me contagia. Sin llegar a la erudición monumental de un Steiner, Bachelard tiene un entusiasmo y un amor por la literatura que son tan estimulantes como contagiosos, lo que no le quita ni un poquito de profundidad.
En El aire y los sueños, por cierto traducido por Ernestina de Champourcín, poeta del 27, Bachelard analiza los sueños de vuelo y el papel que esto juega tanto en la imaginación como en la creación literaria, bajo la premisa de que “El hombre, como hombre, no puede vivir horizontalmente” y que las metáforas de vuelo, de elevación, son las que convierten un texto en literario. “La subida es el sentido real de la producción de imágenes, es el acto positivo de la imaginación dinámica.”
Para ello, utiliza poemas y textos de Shelley, Rilke, Balzac, William Blake y Nietzsche, entre otros, buscando el sentido profundo de sus metáforas, de las conexiones entre la creación, la imaginación y la palabra:
La imaginación habla en nosotros, nuestros sueños hablan, nuestros pensamientos hablan. Toda actividad humana desea hablar. Cuando esta palabra toma conciencia de sí misma, entonces la actividad humana desea escribir, agenciar los sueños y los pensamientos.
Hay ocasiones en que Bachelard es demasiado hijo de su tiempo -el texto se publicó originalmente en 1943-, y sus conclusiones están demasiado mediatizadas por el psicologismo religioso y un gusto por la poesía ya entonces a contracorriente de lo que los mismos poetas empezaban a escribir, como cuando niega la posibilidad de hacer poesía con la ciencia.
Tampoco le reconoce valor alguno al conocimiento como fuente de imaginación, pero eso no quita que, en general, sea un lector muy agudo e inteligente, capaz de ver más allá de muchos textos y de plantear interesantes cuestiones sobre el origen y el uso del vuelo onírico, la pteropsicología y las metáforas de las alas o el murciélago y la percepción antigua de su vuelo, por ejemplo. Todo ello, sin perder de vista la crítica literaria
[…] para conocer la vida metafórica del lenguaje es necesario pesar muy exactamente la materia de un adjetivo, y hay que guardarse de creer que la imaginación del adjetivo ligada a la apariencia arrastra de modo automático la imaginación del sustantivo.
o la función primordial del lenguaje para la Humanidad
En cuanto se sitúa el lenguaje en su lugar, en el extremo mismo de la evolución humana, se revela en su doble eficacia: pone en nosotros sus virtudes de claridad y sus fuerzas de sueño.
Algo con lo que no puedo estar más de acuerdo.

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sábado, 21 de noviembre de 2009

Las redes sociales de libros y las nuevas formas de comunicar

La última de las mesas a las que asistí en el inabarcable Ficod debatía sobre las redes sociales y su uso en el mundo de la edición de libros, tanto en su versión electrónica como en la de papel. En general, se han repetido un poco y han ocupado buena parte del tiempo en contestar disciplinadamente a las preguntas del moderador, José Antonio Gallego, de AERCO. Estas fueron algunas de las intervenciones más interesantes.
Pablo Gavilán, de bookaffinity.com. El mundo del libro se nutre de la recomendación: los últimos bestsellers son un ejemplo. Al crítico profesional le pasará como a los bloggers y periodistas profesionales, tendrán que ganarse la confianza de los lectores. No hay sitios para escritores como un myspace para los músicos. No hay que descartar las comunidades de lectores alrededor de un autor. Con el e-book es posible que un autor no necesite ayuda de nadie. Las editoriales no están preparadas ahora mismo para hacer promoción en Internet, pero lo estarán.
Santiago Eximeno, de Ediciones Efímeras. Es difícil encontrar una recomendación válida, salvo que esté en una red concreta. Sobre el crítico profesional, hay que distinguir entre reseña y crítica. No se puede comparar el mundo de la música con el del libro. No veo paralelismo, no sirve tampoco como promoción. Empezar desde cero es casi imposible, hay demasiado ruido, no lo veo. No creo que un autor pueda usar las herramientas para publicar. La gran damnificada será la distribuidora, no la editorial. El modelo de negocio ahora es complicado, no hay modelo porque no hay libro antipiratería y dar gratis en la Red no es solución. El precio no puede ser el mismo.
José Manuel Rivera López, de la UOC. ¿Hace falta un prescriptor para un libro? Da lo mismo, la credibilidad no va a venir por el título. Los estudiantes quieren papel para los libros. Los autores colgarán cuentos y no novelas. Las redes son de personas y eso es lo que hay que aprovechar. Los autores hemos perdido el intermediario y estamos expuestos directamente al público. En una red social una editorial no ejerce liderazgo. Yo veo que el lector está más dispuesto a pagar por los libros que por la música. Las grandes editoriales tendrán que hacerlo muy bien para superar a amazon.
Arantxa Mellado, de Ediciona. Es un poco futurible, todavía falta bastante para que se puedan recomendar libros en las redes sociales. La reputación va a marcar la credibilidad, se gestiona de forma diferente. El crítico tendrá que adaptarse. Estoy cansada de la comparación entre músicos y autores. La Red sirve para promoción, no para distribuir o publicar. Sirve para encontrar lectores, no editoriales. Cada red tiene su público y sus reglas. No se puede hacer lo mismo en todas. El editor es clave para llegar al mercado. Las redes sirven para las editoriales para crear marca. No creo que el libro digital vaya a ser mucho más barato que el de papel. Creo en la labor de los editores como seleccionadores.
Idoia Cantolla, de ilustrae.com. Es verdad que la experiencia con un libro es más subjetiva que en otros sectores. Confiar en otros. Críticos somos todos en España, no creo que está amenazada la crítica profesional. Contenido y formato son diferentes en la literatura. Autores y editores se unirán en promoción, con las redes sociales como herramienta de promoción. Crear demanda previa es posible con las redes. Nosotros buscamos nichos concretos, depende de cada título, contenido relevante y específico. En redes grandes, sólo hacemos marca con nuestras ideas de qué publicar y porqué. Hay que rehacer el modelo para que los precios se ajusten, inflados por los intermediarios. Las editoriales tendrán que hacer nuevos perfiles para las redes sociales. Si le pones pasión, el librero acepta mejor el libro.
Javier Celaya, de dosdoce.com. Nos fiamos del criterio de un perfecto desconocido, de personas que no son de nuestro entorno cercano. Las críticas en amazon son pagadas muchas veces. El papel de los críticos va a cambiar. Los suplementos literarios desaparecen. El lector va a tener más para decidir qué lee. Foco erróneo, los autores no se sienten cómodos con este entorno. Los escritores no quieren hablar con los lectores, sólo excepciones como Lorenzo Silva. Serán los nuevos escritores los que sí se integrarán. El editor no desaparece porque hacen falta servicios profesionales de corrección, etc. Cada día se crean 7 millones de webs, el mercado digital es más feroz que el analógico. Grandes oportunidades para editoriales, buscar autores, personal, nuevos talentos. Sobre todo, demostrar el lado humano de la marca. El 70 por ciento de las editoriales están en redes, pero sólo hacen marketing. No gratis en Red, no vale para todos el mismo modelo. Defiendo los derechos de autor. La distribuidora no desaparece se reinventa como iTunes, Google Editions... Se va a vender más, con productos más baratos. Leemos más que antes, pero no libros, otras cosas: blogs, twitter, etc. Cuanto antes oferte el sector el libro electrónico, menos riesgo de piratería. La clave en internet es la visibilidad.

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miércoles, 18 de noviembre de 2009

Lorenzo Silva y el libro digital

A veces también este hiperconectado firmante se desconecta muy enfadado, o frustrado, o desesperado. Pero como dice Szymborska, cuando digo la palabra futuro, la primera sílaba ya es pasado, así que lo tenga que venir, vendrá.
Esta mañana he asistido a la inauguración de la 1ª Feria del Libro Digital, que se celebra dentro del FICOD09. En una sala perdida, el escritor Lorenzo Silva ha dado una conferencia con muy pocos asistentes, la verdad, aunque su implicación con las nuevas tecnologías y con la literatura hacía presumir que no defraudaría. Esto es un resumen de su intervención y de los puntos en los que no estoy de acuerdo.
Silva, autor de una colección de novelas policiacas con dos guardias civiles como protagonistas, original y bien escrita, ha explicado que nos encontramos en un momento de transición, un momento para tratar de analizar el fenómeno desde una perspectiva constructiva. Según él "Falta flexibilidad, intuición e inteligencia" en las industrias culturales y la música o el cine son el mejor ejemplo.
Para él, "La tecnología es lo menos relevante, las personas y lo que expresan son lo importante". Respecto a las discográficas, Silva reconoce que no aportaban valor añadido a los productos, a diferencia de editores y libreros que sí lo aportan, punto éste más que discutible salvo que se hable de pequeños editores y de libreros, no dependientes de librería, que no es lo mismo. "El sector editorial es incapaz de poner un ejemplar del Lazarillo en manos de un lector de Bolivia", y eso es lo que viene a traer el libro digital. "¿Cómo hacemos para que acceda a la cultura quien no puede? Para eso es la edición digital". Pero ésta no sustituirá al libro físico.
Silva analizó después cómo la edición digital afecta a la propia obra, a la difusión de géneros o corrientes minoritarias -la poesía como ejemplo- o para difundir nuevos autores ante los que las editoriales son incapaces de arriesgarse. También explicó que no hay que temer a la vulgarización de los contenidos por abundancia de autores, porque "cada nuevo espacio de creación marca su propio criterio de excelencia". "Es formidable el flujo de información para cualquier escritor. No concibo escribir novelas sin conexión a la red".
Silva alabó también la retroalimentación y el contacto con los lectores: "Vivimos la hora del lector. Los cambios son inevitables, aunque el autor seguirá existiendo y éstos afectarán más a los editores y, sobre todo, a los distribuidores". Respecto a los libreros -en un canto nostálgico acerca del oficio-, Silva dijo que "enriquecen el espacio cívico, construyen cultura, aunque tendrán que reconvertirse y construir nuevos modelos de negocio, con librerías físicas y virtuales, porque son prescriptores de confianza". También pidió la protección del Estado para ellos.
Lorenzo Silva terminó su intervención defendiendo a los lectores, su acceso a la cultura y las bibliotecas, así como el "altruismo del creador" y que "El creador debe ser generoso". Eso no significa que ese altruismo se pueda imponer o que se favorezca el "apoderamiento indiscriminado" de contenidos. "Debe haber un equilibrio entre las partes", por ejemplo con un canon digital más fiscalizado, justo y equitativo.
"El libro físico y el electrónico tendrán que pactar."

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martes, 10 de noviembre de 2009

El Madrid de Valle-Inclán

Aprovechando el fin de semana largo, la osita y yo nos apuntamos a un paseo nocturno con guía por el Madrid de Valle-Inclán, una iniciativa que organizan desde Carpetania Madrid y que se puede conseguir en Atrápalo. El paseo está organizado en torno a los personajes y acontecimientos que se narran en Luces de bohemia, desde el arranque de la calle Mayor hasta la plaza de Santa Ana.
Las calles, los edificios, los rincones de la bohemia de principios del siglo XX siguen estando en muchos casos donde entonces, pero no te das cuenta de su existencia hasta que alguien no te los señala o te llama la atención sobre ellos, así que el paseo resultó muy interesante y no se hizo largo en absoluto a pesar de las casi tres horas de duración.
De la puerta del instituto Italiano y el atentado de Mateo Morral, fuimos subiendo y escuchando tanto las aventuras de Max Estrella como las de su Madrid: las librerías, los ultramarinos, las iglesias y, por supuesto, las tabernas, donde hicimos dos paraditas etílico-culturales para reproducir fielmente el ambiente vivido durante la última noche de su vida.
El guía, que era un encanto -y como soy un desastre, no apunté su nombre-, se pasó todo el trayecto mostrando imágenes de los autores, periódicos de la época, anuncios, y otros detalles, como una botellita de absenta o unos huesos de san Expedito para cuando las fuerzas de los presentes empezaron a flaquear.
En fin, que lo pasamos muy bien vagando como bohemios por un Madrid tabernario y nocturno, en el que todavía se escuchan, con el guía adecuado, los ecos de una ciudad amable y provinciana, de morapio, buñuelos y escritores en las buhardillas.

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sábado, 7 de noviembre de 2009

Llamamiento y otros fogonazos

Mientras cualquier político con cargo insulta y miente con descaro, los demás ciudadanos seguimos teniendo que conformarnos con la responsabilidad. Ya me gustaría, ya, poder usar del lenguaje con la alegría irresponsable de estos cargos electos tan atildados como poco atinados. Por eso el anonimato sigue siendo un arma y una necesidad para muchos grupos de verdadera izquierda, es decir de una izquierda no posibilista, como los autores de este brutal, sincero e implacable Llamamiento, originado en esta página y en la que se pueden encontrar la mayoría de los textos que voy a citar.
Pensado y debatido, construido y re-construido en Francia, el Llamamiento pretende ser tanto una guía de pensamiento como un libro de instrucciones para entender el mundo en el que vivimos, elaborado desde la izquierda sin partidos. Después de expresar las diez reglas para el Gran Juego de la guerra civil, el Llamamiento recorre nuestra realidad con los ojos bien abiertos:
Somos muy conscientes de que la vida en las filas de nuestra sociedad contiene tanta alegría como un trayecto en el tren de cercanías; que el capitalismo no ha producido hasta hoy, en materia de riqueza, más que una universal desolación; que nuestro orden carcomido no tiene más argumentos que las armas que lo protegen. Pero qué queréis: ¡es así! Os hemos desarmado mentalmente, físicamente; y ahora detentamos el monopolio de aquello que os prohibimos: la violencia, las complicidades y la posibilidad de aparición. Francamente, si estuvieseis en nuestra posición, ¿haríais otra cosa distinta?
El texto está dividido en varias partes, pero el núcleo central está en las siete proposiciones y sus escolios agrupadas bajo el título del libro. Es verdad que las ideas y el análisis se desarrolla bajo la política francesa, pero no obstante, la lucidez y seriedad del debate remiten a una izquierda verdaderamente universal. Por ejemplo:
El problema de las reivindicaciones es que, al expresar necesidades en términos que sean inteligibles para los poderes, terminan por no decir nada sobre ellas, qué transformaciones reales del mundo implican. Así, reivindicar la gratuidad de los transportes nada dice sobre nuestra necesidad de viajar y no solamente de desplazarnos, de nuestra necesidad de lentitud.
No sabría calificar o etiquetar -ni me parece importante- la corriente en la que se inscribe el pensamiento de los autores, pero francamente me encuentro a gusto en ella, me reconozco, cuando dicen que
El capitalismo ha consistido en la reducción en última instancia de todas las relaciones a relaciones de producción. De la empresa a la familia, el mismo consumo aparece como un episodio más de la producción general, de la producción de sociedad.
Porque ya está bien de que nos roben el lenguaje, de que se hayan apropiado del discurso social enmascarando la realidad con un idioma vacío, oscuro a propósito. Y lo siento por la izquierda parlamentaria, tan voluntariosa como necesitada de una verdadera revolución interna. Porque
De Lèon Blum a Lula, la izquierda no ha sido más que eso: el partido del hombre, del ciudadano y de la civilización. Hoy, ese programa coincide íntegramente con el programa contrarrevolucionario: mantener en vigor el conjunto de ilusiones que nos paralizan. La vocación de la izquierda es expresar un sueño que solamente el imperio tiene los medios de alcanzar.
Tenemos pues que movilizarnos, que volver a desarrollar las redes de solidaridades y proyectos comunes, de pensar en la utopía, de reclamar lo que siempre ha sido nuestro. Tal vez este llamamiento y otros menos radicales sean una primera luz para volver a empezar a construir un mundo verdaderamente mejor.

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miércoles, 28 de octubre de 2009

Propiedad Intelectual, ¿Bienes públicos o mercancías privadas?, de Igor Sádaba (y II)

Al hilo de este excelente libro para comprender qué es la propiedad intelectual y la ficción -otra más- en la que está basada la economía actual, estos días se ha sabido de las reuniones secretas de las grandes compañías para conseguir una nueva legislación más restrictiva sobre el copyright y la pretensión de cortar internet a quienes intercambien archivos. Eso unido a la pretensión de las operadoras telefónicas de terminar con las tarifas planas y cobrar por datos, dan idea de la gravedad de este asunto.
Igor Sádaba articula un discurso coherente y fácil de seguir en torno a la propiedad intelectual, las patentes, los derechos de autor y la maraña legal en la que se ha convertido un tipo de propiedad ante el que ni siquiera los estudiosos se ponen de acuerdo en si considerarla o no una 'propiedad'.
El texto de Sádaba es un magnífico punto de partida para no perdernos en un debate que ya Marx había profetizado: que el saber sustituiría al trabajo manual y que no hay una correlación real entre las innovaciones y las patentes y el progreso, un término económico que se ha apropiado del discurso social. Sádaba utiliza la historia de la legislación como línea vertebral sin perder de vista sus efectos o las intenciones originales de los gobiernos, por ejemplo
[...] el primer modelo de copyright (el inglés) surge como forma de censura y monopolio de los monarcas protestantes sobre los textos y los libros, y no como modo de protección de la invención o como fomento de la creación (tal y como esgrimen los discursos más contemporáneos) […]
Aunque Sádaba no explica la aparición del autor ni porqué, solo el cuándo, analiza con agudeza el debate entre los impresores y los autores. También cómo los sociólogos y los abogados forman el anverso y el reverso en las leyes y el proceso de judicialización de la investigación, por el que las compañías pasan más tiempo litigando que innovando, lo que lleva a un serio conflicto entre las patentes, la sociedad, los medicamentos, la genética y el software, por ejemplo.
Con la ayuda de economistas y sociólogos, Sádaba explica porqué
[el capitalismo global] no puede funcionar adecuadamente sin la conversión forzada de determinados objetos sociales en mercancías, sin la metamorfosis de “lo intangible” (trabajo intelectual) en valor de mercado mediante algún tipo de dispositivo institucionalizado que realice la conversión: la propiedad intelectual.
Y todo ello, como veíamos al principio con la intención de crear un “nuevo derecho" para gobernar la ciencia, la cultura y la tecnología desde la economía mundializada”. No es un problema de descarga de películas, sino de que la propiedad intelectual está creando un nuevo mercado y eso provoca tensiones ya que
[...] la propiedad intelectual es, también un filtro sutil, un sistema legal que controla y regula la evolución tecnológica actuando como matriz de cambios sociotécnicos.
El libro está lleno de tablas estadísticas que son muy útiles y establecen un buen punto de partida para desarrollos posteriores, además de incluir varios casos clásicos -y disparatados- como el de las patentes de Edison y Hollywood, o el caso Moore: unos laboratorios patentaron una línea celular de su propio bazo y la patente no es suya. El libro está disponible totalmente gratis en este enlace de Google Books.

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Propiedad Intelectual, ¿Bienes públicos o mercancías privadas?, de Igor Sádaba (I)

Mi padre no compartió conmigo muchas cosas; su filosofía no le permitía hacerse cargo de sus hijos hasta su mayoría de edad y, hasta ese momento, la jurisdicción sobre nosotros era casi de la exclusiva responsabilidad de mi madre. Cuando llegó esa mayoría de edad, como es lógico, no estaba yo por la labor de compartir nada con mi padre, más preocupado por compartir pensamientos, sustancias y sobre todo fluidos con otras personas.
Cuando yo descubrí las muchas enseñanzas que mi padre podía compartir conmigo, el tiempo había transcurrido en exceso y mi vida tenía derroteros y compromisos que me impedían pasar más tiempo con él. Sin embargo, de la escasez hicimos virtud, de tal forma que si tuvimos, pongamos diez conversaciones -nunca habrá un número exacto-, no he olvidado ni una coma de ellas, tan excepcionales e interesantes fueron.
Una de ellas fue para compartir la perplejidad que ambos manifestábamos ante el concepto de autoría aplicado a las obras colectivas: ¿quién era, en efecto, el verdadero autor de los programas que realizaba entonces con mano férrea en Prado del Rey? ¿Qué parte alícuota tenía el director, que elegía los temas? Incluso ¿qué parte podía corresponderle al cámara que cerraba el plano siguiendo sus indicaciones? El retraso, aunque leve, al pinchar una cámara u otra, ¿no constitutía también cierta autoría? Por no hablar de guionistas y hasta de presentadores. Es verdad que las leyes, en su implacable precisión definen bien quién ha de ser el autor de una obra colectiva, pero no era de ellas de quién hablamos.
Ni él ni yo sabíamos, aunque si sospechábamos, que la propiedad intelectual y el concepto de autor estaban sufriendo un monumental cambio de paradigma, al que nuestro país llegaba con algo de retraso pero también con mucho entusiasmo para adoptar sin cuestionarse cuantas legislaciones fueran necesarias para entrar en la modernidad. Viene a cuento este largo excurso para recomendar primero, y explicar porqué, después, el libro Propiedad Intelectual, ¿Bienes públicos o mercancías privadas? de Igor Sádaba, inagotable fuente de sorpresas y de citas, de conceptos y armas para enfrentarse al muy complejo y fascinante debate en torno al copyright.
La actualidad y la gravedad del asunto son permanentes, con el intercambio de archivos por internet y la élite de los creadores instalados en una perplejidad defensiva bien triste como extremos opuestos de un asunto al que es difícil acercarse sin maximalismos.

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martes, 27 de octubre de 2009

Cosa de risa, de William Saroyan

Escrita originalmente en 1951, qué mal ha envejecido esta novela de William Saroyan, un excelente narrador, con un sentido del ritmo para los diálogos envidiable. Si técnicamente la novela es excelente -vaya aquí, claro está, el reconocimiento a Stella Mastrangelo, su traductora-, me temo que la historia en sí se ha quedado antigua y sin que el tiempo transcurrido desde su publicación la haya convertido en clásica.
Saroyan desarrolla una tragedia en clave costumbrista con un matrimonio en dificultades que tiene dos hijos, un niño y una niña. Su llegada a un pueblo de California para pasar las vacaciones no consigue acabar con los problemas de la pareja, antes bien desencadena un conflicto de consecuencias fatales.
Novela muy dialogada, punteada de amorosas descripciones del paisaje de viñas y juegos infantiles, su conflicto resulta a estas alturas casi incomprensible y los personajes se dejan arrastrar por un destino que llega a ser confuso en algunos pasajes. Pero hay también una extraña y amarga poesía en otros:
Escucharon la respiración del chico y la niña dormidos, y oyeron el pasado exhalar un suspiro de arrepentimiento. Y oyeron el presente exhalar adiós.
lo que justifica de sobra su lectura, sobre todo para aprender a dar vida a los diálogos.

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Hambre cero

¿Es una causa perdida? ¿Una ingenuidad? Es posible, pero a lo mejor si se dice, se grita y se promueve con todas las fuerzas, a lo mejor nos hacen caso. Es una vergüenza el hambre en el mundo, que los miembros de nuestra especie, sólo por nacer en el lugar equivocado, la padezcan. Y es verdad que técnica y económicamente es posible. Moralmente, es indispensable hacerlo.

Carta al Presidente del Gobierno Español José Luis Rodríguez Zapatero, que representará el próximo turno en la presidencia europea.

Querido Presidente:
Somos la generación que por primera vez en la historia puede erradicar el hambre. Y estamos dispuestos a hacerlo.
Por eso le solicitamos que haciendo uso de su cargo como Presidente del Gobierno y representando la presidencia europea del próximo semestre, nos ayude a difundir este mensaje de esperanza. El mensaje es claro e inequívoco: ERRADICAR LA DESNUTRICIÓN SEVERA EN EL MUNDO ES POSIBLE y ayudándonos de nuevos tratamientos y programas basados en los alimentos listos para el consumo (RUF acrónimo de Ready-to-use food) desde la Unión Europea y el primer mundo podemos lograrlo. Además le incitamos a la creación de programas específicos y masivos para el reparto de estos alimentos-tratamientos contra la desnutrición como puede ser Plumpy’nut (elaborado en los propios países, siendo un programa sostenible socialmente)
Agradeciendo de ante mano su implicación en el asunto, que en conocimiento de ilusiones y compromisos así será, también nos gustaría que este mensaje fuera introducido en el foro de la Alianza de Civilizaciones, pues no hay mayor alianza que la que se genera cuando una civilización ayuda a subsistir a otra, después de años de olvido. El primer mundo tiene esa deuda. Apoyamos también la idea de que Al Gore haga una película contra el hambre en el mundo, pero creemos que es más importante la implicación de políticos, personas al fin y al cabo, que ostentan cargos como el suyo. Nosotros trabajaremos en el mismo camino en lo que nuestra capacidad como ciudadanos comprometidos nos permita.
Fdo. Los ciudadanos que van a erradicar el hambre en el mundo

La carta se puede firmar aquí
La idea partió de aquí

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jueves, 22 de octubre de 2009

Dándole vueltas, de Frederik Peeters

Bueno es saber que, además de quesos, vacas y relojes de cuco, Suiza alberga autores de cómic tan personales como Frederik Peeters, autor de esta antología de 26 historias de sus primeros diez años como escritor y dibujante de historietas. En seguida se descubre que Peeters tiene un mundo propio, una forma de reconocer la realidad especialmente aguda, sobre todo cuando el objeto de su mirada es su propio país.
Las historias que se narran en Una botella al mar, dedicada a una familia de refugiados kurdos en Ginebra, y otra no titulada, en la que desmonta paso a paso la situación del consumo de drogas en Suiza, son demoledoras. Peeters no hace concesiones a la corrección política, a la componenda. Su perplejidad ante la actuación de las autoridades en relación con sus vecinos kurdos es sincera por su lucidez. En el tema de las drogas, sin embargo, su perplejidad deja paso al análisis y a la toma de posición, a señalar las contradicciones de la política y la sociedad.
Peeters no desdeña utilizar materiales oníricos -como en Monzón y en Upsidedown- que poseen una extraña poesía, una ternura oscura. Su trazo a la hora de dibujar es muy interesante, cambiante según la historia, con un buen uso de sombras, las masas de color, los tiempos y el ritmo de las narraciones, que abarcan varios temas: biográficos, políticos o simplemente estremecedores como Sarajevo 2000 o El país de la felicidad.
En su obra hay animales, niños y adultos, en blanco y negro, y en color, pero siempre una mirada entre sutil y directa, mucho más madura y profunda de lo que se esperaría de sus 35 años.

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Los anillos de saturno, de W. G. Sebald

Hace tiempo que vengo observando una cierta escuela periodística de crónica que se basa en acumular fragmentos aparentemente dispersos que después se revelan como parte de un todo. Ya sabemos que el arte contemporáneo en general vive hoy del fragmento, de la constatación de que la realidad es fragmentaria y de que no podemos pretender ni abarcarla ni comprenderla por entero.
Pues de todo eso participa Winifred Georg Sebald, un escritor fascinante, poderoso en sus minuciosas descripciones, un guía seguro y firme a través de lo que nos rodea, lo veamos o no. Su prosa es como un río, ancho y caudaloso, pero también tranquilo, con las orillas accesibles en todo momento. Su invitación a viajar con él tiene muy poco de imposición, es casual, aunque en un momento dado, el lector deja de mirar las orillas y se queda con él.
Los anillos de Saturno son el resultado de un viaje que el autor realizó a pie por el condado de Suffolk, Inglaterra, por parajes no del todo desconocidos para él. Sebald no descubre nada, ni siquiera de sí mismo, aunque sí se sorprende en ocasiones ante sus propias sensaciones. Se limita a dejar que el paisaje reconozca su presencia y, al mismo tiempo, complete la visión previa que Sebald lleva consigo.
[...] tendemos a confundir la complejidad creciente de nuestras construcciones espirituales con un paso adelante en el conocimiento, mientras que, al mismo tiempo, ya intuimos que nunca vamos a poder comprender los imprevistos que ciertamente determinan nuestra carrera.
Dice en momento dado. Sebald parte de su conocimiento, de unos pocos datos eruditos sobre el paraje o la villa que visita para contárselos a sí mismo y relacionarlos con el paisaje, en una especie de 'metaviaje' a través de la historia: de Napoleón a las guerras mundiales, de escritores como Chateaubriand, de cultivadores de gusanos de seda, de obreros y de reyes.
Aunque sea un lugar común, Sebald describe la realidad como si fueran jirones de niebla, sueltos, a derecha e izquierda, desorientados. No la ve a través de la niebla, sino que la realidad es la niebla. Todo el texto está salpicado por imágenes de los sitios y algunos recortes significativos de acontecimientos relacionados con su viaje, pero es curioso cómo las fotografías apenas aportan algún dato, tal es su capacidad para describir su camino. De vez en cuando, como una pausa al borde del camino, surge alguna reflexión más bien oscura y un poco depresiva.
Sobre cada forma nueva ya se cierne la sombra de la destrucción. Esto es, la historia de cada uno, la de todos los estados y la del mundo entero, no transcurre sobre un arco que se alza cada vez más lejos y de forma más bella, sino sobre una trayectoria que, una vez que se ha alcanzado el meridiano, desciende a la oscuridad.
Tengo la impresión de que Sebald, en contacto con el mundo -con un mundo que es el suyo, que conoce-, lo comprende en un sentido amplio, como si hubiese llegado a una comunión total con el paisaje, con sí mismo y sus recuerdos. Pero ese conocimiento, esa comunión es también conciencia de su fragilidad, de la del mundo y desde él, de su propia indefensión: “[…] siempre que uno se imagina el futuro más hermoso está ya encaminado a la siguiente catástrofe.”

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viernes, 16 de octubre de 2009

Black Jack, de Osamu Tezuka

Ahora que ya me hecho al formato y que soy capaz de leer manga en su sentido original, he disfrutado mucho con la lectura del primer volumen de Black Jack, un conjunto de pequeños episodios autoconclusivos creados por Osamu Tezuka, uno de los grandes autores japoneses del siglo XX, creador por ejemplo de personajes como Astroboy.
Las historias de Black Jack están, evidentemente, destinados a un público juvenil, pero plantean cuestiones interesantes, con una intención más didáctica que moralista. El dibujo tiene la dosis habitual de calidad e ingenuidad a partes iguales que distingue al cómic nipón.
Black Jack, el protagonista, es un cirujano prodigioso que ejerce por su cuenta bajo demanda. Tiene luces y sombras, un pasado que apenas se intuye pero se presume oscuro y su vida está situada en una frontera permanente, no porque desprecie la ley sino por los usos que los poderosos hacen de ella. Claro que no es un héroe al uso y tiene mucho de fantasía, pero Tezuka no se ríe de sus lectores y los trata con el respeto que se merecen, aunque sean pequeños.

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lunes, 12 de octubre de 2009

Cuentos de humor y de horror, de Hector Hugh Munro, Saki

Siempre me ha resultado sorprendente, y eso que soy bastante anglófilo, la capacidad de los ingleses para desarrollar una escuela de humor propia y definida. Mientras en España los humoristas han estado inscritos con mejor o peor fortuna en sus respectivos movimientos literarios, según la época, o más bien por libre e inclasificables, en el Reino Unido siempre ha existido una conexión entre épocas, un hilo tenue que permite reconocer, aún en las traducciones, el humor británico.
Desde Chaucer a Tom Sharpe, el humor británico no ha dejado de tener una personalidad propia, por encima de las modas, las corrientes y las épocas. Claro que hay grandes nombres, como Maugham o Chesterton, pero incluso aquellos autores que sólo se han aventurado con alguna pieza humorística como Wilde o que han introducido alguna breve situación de humor como Ford Madox Ford, tienen ese aire de familia. Un humor siempre tierno con sus criaturas, lejos de esa burla chulesca, rancia y cruel de señorito, tan querida por estos pagos y que tantos representantes tiene en la radio y los periódicos de la derecha.
Sospecho que la causa está en la propia sociedad británica, en la rigidez de sus modales y sus normas de convivencia, lo que provoca el gusto por la transgresión, por destruir esas normas desde dentro que exhiben los escritores británicos y que les son tan comunes. No sé si este estilo diferenciado es aplicable a la imagen -estoy pensando en Mister Bean, pero también en Benny Hill-, que parece distinta y sin embargo similar.
Viene esto a cuento de estos deliciosos -tratándose de un inglés, ése es el adjetivo- cuentos de humor y horror de Saki, cortos e intensos como un trago de oporto, dulces en su escritura y corrosivos hasta decir basta en su trasfondo. Cuando uno contempla los defectos de la sociedad en la que vive, y por tanto los hace propios, la actitud de negarlos o de hacerlos visibles con escándalo y seriedad parece inevitable; Saki, como otros humoristas británicos, es capaz de situarse a tal distancia que todos esos defectos se ven ajenos y cómicos.
No banales, ni vulgarizados, cómicos. Saki no busca la podredumbre ni la sátira cruel, sino una especie de distancia liberadora, de tal forma que las grandes y las pequeñas cuestiones de la vida cotidiana se ven tan relativizadas que mueven a risa. Saki, además, es un maestro de la situación, del momento único capaz de alterar toda una vida. Los planteamientos de sus cuentos son tan sencillos que se resumen casi en dos palabras: un visitante es confundido con otra persona; la falta de comunicación provoca un momento más que embarazoso; un niño que no sabe perder...
Es después, cuando el momento inicial se ha explicado, cuando Saki deja que sea la lógica de los acontecimientos la que guíe a sus personajes, en ese momento es cuando asistimos asombrados a las consecuencias y la sonrisa aflora como única solución. Casi da miedo su capacidad para detectar las flaquezas, para resumir en una línea el carácter de las personas, pero también se lo agradecemos, aunque sólo sea para vernos en el espejo con otra mirada.

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viernes, 9 de octubre de 2009

La ciencia española no necesita tijeras

Es verdad. No sólo por nuestra necesidad de cambiar de modelo productivo y abandonar el ladrillo, sino para recuperar el lugar que tenemos gracias al esfuerzo individual de muchos científicos.



Fue una idea de La Aldea Irreductible

jueves, 8 de octubre de 2009

Olimpita, de Hernán Migoya y Joan Marín

Tengo la impresión, no respaldada por los datos, de que la historieta en España empieza a gozar de una mala salud de hierro, en términos creativos. Puede que las tiradas sean cortas y no haya un gran reconocimiento social, pero no dejan de salir títulos de calidad al mercado. Olimpita es un buen ejemplo de ello. No conocía la obra de Joan Marín, que tiene un dibujo potente y expresivo, aparentemente sencillo, pero con una técnica compleja. Su juego con los volúmenes y las texturas me han recordado, salvando las distancias, a Alberto Breccia.
Olimpita narra la historia de una mujer atrapada por un marido brutal y el deseo indefinible de escapar. Hernán Migoya es un viejo conocido y un buen guionista, capaz de sorprender con un inesperado giro de la historia y enriquecerla. Hay violencia doméstica, inmigración, amor y un retrato amable de uno de esos mercados de cualquier ciudad que parecen inmóviles en su cotidiana actividad, pero que también ocultan un mundo de relaciones insospechado.
Olimpita es como una especie de continuación de Tapas, la tierna y singular película de José Corbacho, pero con más mala leche, para entendernos.

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martes, 6 de octubre de 2009

Madrid, ¿necesita unos Juegos Olímpicos? (y 2)

Lamento que a los componentes del Comité Olímpico Internacional el muy sensato –y humano- “meteos los Juegos por dónde os quepan”, de algunos miembros de la candidatura, no les haya gustado. Pues cuando les lleguen los ecos de los blogs, no sé qué dirán; ah no, si los prohibieron durante los Juegos de Pekín.
Respecto de los Juegos, cabe el componente emocional y hasta la ilusión por vivirlos, como me señalaba mi amiga Malena en otro sitio. Pero el sueño de vivir unos Juegos no tiene porqué incluir la incomodidad de sufrirlos. Puestos a soñar, mola más pasar un mes en Londres o en Río de Janeiro viendo los deportes, que atado al volante del coche mientras una comitiva de prebostes y directivos se desplaza de un punto a otro de la ciudad.

¿Para qué necesita Madrid unos Juegos? Hablemos de Barcelona, haciendo la salvedad –bien señalada por mi amigo Albert en otro sitio- de que tampoco los resultados para sus habitantes, 17 años después, sean como para tirar cohetes. Quien haya conocido Barcelona en los años 1980, como es mi caso, recordará una ciudad mediterránea de espaldas al mar, un puerto comercial que no invitaba precisamente a prolongar mucho la estancia, y no por falta de atractivos, sino por la distancia –más psicológica que real- entre ellos.

Barcelona necesitaba los Juegos –y qué suerte que tuvieron con sus administradores, que lo entendieron-, para integrarse, para transformar una ciudad que tenía y tiene limitaciones de espacio por su orografía, pero que se merecía una oportunidad para desarrollarse. La conversión de un puerto oscuro en una puerta al mar, fue fundamental para que sea hoy lo que es, una ciudad moderna en el sentido más amplio, aunque tenga sus problemas. Los Juegos fueron la excusa para conseguir llevar a cabo un proyecto que, sin ese acicate, se hubiera perdido entre administraciones e intereses particulares.
La transformación de Barcelona me recuerda a la construcción de la Gran Vía de Madrid, hecha sobre los mismos pilares: un proyecto claro, la unanimidad de administraciones y particulares y la sensación de cambiar, de verdad, la ciudad. Nada de eso se ha producido con el proyecto olímpico, ni mucho menos con los sucesivos mandatos de los últimos regidores de la ciudad.

Todas las obras acometidas en esta ciudad en los últimos años son parches, más o menos extensos, bien sobre zonas que necesitaban reformas urgentes, bien sobre áreas bien dotadas pero muy útiles en términos de imagen. Mientras la Barcelona de hoy se sustenta sobre un gran proyecto de transformación de toda la ciudad, con los defectos y limitaciones que sin duda tuvo, Madrid se sostiene sobre muchos pequeños planes de reformas en una espiral continua de obras superpuestas.
Desde el Plan de Saneamiento Integral, obra de los alcaldes José Luis Álvarez (UCD) y Tierno Galván (PSOE) no ha vuelto a existir ni un solo plan, ni un solo proyecto global e integrador para la ciudad. Las alcantarillas y el suministro de agua funcionan de maravilla, claro y, me parece, que las obras han terminado –el plan era a varios años vista- y están pagadas.

Entre las tres administraciones que padecemos se han desarrollado obras, en lo sucesivo y desde entonces:
del metro sin diseñar un plan para el transporte público
de carreteras sin un proyecto sobre accesos a la ciudad combinado con el anterior
de construcción de túneles para enterrar las obras anteriores sin planes de futuro
de aceras y calles sin el más mínimo plan de integración del pavimento, de sus colores y materiales; por no hablar del mobiliario urbano o la especulación con locales históricos.
Añádanse las obras de las compañías de suministros varios, de los accesos ferroviarios, de la construcción de grandes equipamientos, etcétera. Todo, sin la más mínima coordinación, a su bola que diría un castizo, y concentrado en su mayor parte en los distritos centrales.

Me duele esta ciudad porque era la mejor del mundo para vivir y lleva años rozando lo inhabitable, tomada por ignorantes y hotentotes más preocupados por medrar que por trabajar, por administradores más atentos a salir bien en la foto que a preocuparse por lo que no se ve. Pobre villa de las siete estrellas, pobre.

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lunes, 5 de octubre de 2009

Madrid, ¿necesita unos Juegos Olímpicos?

Batalla perdida 1
Si los medios de comunicación no hubiesen abdicado de su obligación educativa, las personas sabrían que una Olimpiada es el periodo de cuatro años entre unos Juegos y los siguientes y que no son sinónimos.

Batalla perdida 2
Si los medios de comunicación hubiesen ejercido su responsabilidad, se debería haber producido un debate real sobre la necesidad que esta ciudad tiene de organizar unos Juegos Olímpicos, en lugar de cerrar los ojos ante las promesas de negocios para todos y los supuestos beneficios para una ciudad espectacularmente endeudada.

Madrid tiene una deuda mayor que la de todas las capitales de provincia juntas. Ni mis hijas terminarán de pagarla: gracias, José María Álvarez del Manzano y Alberto Ruiz Gallardón.
¿Necesita Madrid unos Juegos? Dejando aparte la muy justificable sensación de que “se metan los Juegos por donde les quepan”, Madrid, antes de plantearse siquiera su organización, necesita:
- Que tanto el Gobierno central como el autonómico paguen por las molestias continuas que supone albergar la mayoría de las instituciones del Estado y de la Comunidad.
Nota para los medios: ¿qué pasó con la Ley de la Capitalidad?
- Un alcalde nacido en Madrid, que conozca la ciudad desde San Blas a Aluche, con una idea clara de su personalidad y de sus necesidades; consciente de que Madrid tiene cientos de kilómetros de aceras hechas un desastre en los barrios.
- Un alcalde que gestione la basura y la limpieza de la ciudad, que solucione los problemas del tráfico, el ruido y la contaminación, sin maquillar los datos ni ocultar la realidad.
- Un alcalde que simplifique y potencie la apertura de nuevos locales de música, de salas y de espacios al aire libre para que los jóvenes hagan botellón o lo que les dé la gana sin molestar a los vecinos.
Nota para los medios: ¿qué pasó con las licencias de apertura y de obras, ya está todo aclarado?
Sobre todo, lo que esta ciudad necesita es un equipo de gobierno eficaz, que conozca la ciudad a fondo y se la tome en serio, que tenga un proyecto y el deseo de convertirla en una ciudad de su tiempo.
Después, con todo solucionado, hablamos de los Juegos.

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martes, 29 de septiembre de 2009

Elogio de la irreligión, de John Allen Paulos

Ayer, mientras terminaba de recoger las citas que más me interesaron de este sencillo, excelente y útil manual de ateísmo para quienes se inician en el proceloso arte de quitarse de en medio a los propagandistas religiosos, leí esta divertida frase "Dios me hizo ateo. ¿Quién eres tú para cuestionar su sabiduría?"; un poco en la línea del clásico "ateo gracias a dios" de Luis Buñuel. Porque al final, creer o no creer es una cuestión personal y frente al constante proselitismo del otro lado, no hay más remedio que seguir escribiendo, diciendo y explicando lo obvio. Con el respeto debido a las personas, por supuesto, pero también con la contundencia de los hechos y el pensamiento.
Es posible que la arquitectura mental de los humanos no esté hecha para asumir con facilidad que somos fruto del azar y que de nuestro paso por la Tierra, apenas si dejaremos más allá de unas moléculas de carbono, agua y algunos minerales. Aunque a los que escribimos nos guste pensar que podemos dejar un legado influyente en mayor o menor grado. Pero más allá de nuestros conocidos o descendientes directos, es difícil de creer que vayamos a ser otra cosa que las moléculas antedichas.
[…] la única certeza que podemos esperar es la certeza de la incertidumbre.
Según explica el matemático Allen Paulos, que se confiesa ateo desde muy niño, desglosa en tres partes los variados argumentos que las religiones utilizan para sostener la existencia de un Dios. Los argumentos están considerados como clásicos -el principio antrópico, el ontológico-; subjetivos -coincidencia, profecía-; y psicomatemáticos como el de la tendencia cognitiva o el de universalidad. Haciendo gala de mucho humor no exento de la displicencia necesaria, Allen compone un resumen muy interesante y actualizado del argumentario, por así decirlo, de los creyentes. Y todo ello sin caer en excesos ni descalificaciones:
[…] buena parte de la teología, me parece a mí, es una suerte de ilusionismo verbal.
Sin la erudición de Puente Ojea ni la rabia de Vallejo, Allen opta por el guante de seda y el uso de la filosofía y de las matemáticas -no muchas- para desmontar lo que, por mucho que se repita con solemnidad, no es más que una cháchara sin sentido.

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martes, 22 de septiembre de 2009

El vertedero, de Djuna Barnes

Creo que fue hace varios años, en una entrevista con Pedro Almodóvar, de dónde saqué el nombre de Djuna Barnes. Creo recordar que el director la mencionaba a cuenta de sus gustos literarios y me propuse comprobar quién era. El orden de los factores lectores no altera el producto, pero sí su tiempo y ahora le ha tocado el turno a esta peculiar mujer, de quien sólo he podido disponer de esta colección de relatos.
El vertedero está compuesto por nueve cuentos muy bien escritos -atención, alumnos de talleres de literatura- con una rara e inquietante atmósfera. No porque sean de terror ni mucho menos, sino por lo enfermizo y extraño de sus personajes. Todos ellos parece que salen de una burguesía decadente y como muerta en vida y protagonizan sucesos normales pero con un punto de extravagancia, como si fuesen transparentes, fantasmales en su realidad.
También las relaciones que describe Barnes entre las personas son extrañas, anómalas, aunque no me atrevería a decir porqué. Algunos de los relatos -se leen muy rápido- son como una tormenta fugaz pero intensa, una de esas tormentas de mucho aparato y violencia que descarga fuego y desaparece como si nada hubiera sucedido. En alguno me ha quedado la impresión de que existía algo hasta malsano, como en un cuento de Lovecraft aunque sin monstruos. De hecho, el cuento Los médicos da bastante miedo.
Djuna Barnes posee una gran fuerza en sus imágenes y en su prosa, precisa pero deliberadamente retorcida, lo que se puede comprobar en el relato El conejo, que es excelente, por su clímax y su rara perfección. Leyendo a Djuna Barnes no he podido saber porqué le gusta a Almodóvar, pero sí sé porqué me gusta a mí.

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jueves, 17 de septiembre de 2009

Cuando los administradores de sistemas gobernaron la Tierra, de Cory Doctorow

Ayer, mientras volvía a casa tras el primer día de este curso del que ya os hablaré, terminé de leer mi primer libro electrónico. Se trataba de un fichero .epub -que va camino de ser el estándar-, descargado de la web del autor que contenía Cuando los administradores de sistemas gobernaron el mundo, que forma parte del libro Overclocked.
Escrito por Cory Doctorow, un notable escritor de ciencia ficción de última generación que plantea un curioso experimento social cuando el mundo se derrumba -la civilización occidental, en realidad- y los administradores de sistemas, los informáticos que cuidan que internet no se cierre, siguen en la brecha para mantener la Red como último reducto civilizado.
Cuando los... es ágil y hasta divertido, aunque exige para disfrutarlo por entero de un conocimiento un poco amplio de intimidades informáticas. La traducción puede encontrarse aquí, pero hay muchos sitios desde donde descargarla. Ideal para ir en el transporte público sin estorbar a nadie.
Ahora mismo, me aguardan en el teléfono -que no es especialmente cómodo- un volumen de Simmel y el Arte de la guerra de Sun-Tzu. El papel, el olor, las manos, las hojas, lo que queráis. Lectores: cada momento que pasa y perdemos discutiendo sobre formatos diferentes y siempre complementarios es tiempo perdido para leer. Hay una revolución en marcha y yo quiero estar en ella.

Más relatos y libros de Cory Doctorow en su página.

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miércoles, 16 de septiembre de 2009

Sin canción desesperada, de Raquel González Figueras

Después de la complejidad de Gelman, un poco de sencillez no me ha venido mal y Raquel, que es amiga de la osita y una muy buena pintora y poeta, me ha venido al pelo. Todo este pequeño poemario es un continuo diálogo, en el que Raquel llama y habla, pide y espera una respuesta que no llega o que se demora en exceso. Da igual si es una conversación con otra persona o consigo misma, es un diálogo de recuerdos compartidos, y de un dolor un poco amortiguado, como de hace tiempo.
Te dije que las pasiones eran muy previsibles,
pero fuiste incapaz de creerme.
Me gustan sus recuerdos de convivencias y situaciones pasadas, la evocación permanente a la música y algunas imágenes
Dimos la montaña,
ahora tenemos a Sísifo despeñándose
en nuestro carro de supermercado.
de un libro que parece dedicado a la amistad, sobre todo en el poema que da título al libro:
Todo ha sido inútil
para frenar la expansión de un universo
con tendencias homicidas.
¿Quién te dejó sin canción desesperada?
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martes, 8 de septiembre de 2009

Piensa, es gratis de Joaquín Lorente

Ayer estuve en la tercera edición del Monday Reading Club, en el que se presentaba y, sobre todo, se comentaba, sobre el libro Iniciate en el Marketing 2.0, de Marc Cortés y Enrique Burgos. Fue este último el encargado en Madrid de defender y entablar un interesante debate sobre la publicidad y el marketing en la era de las redes sociales. Al final, me tocó en un sorteo este Piensa, es gratis, de un gran creativo publicitario, Joaquín Lorente, y que he leído de un tirón.
Se trata de un provocador manual de reivindicación del pensamiento y una recopilación de 84 ideas prácticas para potenciar el talento, como reza su subtítulo. Lorente repasa capacidades, potencias, errores y algunas anécdotas de su etapa como publicitario para proponer soluciones a la pereza intelectual de directivos y empleados. El libro contiene, claro está, varias obviedades -muchas veces olvidadas- y conceptos ahora un poco enterrados a la hora de enfrentarnos con el trabajo diario. Lo hace reivindicando el conocimiento porque
[…] el mayor cambio al que estamos asistiendo y que configura en silencio un mundo definitivamente nuevo, es la democratización del conocimiento…
y apostando por tener los pies en el suelo permanentemente:
[…] hay que dejarse manosear por la realidad, que significa entender la corriente y no remar en su contra.
El azar y los detalles, el movimiento como razón, la detección de los errores ajenos... En torno a estas ideas básicas, Lorente denuncia el vicio de la monotonía intelectual, la falta de compromiso y la concisión y la claridad, como claves del éxito.
Son curiosos los ejemplos de personajes que propone como 'motores del mundo' y su defensa de los refranes -a los que llama dichos, tal vez tratando de 'venderlos' mejor- como síntesis del pensamiento, como ejemplo de claridad, sencillez e ingenuidad en el mensaje, una de sus recetas para mejorar en nuestra vida.

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jueves, 3 de septiembre de 2009

Mundar, de Juan Gelman

Tenía ganas de echarle un ojo a la obra de Juan Gelman, poeta laureado con un Cervantes, a quien los escasos poemas reproducidos por la prensa no parecían hacer justicia. Confieso no haberme divertido mucho con él o más bien, no haber entendido muy bien muchos de los 120 poemas contenidos en Mundar, editado en 2007.
Frente a la mayoría de ellos me he sentido como ante un muro muy atractivo que ocultaba algo, probablemente muy hermoso, pero que me resultaba inaccesible. Me he sentido atrapado por algunos versos como

[…] Un árbol se parece allí
al espanto que no
espera ni una piedra. […]
(del poema Compañeros)

La luz que toca mi camisa
nada sabe de mí. La recibo,
Pero quién la merece.
(del poema La camisa)
Pero no eran más que huecos en el muro. Todo el tiempo me he sentido apartado, alejado por la mano del poeta que me impedía atisbar por encima del muro. No sé cómo explicarlo. He reconocido poemas de amor -pero un amor retorcido, raro- y de animales y objetos utilizados como excusa para ajustar los recuerdos, para despojarlos casi de significado.
También me he quedado perplejo ante el poema La cama, que me ha parecido un lugar común
En la cama semidesierta yace
tu aroma azul. Mis manos
tropiezan con
el vacío/tu rostro
Aun sin entenderlas del todo, me han gustado sus soflamas, los poemas dedicados a la patria y sus guardianes, hechos desde la indignación moral y el asco:
[…] no vengan con sus
casas de humo y mentira
Insistiré, no obstante, porque me gusta subirme a los muros y mirar qué hay del otro lado.

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lunes, 31 de agosto de 2009

Vivir la televisión, de Juan José Mardones

Los españoles se prodigan poco a la hora de escribir memorias y autobiografías, supongo yo que más por ignorancia literaria que por un pudor secular de hidalgo. El interés que unas memorias suscitan es proporcional a la vida, a la profesión de quien las escribe, a quién le ajusta las cuentas, o al momento o lugar que retratan, por lo que suele ser difícil encontrarlas apasionantes, salvo que uno sea Josep Pla o Santiago Carrillo, por poner dos ejemplos que recuerdo haber leído.
Así que he leído estas voluntariosas memorias de Juan José Mardones atraído por su carácter de bien situado testigo de una etapa en la televisión pública que me es especialmente querida. Mardones fue empleado de la casa desde los 1960 hasta el año pasado, cuando una decisión política liquidó a la generación de profesionales que construyó RTVE. Una decisión muy poco contestada, absurda y que resulta incomprensible si no es desde la suspicacia: todos tenían interés en la desaparición de un buen montón de testigos incómodos, demasiado mayores para protestar.
Mardones compone con una mirada bondadosa un relato lineal y cronológico en el que narra su vida profesional, desde que decide dedicarse a las telecomunicaciones, emigrado a Madrid desde Bilbao, hasta que lo despiden de RTVE. Junto a sus peripecias, las de nuestro país y las del mundo, como si quisiera hacer un anuario de historia grande -el hombre llega a la Luna- y pequeña -soy realizador en Bilbao-. A diferencia de otras, Mardones no ajusta cuentas con casi nadie -salvo con Pedro Erquicia y algún otro de su etapa en Bilbao- y mantiene un discreto silencio sobre muchos nombres y acontecimientos. Las pocas anécdotas que relata son personales y de poco interés, la verdad, aunque tienen esa relativa soberbia que los de informativos han mantenido siempre, ese tono de "estar en la pomada", sobre todo a la hora de hablar del fallido golpe del 23 de febrero y del matrimonio del príncipe Felipe.
Modesto en exceso, dadas sus responsabilidades como fundador de Telemadrid y como directivo de RTVE, donde fue responsable de su diseño corporativo, se muestra más prolijo en los años de la santa Transición. Son interesantes, aunque pocos, sus detalles de la organización y el día a día de los servicios informativos de un centro territorial y es patente su amargura cuando, a la hora de fundar Euskal Telebista, el PNV no cuenta con nadie de TVE.
Me ha resultado llamativo que no tenga un índice onomástico y que sólo figuren 14 libros en la bibliografía final. Es una lástima que de su paso por El Aaiún y de la televisión sahariana, apenas ofrece detalles. Pero no escatima elogios a sus amigos y tampoco duda en reivindicar -en lo que estoy con él- a muchas personas que han sido completamente olvidadas a la hora de conmemorar los 50 años de la televisión pública en España.

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domingo, 30 de agosto de 2009

Blankets, de Craig Thompson

No es fácil describir la intolerancia religiosa desde dentro, desde quien la padece y la acepta, sin atender a sus manifestaciones exteriores. En El encuentro de Descartes con Pascal joven, la obra de Brisville que tan bien interpretan Josep Maria Flotats y Albert Triola -cuánto quiere Madrid a los actores catalanes, por cierto-, la intolerancia y el fanatismo saltan del escenario con facilidad y su lenguaje y sus efectos aparecen sin mayor reflexión y sin matices, colocando a los espectadores con facilidad del lado contrario.
Sin embargo, el daño y el dolor que las religiones provocan, la huella que dejan no es fácil de mostrar: sólo un creyente es capaz de hacerlo. Y naturalmente, para ello tendrá que liberarse de sus creencias y tener el valor y el talento necesarios para hacerlo. Es lo que Craig Thompson ha hecho en esta sensible, dulce y excelente novela gráfica en la que narra su infancia y su primer amor desde la perspectiva del cristianismo fundamentalista del medio oeste estadounidense en que se crió.
Blankets es una historia invernal, en la que los exteriores son de nieve: la del Poe más aterrador y también la del manto de pureza cristiano. En ese escenario Thompson sufre, disfruta, vive y asiste perplejo a sus propios recuerdos con respecto a su familia: un padre aterrador, francamente; una madre cálida pero lejana y un hermano más pequeño con quien protagoniza momentos verdaderamente tiernos. La novela se apoya en un dibujo de trazos gruesos, detalles controlados y hace un buen uso de la viñeta como recurso expresivo.
Tanto sus aventuras fraternales, como su paso por el instituto y su relación con su primer amor están tamizados por el velo de la escuela dominical, esa inquietante institución religiosa que va cubriendo la mente y hasta el cuerpo de los niños de un lodo lleno de prejuicios y disparates. Es en ese sentido en el que el testimonio de Thompson alcanza un valor insuperable, explicando y mostrando las huellas que una fe asfixiante va dejando tras de sí.

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martes, 25 de agosto de 2009

Nuestro lado oscuro, de Élisabeth Roudinesco

Pocas veces recordamos cuándo hemos escuchado una palabra por primera vez. Sólo algunas palabras extrañas -hace sólo unos días aprendí lo que es un acápite- y normalmente asociadas con recuerdos de confusiones infantiles. No recordamos cuándo escuchamos casa o tierra por primera vez, aunque el vídeo haya llegado para hurtar nuestros olvidos y nos muestre cuándo dijimos nuestras primeras palabras. Pero ése es otro problema. Recuerdo bien , no obstante, cuándo oí por primera vez la palabra 'perverso' y supe de su significado, asociado desde entonces a la imagen, algo encorvada, siempre inquietante y sombría de Peter Lorre en M, el vampiro de Düsseldorf. Lo recuerdo porque la vi en aquella sorprendente televisión de 1960 en la que se emitían con subtítulos películas como esa y pregunté qué era aquello de perverso. No sé qué voluntariosa definición me darían, pero la palabra me ha perseguido desde entonces. Para bien, claro.
Esta sociedad es más perversa en cierto modo que los perversos a los que ya no sabe definir pero cuya voluntad de goce explota para mejor reprimirla después.
Así son las conclusiones a las que llega Élisabeth Roudinesco en Nuestro lado oscuro, Una historia de los perversos, un libro excelente -para perversos o no- que explica la evolución del concepto de la perversidad desde la Edad Media, con Gilles de Rais, como contrapunto perverso de Juana de Arco, hasta nuestros días, cuando
Jamás el sexo, en sus formas más variadas, ha suscitado tantos trabajos, nunca ha fascinado en igual medida, nunca ha sido tan estudiado, teorizado, examinado, sondeado, exhibido e interpretado como en nuestra sociedad, que, al liberarlo de la censura, la coacción y la servidumbre al orden moral, ha creído encontrar en el enunciado del goce de los cuerpos la solución al enigma del deseo y de sus intermitencias.
Porque Roudinesco encuentra, a través de la historia, un camino tortuoso que enlaza las primeras perversiones -como vestirse de hombre una mujer- a la Alemania nazi y los campos de concentración, hoy incuestionable perversión número uno en el imaginario colectivo. Con Sade y Freud como nombres más destacados, Roudinesco explica cómo las primeras perversiones basadas en la existencia de un dios, han dado paso a la ciencia.
Aunque es un fenómeno un poco más complejo que lo que la autora relata -el libro es, por fuerza, un poco superficial-, la evolución de la sociedad y de los tabúes ha llevado a una simplificación de la perversión: hoy sólo son perversos los pedófilos y los terroristas como representantes del mal absoluto. El problema es que
Si ninguna perversión es concebible sin la instauración de interdictos fundamentales –religiosos o laicos- que gobiernen las sociedades, ninguna práctica sexual humana es posible sin el apoyo de una retórica. Y precisamente porque la perversión resulta deseable, al igual que el crimen, el incesto y la desmesura, hubo que designarla no sólo como una trasgresión o una anomalía, sino también como un discurso nocturno donde se enunciaría siempre, en el odio a uno mismo y la fascinación por la muerte, la gran maldición del goce ilimitado.
Hoy la sociedad apenas si establece interdictos, antes bien, alienta explicaciones científicas reductoras y empobrecedoras. Como bien dice Élisabeth Roudinesco
Tal vez algún día el discurso de la ciencia, a fuerza de oponer una negación a todo lo que tiene que ver con la subjetividad inconsciente, consiga hacer creer que la perversión no es más que una enfermedad y que los perversos pueden ser eliminados del cuerpo social. Sin embargo, eso significará que el término «desviación» se habrá impuesto para designar, de forma perversa, todos los actos transgresivos de que es capaz la humanidad: los peores y los mejores. Sin duda llegado ese día tendremos que renunciar, a costa de la creencia en una posible erradicación del mal absoluto, a la admiración que nos inspiran buena parte de aquellos que hacen avanzar la civilización.
El libro no incluye ningún catálogo de perversiones, pero sí una excelente bibliografía, que me he permitido subir aquí. En resumen, una excelente aproximación a un asunto oscuro y atractivo, en el que, además de mirarnos a nosotros mismos, hemos de mirar alrededor buscando quién comparte según qué cosas.

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